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vidparl1886

El zócalo de azulejos del pasillo del Orden del Día del Congreso de los Diputados.

Una obra de los ceramistas Zuloaga en la fábrica de la Moncloa, desaparecida hoy día

El aspecto que presenta actualmente la galería del Orden del Día, con sus zócalos de mármol no tiene nada que ver con el que podían contemplar los diputados a finales del siglo XIX, donde los zócalos eran de azulejos polícromos y el techo cubierto acristalado con vidrieras de colores no existía todavía, siendo un espacio que en el centro podría recordar más a un patio o a una galería abierta donde la luz natural era la protagonista. Tal vez por esto último el uso de los azulejos era muy apropiado, pues era la manera habitual con la que se decoraban las paredes de los zaguanes, galerías y patios españoles a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, rememorando aquellos de nuestro pasado medieval, como en la Alhambra de Granada o en los Reales Alcázares de Sevilla, o del renacimiento español, como en el Alcázar de Toledo o en el Monasterio de El Escorial.

En el archivo del Museo Zuloaga de Segovia se conserva una lista de obras de los Zuloaga de la época de la Fábrica de la Moncloa, de cerámica aplicada a la arquitectura a finales del siglo XIX. Entre esas obras figura: “Zocalo de las Galerías del Congreso”. Otra de las obras que aparece en esa lista tenía relación también de alguna manera con el Congreso, pues se refería a uno de sus presidentes: “Placas de piedra esmaltada zocalo de una estatua de Luis XIV de Dn Antonio Cánovas”.

Figura 1Figura 1

Por la documentación fotográfica conservada de finales del siglo XIX (Figura 1), sabemos en cierta manera cómo eran esos zócalos de azulejos de la galería del Orden del Día, que recubrían las paredes de los dos lados, hasta una altura de 160 cm. aproximadamente. De arriba abajo el orden y motivos de los azulejos era el siguiente:

-Azulejos cuadrados con el motivo del escudo de Carlos V, con el águila bicéfala de los Austrias.
-Cenefa de azulejos rectangulares que presentan un motivo repetido geométrico de lados rectos y curvos.
-Azulejos cuadrados de cuarto. Cada cuatro forman el dibujo principal, que es un motivo vegetal encerrado en un círculo rodeado a su vez de un marco polilobulado. Son de estilo neorrenacentista y van formando la decoración al irse repitiendo los motivos. Hay tres filas verticales con la composición completa y una fila inferior con la composición a la mitad.
-Azulejos imposibles de describir, tanto la forma como la decoración, por la poca definición de la fotografía.

La moldura de la parte superior del zócalo, así como el rodapié de la parte inferior, podrían ser de cerámica también, aunque la moldura superior, por la descripción del arquitecto es posible que fuera de madera de roble, aunque su boceto no se siguió al pie de la letra como veremos más adelante.

En cuanto al encargo de este zócalo de azulejos, el 13 de junio de 1888 el arquitecto del Congreso Higinio Cachavera presentó al presidente del Congreso un presupuesto de diez y nueve mil novecientas y cuarenta y tres pesetas con treinta y nueve céntimos, para colocar un zócalo de azulejos en las galerías del palacio. El arquitecto argumenta de la siguiente manera la utilización de azulejos en lugar de otro material: “…he procedido a estudiar el medio de decorar convenientemente las galerías del edificio al propio tiempo que el de conseguir se disminuyeran los desperfectos que en ellas ocasionan el rozamiento y el choque de los cuerpos duros evitándose así el feo aspecto que hoy presentan. Nada considera el arquitecto que suscribe mas apropiado y mas en el carácter de nuestros edificios públicos que el revestimiento con el azulejo llamado (estilo de cuenca) ya árabe ya mudejar ó de renacimiento que con tan feliz resultado ha vuelto á producirse en España por la fábrica titulada “La Moncloa”; además de un bellísimo aspecto tiene las grandes ventajas de poderse limpiar perfectamente, de que su esmalte no permita la agregación de materias extrañas y el de que su dureza resista el choque de los bastones paraguas etc.” (ACD, Serie Gobierno Interior, Legajo 93, Expediente 4-8. 13 de junio de 1888).

Además, en el mismo presupuesto el arquitecto indica que “…y para que V. E. E. puedan formar idea de la disposición general que podría adoptarse me permito acompañar el presupuesto y un ligero croquis por si V. E. E. se dignaran concederle su superior aprobación” (Figura 2) (ACD, Serie Gobierno Interior, Legajo 93, Expediente 4-8. Gran Formato. 13 de junio de 1888).

Figura 2Figura 2

En la parte superior de la primera hoja del documento anterior, hay escrito "Sesión de 6 de julio de 1888. Aprobado y que se haga el decorado solamente en la galería Central o de la Orden del día" (ACD, Serie Gobierno Interior, Legajo 93, Expediente 4. 13 de junio de 1888

El boceto de Higinio Cachavera para el zócalo de la galería del Orden Día estaba claramente inspirado en las azulejerías renacentistas sevillanas, compuesto por paños de azulejos que formaban series repetidas de azulejos, con una composición en forma de losange, con un motivo vegetal central en el interior del recuadro, rodeado por roleos vegetales que terminan en atauriques. Esta decoración enmarca en el centro del paño un escudo real, en policromía. Cada paño está recuadrado por plaquetas esmaltadas en verde, que a su vez enmarcan filas de azulejos con decoración de hojas en forma de “S” que se entrelazan por el centro y encierran un motivo vegetal. Tanto el enmarque del escudo central como la fila de azulejos de la parte inferior del zócalo son rectangulares y presentan un motivo geométrico repetido de lados rectos y curvos. El remate superior del zócalo lo resuelve el arquitecto con azulejos que presentan una decoración de una crátera afrontada por dos aves, que apoyan sus patas en tallos vegetales.

De la idea del arquitecto Cachavera a la realización material del zócalo, después de pasar por la fábrica de la Moncloa, hay algunas diferencias. En la fábrica había ya un catálogo surtido de azulejos en estilo renacentista a cuenca, técnica propuesta por el arquitecto, y algunos eran idénticos o muy similares a los dibujados en el boceto, por lo que debieron considerar que era un trabajo añadido tener que fabricar nuevos moldes para conseguir unos resultados parecidos. En 1883 se emplea esta técnica de cuenca o arista en algunas de las decoraciones cerámicas de la Moncloa en el palacio de Velázquez, situado en el parque del Retiro de Madrid, y que fue el pabellón principal de la Exposición de Minería, Artes Metalúrgicas, Cerámica, Cristalería y Aguas Minerales. Ya en la Moncloa los Zuloaga estaban fabricando azulejos inspirados también en los de los palacios sevillanos, como el de Pilatos por ejemplo. La idea de un escudo en el centro de los paños de azulejos se ve en algunos de los zócalos de este palacio. También en la casa de la Panadería de Madrid, en el siglo XVII, se coloca el escudo real en el centro de los zócalos de azulejos, realizados en Talavera de la Reina.

En el zócalo que hizo la Moncloa para la Galería del Orden del Día, entre los cambios importantes, además de la desaparición del escudo real, punto este que no podemos confirmar al cien por cien, debido a que la foto conservada en blanco y negro no permite ver de forma frontal los zócalos ni todos ellos, uno sería el remate de la parte superior que, en el boceto está formado por aves afrontadas a cráteras, y en el zócalo realizado son azulejos con el escudo de Carlos V, con el águila bicéfala. En el interior del pabellón que la fábrica de la Moncloa montó con motivo de la Exposición de Minería, Artes Metalúrgicas, Cerámica, Cristalería y Aguas Minerales de 1883 en el parque del Retiro de Madrid, entre las cerámicas que se expusieron vemos, sobre una mesa, este modelo de azulejo con el escudo de Carlos V (Figura 3).

Figura 3Figura 3

Los azulejos que forman la mayor parte del paño central del zócalo de la galería del Congreso, que se repiten de forma simétrica formando el motivo principal cada cuatro azulejos, son idénticos a unos que se hicieron en la Moncloa, y que hemos encontrado en el respaldo de un banco, adosado a la pared de un baño de la finca de Ávila de Isidro Benito Lapeña, el último administrador de la fábrica de Cerámica de la Moncloa.

Dos de los diseños de azulejos del boceto que presentó el arquitecto Cachavera, que no sabemos si se llegaron a emplear en la parte inferior del zócalo de la galería del Orden del Día, al no apreciarse esa parte en la foto en blanco y negro, también se hicieron en la Moncloa, tal como los vemos en las paredes del baño de la finca de Ávila de Isidro Benito Lapeña. De esos dos diseños de azulejos, también se conserva un boceto acuarelado, junto a otros diseños, de la época de la Moncloa, en el archivo del Museo Zuloaga de Segovia. También en el archivo del Museo Zuloaga de Segovia se conservan bocetos a lápiz y tinta idénticos a algunos de los diseños de azulejos del arquitecto Cachavera, que los Zuloaga hicieron en la Moncloa, recortados y pegados a un papel mayor, junto a otros diseños.

Dado que solo conservamos una imagen en blanco y negro de cómo eran esos zócalos de azulejos de la galería del Orden del Día, nos podemos hacer una idea del color viendo algunos de los zócalos de otros edificios ejecutados en la Moncloa. El que conserva más zócalos de azulejería de la Moncloa de esos años, es el palacio Polentinos en Ávila. Tanto en todo el perímetro del patio columnado (Figura 4), como en las escaleras, así como en las galerías del primer piso, las paredes están recubiertas hasta una altura similar a los que había en la galería del Orden del Día del Congreso de los Diputados.

Figura 4Figura 4

El zócalo de azulejos del Congreso de los Diputados fue arrancado unos 14 años después de colocado, siendo sustituido por otro de mármol. El 8 de agosto de 1901 el marmolista Faustino Nicoli presentó un presupuesto para revestir con un zócalo de mármol la galería del Orden del Día, a un precio de 220 pesetas el metro cuadrado (Figura 5) (ACD, Serie Gobierno Interior, Legajo 93, Expediente 4-7. 8 de agosto de 1901).

Junto a este presupuesto Nicoli escribió una carta dirigida al duque de Bivona, secretario de la Comisión de Gobierno Interior, en la que le dice que tal vez el presupuesto le puede parecer caro, ya que son unos 60 metros cuadrados que a 200 pesetas el metro salen 12.000 pesetas, pero que "…si tiene en cuenta lo entretenido del trabajo por sus muchos rincones y su altura que es de 1,62 y que la obra há de hacerse con el esmero y la perfección que esta casa tiene acreditado, seguramente cambiará de opinión y no titubeará en darme la orden de empezar enseguida las obras" (ACD, Serie Gobierno Interior, Legajo 93, Expediente 4-7. 8 de agosto de 1901). El 19 de junio de 1902, Nicoli escribió al duque de Rivona, diciendo que le manda la factura del zócalo de mármol de la galería del Orden del Día, y en ella se excusa por si encuentran algún pequeño defecto en los entrepaños del zócalo, pues dada la premura para colocarlo y tenerlo terminado para el 15 de mayo "mis operarios hicieran la colocación de la obra en horas extraordinarias, con gran perjuicio de mis intereses", por no interrumpir las sesiones previstas en la legislatura (ACD, Serie Gobierno Interior, Legajo 93, Expediente 4-8. 19 de junio de 1902).

Así pues el zócalo de azulejos de la fábrica de la Moncloa de la Galería del Orden del Día tuvo una vida muy corta, pues se colocó en 1888 y ya en 1902 había sido sustituida por un zócalo de mármol.

Una última noticia en relación con los azulejos de este zócalo, es que una vez desmontados fueron vendidos a un comerciante que tenía una tienda en la calle de Toledo en Madrid. El 7 de febrero de 1904, Manuel Hernández Naya escribió a máquina una carta a la Comisión de Gobierno Interior, solicitando se le vendan esos azulejos desmontados de las galerías del Congreso, previa tasación, le sean cedidos a un precio racional. En este mismo documento escrito a mano “Sesión 14 de marzo 904 / Aprobado cedense en 50 pts” (ACD, Serie Gobierno Interior, Legajo 69, Nº 39. 7 de febrero de 1904). El encargado de la tasación de los azulejos debió ser Antonio Gamoneda, pues en el mismo legajo existe otra carta en la que el arquitecto Antonio Farrés escribe “En contestación a su pregunta sobre el empleo ó valor que puede asignarse á los azulejos que figuraron en el friso del pasillo de la Orden del Día, debo recordarle fue su mal estado, el que indujo a la Comisión de Gobierno interior á sustituirlo por el actual revestido de mármol. Como además, por la premura del tiempo, se arrancaron de cualquier manera aumentando el número considerablemente de los inservibles, estimo no debe pensarse en utilizarlos, ni creo son merecedores, á la molestia que ocasionaría su venta” (ACD, Serie Gobierno Interior, Legajo 69, Nº 39. 9 de febrero de 1904).

Figura 5Figura 5

Así pues, no es de extrañar el que se arrancaran esos azulejos del zócalo de la galería del Orden del Día, dada la mala opinión que el arquitecto Farrés tenía sobre ellos, aparte de su estado de deterioro. Sin embargo, otros muchos arquitectos tenían una opinión diferente y alababan la obra aplicada a la arquitectura que estaban haciendo los Zuloaga en la fábrica de cerámica de la Moncloa, encargando azulejos para los edificios que proyectaban en la capital, como Ricardo Velázquez Bosco y Antonio Palacios, o el mismo arquitecto del Congreso Higinio Cachavera.

Con respecto a la fábrica de la Moncloa era una de las más importantes del Madrid de finales del siglo XIX, en la que trabajaron los hermanos Zuloaga, Guillermo (1848-1893), Daniel (1852-1921) y Germán (1855-1886). Estudiaron cerámica gracias a su padre Eusebio Zuloaga, director de la Armería Real, que tenía una fábrica de armas en Eibar y un taller en la calle Conde Duque de Madrid, donde fabricaba preciosas armas de lujo con destino a los regalos de Palacio. La idea del padre fue mandar a estudiar a sus hijos a la Escuela de Cerámica de Sèvres, y a su vuelta reinstaurar, la antigua manufactura madrileña de la Moncloa, heredera a su vez de la Real fábrica de Buen Retiro, fundada por el rey Carlos III en los jardines del palacio de Buen Retiro. De momento, consiguió que la Corona mandara a sus hijos a estudiar a esa Escuela, donde permanecieron varios años, hasta 1870, en que debido a la guerra franco-prusiana tuvieron que volver a España. Después de unos años de vuelta, en 1877 los hermanos Zuloaga, pusieron en marcha la fábrica de cerámica de la Moncloa, gracias al apoyo de la Corona que les concedió unos terrenos en la zona de la Moncloa. Como contrapartida, los Zuloaga debieron mantener una escuela gratuita con doce alumnos, a los que debían enseñar las artes cerámicas y además entregar modelos de las piezas fabricadas por ellos a las escuelas de arte y al futuro Museo de Artes Industriales.

En 1881 la empresa cerámica se transformó en una Sociedad en la que participaron personajes importantes como el conde de Morphy (Secretario del rey), don José Cárdenas (Ministro de Instrucción Pública), Juan de Dios de la Rada y Delgado (Director del Museo Arqueológico Nacional y Anticuario de la Real Academia Española de la Historia), el marqués de Benemejís de Sistallo, y los propios hermanos Zuloaga, nombrando director de la fábrica a Guillermo Zuloaga.

Todavía se pueden ver hoy día, junto a la Escuela de Cerámica de Madrid, dos de los edificios que tenía la fábrica como son un pabellón con tejado a dos aguas y el gran horno conocido como “la Tinaja”. Es posible que alguna de estas infraestructuras corresponda al momento de fundación de la fábrica o de algún momento posterior. Desde luego el horno es una construcción hecha expresamente para la fabricación de vidrio o cristal, productos que sabemos también se hicieron en la época de la Moncloa.

De lo que se hizo en los primeros años de la Moncloa no existen muchas noticias en cuanto a las obras cerámicas, pero sí de los avatares que afrontaron los tres hermanos Zuloaga para sacar adelante la empresa, en la que además participaron otros ceramistas. En 1886 murió Germán Zuloaga y en 1893 el hermano mayor Guillermo. Cerrada la fábrica ya, en este año Daniel se trasladó a la fábrica de loza La Segoviana, en la ciudad de Segovia, donde permaneció hasta 1906 en que marchó como director a la fábrica de porcelana y loza de Pasajes de San Juan, junto a San Sebastián. En 1907, volvió de nuevo a Segovia en donde montó su taller de cerámica definitivo en la desamortizada iglesia de San Juan de los Caballeros, que había comprado unos años antes. Aquí consiguió grandes éxitos en el mundo de la cerámica hasta que murió en el año 1921, por lo que este año se cumple el centenario de su muerte.

Esta investigación forma parte de la tesis doctoral de D. Abraham Rubio Celada, De la tradición a la modernidad. Los Zuloaga ceramistas, tesis doctoral Universidad Complutense, Madrid, 2005.