Debate sobre la investidura del candidato a la Presidencia del Gobierno
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El señor Rodríguez Zapatero, candidato a la Presidencia del Gobierno,
comparece ante la Cámara, según lo establecido en el artículo 99 de la
Constitución, para solicitar su confianza, conforme a la propuesta
realizada por el rey.
Recuerda en primer lugar a las víctimas de los atentados terroristas y
niega todo sentido a dichos actos, que sólo llevan al terror, a la muerte
y al chantaje, con la única finalidad de someter, sojuzgar, destruir la
moral de los hombres y eliminar sus convicciones. Agradece el apoyo y la
solidaridad de todos cuantos ayudaron y felicita a las administraciones
públicas que, con admirable eficacia, pusieron en acción coordinada sus
recursos para paliar las consecuencias de los brutales atentados del 11
de marzo. Promete una lucha sin cuartel contra cualquier tipo de
terrorismo y se refiere a la cooperación internacional y al Pacto por las
libertades y contra el terrorismo que suscribieron el Partido Socialista
y el Partido Popular.
Afirma una vez más que mantendrá un estilo de gobierno que responda a las
expectativas de cercanía, proximidad y participación y a una exigencia de
entendimiento y diálogo, incorporando en las decisiones del Gobierno las
visiones que se aporten lealmente desde otras perspectivas políticas,
extendiendo esta voluntad de entendimiento a los agentes sociales.
Asimismo muestra su respeto por la labor llevada a cabo por el último
gobierno, aunque haya discrepado en algunos casos sobre su interpretación
de los intereses generales de España, y afirma que se aprovechará la
experiencia acumulada por quienes a lo largo de los años han dirigido los
destinos del país.
A continuación, explica la actividad futura de su nuevo Gobierno
centrándose en los cinco ejes que ha definido en la campaña electoral: la
renovación de la vida pública; una política exterior marcada por una
visión europea y europeísta; un desarrollo económico sustentado en la
educación, la investigación, la innovación, que permita la creación de
empleo estable; la puesta en marcha de nuevas políticas sociales para las
nuevas necesidades de personas y familias, y el desarrollo y extensión de
los derechos civiles y políticos y del valor de la igualdad para lograr
una convivencia avanzada, cuyo objetivo no es otro que caminar hacia una
sociedad moderna, abierta, culta y mejor preparada que hasta ahora para
afrontar los retos del futuro. Cabe destacar de la exposición detallada
de los cinco ejes de su programa, las imprescindibles reformas del
Reglamento de la Cámara y del Senado, debiendo hacerse esta última en un
proceso consensuado de reforma parcial de la Constitución.
Finalmente promete gobernar de manera firme en los principios, desde el
diálogo y para la esperanza, donde nadie estará por encima de las leyes;
un gobierno de meollo y de sustancia, en palabras de Cervantes; un
gobierno que acompañe a los ciudadanos en sus problemas y en sus sueños,
porque algunas utopías merecen ser soñadas y, aunque no se alcancen,
marcarán el rumbo por el que se debe avanzar; rumbo que en su vida ha
estado marcado siempre por un credo que tiene especial interés en
expresar públicamente en un día y en un acto como éste: un ansia infinita
de paz, el amor al bien y el mejoramiento social de los humildes.
Se suspende la sesión a las doce y diez minutos del mediodía.
Se reanuda la sesión a las cuatro de la tarde.
En representación del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso
interviene el señor Rajoy Brey, cuyas primeras palabras se refieren al
ataque terrorista sufrido por nuestro país hace cinco semanas y los
acaecidos en Europa en los últimos tiempos. Renueva en nombre del Grupo
Parlamentario Popular su solidaridad con las víctimas y la voluntad de
honrar su memoria. Su recuerdo alienta el compromiso de su partido frente
al terror y sostiene la actitud de firmeza como único norte para la
derrota definitiva del terrorismo. Asimismo expresa el apoyo a las
fuerzas de seguridad por su extraordinaria eficacia y agradece la
generosa reacción ciudadana, que dio un ejemplo al mundo del que todos
los españoles pueden sentirse orgullosos.
Respecto al discurso del señor Rodríguez Zapatero esta mañana, ha
apreciado una preocupante falta de precisión en sus propósitos, no
definiéndose especialmente sobre cuestiones esenciales para nuestro país.
En general no ha dado explicaciones ni sobre lo que va a hacer, ni sobre
cómo, cuándo o con quién piensa hacerlo, destacando más los silencios que
las palabras. Le pide que despeje las dudas que ha dejado en las
cuestiones más importantes, a las que suelen llamar cuestiones de Estado
y que son las que afectan en mayor medida al futuro de los españoles. Les
importa mucho a todos saber con precisión qué pretender hacer el Gobierno
que forme con el terrorismo, con la Constitución, con los estatutos de
autonomía, con el bienestar de los españoles y con nuestra posición
internacional. Formula algunas consideraciones sobre estas cuestiones,
planteándole diversas preguntas que sirvan para definir con más claridad
la postura del señor candidato a la Presidencia del Gobierno, pidiéndole
que
explique qué piensa sobre ellas, qué pretende hacer y cómo lo va a
conseguir.
Expone a continuación el señor Rajoy que nunca faltará al Gobierno el
respaldo del Partido Popular en la lucha contra el terrorismo, y respecto
a la reforma del texto constitucional le pide al señor Rodríguez Zapatero
que piense muy bien, antes de abrir el debate, si va a ser capaz de
cerrarlo con éxito, ya que en otro caso le recomienda que no lo haga para
no crear expectativas que se vean frustradas y generen inestabilidadon
Recuerda que para esta reforma son imprescindibles los votos del Partido
Popular, que utilizará con sentido de responsabilidadon En relación con
los estatutos de autonomía, menciona que hasta la fecha todos han sido
aprobados y modificados con al menos la iniciativa y el acuerdo de los
dos grandes partidos nacionales. A este respecto le pregunta si mantendrá
esa posición o preferirá llegar a acuerdos sólo con otros partidos.
Igualmente desearía conocer si va a permitir privilegios de unas
comunidades sobre otras. Preocupa también, y mucho, a los españoles el
modelo de financiación de las autonomías, que algunos quieren cambiar, y
sobre este particular adelanta que el Grupo Popular se opondrá a
cualquier modificación que disminuya la solidaridad entre españoles y que
no cuente con el mismo apoyo de acuerdos anteriores.
En política internacional, su Grupo ofrece leal colaboración en primer
lugar en el ámbito de la Unión Europea y la defensa del peso de España en
la toma de decisiones en un nivel semejante al del tratado de Niza. En
cuanto a la retirada de nuestras tropas de Irak, el señor candidato ha
utilizado fórmulas imprecisas sobre su permanencia o retirada, eludiendo
una respuesta clara.
Concluye manifestando que cuando España necesita un Gobierno que marque un
rumbo claro y sin ambigüedades se ofrece un Gobierno débil e inestable,
con un programa que no sabe si podrá cumplir y frente al cual el Grupo
Parlamentario Popular ejercerá una oposición exigente y constructiva para
todo lo que signifique asegurar la estabilidad del país y mejorar el
bienestar de los ciudadanos.
Contesta el señor Rodríguez Zapatero.
Replica el señor Rajoy Brey y duplica el señor Rodríguez Zapatero.
En un segundo turno intervienen de nuevo los señores Rajoy Brey y
Rodríguez Zapatero.
En nombre del Grupo Parlamentario Catalán (Convergència i Unió) interviene
el señor Durán i Lleida. Valora positivamente el resultado electoral que
ha terminado con la mayoría absoluta, porque aunque es legítima no la
considera buena para un Estado de derecho y considera que no ha
contribuido positivamente a la profundización democrática, ni a la mejora
de la calidad de nuestro parlamentarismo, ni al incremento del
autogobierno de las comunidades autónomas, ni a la aceptación de la
realidad plurinacional, plurilingüe y pluricultural de España. Valora
positivamente el espíritu de diálogo y consenso del candidato y le
felicita por el resultado de las elecciones y por la negociación llevada
a cabo para la composición de las mesas en el Congreso y en el Senado.
Sin embargo, anuncia la abstención de su grupo en este debate de
investidura y pasa a razonar los motivos políticos que avalan esta
decisión. Por un lado, por coherencia con los compromisos asumidos en su
programa electoral cuando afirmaron que no suscribirían pactos estables
ni con el PP ni con el PSOE, y por otro, por su experiencia histórica
negativa al respecto cuando en la anterior legislatura, asumiendo riesgos
electorales y con un gran sentido de la responsabilidad, dieron su apoyo
a la derecha española que no fue capaz de entender y valorar la presencia
del nacionalismo catalán integrador en la política española. Muestra su
escepticismo después de escuchar el discurso del candidato, porque la
forma y el talante, sin lugar a dudas, son importantes, pero los
problemas o retos a los que nos enfrentamos no son fundamentalmente de
forma sino de fondo y de contenido político, y pasa a exponer, en nombre
de su grupo parlamentario la posición de Convergència sobre cuestiones
tan importantes como la lucha contra el terrorismo, el pleno desarrollo
del Estado, la garantía de avanzar simultáneamente en la cohesión y en la
justicia social, el crecimiento económico y la creación de empleo estable
y de calidad, la seguridad ciudadana, vial y laboral y la reorientación
de la política europea y exterior.
A continuación se refiere a la propuesta estatutaria que llegará a la
Cámara en la próxima legislatura para acomodar la nación catalana en el
marco del Estado y confía en que el lenguaje utilizado y el estilo que
imprima en sus actos el candidato a la Presidencia facilite la solución
de situaciones difíciles tales como el reconocimiento de la
plurinacionalidad del Estado y sugiere al candidato que pase de las
buenas palabras a los hechos y cumpla con la sentencia del Tribunal
Constitucional sobre la transferencia del Forcem, ofrezca una solución
para el retorno de los documentos del archivo de Salamanca, proceda al
cambio de la Ley de puertos, retornando la autonomía de su gestión a las
comunidades autónomas, modifique su posición sobre la posibilidad de que
las comunidades autónomas tengan competencias en materia de inmigración y
asegure que no se interfiera desde ninguna instancia política en el
proceso de reconocimiento en el ámbito internacional de selecciones
deportivas. Asimismo pide una mayor inversión pública en Cataluña y se
refiere al progreso económico y social iniciado hace diez años, señalando
que una buena política
económica pasa por mejorar la convergencia real con Europa y por impulsar
una política de estabilidad presupuestaria de precios así como de
contención del déficit público, pasando a exponer una serie de
propuestas, reflexiones y consideraciones que configuran su compromiso
electoral.
Contesta el señor Rodríguez Zapatero.
Replica el señor Durán i Lleida, y duplica el señor Rodríguez Zapatero.
En un segundo turno intervienen los señores Durán i Lleida y Rodríguez
Zapatero.
En nombre del Grupo Parlamentario Esquerra Republicana (ERC) interviene el
señor Puigcercós i Boixassa. Comienza reclamando el derecho a poder
expresarse en lengua catalana en esta Cámara, emplazando a que se supere
la actual injusticia, a la par que expresa su emoción por el hecho de que
al cabo de más de medio siglo aparezca de nuevo en esta Cámara el Grupo
Parlamentario Esquera Republicana, un partido independentista,
republicano y de izquierdas. Aspiran a una nación catalana libre, donde
la justicia social prevalezca sobre la explotación y la desigualdad
económica y social.
Reconoce que sus ideologías son evidentemente diferentes a las del señor
candidato a la Presidencia del Gobierno, pero les une un pasado histórico
compartido en la lucha por las libertades y un espíritu democrático
dialogante en el que están convencidos que pueden entenderse y recorrer
muchos caminos juntos.
Alude a continuación a lo que denomina pensamiento único que durante los
últimos años se ha querido imponer y que ha coartado las libertades
individuales y colectivas del país, con un control sobre el poder
económico, judicial y mediático abusivo y cuya situación es necesario
superar. Agrega que su Grupo Parlamentario considera necesario para
Cataluña un nuevo estatuto de autonomía, necesidad apoyada por más del 80
por ciento del actual Parlamento catalán, que ya ha iniciado el trámite
de redacción del nuevo texto con la creación de la correspondiente
Comisión, esperando que en el plazo de un año el nuevo estatuto sea
presentado en esta Cámara. Confían en la palabra del señor Rodríguez
Zapatero, que se comprometió en Cataluña a aceptar el texto que aprobara
el Parlamento catalán, y le piden que no defraude las expectativas de una
mayoría social muy amplia de Cataluña, que demanda mayores cotas de poder
político. Aspectos como la financiación, la mejora de sus
infraestructuras viarias, sanidad, integración de los emigrantes y mejora
de sus políticas sociales y educativas son retos muy importantes que han
de afrontar. Abordarán también la reforma de la Constitución y la urgente
elaboración de una ley de lenguas que posibilite la concreción real en
todos los ámbitos de un multilingüismo igualitario.
En relación con la guerra de Irak, pide al señor Rodríguez Zapatero que
sea valiente y coherente, retirando las tropas y contribuyendo así a un
orden mundial más justo.
Informa por último que quieren dar la confianza al señor candidato, porque
hay muchos ciudadanos ilusionados con la nueva etapa y creen que no se
les va a defraudar.
Contesta el señor Rodríguez Zapatero.
Replica el señor Puigcercós i Boixassa, y duplica el señor Rodríguez
Zapatero.
Intervienen en un nuevo turno los señores Puigcercós i Boixassa y
Rodríguez Zapatero.
En representación del Grupo Parlamentario Vasco (EAJ-PNV) interviene el
señor Erkoreka Gervasio, señalando que las elecciones del pasado 14 de
marzo pusieron fin al periodo más aciago de la política española desde
que la muerte del dictador, en l975, hizo posible devolver el poder al
pueblo. Ha sido una legislatura cargada de despropósitos, con una mayoría
absoluta que ejerció el poder arbitrariamente y despreciando a la
oposición y con un balance que no puede ser más desfavorable desde el
punto de vista de la calidad del sistema democrático. Sólo en un contexto
así y con esos antecedentes explica el hecho de que los agentes sociales
y políticos hayan puesto tanto énfasis en resaltar la actitud abierta y
la disposición al diálogo y al entendimiento que el señor Rodríguez
Zapatero ha querido exhibir tras su triunfo electoral. Ahora bien, la
gran cuestión que queda en el aire es la de si en la nueva etapa cabe
esperar algo más que un mero cambio de talante, porque la renovación que
el señor candidato quiere promover en las formas es necesaria, pero no
suficiente. Son muchos los que se preguntan si el señor Rodríguez
Zapatero será capaz de abordar los graves problemas sociales y políticos
que nos afectan desde presupuestos y con métodos distintos a los que han
venido siendo utilizados en los últimos años; si podrá demostrar, además
de con las palabras con los hechos, que no es más de lo mismo, sino que
viene a innovar en el fondo y no sólo en las formas.
En relación con Euskadi, son muchos los ciudadanos que se preguntan si
será capaz de proponer fórmulas políticas novedosas, más valientes e
imaginativas que las utilizadas hasta ahora para resolver el problema de
normalización política que desde hace muchos años aqueja al País Vasco.
Sobre este particular, no le oculta el recelo existente en algunos
sectores. Añade que en ese proceso de normalización no se puede
prescindir de nadie ni sirven las soluciones simplistas, sino los
esquemas abiertos y flexibles
que permitan superar la actual situación de bloqueo e incomunicación, con
soluciones originales y consensuadas que hagan posible una convivencia
civilizada en el seno de una sociedad compleja como aquélla. En manos de
todos está el no incurrir en errores y excesos cometidos en el pasado y
el Grupo Vasco está dispuesto a abordar el intento.
Contesta el señor Rodríguez Zapatero.
Replica el señor Erkoreka Gervasio, y duplica el señor Rodríguez Zapatero.
En un segundo turno intervienen los señores Erkoreka Gervasio y Rodríguez
Zapatero.
En nombre del Grupo Parlamentario de Izquierda Verde (Izquierda
Unida-Iniciativa per Catalunya Verds) interviene en primer lugar el señor
Llamazares Trigo. Lo hace imbuido de optimismo, como diría don Manuel
Azaña, a pesar de lo avanzado de la hora y del modesto resultado de su
formación política, porque su grupo, Izquierda Verde, se siente partícipe
de la resistencia ante el Gobierno del Partido Popular y satisfecho por
la derrota de la mayoría de la derecha en este país y de haber confluido
en la mayoría de cambio ante la catástrofe del "Prestige", ante la guerra
de Irak y ante el decretazo. En estas elecciones, afirma, se ha rechazado
el régimen del Gobierno de la derecha, el cuatrienio negro del Partido
Popular y se ha saludado una alternativa, pero sería una equivocación
pensar que estamos solamente ante una alternancia de dos fuerzas
políticas: derrotado el Partido Popular, llega el Partido Socialista al
Gobierno. Se trata, por el contrario, de reconstruir la democracia y
regenerar la política en nuestro país entre todos los partidos que
formaron la resistencia democrática y una de esas labores es acabar con
la excepción política que ocurrió después del 11 de marzo y que ante
cualquier tipo de acción violenta, terrorista, no se busque más que a los
violentos y no se mire hacia los demócratas para señalarles con el dedo.
Pide precisión al candidato en cuanto al compromiso de retirar las tropas
españolas de Irak si en junio Naciones Unidas no coge las riendas de la
cuestión iraquí y si, además, las fuerzas de interposición son fuerzas no
beligerantes, de traer a esta Cámara una iniciativa legislativa para que
nuestras tropas vuelvan a casa. Este compromiso es muy importante para su
grupo no solamente porque repone la dignidad del Parlamento y respeta la
voluntad mayoritaria de los españoles, sino porque además se inserta en
el derecho internacional y contribuye también a enfrentar la amenaza del
terrorismo de otra manera.
Asegura asimismo que también se ha producido una degradación paulatina del
estado social y democrático de derecho, al punto de que la concepción de
España terminó siendo una concepción excluyente. Plantea la necesidad de
recuperar una España plural, dialogante con las comunidades autónomas sin
tener en cuenta su perfil político, y propone gestos como el
reconocimiento de la deuda histórica de comunidades como la andaluza o la
reforma de los estatutos de autonomía y de la Constitución en un sentido
federal.
Se refiere a otros extremos del discurso del candidato en materia social y
se pregunta si se podrá hacer frente a las nuevas políticas sociales con
el mantenimiento del déficit cero y con una interpretación restrictiva de
la estabilidad presupuestaria. Asimismo pregunta sobre el desarrollo de
las libertades ciudadanas y de las libertades públicas y muestra su
optimismo ante la nueva etapa, porque ellos han sido parte de la
resistencia democrática y quieren ser parte de la mayoría.
Para concluir el turno interviene el señor Herrera Torres, de Iniciativa
per Catalunya-Verds. Lo hace con una reflexión hecha y pensada desde
Cataluña, pero también lo hace como portavoz del Grupo de Izquierda Verde
(IU-ICV) un grupo que entiende y asume la plurinacionalidad del Estado
desde una perspectiva de izquierdas, ecologista y pacifista. Considera
que esta nueva mayoría no se hubiera producido sin la expresión previa de
la mayoría social que se dio en la huelga general, que se expresó por
otra cultura del agua, que se ha dado en el movimiento por otra
globalización o que se dio, sin duda, en el clamor popular contra la
guerra. Esta nueva mayoría no sólo pide negar la vía involutiva y
crispada de la gestión del Partido Popular, sino que no se conformará con
una gestión políticamente correcta, con la simple vuelta a la
normalidadon Por ello, su grupo pide innovación en lo democrático, en lo
social, en lo ecológico, en el modelo de Estado y en un firme compromiso
por la paz.
Finalmente reitera la necesidad de que se retiren las tropas de Irak lo
antes posible, dando un ejemplo a la comunidad internacional y ayudando
de esta forma a que las cosas empiecen a cambiar en la escena
internacional, en Palestina, en el Sahara y en tantos otros sitios.
Contesta el señor Rodríguez Zapatero.
Replican los señores Herrera Torres y Llamazares Trigo, y duplica el señor
Rodríguez Zapatero.
En un segundo turno intervienen los señores Llamazares Trigo y Rodríguez
Zapatero.
Se suspende la sesión a las doce y diez minutos de la noche.
- DEBATE SOBRE LA INVESTIDURA DEL CANDIDATO A LA PRESIDENCIA DEL GOBIERNO.
(Número de expediente 080/000001.)
El señor PRESIDENTE: Señoras y señores diputados, se abre la sesión.
Quiero en primer lugar manifestarles las disculpas de la Mesa, debido a la
incomodidad de algunas de sus señorías, pero se debe a la presencia de
numerosos senadores, bienvenidos, y lo tendremos en cuenta para el
futuro, porque es evidente que el hemiciclo no permite este tipo de
conformación. Lamento, pues, las incomodidades, pero era difícil prever
una participación tan grande.
Señorías, el único punto del orden del día lo constituye el debate para la
investidura del candidato a la Presidencia de Gobierno. El debate se
desarrollará conforme a lo dispuesto en los artículos 170 a 172 del
Reglamento del Congreso de los Diputados y, en cuanto a la votación, en
los artículos 85.2 y 86 del citado Reglamento. De acuerdo con tales
preceptos se procederá en primer lugar a la lectura de la propuesta del
candidato a la Presidencia del Gobierno y, a continuación, el candidato
propuesto expondrá el programa político del Gobierno que pretende formar
y solicitará la confianza de la Cámara. Finalizada esta intervención, la
sesión se interrumpirá para continuar esta tarde a las cuatro. En
consecuencia, ruego a la señora secretaria primera de la Cámara que
proceda a la lectura de la propuesta de candidato a la Presidencia del
Gobierno.
La señora SECRETARIA (Sainz García): De acuerdo con lo establecido en el
artículo 99.1 de la Constitución, tras celebrar consultas con los
representantes designados por los grupos políticos con representación
parlamentaria, vengo en proponer al excelentísimo señor don José Luis
Rodríguez Zapatero como candidato a la Presidencia del Gobierno. Lo que
comunico a V.E. para que se formule al Congreso de los Diputados la
oportuna propuesta. Madrid, 7 de abril de 2004. Juan Carlos, Rey. El
presidente del Congreso de los Diputados, Manuel Marín González.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señora secretaria.
Para la exposición del programa político del Gobierno que pretende formar
y para solicitar la confianza de la Cámara, tiene la palabra el
candidato, don José Luis Rodríguez Zapatero.
El señor RODRÍGUEZ ZAPATERO (Candidato a la Presidencia del Gobierno):
Señor presidente, señoras y señores diputados, tras las pasadas
elecciones del 14 marzo y según lo dispuesto en nuestra Constitución,
comparezco ante esta Cámara para solicitar su confianza, conforme a la
propuesta realizada por el Rey.
Permítanme que en este momento mi primer pensamiento sea para los casi 42
millones de personas que representamos. Ellos son los que nos han traído
hasta aquí y a ellos, a todos ellos, me debo a partir de ahora. Nos
faltan, sin embargo, 192. Tenían derecho a estar hoy entre nosotros. Su
ausencia de hoy debe constituir presencia imborrable. Han muerto, como ha
ocurrido con tantos otros españoles en los años precedentes, por obra del
furor homicida de unos desalmados. No hay razón en el terrorismo. No hay
sentido en el terrorismo. No hay política en el terrorismo. Sólo hay
terror, muerte, chantaje. Sólo hay voluntad de someter, de sojuzgar, de
destruir la moral de los hombres, de eliminar sus convicciones. Ante el
terror, Madrid ha dado ejemplo de coraje, de solidaridad y de heroísmo y,
con Madrid, toda España. Gracias en nombre de quienes en esta Cámara
representamos a todos los españoles. Gracias a todos los que ayudaron, a
todos los que en todas partes han mostrado su apoyo y solidaridad. Muchas
gracias. (Aplausos.) Un agradecimiento que, junto con mi felicitación,
hago extensivo a todas las administraciones públicas que, con admirable
eficacia, pusieron en acción coordinada sus recursos para paliar las
consecuencias de los brutales atentados del 11 de marzo. Se han dispuesto
importantes medidas de atención a las víctimas y a sus familias. Anuncio
ya mi propósito de reforzarlas para que quienes han sufrido esta barbarie
sientan el pleno apoyo de la sociedad y del Gobierno. Todo cuanto hagamos
por ellos constituye una deuda democrática. Ellos y todos los ciudadanos
deben saber en todo caso que el Gobierno que presida tendrá como objetivo
prioritario la lucha sin cuartel contra el terrorismo, contra cualquier
terrorismo, contra todo terrorismo; una lucha en la que emplearemos todos
los recursos de que pueda dotarse una sociedad democrática: desde luego y
en primer lugar, unas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado mejor
equipadas, mejor coordinadas, mejor informadas. A lograrlo contribuirá mi
compromiso de crear un mando único operativo de las fuerzas de seguridad
que evite descoordinaciones que mermen su eficacia y disminuyan, así, la
seguridad de los españoles. Esta eficacia se incrementará mediante la
coordinación de todos los servicios de inteligencia e información del
Estado y mediante la multiplicación de los medios contra el terrorismo
internacional; una coordinación que, mediante el diálogo y el acuerdo
institucional con el Gobierno vasco y con la Generalitat de Cataluña,
quiero extender a las fuerzas de seguridad con que cuentan esas
comunidades. Junto a ello, estoy decidido a impulsar la más amplia
cooperación internacional para lograr el éxito en esta lucha; cooperación
contra todo tipo de terrorismo: contra el que nos ha golpeado durante 40
años y contra el terrorismo internacional; una cooperación que en todo
caso deberá respetar las pautas y los valores que nuestra democracia se
ha esforzado en consolidar a lo largo de los años. No caeré, así, en el
error de proponer, en aras de la seguridad, restricciones en nuestro
sistema de libertades, como tampoco ampararé iniciativas que violen
nuestra
propia legalidad o la legalidad internacional. Por idénticas razones,
combatiré toda forma de xenofobia que pretenda encontrar amparo en los
sucesos recientes -¿es que no han muerto, con los de nuestro país,
decenas de hijos de otras naciones?-y condenaré asimismo toda utilización
política del terrorismo, porque el elemento esencial de la lucha contra
el terrorismo es la unidad de los demócratas, una unidad que se rompe
cuando se trata de sacar rentabilidad política del terror (Rumores), que
se rompe también cuando falta una solidaridad incondicional con las
víctimas o cuando se contemporiza con los violentos, cuando se olvida que
nadie es libre si no somos todos libres.
Convencido de la necesidad de la acción única de quienes representamos los
intereses colectivos, propuse en su día el Pacto por las libertades y
contra el terrorismo, que suscribieron el Partido Socialista y el Partido
Popular; este pacto, para mí, sigue vigente. Hoy, además, es posible y
necesario ir más allá y ampliar la base del acuerdo democrático contra el
terrorismo. Por ello me propongo convocar de inmediato a todas las
fuerzas políticas parlamentarias a una reunión en la que se comparta
información y se defina una estrategia común. Será la primera de las que
sucesiva y periódicamente se mantendrán en la Comisión de Secretos
Oficiales de esta Cámara. Así lograremos una sociedad más segura y, al
serlo, será también una sociedad más libre.
Señor presidente, señoras y señores diputados, por quinta vez en los
veinticinco años de democracia constitucional, el Partido Socialista ha
recibido el encargo mayoritario de los españoles para formar Gobierno.
Esa decisión ha sido la expresión de un deseo colectivo imparable: la
voluntad de cambio. Sé que esa voluntad expresada por los electores
encierra una fuerte dosis de esperanza: la de lograr una España mejor, la
España que merecemos, que el Partido Socialista prometió en la campaña
electoral. Por eso mismo sé también que la voluntad de cambio de los
españoles está preñada de exigencias. Hay, ante todo, una exigencia de
respeto a las promesas. Los ciudadanos nos exigen a los políticos que
seamos fieles a nuestras promesas. Esta exigencia es para mí la más
apremiante, la más obligada. Haré honor a la palabra dada.
Quiero también mantener un estilo de Gobierno que responda a las
expectativas de cercanía, proximidad y participación que han manifestado
quienes, saliendo de la desesperanza en la política, han acudido a votar
en estas elecciones. Esto exige una acción de Gobierno en la que nadie se
sienta excluido, que escuche y atienda a razones, que explique siempre el
porqué de cada decisión adoptada. Será un Gobierno, pues, que respete a
los ciudadanos, que escuche las voces y las críticas, por fuertes que
estas sean.
En el resultado electoral hay también una exigencia de entendimiento y
diálogo. Este es sin duda el sentido de una voluntad popular, que se ha
traducido en una Cámara tan plural como la que hoy nos reúne, diversa y
sin mayoría absoluta. Así lo han querido los ciudadanos. Quiero hacer una
valoración de este dato. Podré compartirlas o no, pero respetaré la
legitimidad de cuantas posiciones se defiendan en esta Cámara, aceptando
las reglas que los españoles hemos acordado, y estoy dispuesto a hacer de
ésta la legislatura del diálogo, del entendimiento, del encuentro. Es
algo más que una necesidad de apoyos para alcanzar la mayoría. Es la
voluntad de responder fielmente a la decisión de los españoles.
El Gobierno actuará de acuerdo con sus ideas, de acuerdo con su programa,
de acuerdo con sus valores, pero el Gobierno que yo presida, si obtengo
la confianza de la Cámara, tiene también como proyecto político la
voluntad de incorporar en la toma de decisiones las visiones que se
aporten lealmente desde otras perspectivas políticas y de lograr así para
sus políticas el apoyo más amplio posible de los grupos parlamentarios.
Mi voluntad de entendimiento no se limitará a los actores políticos;
tiene que extenderse a los agentes sociales, desde luego a los
sindicatos, que siguen siendo hoy el mejor instrumento de participación
de los trabajadores en las decisiones colectivas, y, con ellos y junto a
ellos, las organizaciones empresariales. Con ambos quiero desarrollar un
diálogo social fecundo que asegure el crecimiento económico y la
participación efectiva de todos los ciudadanos en el bienestar social;
una voluntad de entendimiento que quiero alcance igualmente a la amplia
red de organizaciones sociales que defienden intereses de colectivos
necesitados de especial atención y ayuda, y a las organizaciones no
gubernamentales, que encontrarán en el Gobierno un aliado eficaz para el
trabajo ejemplar que desarrollan.
En el resultado electoral hay, en fin, una exigencia de eficacia. Hemos
prometido que haríamos una gestión de Gobierno destinada a lograr una
España mejor. Estoy decidido a cumplirlo. Para ello, si obtengo la
confianza de esta Cámara, voy a designar un Gobierno en el que tengo
plena confianza. Será un Gobierno destinado a atender no sólo los grandes
problemas nacionales sino también los problemas cotidianos de los
ciudadanos, los que afectan a su vida diaria y a la de sus familias. El
empleo, la vivienda, la atención a las personas dependientes, la
educación, el poder adquisitivo de salarios y pensiones no serán sólo
competencias de uno u otro ministerio; serán preocupaciones del conjunto
del Gobierno y constituirán materia preferente de la atención política de
su presidente.
Señor presidente, señoras y señores diputados, no soy de los que creen que
todo vuelve a comenzar con nuestra llegada al poder. Creo por el
contrario que la reciente historia de España es un proceso compartido en
el que, en sus diferentes fases, todos hemos jugado un papel que hemos de
reivindicar y asumir colectivamente. Este era el sentido profundo que me
inspiraba cuando me propuse desarrollar un estilo constructivo de
oposición. Este es también el sentido que me inspira
a la hora de enjuiciar la labor del último Gobierno. Respeto lo hecho por
el último Gobierno, aunque haya discrepado sobre su interpretación, en
algunos casos, de los intereses generales de España. Creo que se ha
equivocado en cuestiones esenciales para nuestra convivencia y creo que
los españoles han confirmado este juicio con sus votos, pero creo también
que ha puesto en marcha iniciativas que han contribuido al progreso de
nuestro país.
En la tarea que los socialistas ahora emprendemos no podemos ni debemos
empezar de cero. No podemos permitirnos el derroche de desaprovechar la
experiencia acumulada por quienes a lo largo de los años han dirigido los
destinos del país. De acuerdo con ello, en las próximas semanas el
Gobierno remitirá a la Cámara un proyecto de ley para incorporar al
Consejo de Estado, como vocales natos y permanentes del mismo, a quienes
hayan desempeñado el cargo de presidente del Gobierno. Todos nos
beneficiaremos de su experiencia.
Señor presidente, señoras y señores diputados, se abre ahora un tiempo
nuevo en la vida política de España. En él quiero asegurar el
protagonismo ciudadano a que todos tenemos derecho en una sociedad
tolerante, laica, culta y desarrollada como debe ser la nuestra; una
etapa que, como he indicado, ni puede ignorar la realidad de la que
partimos ni quiere ser continuación de la etapa que ahora termina. Hasta
el día de hoy he prometido un cambio sustentado en valores como el
diálogo, el respeto, el pluralismo, la tolerancia y la transparencia.
Ahora ha llegado el momento de cumplir las promesas y hacer frente a los
compromisos asumidos. Con este talante quiero centrar la actividad del
Gobierno en torno a los cinco ejes que he definido durante la campaña
electoral: la renovación de la vida pública; una política exterior
marcada por una visión europea y europeísta; un desarrollo económico
sustentado en la educación, la investigación y la innovación que permita
la creación de empleo estable; la puesta en marcha de nuevas políticas
sociales para las nuevas necesidades de personas y familias; y el
desarrollo y extensión de los derechos civiles y políticos y del valor de
la igualdad para lograr una convivencia avanzada. Todos ellos atienden a
problemas reales de los ciudadanos. Su objetivo no es otro que caminar
hacia una sociedad moderna, abierta, culta y mejor preparada que hasta
ahora para afrontar los retos del futuro. La renovación de la vida
pública ha de ser, va a ser, el objetivo prioritario y la seña de
identidad de este período. De ella forma parte importante la nueva forma
de ejercer el Gobierno y las nuevas iniciativas democráticas contra el
terrorismo a que me he referido anteriormente. Pero hay que avanzar más,
hay que ser más ambiciosos, porque hay que reconocer que en los
veinticinco años que hemos vivido de democracia la sociedad se ha
mostrado en muchas ocasiones más viva y dinámica que la política. Esa
falta de adecuación se encuentra sin duda en la base del distanciamiento
de algunos y de la falta de incorporación de los más jóvenes. Tienen la
sensación de que la política no satisface sus necesidades y expectativas
y también de que la política no habla su lenguaje ni responde a sus
valores. Hay que recuperar su presencia, su participación, hay que evitar
su desencanto y, para ello y ante todo, hay que revitalizar el
Parlamento. No podemos seguir demorando una reforma del Reglamento del
Congreso que todos reconocen necesaria y nadie aborda, no podemos seguir
en esta situación y quiero advertir que es uno de mis compromisos más
firmes y en el que quiero que se empeñe toda la Cámara. En uno u otro
momento todos los partidos hemos dicho que la reforma del Reglamento era
necesaria. Pues bien, lo que se dice se hace, y estoy decidido a
propiciar que las Cámaras puedan ejercer efectiva y eficazmente su misión
fundamental de controlar al Gobierno. Es una cuestión de racionalidad
política: en esta Cámara reside la soberanía nacional. Es una cuestión de
pedagogía política: un Parlamento anquilosado, prisionero del Gobierno,
pierde su condición de referente político para el ciudadano. Es una
cuestión de valores políticos: aquí es donde debe concretarse el diálogo
y la transacción en una sociedad plural.
Por idénticas razones, es imprescindible abordar la reforma del Senado.
Todos coincidimos en la necesidad de reforzar la cohesión y la
vertebración de España y en defender la identidad, el autogobierno y la
participación de las comunidades autónomas en una tarea común. Ese
espacio corresponde al Senado y hay que facilitar que lo pueda llevar a
cabo. La reforma del Senado debe plantearse en un proceso consensuado de
reforma parcial de la Constitución. Si algo ha sido, si algo es la
Constitución de 1978, es norma de convivencia. Con ese espíritu nació,
ese fue desde el principio su objetivo más destacado. La Constitución fue
obra de todos y es propiedad de todos, de todos. De ahí los riesgos, que
repetidamente he denunciado, de la apropiación unilateral de su texto, de
su sentido, de su defensa; de ahí también los riesgos del exclusivismo
interpretativo que algunos han querido arrogarse; de ahí, en fin, mi
distancia profunda de una concepción del patriotismo que se limite a la
adoración formal de la Constitución como un ídolo.
La Constitución ha cumplido hasta ahora su objetivo de convivencia en paz
y libertad, pues ha resuelto en buena medida los grandes problemas de la
convivencia española. No hay razón alguna para poner en cuestión sus
grandes opciones. Como ha servido, como nos ha servido a todos, la
Constitución debe mantenerse y todos podemos y debemos defenderla, pero
han transcurrido los años suficientes como para que acontecieran hechos
que la Constitución misma no podía prever y para que podamos adoptar
soluciones, en el desarrollo de nuestras instituciones, que la propia
aplicación de la Constitución va permitiendo.
Hace veinticinco años no existía para los españoles la realidad de la
Europa unificada, no se había producido
la revolución social que han protagonizado las mujeres, no se había hecho
realidad el Estado autonómico. Por eso queremos ofrecer a todas las
fuerzas políticas un consenso básico para afrontar una reforma concreta y
limitada de la Constitución que aborde esos problemas. Se trata, en
primer lugar, de abordar, como he anunciado, la reforma del Senado; en
segundo lugar, de modificar, sin alterar las previsiones que afectan al
Príncipe de Asturias, las normas que regulan el orden de sucesión en la
Corona, con el fin de adaptarlas al principio de no discriminación de la
mujer que con carácter general consagra la propia Constitución; en tercer
lugar, creo que ha llegado el momento de consagrar, con la fuerza
simbólica que proporciona la Constitución, la denominación oficial de las
diecisiete comunidades autónomas y las dos ciudades autónomas y su
consideración definitiva como parte esencial del Estado y su forma de
organizarse territorialmente; en cuarto lugar, queremos que la
Constitución española incorpore a su texto una referencia a la próxima
Constitución europea, como signo solemne de nuestro compromiso definitivo
con Europa y del valor real que damos a nuestra condición de ciudadanos
europeos.
El proyecto de reforma de la Constitución es una tarea esencial en la que
pido el concurso y la voluntad de todos para alcanzar un gran acuerdo,
porque se trata de reformarla para mejorarla. El Gobierno tomará la
iniciativa para la reforma, para lo cual solicitará un informe previo al
Consejo de Estado, que constituirá la base de su proyecto. En los
próximos días, el Gobierno procederá al nombramiento de un presidente del
Consejo de Estado, de reconocido prestigio y probada independencia, para
que dirija este trabajo. Contará además para ello con el auxilio del
Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, que pasará a adscribirse
al propio Consejo de Estado, abandonando la órbita estricta del
Gobierno.
Señoras y señores diputados, desde distintas comunidades autónomas se han
adoptado iniciativas de reforma estatutaria. Quiero dejar clara mi
posición: reformar los estatutos es optar por vivir dentro de ellos, es
aplicar la Constitución y, en consecuencia, apoyaremos las propuestas de
reforma. La legitimidad de las reformas estatutarias sólo tiene para
nosotros dos condiciones: el respeto a la Constitución y su aprobación
mediante mayorías que supongan un amplio consenso político y social.
Porque la reforma estatutaria sólo tiene sentido si incrementa la
cohesión social, nunca si es un elemento de fractura, de confrontación,
de división o enfrentamiento en el seno de una comunidad. El Gobierno
socialista garantizará, en todo caso, la cohesión social entre los
ciudadanos y los territorios de España desde una comprensión positiva de
su pluralidad constitutiva. Nuestra visión de España -lo hemos dicho
muchas veces- descansa en el reconocimiento de su pluralidad como un
valor constitucional. Ello implica que el Gobierno de este país debe
hacer un permanente esfuerzo de integración de la diversidad en la
unidad, respetando siempre las singularidades -lengua, cultura,
insularidad- que nuestro ordenamiento constitucional garantiza y
preserva. Estoy dispuesto a poner los medios para lograrlo y para ello me
propongo, ante todo, recuperar el diálogo político con las comunidades
autónomas, con todas las comunidades autónomas. Con este propósito, me
entrevistaré con todos los presidentes autonómicos antes del verano, como
primera manifestación de una iniciativa que quiero mantener al menos una
vez al año. Con la misma voluntad, quiero instituir una conferencia de
presidentes que nos reúna a quienes ejercemos los gobiernos de todo el
Estado y de cada una de las comunidades. Una conferencia cuya primera
reunión quisiera celebrar en el último trimestre del presente año. Una
conferencia que será el complemento idóneo de un Senado reformado. Con la
actividad efectiva de ambos foros será fácil abordar la reforma de los
instrumentos de cooperación interterritorial e instrumentar la
participación de las comunidades en la conformación y en la expresión de
la voluntad del Estado en la Unión Europea. De este modo, mejoraremos la
participación de todos y la coordinación de todos los poderes públicos,
de todas las administraciones públicas. Para asegurarlo, no obstante, nos
queda aún una deuda pendiente, la del reconocimiento efectivo del papel
de los ayuntamientos españoles. El diálogo con la Federación Española de
Municipios será el canal por el que podamos alcanzar acuerdos que
exigirán generosidad y reconocimiento por parte del conjunto del Estado.
El Gobierno anuncia desde hoy su apoyo más decidido a dos grandes
acontecimientos de carácter cultural protagonizados por nuestros dos
mayores ayuntamientos: el Fòrum de Barcelona y la candidatura olímpica de
Madrid para organizar los Juegos del año 2012.
Señorías, el proceso de reforma política, de renovación de la vida
pública, no se agota, sin embargo, con cuanto he expuesto hasta aquí.
Debe extenderse al ámbito de los medios de comunicación públicos,
singularmente Radiotelevisión Española y la Agencia EFE, a los que quiero
liberar del control del Gobierno al que tradicionalmente han estado
sometidos, para que puedan desempeñar sin trabas el papel que les
corresponde en una sociedad democrática avanzada. El Consejo de Ministros
procederá de inmediato a nombrar un consejo independiente de expertos
para que, en un plazo no superior a nueve meses, formulen una propuesta
que el Gobierno se compromete a traducir en disposiciones legales
mediante el correspondiente proyecto de ley que remitiremos a las cámaras
en el primer trimestre de 2005. Con ello avanzaremos claramente en la
transparencia del ejercicio del poder público, garantizaremos la
información veraz a que tienen derecho los ciudadanos e incrementaremos
las posibilidades de control social de la acción del Gobierno. La
exigencia de información veraz y el control social deben, con todo,
extenderse
a otros campos. La publicidad institucional y el acceso de los ciudadanos
a la información de las administraciones públicas son otros ámbitos cuyos
criterios serán reformados por mi Gobierno para impedir usos ilegítimos e
implantar la máxima transparencia en la gestión de lo público.
Las reformas que afectan al ámbito político e institucional no se verían
satisfechas si no incluyesen un fuerte compromiso con la justicia,
condición esencial para la salvaguarda de los derechos ciudadanos.
Empeñados en dotarla de medios suficientes, el Gobierno creará mil nuevas
plazas de jueces y fiscales en la legislatura, y asegurará las
inversiones requeridas para la modernización del servicio público de la
justicia. Un nuevo estatuto fiscal asegurará la imparcialidad del
ministerio público y permitirá abordar la reforma del proceso penal para
mejor protección de los derechos de las víctimas y garantía de los
acusados. Un esfuerzo paralelo comprometo desde hoy para la atención a la
seguridad ciudadana. No hay ciudadanos libres si no se saben y se sienten
seguros, protegidos por el Estado y por el servicio público de la
seguridad ciudadana. A lo largo de la legislatura dispondremos de los
recursos necesarios para dotar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del
Estado de 36.000 efectivos más a disposición de los ciudadanos.
Reforma del Reglamento del Congreso; reforma del Senado en el marco de una
reforma parcial de la Constitución; reforma de los estatutos y nuevas
relaciones institucionales con las comunidades autónomas; atención
preferente a la Administración de justicia y a la seguridad ciudadana;
nuevos estatutos para los medios de comunicación públicos; incorporación
al Consejo de Estado de los ex presidentes del Gobierno; compromiso
prioritario en la lucha contra el terrorismo y la atención a las
víctimas; nuevo estilo de Gobierno: abierto, transparente y
participativo. Estas son las principales medidas que conformarán la
renovación política que pienso protagonizar desde el Gobierno.
Señor presidente, el segundo eje al que dedicaré particular atención es el
referido a la política exterior. En este campo es hora de recuperar un
consenso que nunca debió romperse. Nada hemos progresado al hacerlo y
hemos puesto en riesgo muchos de nuestros intereses más importantes. Un
consenso que, por este orden, debe dejar claro un convencido compromiso
europeísta; debe situar en Latinoamérica y el Mediterráneo nuestros
centros de atención preferente; debe mantener con Estados Unidos una
relación de países socios y amigos basada en la lealtad y la franqueza
recíprocas; debe alinearse inequívocamente con la legalidad
internacional, con la reforma y reforzamiento de los instrumentos de paz
internacionales y debe, finalmente, hacer de la cooperación al desarrollo
un elemento esencial de nuestra política internacional. Todo ello
atendido por un nuevo servicio exterior del Estado, potente y preparado
para servir a España en un mundo globalizado. En este marco, la
Constitución europea supone un hito en el proceso de paz, libertad,
progreso y bienestar, en cuya implantación y desarrollo estamos empeñados
los europeos desde hace ya cincuenta años. Será el elemento más sólido de
unión entre los veinticinco Estados que pronto conformarán la Unión
Europea. Convencido de que lo que es bueno para Europa es bueno para
España, el Gobierno hará cuanto esté en su mano para asegurar que el
proyecto de Constitución europea se apruebe antes de que concluya la
presidencia irlandesa y pueda firmarse en Madrid en homenaje a las
víctimas del atentado del 11 de marzo. Me apresuraré a recuperar la
presencia institucional, política, cultural y económica de España en
Latinoamérica con el fin de contribuir a la proyección definitiva de sus
pueblos, consolidar la democracia en todos sus países y sentar con ellos
bases reales para la actualización, modernización y eficacia de nuestra
comunidad de naciones. Marruecos exige y merece una atención preferente y
unas relaciones que busquen el entendimiento profundo. Así lo expondré a
las autoridades marroquíes en la visita que realizaré, si obtengo la
confianza de esta Cámara, en los próximos días. En el Mediterráneo
debemos recuperar el objetivo del diálogo, del entendimiento y de la
cooperación que supuso la Declaración de Barcelona.
En lo que se refiere a la crisis iraquí, no es mi intención reabrir
debates pasados. Todos los españoles conocen mi posición sobre las causas
que se esgrimieron para justificar esta guerra y sobre la intervención
española en la misma. Hoy, tras recordar a los españoles que han perdido
la vida en Irak, tenemos que mirar, unidos, al futuro. Día a día seguimos
siendo testigos del continuo deterioro de la situación en Irak, que se
aleja cada vez más de la paz y la estabilidad que todos deseamos. Puedo
garantizarles que mi Gobierno seguirá firmemente comprometido con la
estabilidad, la democratización y la reconstrucción de Irak, pero no sin
los iraquíes ni contra los iraquíes. Es urgente que los iraquíes
recuperen su soberanía y puedan organizar libre y democráticamente sus
elecciones. España desea un Irak que mantenga su integridad territorial y
en el que todas sus comunidades puedan sentirse partícipes de un futuro
común. Este es el objetivo fundamental con el que estamos plenamente
comprometidos, que defenderemos en los foros internacionales y al que
prestaremos toda nuestra ayuda. Mi postura sobre la presencia de tropas
españolas en Irak es bien conocida, así como sus argumentos y razones, y
no cabe malinterpretarla. No permitiremos que se ponga en cuestión
nuestro firme compromiso con la seguridad internacional y en la lucha
contra el terrorismo. Por ello, quiero dejar claramente sentado que
España asumirá las obligaciones internacionales que le correspondan en
defensa de la paz y la seguridad. Lo hará siempre, con un solo requisito:
la decisión previa de Naciones Unidas o de cualquier otra organización de
carácter multinacional
que nos obligue a ello. En todo caso, la participación de las Fuerzas
Armadas españolas en misiones en el exterior se acordará con la
participación del Parlamento. En cualquier caso, nuestra acción
privilegiará la diplomacia preventiva y el respeto a los principios de la
Carta de las Naciones Unidas frente a la guerra preventiva y al
unilateralismo, y hará hincapié en una utilización más eficaz de todos
los instrumentos políticos, diplomáticos, económicos y sociales para el
arreglo pacífico de controversias. Estoy convencido de que todos
necesitamos revisar solidariamente la estrategia en la lucha
internacional contra el terrorismo y a ello dedicará su esfuerzo mi
Gobierno. También aquí la opción estratégica por Europa adquiere pleno
sentido. Al hilo de los acontecimientos de los últimos años y bajo la
iniciativa de Javier Solana, la Unión Europea está dando pasos, todavía
tímidos pero decisivos, para incrementar su propia capacidad de defensa y
seguridad en beneficio de sus ciudadanos y para ejercer un papel
relevante en pro de la paz en el mundo. Esta será, en consecuencia, la
guía fundamental para la modernización, la formación y el equipamiento
necesario para que nuestras Fuerzas Armadas puedan cumplir sus misiones
en condiciones de eficacia, pero también en condiciones adecuadas de
seguridad y de atención a sus miembros. Unas Fuerzas Armadas que, en todo
caso, multiplican su actividad en beneficio de la comunidad y que merecen
y necesitan el afecto, el reconocimiento y el aliento de los ciudadanos
porque constituyen una pieza fundamental para la seguridad de una
sociedad que en algunos momentos se siente amenazada. La recuperación del
consenso en política exterior; la prioridad de la visión europea de
nuestra política; el compromiso con la aprobación inmediata de la
Constitución europea; la atención preferente a Latinoamérica y el
Mediterráneo; el respeto escrupuloso a la legalidad internacional; la
reivindicación de Naciones Unidas como garante efectivo de la paz y
seguridad internacionales, constituyen, pues, los hitos fundamentales de
la nueva política exterior.
Señoras y señores diputados, la tercera prioridad en la acción del
Gobierno es la modernización e impulso de nuestra economía para que el
bienestar llegue a todos, para que todos vean que es posible combinar
crecimiento y bienestar social, para que obtengamos recursos suficientes
para desarrollar nuestro sistema de bienestar. A estos efectos, quiero
hacer un pronunciamiento previo: mi Gobierno asume como criterio que
guiará su actuación el principio de estabilidad presupuestaria. Es un
compromiso firme porque estamos convencidos de que unas cuentas públicas
saneadas son requisito imprescindible para poder mejorar los servicios
públicos y, con ellos, la calidad de vida de los ciudadanos. Un
compromiso que se completa con otro de igual importancia y expresado con
idéntica claridad: el Gobierno no incrementará la presión fiscal global.
En el segundo año de la legislatura presentaremos ante esta Cámara un
proyecto de reforma fiscal que establezca un sistema impositivo más
próximo, sencillo, eficiente, equitativo y eficaz en la recaudación.
Quiero expresar mi convencimiento de que la economía española tiene su
principal reto en sentar las bases de un crecimiento equilibrado y
sostenible, con un horizonte de largo plazo que se traduzca en aumento
del ahorro y, especialmente, de la productividad. Esto significa, ante
todo, invertir en investigación, en desarrollo y en innovación. Un
incremento del 25 por ciento del correspondiente presupuesto en estas
partidas es un compromiso que hoy adquiero ante la Cámara. Eso significa
también incorporación definitiva y urgente a la sociedad de la
información y el conocimiento. Eso significa, asimismo, volcarse en las
nuevas tecnologías y en el desarrollo y extensión de las
telecomunicaciones. Eso significa, en definitiva, colocar a la ciencia en
el centro de nuestras prioridades.
Junto a la ciencia, la educación. Educación desde las escuelas infantiles
a la universidad. Educación de calidad, moderna, actualizada. España
necesita hacer un considerable esfuerzo para extender la educación y
mejorar su calidad. Esa es la orientación europea. Ese es nuestro
principal reto. Es un lugar común constantemente repetido, pero no
siempre seguido en la práctica. La educación es, por todos los conceptos,
la inversión más rentable para un país. No repetiré aquí cuanto he
afirmado sobre el deterioro que padece la escuela pública y sobre las
carencias generales de nuestro sistema educativo de todos los niveles,
pero sí debo reiterar el anuncio que en su día formulé en relación con la
Ley Orgánica de Calidad de la Educación y la Ley Orgánica de
Universidades. Me comprometí a reformarlas de inmediato y así lo haremos.
Es una reforma que tardará algún tiempo por los trámites que hay que
respetar, pero, sobre todo, porque quiero seguir el procedimiento
contrario al que se utilizó para su aprobación. Quiero lograr un amplio
acuerdo porque creo que la educación requiere proyectos de largo plazo,
estabilidad suficiente para evaluar sus resultados y un amplio consenso
social que respalde la actividad de los docentes y proporcione
tranquilidad a los padres sobre la formación que reciben sus hijos. Por
ello, en las próximas semanas el Gobierno de la nación, el único que está
capacitado y legitimado para hacerlo, aprobará las disposiciones
necesarias para suspender la aplicación de la Ley orgánica de la Calidad
de la Educación. (Aplausos.)
Lo que tampoco puede esperar es cumplir la promesa que en su día hice a
los jóvenes: en el próximo mes de mayo -si obtengo la confianza de la
Cámara- el Consejo de Ministros aprobará un crédito extraordinario para
incrementar la dotación y el número de las becas en nuestro país. Es un
compromiso imprescindible para quienes como nosotros hemos hecho seña de
identidad de la igualdad de oportunidades. La cumbre de Lisboa apostó por
la inversión en infraestructuras y en la sociedad del conocimiento como
factor clave para
el crecimiento económico. No es cuestión de enumerar ahora los compromisos
que hemos asumido en el programa electoral en cuanto a las
infraestructuras de transporte. Me basta con recordar que unas son
grandes obras de vertebración del territorio nacional; que otras, como el
Plan Galicia o el conjunto de actuaciones previstas para Canarias, tienen
carácter más localizado; que la mayoría de ellas responden a las
necesidades de conexión entre sí de nuevos centros de actividad y empleo
en nuestro país; que todas ellas se abordarán con estrictos criterios
medioambientales. Ahora precisaré que antes de finales del año en curso
el Gobierno aprobará el Plan Nacional de Transportes e Infraestructuras y
lo enviará al Parlamento para su debate. En materia de energía me
limitaré a señalar nuestra opción por fomentar el recurso a energías
alternativas que permitan reducir emisiones de gases de efecto
invernadero, de acuerdo con el Protocolo de Kioto y, progresivamente,
abandonar la energía de origen nuclear.
Entre los retos que abordará el Gobierno destaca el de situar a España en
una senda en la que la economía y la innovación tecnológica avanzan en
paralelo con la cohesión social, con el uso racional de los recursos
naturales y con la reducción de la contaminación; una senda hacia un
desarrollo más sostenible y por ello más duradero, más justo y más
saludable. Un desarrollo sostenible entraña un compromiso también con la
España rural, que garantice su supervivencia y permita una vida con
calidad. Ello exige una apuesta decidida por el desarrollo rural, por la
viabilidad de la agricultura familiar y por la competitividad de la
industria alimentaria. En este contexto, quiero anunciar una nueva
política del agua, una política que tomará en consideración tanto el
valor económico como el valor social y el valor ambiental del agua, con
el objetivo de garantizar su disponibilidad y su calidad, optimizando su
uso y restaurando los sistemas asociados. Para ello, el Gobierno abordará
una profunda reforma de las confederaciones hidrográficas y revisará el
Plan Hidrológico Nacional vigente, manteniendo aquellas actuaciones del
anexo de inversiones que resulten coherentes con la reorientación de la
política del agua y priorizando las inversiones destinadas a mejorar la
situación de carencia de levante, en particular de la cuenca del Segura.
Esta revisión, que implicará la paralización de determinadas
infraestructuras y su sustitución por proyectos más eficientes, más
baratos y menos conflictivos, se llevará a cabo en forma concertada con
las comunidades autónomas. (Aplausos.)
Este conjunto de inversiones tiene como objetivo suplir carencias y
mejorar los elementos de base de nuestra economía. Pero este conjunto de
inversiones y de orientaciones tiene otro objetivo tanto o más importante
para España: crear empleo. Diré más: proseguir la creación de empleo,
pero posibilitar un empleo de calidad que ponga fin a la escandalosa e
injustificada precariedad en el empleo que azota, fundamentalmente, las
vidas y los planes de futuro de los jóvenes de nuestro país. El Gobierno
propondrá un acuerdo social de competitividad y empleo estable. En base a
él, definiremos sobre nuevas bases los supuestos de contratación temporal
y las políticas activas de fomento del empleo estable, con atención
especial a crear condiciones reales de accesibilidad al empleo para
colectivos que, como mujeres, jóvenes, discapacitados y parados de larga
duración, padecen dificultades especiales para acceder al empleo.
Prestaré especial atención a la adopción de medidas específicas para
reducir drásticamente la siniestralidad laboral a través de un plan de
actuación específico abordado con sindicatos y organizaciones
empresariales. Así pues, señorías, propiciaremos la modernización e
impulso de nuestra economía a través, fundamentalmente, del firme
compromiso con la estabilidad presupuestaria; la atención preferente a la
inversión en educación, investigación y nuevas tecnologías; la aprobación
y remisión a esta Cámara de un ambicioso Plan de Transportes e
Infraestructuras; el anuncio de una nueva política del agua; la apuesta
por la creación de empleo estable y de calidad y, en fin, el compromiso
con el diálogo social.
Señoras y señores diputados, el cuarto de los ejes de la acción del
Gobierno es, sin duda, el más conocido de ellos porque es el que define y
caracteriza todo proyecto socialista. Me refiero, claro está, a las
políticas sociales; a las políticas destinadas a promover las condiciones
de igualdad en el acceso a los bienes y servicios públicos; a las
políticas que garantizan la cohesión de nuestra sociedad y la hacen así
más fuerte, más estable, más capaz y más humana. La sociedad española de
hoy conoce nuevos problemas para los que la respuesta colectiva se está
demorando demasiado. Son los problemas de la precariedad, la vivienda, la
dependencia, la discapacidad, el bajo nivel de una parte importante de
las pensiones. Mi Gobierno va a afrontar, en forma decidida, el mayor
problema con el que hoy conviven millones de familias españolas: la
imposibilidad de acceder a una vivienda en condiciones razonables. No es
necesario insistir en las consecuencias aniquiladoras que este hecho
tiene para tantos proyectos de vida. Combatiremos la especulación del
suelo, elemento fundamental del alto coste de las viviendas disponibles,
mediante un plan que, diseñado por el nuevo Ministerio de la Vivienda y
concertado con las comunidades autónomas, pondrá a disposición de las
familias españolas, a precios asequibles, 180.000 viviendas, tanto de
acceso a la propiedad como en régimen de alquiler, poniendo en juego para
ello la bolsa de suelo público en poder de las administraciones y, en
particular, de la Administración general del Estado.
El Gobierno, igualmente, abordará un ambicioso plan de atención y ayuda a
las personas dependientes, que constituirá la primera actuación en
materia de servicios sociales concebidos como derecho de ciudadanía. Es
un plan que tiene como destinatarios a quienes
día a día conviven con muchos de nosotros: mayores, menores y
discapacitados. Es un plan destinado a prestar atención médica,
sanitaria, asistencial, pero es un plan destinado también a combatir la
soledad e incrementar la seguridad, a evitar las muertes en silencio y
abandono. Es un plan que concertaremos con comunidades autónomas y
ayuntamientos. Y es un plan que generará empleo, riqueza e integración
social.
Será también una prioridad del Gobierno garantizar los derechos de la
infancia a través del desarrollo de políticas integrales que protejan sus
derechos, velen por sus intereses y fomenten su educación a efectos de
construir una sociedad que desde ahora piensa en su futuro. Como lo será
también el fomento del empleo de los discapacitados como medio más idóneo
para superar el déficit de ciudadanía que en muchos casos hoy padecen. El
Gobierno, a través del Ministerio de Sanidad y mediante acuerdo con las
comunidades autónomas, llevará adelante un Plan de Calidad e Igualdad
para la mejora del Sistema Nacional de Salud que asegure el acceso a sus
prestaciones en condiciones de igualdad en todo el territorio nacional,
que incorpore acciones especiales frente a la siniestralidad laboral y
viaria y frente a enfermedades como el Alzheimer, el cáncer o la
diabetes; que controle el gasto farmacéutico y que facilite y promocione
la investigación con células madre embrionarias para combatir las
enfermedades degenerativas. Mi Gobierno, en fin, mejorará las condiciones
de vida de quienes menos recursos poseen en esta sociedad. En
consecuencia, procederemos a la elevación progresiva del salario mínimo
interprofesional hasta alcanzar los seiscientos euros mensuales al final
de esta legislatura, con el fin de recuperar la capacidad adquisitiva que
se ha perdido en los últimos años. El Gobierno aprobará una subida
progresiva de las pensiones más bajas en este país hasta alcanzar, al
final de la legislatura, un incremento por cuantía equivalente a los
4.000 millones de euros. No habrá campaña propagandística, habrá
simplemente pensiones más dignas. (Aplausos.) Plan de acceso a la
vivienda; plan de servicios sociales centrado en las situaciones de
dependencia; atención a la familia y a la infancia; compromiso con el
empleo de los discapacitados; incremento del salario mínimo y de las
pensiones más bajas; mejora del Sistema Nacional de Salud y fomento de la
investigación médica contra determinadas enfermedades son así las
principales medidas que abordaremos para hacer frente a las nuevas
necesidades sociales.
Señoras y señores diputados, quiero, para acabar mi intervención, dedicar
unos minutos al último de los ejes sobre los que girará lo fundamental de
la acción de mi Gobierno. Quiero, en efecto, que la etapa que ahora
iniciamos suponga una oportunidad real para dotar de nueva dimensión,
para llenar de nuevos contenidos, el concepto de ciudadanía. Lo haremos
ampliando los derechos civiles y políticos de los ciudadanos españoles.
Mi Gobierno hará de la política dirigida a asegurar la igualdad entre
mujeres y hombres uno de sus empeños emblemáticos. Igualdad en el empleo,
igualdad en las condiciones de trabajo, igualdad en la atribución de las
cargas familiares e igualdad también en la participación en el poder. La
lucha contra la discriminación de la mujer no sería real si no incluyese
una actuación decidida contra la violencia doméstica que acabe
definitivamente con la mayor vergüenza nacional de nuestro tiempo: la que
provoca la muerte violenta de una mujer cada semana a manos de sus
compañeros o ex compañeros sentimentales. Fiel al compromiso asumido, en
el primer Consejo de Ministros examinaremos el anteproyecto de ley
integral contra la violencia doméstica. (Aplausos.)
Ha llegado también el momento de poner fin de una vez a las intolerables
discriminaciones que aún padecen muchos españoles por razón exclusiva de
su preferencia sexual. Lo diré con claridad: homosexuales y transexuales
merecen la misma consideración pública que los heterosexuales y tienen el
derecho a vivir libremente la vida que ellos mismos hayan elegido.
Modificaremos, en consecuencia, el Código Civil para reconocerles en pie
de igualdad su derecho al matrimonio, con los efectos consiguientes en
materias de sucesiones, derechos laborales y protección por la Seguridad
Social. Una modificación de las normas civiles que afectará a otros
extremos del derecho de familia, con el fin de facilitar el derecho a la
separación y el divorcio y asegurar el pago de las pensiones
alimenticias.
Uno de los desafíos más acuciantes y profundos que tiene planteados
nuestra convivencia social es el derivado de la inmigración que desde
hace años toma a nuestro país como destino. En forma insensible primero,
pero ya crecientemente acelerada, estamos pasando a ser una sociedad
culturalmente heterogénea. En un asunto como este, de gran sensibilidad y
repercusión social, es fundamental propiciar una política de cohesión
social evitando los riesgos de fractura. Por ello, mi Gobierno propondrá
al resto de las fuerzas políticas, a las comunidades autónomas, a la
Federación Española de Municipios y Provincias y a los agentes sociales
la adopción de un pacto de Estado sobre la inmigración. Ese pacto debe
descansar en dos grandes elementos: el control y la gestión de flujos de
inmigrantes y las políticas de integración. Es imprescindible mejorar el
control de fronteras para frenar la inmigración irregular y la
persecución de los traficantes de mano de obra, especialmente en
comunidades como Andalucía y Canarias, que se encuentran en muchos casos
al borde de la saturación y con crecientes problemas humanitarios y de
seguridad. Pero son los acuerdos con los países emisores y la
contratación en origen -es decir, la inmigración ordenada- lo único que
permitirá combatir eficazmente el tráfico de mano de obra y los
desoladores accidentes que hoy cada vez son más frecuentes. Las políticas
de integración serán, sin duda, uno de los cometidos principales del
Ministerio de Trabajo y
Asuntos Sociales, al que a partir de ahora están encomendadas, para su
concertación con comunidades autónomas y ayuntamientos, las políticas de
integración social de la inmigración.
Especial atención merecerán también los muchos españoles que todavía viven
fuera de nuestro país, y para los mismos anuncio hoy un estatuto de los
ciudadanos españoles en el mundo que delimite y refuerce los derechos de
ciudadanía de quienes viven lejos de nosotros pero son tan españoles como
todos nosotros. (Aplausos.)
En conclusión, el compromiso con la igualdad radical de la mujer y la
protección de su integridad y sus derechos, la aceptación plena de la
libertad de opción sexual mediante la modificación de la regulación del
matrimonio y una oferta de pacto de Estado sobre la inmigración
constituyen, a nuestro juicio, una oportunidad excepcional para llenar de
nuevos contenidos la condición de ciudadanos.
Señorías, una convivencia avanzada se construye y asegura con la cultura.
Convivir es compartir una misma cultura. Por ello no es cultura lo que no
es permeable a las ideas y maneras de los otros, lo que no nos deja
convivir. El destino de un pueblo depende del valor que sus gobiernos dan
a la cultura. Por ello me propongo que la cultura se sitúe en la esfera
de las cuestiones de Estado. Mi Gobierno va a hacer de nuestra cultura la
gran embajadora en el mundo; de nuestro patrimonio artístico,
intelectual, humano, nuestras grandes cartas de presentación y nuestras
manos tendidas; de nuestros creadores y sus obras, nuestra mayor riqueza,
el lenguaje del diálogo y el encuentro, porque tal actitud incluye
trabajar por todos y para todos. Señorías, quiero decirlo claramente:
para el Gobierno de España la cultura no merece ser tratada como una
mercancía más. La cultura no es un objeto mercantil puro que deba regirse
estrictamente por las reglas de la oferta y la demanda. La cultura
encierra todo el pasado y todo el futuro de un país, las vivencias de las
generaciones pasadas, las ambiciones de futuro de nuestros conciudadanos.
Esta razón, y no otra, justifica el principio de excepción cultural que
defenderemos desde el Gobierno. El nuevo Gobierno será beligerante en la
promoción y en el apoyo a las creaciones culturales españolas y en la
difusión internacional de las lenguas de España. Fomentaremos también el
acceso a nuestro país de todas las manifestaciones culturales de calidad,
vengan de donde vengan. Pero, por encima de todo, también velaremos para
que el producto del genio y del talento de nuestros cineastas, de
nuestros músicos, de nuestros artistas, de nuestros creadores...
(Rumores.-Aplausos.) Sí, repito, para que el genio y el talento de
nuestros cineastas, de nuestros músicos, de nuestros artistas, de
nuestros creadores sea disfrutado en España y se esparza por todo el
mundo. Para elevar la cultura a la política de Estado tenemos por delante
un gran acontecimiento: la conmemoración del cuarto centenario de la
primera edición de El Quijote. (Rumores.) Es una ocasión excepcional para
promover la cultura, la historia y la lengua de España. O, para reflejar
mejor lo que pienso, para promover las culturas, las historias y las
lenguas de España. Quizás en El Quijote estén contenidas algunas de las
notas básicas de nuestro carácter, pero la grandeza de la obra de
Cervantes, su perenne actualidad, reside en el alcance universal de esa
aventura, humana más que española, en la que pueden verse reflejados los
seres más que los países, las personas y los colectivos de cualquier
momento más que los propios de una u otra época.
Señorías, prometí un cambio tranquilo para un tiempo de ciudadanía. Para
ello, si obtengo su confianza, gobernaré firme en los principios desde el
diálogo y para la esperanza. Durante mi Gobierno nadie estará por encima
de las leyes. Las leyes que promovamos perseguirán que nadie viva
dominado arbitrariamente. En palabras de Cervantes, un Gobierno de meollo
y de sustancia. Un Gobierno que acompañe a los ciudadanos en sus
problemas y en sus sueños. Porque algunas utopías merecen ser soñadas; no
las alcanzaremos todas, pero nos marcarán el rumbo por el que hay que
avanzar. En mi vida ese rumbo ha estado marcado siempre por un credo que
quisiera expresar públicamente en un día y en un acto como este. Ese
ideario es breve: un ansia infinita de paz, el amor al bien y el
mejoramiento social de los humildes. (Prolongados aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Señoras y señores, una vez finalizada la intervención
del candidato propuesto a la Presidencia del Gobierno y antes de
suspender la sesión, debo hacer una observación. Lamento que en un día
tan solemne los señores senadores se encuentren de pie o sentados en los
pasillos. (Rumores.) Por ello anuncio que los servicios de la Cámara van
a habilitar las últimas filas con el sistema de banquetas para que esta
tarde encuentren ustedes mayor confort.
Gracias. (Aplausos.)
Se suspende la sesión hasta las cuatro de la tarde.
Eran las doce y diez minutos del mediodía.
Se reanuda la sesión a las cuatro de la tarde.
El señor PRESIDENTE: Se reanuda la sesión.
A continuación, tal como prevé el Reglamento de la Cámara, intervendrán
los representantes de los grupos parlamentarios por orden de mayor a
menor. Tiene la palabra el representante del Grupo Parlamentario Popular
en el Congreso, don Mariano Rajoy.
El señor RAJOY BREY: Señor presidente, señorías, quiero que mis primeras
palabras en esta sesión sean para referirme al ataque terrorista que
sufrió nuestro
país un jueves como hoy, hace cinco semanas, el más bárbaro y sanguinario
atentado de nuestra historia y de los acaecidos en Europa en los últimos
tiempos. No queremos ni podremos olvidarlo nunca. Desde aquí renuevo en
nombre del Grupo Popular nuestra solidaridad con las víctimas y la
voluntad de honrar su memoria. Su dolor es el nuestro y su causa en
nuestra causa. Su recuerdo imperecedero alienta nuestro compromiso frente
al terror y sostiene nuestra actitud de firmeza, que tiene como único
norte la derrota definitiva del terrorismo. No me olvido tampoco del
policía nacional que falleció cumpliendo con su deber frente a unos
criminales suicidas. Quiero también expresar nuestro apoyo a las Fuerzas
de Seguridad, felicitar a los servicios públicos por su extraordinaria
eficacia y sobre todo reconocer con gratitud la generosa reacción
ciudadana, que dio un ejemplo al mundo del que todos los españoles nos
podemos sentir orgullosos. (Aplausos.)
Señorías, voy a hablar como representante de los más de 9.700.000
españoles que han confiado en el Partido Popular. Su confianza va a ser
nuestro estímulo constante en esta nueva etapa de grandes desafíos y
oportunidades para nuestro país. Señor Rodríguez Zapatero, usted y su
partido han obtenido 164 diputados, son la minoría mayoritaria en esta
Cámara; le compete a usted, por tanto, la iniciativa de formar Gobierno.
También, como consecuencia de las elecciones, nuestro grupo asume la
obligación de ejercer la oposición y lo haremos lealmente.
He escuchado con atención su discurso de esta mañana. Ha pedido la
confianza de la Cámara para lo que usted ha llamado su programa de
Gobierno. Además, ha expresado buenos deseos sobre los que cuando los
concrete en iniciativas y las presente en la Cámara tendremos ocasión de
opinar. Quiero comenzar diciéndole que en general he apreciado una
preocupante falta de precisión en sus propósitos. Especialmente, no se ha
definido sobre ciertas cuestiones esenciales para nuestro país. En
general, no da usted explicaciones ni sobre lo que va a hacer ni sobre
cómo, cuándo o con quién piensa hacerlo. Me ha parecido que en su
discurso han destacado más los silencios que las palabras. Convendría que
aclarara usted las cosas. No le voy a pedir que nos repita todo el
discurso, pero sí que despeje las dudas que nos ha dejado en las
cuestiones más importantes, aquellas a las que solemos llamar cuestiones
de Estado y que son las que afectan en mayor medida al futuro de los
españoles.
Nos importa mucho a todos saber con precisión qué pretende hacer el
Gobierno que usted forme con el terrorismo, con la Constitución, con los
estatutos de autonomía, con el bienestar de los españoles y con nuestra
posición internacional. (Rumores.-Aplausos.) Quiero detenerme en estas
cuestiones, hacerle a usted algunas consideraciones y plantearle unas
cuantas preguntas que sirvan para definir su postura con más claridad. No
es mucho pedir en un debate de investidura que se nos explique qué piensa
el candidato, qué pretende hacer y cómo lo va a conseguir.
Señor Rodríguez Zapatero, si esta Cámara decide mañana que ocupe usted la
Presidencia del Gobierno, su primera obligación será la lucha contra el
terrorismo, tanto el de ETA como el terrorismo islamista. No nos
confundamos, las libertades que amenazaba y amenaza el terrorismo de ETA
son las mismas libertades que el terrorismo islamista quiere aniquilar.
En los últimos años ha habido grandes avances en la lucha contra el
terrorismo. Tenemos que continuar en esta línea con principios claros y
convicciones firmes. Hace algo más de tres años suscribimos el Acuerdo
por las libertades y contra el terrorismo. Es un acuerdo que para
nosotros está plenamente vigente; su espíritu, sus objetivos y sus
instrumentos no sólo no deben ser modificados, sino que han de ser
reforzados. El acuerdo está abierto a otras fuerzas políticas, pero si su
propósito es desvirtuarlo, sepa ya que para eso no puede contar con
nosotros. (Aplausos.)
Los principios que fundamentan el Acuerdo por las libertades y contra el
terrorismo son los siguientes. El terrorismo usa la violencia como
alternativa a la política y por eso no se pueden aceptar causas políticas
detrás del terrorismo. Son realidades excluyentes. Nunca se puede
transmitir la sensación de que se toman decisiones políticas con el ánimo
de evitar actos terroristas, señor Rodríguez Zapatero, eso jamás, porque
los terroristas tomarán nota. Al terrorismo no se le puede ceder nada.
Estábamos de acuerdo, y espero que sigamos estándolo, en que es un
principio irrenunciable que con los terroristas no se negocia, ante los
terroristas no se cede y en ningún caso se paga precio político al
terror. (Aplausos.) Terrorista es el que dispara una pistola o el que
coloca una bomba y es también terrorismo el apoyo económico o logístico y
la cobertura política o religiosa, y por eso figuran en las listas
europeas e internacionales como organizaciones terroristas desde Al Qaeda
hasta Batasuna. Con arreglo a estos criterios yo mismo pacté con usted
-seguro que lo recuerda- en el verano de 2002 la puesta en marcha de la
Ley de partidos, una ley cuyo propósito no sólo es combatir el terrorismo
y sus conexiones políticas, sino evitar que los que propagan la
xenofobia, el fanatismo y el enfrentamiento religioso, político y
cultural puedan aprovecharse de nuestro sistema de libertades para
desestabilizarlo. Al terrorismo, a todo tipo de terrorismo, se le combate
con todas las fuerzas y medios disponibles, sin más limitación que el
estricto respeto al Estado de derecho y a la legalidad. Por cierto, la
creación de ese mando único que hoy ha anunciado, ¿va a suponer la
desaparición, por primera vez en su historia, de la Dirección General de
la Guardia Civil y la de la Policía? ¿Cuál va a ser entonces el papel que
desempeñará el secretario de Estado de Seguridad? Por último, para tener
el apoyo de la comunidad internacional y vencer al terrorismo hay que ser
leales con quien pide colaboración
y padece como nosotros el terrorismo que combatimos. Pues bien, señor
Rodríguez Zapatero, en esta política contra el terrorismo, el apoyo del
Partido Popular no le va a faltar nunca. Sepa desde ahora que contra el
terrorismo el Gobierno de la nación siempre va a poder contar con estos
escaños. No obstante, hay motivos para la inquietud, porque en un asunto
tan sensible como éste todavía subsisten incertidumbres. Su señoría
precisa para gobernar del apoyo de otros grupos parlamentarios. Le repito
que en esta materia, con el respeto a los principios antes expuestos,
tendrá nuestro apoyo, pero debe saber que esta política antiterrorista no
la comparten algunos grupos de la Cámara. No asumen la Ley de partidos,
incluso hacen caso omiso de las sentencias de los tribunales y no las
cumplen. Otros quieren pactar con ETA y lo hacen y hay quienes incluso
tratan de explicar el terrorismo islamista como una respuesta a la acción
del Gobierno que legítimamente lo combate. Le diré más. Hay personas en
su partido que tampoco asumen el acuerdo sobre la política antiterrorista
que hemos compartido usted y yo y lo han dicho y, según nos hemos
enterado, tiene usted intención de nombrar ministro del Interior a una
persona que ha sostenido posturas contrarias a las suyas en aspectos
fundamentales de esta política. (Aplausos.) Estos hechos causan inquietud
porque ponen de relieve serias contradicciones que si en cualquier
terreno pueden ser peligrosas, en este son gravísimas. Dicho esto, le
reitero nuestro más firme apoyo al Gobierno en esta materia, sin más
condiciones que el respeto a los principios a los que antes he aludido.
Puede tener una certeza, señoría, nunca, insisto, nunca, le va a faltar
el aliento y el respaldo del Partido Popular en la lucha contra las
distintas expresiones del terror. Nunca. (Aplausos.)
Señor Rodríguez Zapatero, aparte de lo que nos ha manifestado esta mañana,
¿qué quiere hacer usted con la Constitución? El Partido Popular está
comprometido con nuestro modelo constitucional e institucional. Este
marco nos ha permitido el período de convivencia libre y democrático más
largo de nuestra historia, nos ha permitido construir el Estado de las
autonomías, que es la mejor expresión de la pluralidad y diversidad de
nuestra nación y que ha llegado a ser el más descentralizado de Europa.
La Constitución nos ha dado instrumentos para ganar en prosperidad y
bienestar y fortalecer nuestro lugar en Europa y en el mundo. España está
en las mejores condiciones para seguir progresando en empleo, en
bienestar y en igualdad de oportunidades. No debemos poner en riesgo lo
esencial ni equivocar nuestras prioridades. La estabilidad constitucional
es la base de nuestro éxito colectivo.
Usted ha manifestado que quiere una reforma del texto constitucional. Es
su voluntad, la suya. Sobre su voluntad yo quiero decirle lo siguiente.
Piense muy bien, antes de abrir el debate, si va usted a ser capaz de
cerrarlo con éxito y, si no, sinceramente le recomiendo que no lo haga.
(Varios señores diputados: ¡Muy bien!-Aplausos.) No cree expectativas que
se vean frustradas y generen inestabilidad. Cualquier reforma
constitucional debe contar como mínimo con un nivel de apoyo similar al
de su aprobación en 1978. No olvide que la Constitución es la de todos
los españoles. Nuestros votos, que representan a cerca de diez millones
de españoles, son imprescindibles para lograr el consenso necesario y los
utilizaremos con sentido de la responsabilidad, pero ya desde este
momento quiero afirmar cuatro ideas que son para nosotros irrenunciables:
la primera es la unidad de España cuyo proyecto común hemos de seguir
fortaleciendo; la segunda, la igualdad de los españoles ante la ley y en
su aplicación; la tercera, la autonomía de las nacionalidades y regiones
y el mantenimiento de un Estado viable, con capacidad de ejercer
eficazmente las funciones de un Estado moderno; por último, el
fortalecimiento de los vínculos de solidaridad entre los españoles.
Cualquier propuesta de reforma que quiebre o debilite estos principios no
contará con nosotros.
En todo caso, en su programa electoral y en su intervención de esta mañana
usted se ha referido a ciertas reformas concretas. Sobre alguna de ellas
le voy a hacer algunas observaciones. En primer lugar, en relación con la
reforma del Senado, tiene usted que precisar mucho más, o algo al menos,
su iniciativa. Hay que concretar el qué, el cómo y los efectos
previsibles del modelo del Senado que quiere abordar y me preocupa en
especial si con esa reforma pretende usted alterar o no los equilibrios
territoriales a los que tanto nos costó llegar en 1978. (Aplausos.)
En su programa electoral recoge también la reforma del título VIII. Estoy
convencido de que lo que quiere la gran mayoría de los españoles es dar
estabilidad a las competencias del Estado, como ocurre en todos los
Estados descentralizados del mundo; así se evitará que las coyunturas
políticas y la necesidad de lograr mayorías de Gobierno cuestionen de
forma permanente nuestro sistema institucional. Me gustaría conocer su
opinión sobre este asunto. (Rumores.)
Señor Rodríguez Zapatero, me gustaría formularle algunas preguntas
relacionadas con los estatutos de autonomía. Antes permítame recordarle
que hasta hoy todos los estatutos han sido aprobados y modificados con,
al menos, la iniciativa y el acuerdo de los dos grandes partidos
nacionales, todos. ¿Mantendrá usted esa posición o preferirá llegar a
acuerdo sólo con otros partidos? Ustedes están alentando ahora las
reformas de algunos estatutos de autonomía. Sabe la postura del Partido
Popular a favor de la estabilidad institucional, pero ante la nueva
situación producto de su decisión, que no de la trayectoria que desde
1977 ha tenido el Partido Socialista, le pregunto: ¿todas las comunidades
autónomas tienen derecho al mismo nivel competencial si lo deciden sus
parlamentos? O dicho de otro modo: ¿va a imponer usted la asimetría?
Señor Rodríguez Zapatero, ¿sí o no? (Aplausos.) No es este un tema
menor, su respuesta es muy importante y hay mucha gente que quiere oírla,
desde luego todos los parlamentos autonómicos que quieren saber si son de
igual condición. Díganos claramente si va a permitir privilegios de unas
comunidades sobre otras. Dígalo. Antes le he dicho que se piense muy bien
plantear reformas constitucionales. Le hago sobre este asunto la misma
reflexión.
En la misma línea quisiera hacerle otras dos preguntas más concretas, una
sobre la reforma del Estatuto de Cataluña y otra sobre el plan Ibarretxe.
Usted dijo que apoyaría cualquier reforma del Estatuto de Cataluña que
aprobase el Parlamento catalán sin tocar una coma; después, que sólo lo
haría si esa reforma respeta la Constitución, pero el señor Maragall dijo
que ese límite no es infranqueable. Después han dicho otras cosas, han
hablado mucho y han generado mucha confusión. Hoy ha dicho que la
legitimidad de las reformas estatutarias tiene como condición el respeto
a la Constitución. Entiendo que esa es su postura, la definitiva ya, y
también la definitiva de su partido, pero aun así, porque eso lo
entiendo, quedan algunas dudas que me gustaría plantearle. ¿Renuncia
usted a que esta Cámara pueda, como dice el texto constitucional,
modificar el proyecto de reforma de estatuto que apruebe cualquier
parlamento autonómico? Nosotros, no, desde luego. Nosotros, no, y le hago
una segunda pregunta. Si por la vía del artículo 150.2 se pretende privar
al Estado de sus competencias exclusivas, como exigen algunos de sus
socios, ¿qué hará usted? Sobre el plan Ibarretxe, al que como a tantas
cosas incómodas para usted no se ha referido esta mañana
sorprendentemente, me gustaría saber qué opina sobre las afirmaciones de
los dirigentes de su partido que plantean una reforma del Estatuto de
Gernika. ¿Cuál es su posición? ¿Está usted a favor o en contra de la
reforma de ese estatuto? Y si lo está, díganos y concrete qué quiere
usted reformar.
Señor Rodríguez Zapatero, hay otro asunto que también preocupa y mucho, yo
diría muchísimo, a los españoles, el modelo de financiación de las
autonomías. De este asunto opina todo el mundo en su partido menos usted.
Tampoco ha dicho nada esta mañana. Hace poco más de dos años se aprobó un
nuevo sistema, votado por todas las comunidades autónomas, con vocación
de permanencia y no sujeto por tanto a límites temporales, tal y como
ocurría antes. Sabe usted que eso no fue fácil porque los intereses en
juego son muchos y casi siempre contrapuestos, pero se consiguió el
acuerdo. Ahora algunos de ustedes quieren cambiarlo por presiones de
algunos grupos con quienes mantienen acuerdos políticos. ¿Lo va a cambiar
usted? Respóndame, por favor. Yo le adelanto mi posición. El Partido
Popular se opondrá a cualquier modificación que disminuya la solidaridad
entre españoles y que no cuente con el mismo apoyo que tuvo el acuerdo
anterior. (Aplausos.) Si usted lo va a cambiar, quiero que me diga quién
quiere que reciba más, quién menos y sobre todo por qué; y si esa
modificación supone más recursos, queremos saber de dónde saldrán. ¿Será
el déficit público, habrá que subir los impuestos o disminuirá usted la
financiación de los servicios comunes del Estado? Señor candidato, quiero
decirle que España necesita que la cohesión territorial y la solidaridad
entre las regiones sigan estando garantizadas por el Gobierno. Es su
responsabilidad.
Cuando hablamos de cohesión y de solidaridad también lo hacemos de
comunicaciones e infraestructuras que den oportunidades de desarrollo
para todos; de una educación de calidad y en libertad para toda España;
de pensiones iguales y garantizadas para el futuro; de justicia y de
sanidad que no sean distintas cuando se pase de una comunidad a otra, y
también, por ejemplo, del reparto del agua. La primera prueba que los
españoles van a tener sobre su concepción de la solidaridad y de lo que
entiende por cohesión territorial es el agua, la primera. Por eso el
Partido Popular se comprometió a resolver esta cuestión pendiente desde
hace décadas. Le he oído decir hasta la saciedad a usted que iba a
paralizar el trasvase del Ebro. ¿Por qué hoy no lo ha dicho? ¿Lo va a
paralizar o no? Dígalo con meridiana claridad. (Aplausos.) Le recuerdo,
señor Rodríguez Zapatero, que su partido presentó en 1993 una propuesta
de plan hidrológico que incluía trece trasvases, entre ellos el del Ebro,
y que el Plan Hidrológico Nacional, hoy en marcha, es fruto de un proceso
participativo en el que se obtuvo la aprobación de más del 80 por ciento
de los miembros del Consejo Nacional del Agua, entre ellos los de
comunidades autónomas gobernadas por su partido, como Castilla-La Mancha
y Extremadura. Dice usted ahora que revisará el plan hidrológico vigente
y que esta revisión implicará la paralización de determinadas
infraestructuras y su sustitución por proyectos que nadie sabe cuáles
son, porque usted, una vez más, no nos ha precisado qué quiere hacer. Yo
le digo una cosa: el levante español necesita agua ahora y usted ofrece
proyectos virtuales para no se sabe cuándo. Eso es lo que pasa.
(Aplausos.)
Podría plantearle otras cuestiones relacionadas con la idea de la España
constitucional. No voy a hacerlo ahora, pero mi grupo quiere que en este
debate de su investidura nos explique usted con claridad qué piensa sobre
la voluntad de destacados dirigentes de su partido que reclaman
selecciones deportivas internacionales para su comunidad autónoma.
(Aplausos.-Rumores.) Sí, sí, parece una broma pero no lo es. Por eso le
agradeceríamos que nos respondiera con claridad a esta pregunta. Fíjese,
creo representar a una mayoría de españoles, no sólo votantes de mi
partido, al formulársela. Más en concreto, nos gustaría que explicase en
esta Cámara qué va a hacer su Gobierno ante el golpe de mano consumado
por la Federación catalana de hockey sobre patines. (Rumores.) También
nos gustaría que nos dijese qué le parece la afirmación del señor
Maragall, cuyo Gobierno promueve esa participación, en el
sentido de que como no le parece normal que Cataluña y España se
enfrenten, habrá que buscarle otro nombre a la Selección Española. ¿Está
usted a favor o no de esa afirmación? (Rumores.)
Señor presidente, voy a referirme ahora al bienestar de los españoles.
Esta es una cuestión esencial de este debate; nos interesa a todos.
Quisiera comenzar diciendo lo siguiente. A diferencia de lo que ocurrió
en el año 1996, ustedes van a recibir una muy buena herencia económica.
(Rumores.-Aplausos.) Fíjense ustedes lo que van a recibir: una España sin
déficit, frente al 6,6 del año 1995; con una deuda pública 17 puntos
inferior a la de 1996, con un coste y una valoración similar a la de los
países más solventes del mundo; con unos tipos de interés hipotecario por
debajo del 3 por ciento, frente al 11 por ciento de 1995 (Rumores.); con
una Seguridad Social con superávit y un fondo de reserva de 15.000
millones de euros (Aplausos.) o, lo que es lo mismo, 2,5 billones de
pesetas frente al déficit de medio billón de 1995; con cuatro millones y
medio más de puestos de trabajo que en el año 1995, esto es, diecisiete
millones de personas trabajando; con un nivel de renta que se sitúa en el
87 por ciento de la renta de los países más desarrollados de la Unión
Europea, nueve puntos más que en 1995. Y esta realidad se ha conseguido
con sucesivas bajadas de impuestos para todos los españoles y también con
mejoras sustanciales en los pilares del Estado de bienestar. Así, con
muchos más pensionistas, todas las pensiones han subido en términos
reales, haciéndolo de forma más especialmente significativa las más
bajas. Durante estos años se ha incrementado el gasto en educación por
alumno más del 35 por ciento y el gasto sanitario por español en un 80
por ciento, y también con un aumento espectacular de las inversiones en
infraestructuras. Hoy están en servicio casi 9.000 kilómetros de autovías
y autopistas en la red del Estado, 2.668 kilómetros más que en el año
1996, y están en obras 2.168 kilómetros, frente a 126 en el año 1996. Hoy
están en servicio 1.329 kilómetros de ferrocarril de alta velocidad,
frente a 476 del año 1996. (Rumores.) Perdón, perdón. Y se encuentran en
obras 1.267 kilómetros frente a 12,6 en el año 1995. (Aplausos.) Esto es
lo que hay. Sobre este asunto lo único que le pido es que cumpla los
compromisos asumidos por el Gobierno, que son muchos, que están
presupuestados, y entre ellos los que ha citado usted esta mañana: el
Plan Galicia y los planes referidos a Canarias. Le pido que los cumpla.
Pues bien, señor Rodríguez Zapatero, esto es lo que usted recibe. Las
cifras más recientes confirman que actualmente la economía española está
creciendo cerca del 3 por ciento, con una intensa generación de empleo y
con una inflación muy próxima a la media comunitaria. En estas
condiciones y en este momento, España tiene, por tanto, una gran
oportunidad, que es alcanzar el pleno empleo y la convergencia definitiva
con las naciones más prósperas de Europa. En este sentido, permítame que
le recuerde que hace unas pocas semanas la Comisión Europea y el Consejo
de la Unión señalaban que era realista que España creciera a una media
del 3 por ciento los próximos cuatro años, creando dos millones de
puestos de trabajo, lo que supondría llevar el paro a una tasa del 8 por
ciento y con estabilidad de precios. Pues bien, ese necesariamente será
su contraste y su referente en el futuro, por el cual mi partido y la
sociedad española valorarán su gestión. Señor Rodríguez Zapatero, no
olvide esto que acabo de decirle.
En adelante le compete a usted que España siga progresando en empleo, en
bienestar y en convergencia con Europa. Sus propuestas económicas siguen
presentando, y más después de su intervención de esta mañana, muchas
incertidumbres. Son muchas las contradicciones en que usted y sus
sucesivos equipos han incurrido a lo largo de los últimos meses. Ha sido
muy llamativo su silencio de hoy. Otra originalidad más en el ámbito
europeo, porque no conozco ni un solo dirigente que haya hablado tan poco
de economía cuando ha pedido la confianza al Parlamento: ni dos minutos,
ni dos minutos. Señor Rodríguez Zapatero, si hay algo de lo que está
necesitada la economía española en estos momentos es de mensajes claros,
coherentes y que creen confianza. No se confunda, la inestabilidad
institucional derivada de sus planteamientos y de las pretensiones de sus
potenciales socios ya es en sí misma una muy mala noticia para nuestra
economía y, además, la falta de coherencia de sus propuestas económicas
expresadas en su programa electoral tampoco ayudan a mantener la
confianza imprescindible.
Me gustaría que usted nos explicase hoy algunas cosas que en mi opinión
son indispensables para seguir creciendo y creando empleo. Usted ha dicho
sólo dos cosas esta mañana: la primera es que va a mantener el equilibrio
presupuestario. La segunda es que no incrementará la presión fiscal
global. Ha anunciado además un conjunto de medidas que supondrán un
incremento del gasto público. ¿Cómo va a financiar ese incremento? ¿Cree
usted que con ese recorte en los gastos corrientes del que ha hablado
estos días puede financiar las promesas que ha anunciado en múltiples
ámbitos del gasto público? ¿Y cómo se concilia con las rebajas de
impuestos que recoge en su programa electoral? Precisamente sobre este
punto quiero hacerle a usted unas preguntas. Usted ha dicho que
presentará una reforma fiscal. En su programa electoral propone una
rebaja del tipo del impuesto sobre sociedades por debajo del 30 por
ciento. ¿Mantiene ese compromiso? Y sobre la renta, ¿mantiene usted la
propuesta de su programa electoral de rebajar el tipo máximo al nivel del
tipo de su nuevo impuesto sobre sociedades, esto es, por debajo del 30
por ciento? ¿Lo mantiene? Usted ha hablado hoy del respeto a las
promesas. Ha dicho: es una exigencia apremiante. Haré honor a la palabra
dada. Responda usted hoy aquí si va a bajar el tipo máximo del impuesto
de la renta por debajo del 30 por
ciento. Por cierto, ¿se lo ha contado usted a los que hoy le van a apoyar
en la investidura? (Rumores.) ¿Va usted a continuar, señor Rodríguez
Zapatero, una política de reformas estructurales para mantener el ritmo
de crecimiento de la economía y del empleo? Usted ha prometido algunas
cosas esta mañana, pero no se olvide que si no aplica una política
económica que nos permita crecer, crear empleo y riqueza, no podrá
llevarlas a cabo.
Antes de pasar a hablar de política internacional, quiero decirle que en
los grandes temas que afectan al conjunto de los españoles, uno de los
pocos compromisos claros que ha asumido en esta Cámara es suspender la
Ley Orgánica de Calidad de la Educación, es decir, dar cobertura legal a
un claro desacato de algunos. Si había desconcierto en economía, con esta
decisión también habrá desconcierto en educación. (Aplausos.)
Señoría, usted ha ofrecido consenso en política internacional y mi grupo
está dispuesto a hablar. Y para que le quede claro en dónde encontrará
nuestra leal colaboración le voy a decir la posición de mi grupo. En
primer lugar, y en el ámbito de la Unión Europea, la defensa del peso de
España en la toma de decisiones en un nivel equivalente al que ha dejado
el Partido Popular con el Tratado de Niza. Y le voy a decir una cosa. Que
el Partido Socialista dijera, antes de tomar posesión como Gobierno, que
el peso que hoy tiene España gracias al Tratado de Niza no es
indispensable supuso una grave irresponsabilidad y, además, arrojó serios
interrogantes sobre el afán con que su Gobierno va a defender nuestros
intereses en la Conferencia Intergubernamental de la que saldrá la
Constitución europea. Además, déjeme decirle, respecto de su frase de
esta mañana de que lo que es bueno para Europa es bueno para España, que
confío en que no signifique un cheque en blanco, o una actitud de
adhesión ciega a lo que otros califiquen de bueno para Europa. España y
su Gobierno -es mi opinión- tienen que poder identificar perfectamente
sus intereses en Europa, y no olvide usted, ni quien va a ser su ministro
de Asuntos Exteriores, que hace muy pocos años el Tratado de Niza era,
para todos los firmantes, bueno para Europa, y ahora, sin explicación
adecuada, ha dejado de serlo. No lo olvide. En segundo lugar, la firmeza
y liderazgo en la lucha contra el terrorismo. La Unión dispone hoy de un
conjunto de instrumentos a los que hay que dar un nuevo impulso político
y usted no puede conformarse con lo conseguido. España debe seguir siendo
un referente por las libertades y en la lucha contra el terrorismo.
También es necesario seguir la política de reformas que exige la agenda
de Lisboa para hacer de la Unión el espacio económico más competitivo del
mundo. España debe seguir a la cabeza de Europa en la creación de empleo.
Además, es imprescindible la defensa de la disciplina presupuestaria, a
través del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Hemos de perseverar
también en la lucha contra la inmigración ilegal. Combatir la inmigración
ilegal y favorecer la integración plena de los inmigrantes ilegales en
nuestro marco de convivencia deben seguir siendo los ejes básicos de la
política española, que es coincidente con la política de la Unión
Europea. Por otra parte, tenemos que defender la cohesión económica y
social en el ámbito europeo. El Gobierno del Partido Popular supo
negociar unas perspectivas financieras óptimas para los intereses de
España hasta el año 2007, y a usted le va a tocar defender que España
siga recibiendo los fondos estructurales y de cohesión que necesita.
España tiene derecho a esos fondos y usted debe garantizar a los
españoles que los percibirán, y no es mal punto de partida la
comunicación presentada recientemente por la Comisión, no es mal punto de
partida.
Quiero hacer mención a otras áreas fundamentales de nuestra política
exterior. En primer lugar, deseo resaltar la importancia que para España
y para Europa tiene la relación con Estados Unidos, fundamental para la
paz y bienestar de los europeos. Preservar este vínculo debe ser un
elemento de nuestra acción exterior, tanto en el plano bilateral como en
el europeo. También deben seguir ocupando un lugar preferente en nuestra
política exterior las relaciones con Iberoamérica. En relación con sus
sorprendentes palabras de esta mañana, quiero recordarle que en estos
años España se ha convertido en el primer inversor europeo en este
continente, que hemos fortalecido la Comunidad Iberoamericana de
Naciones, que hemos conseguido que se intensifiquen los lazos entre la
Unión Europea y América Latina mediante, por ejemplo, los acuerdos con
México y con Chile, y subrayo ahora la necesidad de concluir prontamente
el acuerdo de la Unión Europea y Mercosur y avanzar sustancialmente con
Centroamérica y la Comunidad Andina. Además, celebro que vaya a seguir
dando atención prioritaria a los países de la cuenca mediterránea. Ha
sido este un elemento básico de nuestra política exterior, tanto en el
plano bilateral como en el europeo.
Señorías, el señor Rodríguez Zapatero hizo entender a los españoles que
retiraría nuestras tropas de Irak el 30 de junio. También hemos escuchado
de usted y de otros responsables del Partido Socialista otras cosas que
han generado confusión, por ejemplo, la necesidad de que Naciones Unidas
se hiciera cargo de la situación como requisito para evitar la retirada.
Hoy ha persistido en su ambigüedad y sigue utilizando fórmulas imprecisas
sobre la permanencia o la retirada de las tropas. Creo que es evidente
que elude una postura clara. ¿Puede usted explicar de una vez por todas
qué quiere? ¿Puede usted explicarlo? Usted sabe que los españoles están
esperando una respuesta. ¿Qué quiere de Naciones Unidas? Porque le
recuerdo que la presencia de tropas en Irak la respaldan las resoluciones
1483 (Rumores.-Protestas.) y 1511 del Consejo de Seguridad de Naciones
Unidas. (Rumores.) Perdón, le invito a decir si cree usted que las
respalda o no. (Rumores.) ¿Qué quiere usted, el control político por
encima del gobierno
provisional cuya formación está prevista para el 30 de junio? ¿Quiere
además para Naciones Unidas el mando de las tropas de la coalición? Señor
Rodríguez Zapatero, ¿se da cuenta de que si Naciones Unidas no está más
presente en Irak es esencialmente por falta de seguridad?
(Rumores.-Risas.) En fin, no sólo los españoles esperan una respuesta de
su señoría clara y responsable sobre Irak, clara y responsable, sino
también la comunidad internacional. Esperamos su respuesta.
Le he expuesto a usted las principales dudas que ha ofrecido su discurso
de esta mañana y las lagunas que exigen una respuesta clara por su parte.
Ahora me voy a referir a cosas de las que usted no habla pero que
determinan totalmente el carácter de su Gobierno e incluso su capacidad
para gobernar eficazmente.
El señor PRESIDENTE: Señor Rajoy.
El señor RAJOY BREY: Voy terminando, señor presidente.
El señor PRESIDENTE: Gracias, era el mensaje que le quería dar. Gracias.
El señor RAJOY BREY: Muchas gracias.
Señor Rodríguez Zapatero, usted no ha podido, no ha querido o no ha
estimado conveniente formar una mayoría estable que respaldara su acción
de gobierno en esta legislatura. Esa es la opción que usted ha elegido, o
la que no le ha quedado más remedio que escoger; es una opción distinta a
la que nosotros escogimos en el año 1996. El señor Aznar acudió a esta
Cámara tras haberse asegurado el apoyo a un programa de gobierno para
toda la legislatura. Tenía entonces menos escaños que usted hoy -156-,
pero se preocupó por alcanzar unos acuerdos que fueron escritos, públicos
y, por tanto, conocidos por el conjunto de los españoles. (Aplausos.)
Usted, por el contrario, no nos ha traído más que sus escaños y no nos ha
explicado cómo piensa gobernar. Se ofrece usted para formar un gobierno
en solitario, en minoría, que dependerá de otros para llevar adelante sus
medidas, es decir, nos propone usted un gobierno débil e inestable
(Rumores.); débil porque no puede tomar decisiones por sí mismo e
inestable porque su futuro depende de voluntades ajenas. Nadie puede
tomar en serio que pretenda usted gobernar cuatro años en estas
condiciones, debe de contar usted con algo más. Dice usted, e insiste
mucho, que hará del diálogo la fuerza de su proyecto; dice bien, porque
no tiene otra. Sin duda, en estas condiciones tendrá que dialogar usted
mucho y no por virtud, sino por necesidad. (Rumores.) Pero el diálogo,
señor Rodríguez Zapatero, no es una panacea ni asegura una mayoría ni
garantiza la estabilidad del Gobierno, no se olvide usted de esto. El
diálogo en política es algo más que una simple cortesía, es el
instrumento del que nos valemos para alcanzar acuerdos (Rumores.-Risas.),
es la antesala de un compromiso. ¿Qué clase de compromiso es el que usted
se propone alcanzar con quienes le apoyan? Esto es lo que importa. Nos
parecen bien su urbanidad, muy bien, y sus buenos propósitos, pero nos
importan más sus compromisos, si es que existen, y si no existen, nos
interesa saber, al menos, cuáles son sus propósitos al respecto.
Entendemos que algunos debe tener porque una de dos, o usted no piensa
mover un dedo en el Gobierno o cuenta con que alcanzará acuerdos. ¿Con
quién? ¿Quiénes son sus socios actuales o potenciales? (Rumores.) Tampoco
sabemos qué precio va a pagar usted, o va a imponer a los españoles para
que no le falten apoyos. No nos ha expuesto qué concesiones hará para que
otros amparen las medidas de su Gobierno. ¿O piensa usted que le darán
los votos porque sí? ¿Cree usted que le darán los votos porque sí?
(Aplausos.) Nosotros, sinceramente, creemos que para aplicar su programa
usted hará concesiones. No sabemos cuáles, aunque sí conocemos las
exigencias de algunos de sus socios eventuales y es obvio que sin
concesiones no podrá gobernar. Estos son los inconvenientes de no hacer
un pacto público, transparente, que garantice la estabilidad del Gobierno
y nos permita conocer a todos cuáles son sus propósitos reales.
(Aplausos.) En suma, señor Rodríguez Zapatero, no sabemos con qué apoyos
piensa gobernar, dónde los buscará, ni si podrá encontrarlos, qué va a
ceder en contrapartida y qué cambios sufrirán sus planes para que los
apoyos existan. Y yo le aseguro que en este panorama de incertidumbre que
usted nos presenta estaríamos más tranquilos si, al menos, pudiéramos
percibir una dirección clara y una voluntad firme. Pero no es así. Hasta
este momento hemos advertido en usted una voluntad más preocupada por no
tropezar con los problemas que por resolverlos.
Permítame, señor Rodríguez Zapatero, desde el máximo respeto y, sin duda,
con el mejor talante, un breve recordatorio de lo que ha hecho usted en
los últimos tiempos. Todos los españoles le han visto sortear las
contradicciones de su partido con un exquisito cuidado para no tocarlas.
(Rumores.) Unas contradicciones que usted ni consiente ni combate, ni
apoya ni rechaza, ni está a favor ni está en contra. (Rumores.) Unas
contradicciones que a usted no le perjudican, porque como no lleva un
rumbo conocido, no se lo tuercen. (Rumores.-Protestas.) Está clarísimo.
(Aplausos.) Hemos visto también cómo para evitar conflictos ha prodigado
usted un discurso diferente en cada rincón de España, de modo que todos
puedan escuchar la música que más les guste. (Rumores.) Yo comprendo que
con estos antecedentes, y en las actuales circunstancias, oculte usted
sus proyectos en la ambigüedad. Sabe que la necesita. No le conviene
mostrarse demasiado explícito porque, dada la variedad de apoyos de los
que usted precisará, es comprensible que no desee enajenarse ninguno.
Bien cierto es que para no enemistarse con nadie, lo mejor es estar
callado. (Rumores.) Lo que pasa es que eso es exactamente lo contrario de
lo que se espera del próximo Gobierno. Lo que necesita España, en nuestra
opinión y creo que en la de muchos -espero que en la suya también-, es un
gobierno que marque un rumbo claro, que establezca una política
antiterrorista firme y sin reservas para lograr la derrota total del
terrorismo (Rumores.), que muestre una idea clara sobre la España
constitucional, que erradique definitivamente cualquier confusión sobre
nuestro modelo territorial, que asegure la protección del Estado de
derecho frente a quienes, al abrigo de la permisividad, cultivan la
política de la desobediencia civil y los hechos consumados, que se
comprometa, sin ambigüedades, con un proyecto económico sólido, sin
oscilaciones y que sostenga la posición española en el mundo sin
complejos. Con todos los respetos, nada de esto parece entrar en los
planes de S.S., al contrario, elude usted la claridad y con ello alimenta
la confusión, de la confusión nace la incertidumbre y de ésta la
desconfianza. (Rumores.)
Termino, señorías. España necesita un gobierno sólido capaz de sostener
con firmeza sus convicciones en aquellos campos que más afectan al futuro
de los españoles. El señor Rodríguez Zapatero nos ofrece un gobierno
débil e inestable, nos presenta un programa que no sabe si podrá cumplir
y muestra un empeño por equilibrar contradicciones, sin resolverlas, que
denuncia una carencia de ideas y de firmeza. No es este el Gobierno que,
en opinión de mi grupo, necesita España; no estamos, pues, en condiciones
de dar nuestra confianza al candidato. Ejerceremos una oposición exigente
y constructiva, tan constructiva que para todo lo que signifique asegurar
la estabilidad del país y mejorar el bienestar de los ciudadanos no
necesitará el futuro Gobierno hipotecar a los españoles con apoyos que
puedan resultar contrarios al bien general. Señor Rodríguez Zapatero,
dispone de nuestro apoyo para sostener la lucha contra el terrorismo, la
defensa de la estabilidad constitucional, los avances de nuestra economía
y nuestro prestigio internacional. No tiene usted nuestra confianza para
formar gobierno, pero en cambio cuenta, como cuentan todos los españoles,
con nuestro sentido de la responsabilidad.
Muchas gracias, señor presidente. (Aplausos de los miembros del Gobierno y
de los diputados del Grupo Parlamentario Popular, puestos en pie.)
El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra el candidato a la Presidencia del
Gobierno.
El señor RODRÍGUEZ ZAPATERO (Candidato a la Presidencia del Gobierno):
Muchas gracias, señor presidente.
Señor Rajoy, le agradezco el tono de su intervención. Quiero decirle,
además, que me he alegrado profundamente; me he alegrado porque le he
visto con ganas de debatir. (Risas.) Bienvenido al reino del debate.
(Continúan las risas.-Aplausos.) Quizá sea un poco tarde; pero, nunca es
tarde si la dicha es buena (Aplausos.), y esta vez me parece buenísimo
que tengamos en esta Cámara un debate sano, a fondo, entre Gobierno y
oposición, en este caso entre candidato a la investidura y quien
representa al partido en la oposición, presumiblemente más importante,
como es usted, señor Rajoy.
Quiero, antes de nada, hacerle alguna afirmación de principio en relación
con lo que va a ser mi actitud, si soy presidente de gobierno, hacia
usted y hacia su grupo. Le puedo asegurar que va a haber un diálogo
fluido; que, por mi parte, va a haber siempre una actitud abierta a todo
aquello que plantee usted como representante del Grupo Popular; que va a
haber un respeto permanente. No escuchará de mí, en ningún caso, que es
usted un líder insolvente; no lo escuchará nunca. Escuchará el respeto.
(Aplausos.) Le diré más, estaré siempre dispuesto, y de manera regular, a
tener una comunicación abierta para hablar no sólo de los problemas del
Estado, de los problemas más importantes, sino también para aquello que
en la marcha de la gobernabilidad del país se pueda plantear. Sepa usted,
por tanto, que va a contar con todo mi respeto por la posición
institucional que ocupa en cuanto líder de la oposición.
Señor Rajoy, me ha planteado una serie de cuestiones, de precisiones sobre
el contenido de mi discurso. Voy a intentar ser lo más fiel posible al
orden que ha establecido, dando respuesta concreta a cada uno de los
temas que ha planteado. Ha arrancado por la lucha contra el terrorismo.
Podría decir que me sorprende en cierta medida que haya dedicado un
tiempo tan largo al contenido, a la filosofía, a lo que representa el
pacto por las libertades y contra el terrorismo. Seguro que comprende que
sé muy bien cuál es su filosofía (Un señor diputado: ¡No se nota.-Una
señora diputada: ¡A callar!); que sé muy bien cuál es su contenido; que
lo he respetado y aplicado en cada momento; y que lo sé muy bien porque
yo fui el que propuse el pacto por las libertades y contra el terrorismo.
(Aplausos.) Fíjese en que ni siquiera le voy a recordar cuál fue su
primera expresión, su primera valoración ante aquella propuesta; no se lo
voy a recordar. Simplemente digo que me alegra profundamente oír al
portavoz del Grupo Popular decir que apoya la vigencia de ese pacto y que
apoyará en todo la política antiterrorista del Gobierno de la nación. Me
alegro; eso es lo que yo he hecho durante estos cuatro años de oposición.
(Varios señores diputados: ¡No, no!-Rumores.-Aplausos.) Por ello, señor
Rajoy, quería hacerle alguna precisión sobre la política antiterrorista.
Es verdad que usted ha comentado algún aspecto relativo a la Ley de
partidos, a la situación que vivimos hoy y a la propuesta que yo he hecho
esta mañana. Yo respeto a aquellos grupos que no apoyaron la Ley de
partidos, los respeto, tienen el derecho democrático a hacerlo. Mi grupo
apoyó la Ley de partidos, y la apoyó además fácilmente; fue un diálogo
fácil, un diálogo incluso telefónico, igual que la ilegalización de
Batasuna,
en cumplimiento del compromiso que adquirí el primer día que subí a esta
tribuna como líder de la oposición en el Gobierno del señor Aznar: apoyar
en todo la lucha antiterrorista. Como digo, respeto que haya otros grupos
que hayan mantenido posturas distintas y diferentes en torno a la Ley de
partidos, y creo que ese sería el buen camino. Hay un pacto hoy entre el
Partido Popular y el Partido Socialista. Es un pacto para luchar contra
el terrorismo, es un pacto para acabar con ETA. No es un pacto contra
nadie, en mi opinión, ni contra nacionalistas ni contra ninguna fuerza
política; es un pacto para acabar con el terrorismo en este país.
(Aplausos.) Quiero también, señor Rajoy, hacerle una precisión porque
puede que tenga una información no ajustada a la realidad ni a los
antecedentes. La persona que usted ha mencionado aquí, el señor Alonso
-que previsiblemente, si obtengo la confianza, será ministro del Interior
de este país-, las propuestas que hizo de reforma de la Ley de partidos
fueron las que en última instancia se reformaron en la tramitación aquí,
en la Cámara, de la Ley de partidos. (Un señor diputado: ¡Eso no es
verdad!-Rumores.) Lo digo simplemente como matiz. Señor Rajoy, he
expresado y me alegro de que por su parte se mantenga la vigencia del
pacto. Le voy a decir algo más. Ese pacto va a ser convocado por mí y voy
a asistir, si soy presidente del Gobierno, a la primera reunión. Y le
diré algo más. Ese pacto se va a reunir siempre que una de las dos partes
lo solicite; no como hasta ahora, que sólo se reunía cuando lo decidían
el Partido Popular y el Gobierno. (Un señor diputado: ¡Muy
bien!-Aplausos.) Y respeto desde el primer día a aquellos que no vieron
ese pacto y no lo han suscrito.
Quiero aclarar a la Cámara qué significa ese pacto, cuál es la gran
virtualidad de ese pacto que vamos a defender y a mantener. La gran
virtualidad es que los dos partidos mayoritarios, los dos partidos que
pueden gobernar España razonablemente comparten una política firme que
consiste en dos ideas esenciales. La primera de ellas es que ETA, los
violentos sepan que nunca el Estado va a ceder al chantaje de la
violencia; que mediante la violencia no se modificará ni una coma del
estatuto ni de la Constitución española de 1978. La segunda, el segundo
elemento de ese pacto que deberíamos preservar, que no se ha preservado
siempre en estos cuatro años y al que las dos grandes formaciones
políticas deberíamos ser absolutamente fieles, es que no se utilice el
terrorismo en el debate político partidista. (Rumores y
protestas.-Aplausos.-Un señor diputado: ¡Pásalo, pásalo!) Eso sería
fundamental. Eso significa, señor Rajoy... (Rumores.), fundamentalmente
significa una cosa que es bien fácil de entender, algo quizá más difícil
de practicar día a día, pero lo va a comprobar usted si tengo la
responsabilidad de presidir el Gobierno de España y obtengo la
investidura, lo va a comprobar, y es no dudar de ningún grupo político,
no dudar de ninguna fuerza política democrática en cuanto a su firmeza
contra el terrorismo, desde luego de las dos que hemos firmado ese
acuerdo; no dudar en ningún momento de la firmeza, de la determinación,
de la contundencia de luchar contra el terrorismo en todos sus frentes,
sea cual sea el tipo de terrorismo. Y añadiré que el Gobierno de España
en los próximos tiempos, de manera inmediata, quiere no sólo mantener ese
pacto que tenemos con ustedes, que es bueno para la lucha contra el
terrorismo, sino que quiere en su política antiterrorista compartir más
esfuerzos comunes, abrir el diálogo, intercambiar información, intentar
sumar a la estrategia de Gobierno en la lucha antiterrorista al mayor
número de fuerzas políticas. Lo queremos hacer en el Parlamento, lo
queremos hacer en la Comisión de Secretos Oficiales, y ojalá ese sea un
camino que nos permita contar cada vez con más fuerzas políticas en una
posición común y conjunta, mucho más en este momento. ¿Por qué? Porque de
una manera dramática, de una manera dolorosa hemos vivido la emergencia
del terrorismo internacional, que como bien sabemos tiene perfiles
distintos y que compromete a todos en su lucha, y por mi parte en esa
lucha voy a convocar a todos para que puedan dar respuesta, apoyar y
ayudar. Por tanto, le agradezco el compromiso de apoyo a la política
antiterrorista. No tenga ninguna duda de la firmeza, no tenga ninguna
duda -ni usted ni un solo español- de que el Gobierno que yo presida va a
perseguir implacablemente a aquellos que practican la violencia y el
terror con toda la fuerza de la sociedad democrática, con toda la fuerza
del Estado de derecho, e intentando que en esta Cámara haya la mayor
voluntad conjunta de acabar con la violencia de ETA y de evitar el
terrorismo internacional.
Se ha referido también a los grandes temas que le preocupan, como la
reforma de la Constitución. Es evidente que la Constitución para ser
reformada necesita una mayoría agravada. Yo he convocado al consenso, al
diálogo y he anunciado la iniciativa de reforma por parte del Gobierno.
Nuestra reforma limitada tiene como voluntad, obviamente, no salirse de
la Constitución sino vivir en ella durante mucho tiempo. He expresado
esta mañana que quiero reformar la Constitución para reforzarla, como ha
pasado en la inmensa mayoría de los países democráticos con más tradición
constitucional, con más voluntad constitucional, con más lealtad
constitucional. La inmensa mayoría de los países de la Unión Europea y
del mundo que tienen una gran tradición democrática han reformado la
Constitución. La pregunta es si es conveniente y si se está de acuerdo o
no con las cosas que he planteado de posibles reformas de la
Constitución. ¿Está de acuerdo el señor Rajoy con que reformemos la
sucesión a la Corona para evitar la discriminación de la mujer también en
la sucesión a la Corona? Eso es lo que quiero saber, señor Rajoy; eso es
lo que debe decir a la Cámara. (Rumores.) ¿Están de acuerdo el señor
Rajoy y el Grupo Popular con que reformemos el Senado? (Rumores.-Un
señor diputado: ¿Cómo?-Otro señor diputado: ¿En qué?) ¿Está de acuerdo el
señor Rajoy, sí o no, con que reformemos el Senado para convertirlo en
una Cámara de representación territorial? (Rumores.-Una señora diputada:
¡Pero cómo!) Preguntan el Grupo Popular y el señor Rajoy que cómo. Le voy
a decir cómo creo que hay que reformarlo. Hay que reformarlo en dos
asuntos básicos, señor Rajoy. El primero de ellos es un nuevo sistema de
elección de los senadores, que exige una reforma de la Constitución; y el
segundo, definir exactamente en qué consiste o cómo se plasma la
afirmación de que el Senado sea una auténtica Cámara de representación
territorial. Creo que el Senado debería ser la primera Cámara para todos
los asuntos de trascendencia territorial, y por tanto dejaría de ser
Cámara de segunda lectura, como lo es en el presente momento. Señor
Rajoy, esas son las dos concreciones de la reforma del Senado. (Rumores.)
Por cierto, esto es lo que usted decía en el año 1996 para reformar el
Senado (Aplausos.), en el año 1996, cuando formaron Gobierno por primera
vez con una serie de acuerdos. Lo decía usted, y es normal que me acuerde
porque quien intervenía en nombre del Grupo Socialista en esa Comisión
era quien hoy está sometiéndose a esta votación de investidura. Señor
Rajoy, si usted lo ha definido, si usted lo proponía, si usted prometió
como acción de gobierno en el año 1996 la reforma del Senado para
convertirla en una Cámara de representación territorial, ¿por qué hoy
esto representa un elemento de desestabilización de nuestro sistema
constitucional? Esto es tan razonable hoy como lo era en el año 1996.
(Aplausos.) Y, desde luego, sería muy conveniente que pudiéramos abrir
ese proceso de diálogo. Esto era lo que decían cuando llegaron al poder,
cuando mantuvieron acuerdos con fuerzas nacionalistas, pero me temo que a
ustedes el poder les cambió y que hoy mantienen una actitud que
ciertamente, con estos antecedentes, es difícil de asumir.
Señor Rajoy, le quiero preguntar si está usted de acuerdo en que ante lo
que representa la Constitución europea -que es sin duda alguna un gran
hito histórico para la conformación de la unidad política europea, que
afecta sin duda a nuestro sistema constitucional, porque hoy España es un
Estado soberano pero también un Estado miembro de una organización
política superior, la Unión Europea-, una Constitución que contempla una
carta de derechos de ciudadanía para todos los europeos, ¿es razonable
que ésta tenga un reflejo en la Constitución española? Es bastante
razonable y conveniente. Cuando se hizo la Constitución, nuestro texto
constitucional no recogía la idea europea pues estábamos ante la
expectativa de entrar en Europa. ¿Es razonable que nuestra Constitución
recoja expresamente las nacionalidades y regiones en las que se integra
territorialmente nuestro Estado? Es razonable. Son reformas que se pueden
y se deben debatir. Yo quiero que usted diga si está de acuerdo con el
contenido y si está dispuesto al diálogo. Sabemos que hay que alcanzar
una mayoría amplia, y desde luego por mi parte intentaré que sea lo más
completa posible.
Sobre los estatutos de autonomía, señor Rajoy, me he expresado con
contundencia, claridad y precisión esta mañana. (Rumores.) Sí a la
reforma de los estatutos, porque es un derecho y se contempla en nuestro
ordenamiento jurídico. Dos límites a la reforma de los estatutos: el
respeto a la Constitución en el procedimiento, por supuesto, y en el
contenido, y la búsqueda del más amplio consenso político; estos son los
dos elementos. Estoy convencido de que como en otras muchas ocasiones
históricas se lograron acuerdos en torno a los estatutos, con la voluntad
de procurar ese clima de convivencia territorial que España necesita
permanentemente en la función de gobernar este país, se podrá llegar a un
acuerdo razonable. Nadie lógicamente renuncia a lo que representa esta
Cámara, nadie puede renunciar a lo que es la soberanía que reside en
estas Cortes, pero no voy a renunciar al mayor esfuerzo de diálogo,
aunque sea hasta la extenuación, para llegar a acuerdos en la reforma de
los estatutos.
Por cierto, señor Rajoy, simplemente le tengo que decir que puede ser que
el futuro depare -sería lo que en mi opinión fuera conveniente para su
grupo y para el conjunto de nuestro país- que también se incorporen al
debate de la reforma de los estatutos en las comunidades autónomas donde
esta iniciativa se vaya a plantear o esté ya planteada; seguramente se
produzca, de hecho ya ha empezado, porque ayer el Partido Popular en
Canarias, en el debate del estado de la nacionalidad, se sumó a todas las
exigencias nacionalistas de máximos frente a Madrid. Titular: El PP apoya
ahora en Canarias la policía autonómica y la agencia tributaria canaria.
¡Con lo que hemos oído aquí hoy de la agencia tributaria de las
comunidades autónomas! (Aplausos.) Y digo, señor Rajoy, que me parece que
esta es la línea, que la línea no es cerrarse a ninguna reforma, a ningún
cambio, a ningún avance, ni en la Constitución ni en los estatutos,
porque es normal que veinticinco años después del texto constitucional, o
muchos años después del Estatuto de Cataluña, estas dos normas de gran
importancia requieran cambios, se actualicen, pues se conoce ya la
experiencia de lo que es el autogobierno y se puede reforzar el
autogobierno sin poner en cuestión la esencia de lo que representa un
Estado, y eso creo sinceramente que debería formar parte de su reflexión.
Por tanto no renuncio a nada, pero sobre todo no renuncio al diálogo; no
renuncio al diálogo con su grupo, no renuncio al diálogo con todas las
comunidades autónomas. Como he dicho esta mañana, si presido el Gobierno
de nuestro país, mantendré una política distinta, de diálogo permanente
con las comunidades autónomas, tengan el color político que tengan. No me
negaré a reunirme, no me negaré a dialogar institucionalmente y mucho
menos, por supuesto, caeré en la tentación de establecer políticas tan
absurdas como las que se han
hecho por su Gobierno en relación con la Comunidad Autónoma de Andalucía
en relación con la deuda histórica. (Aplausos.)
Plantea alguna cuestión -que no sé si está sustentada en algún dato- sobre
la confianza que va a generar nuestra política económica. Creo que es
prematuro evaluarlo, creo que es una anticipación que no se corresponde
con ningún dato objetivo, más bien al contrario a tenor de lo que hemos
escuchado, más bien creo que la sensación discurre por otro camino
después de conocerse las intenciones en cuanto al equipo económico de mi
Gobierno y la política que hemos formulado, y reitero, señor Rajoy, que
ese elemento de diálogo va a ser esencial no sólo en el ámbito político
sino en el ámbito económico y social.
Hay algunos elementos que le preocupan sobre el modelo de financiación
autonómica, sobre las infraestructuras, sobre el desarrollo de España,
sobre la política del agua. Muy concretamente le voy a responder. Nuestro
programa electoral -que seguro que lo conoce- habla de un nuevo modelo de
financiación autonómica; ha habido cuatro, sabemos lo que representa el
modelo que hay ahora, creo que esta es una opción que hay que madurar con
tiempo, hay elementos del actual modelo que a nosotros no nos gustan, no
nos convencen, estamos abiertos a la reforma y nuestro objetivo se fija
en tres elementos. El primero es la suficiencia financiera de las
comunidades autónomas, después de todo lo que se ha producido de traspaso
de poderes y después también de una cuestión que muchas comunidades
autónomas sufren, que ha sido que esta Cámara ha legislado por impulso de
la mayoría de su Gobierno comprometiendo obligaciones muy importantes a
las comunidades autónomas y, sin embargo, los recursos financieros no los
tienen; por ejemplo la Ley del Menor. Necesariamente esto está planteado
por muchas comunidades autónomas. El segundo elemento fundamental para
nuestro modelo de financiación es la solidaridad, la cohesión y la
garantía de que la prestación de los servicios públicos es igual para
todos los ciudadanos porque es un derecho constitucional en todos los
territorios. En tercer lugar, creemos que es mejorable la gestión de las
administraciones autonómicas y de la administración de la Hacienda
pública estatal porque hoy hay un nuevo espacio fiscal en las comunidades
autónomas que no existía hace años, que tenían ciertas comunidades
autónomas, que tenían ayuntamientos y el Gobierno central, y que hay que
trabajar mucho más en la coordinación, y lo hemos expresado de una manera
muy clara. Estamos a favor de que se puedan constituir agencias
tributarias en las comunidades autónomas, como el Partido Popular de
Canarias, por cierto.
Respecto a la política del agua ha planteado dudas, incertidumbres. Es
verdad que puede haberlas. Voy a intentar despejarlas con nitidez. Lo que
sí hay es una cosa segura: que hoy, ocho años después de estar ustedes en
el Gobierno, la cuenca del Segura tiene más déficit de agua, ocho años
después tiene una situación peor. (Rumores.-Aplausos.) Por tanto, de
política del agua podrá intentar aproximar lo que son intenciones (Un
señor diputado: ¡Agua para todos!), pero desde el punto de vista de lo
que ha calificado como proyectos virtuales permítame que le diga, señor
Rajoy, que virtual ha sido la permanente promesa del agua, virtual es en
buena medida el Plan Hidrológico Nacional porque no tiene la financiación
garantizada de la Unión Europea y virtuales han sido muchas de sus
políticas. (Un señor diputado del Grupo Popular: Por vuestra
culpa.-Aplausos.) Señor Rajoy, para que no quepa ninguna duda quiero
precisarle con nitidez qué va a hacer el Gobierno si obtengo la confianza
en relación con el Plan Hidrológico Nacional. El Gobierno derogará
mediante real decreto-ley el capítulo de la ley del Plan Hidrológico
Nacional relativo al trasvase del Ebro. (Aplausos.) Al mismo tiempo, con
el fin de mejorar la gestión del agua y de resolver los problemas de
calidad y cantidad de los recursos hídricos en Cataluña, Valencia, Murcia
y Almería con mayor rapidez y eficiencia del gasto público y con menor
impacto territorial y ambiental, autorizará la urgente ejecución de
proyectos sustitutivos del mismo con el fin de mejorar la gestión del
agua. (Un señor diputado: ¿Cuáles?-Rumores.)
El señor Rajoy ha hecho una referencia a cómo vamos a recibir la economía,
la situación económica de este país, las cuentas públicas. Soy una
persona que siempre tiende a creer a todo el mundo, por supuesto también
a mis adversarios políticos. Permítame que le haga un pequeño matiz de
reserva por lo que afecta al estado de las cuentas públicas, del
equilibrio fiscal o no, de si hay déficit o no. Es un pequeño matiz de
tiempo, y por supuesto parto del principio de que lo que viene afirmando
su equipo económico, el equipo económico del Gobierno en funciones, es lo
cierto, pero los avances económicos, el crecimiento que ha habido, la
creación de empleo que se ha producido y que nunca he negado -aunque
mucho empleo de muy mala calidad y con mucha precariedad en el empleo-,
permítame que le diga, señor Rajoy, que no tiene ningún sentido que nos
los eche en cara; parece que en su intervención nos lo echaba en cara.
Quiero decirle que el objetivo del Gobierno del Partido Socialista será
mantener y mejorar el crecimiento económico, dotar a nuestra economía de
una inyección de capital tecnológico, de capital en formación, de mejora
de la educación, convertir la investigación y la innovación en un
objetivo básico para aumentar productividad y competitividad de la
economía -ese es el terreno- y desde luego fomentar todas las iniciativas
empresariales. Es verdad que en esa herencia de la que ha hablado nada ha
dicho de la vivienda, de la situación del fracaso escolar, de los
problemas muy serios sociales, de aquellos elementos que condicionan la
vida de muchos de los ciudadanos. (Rumores.) Señor Rajoy, no sé si este
es el momento más oportuno para hablar de desconcierto en la economía,
viniendo de sus filas después del 14 de marzo, o de desconcierto en la
educación. Creo sinceramente que no es el momento más oportuno; al menos
deberían esperar un tiempo para hacer esa afirmación.
Para terminar voy a referirme a la política europea, a Irak y a la forma
de gobernar las mayorías y las minorías. En primer lugar, política
internacional y política europea. Queremos que la Constitución europea se
apruebe cuanto antes. Queremos y vamos a defender los intereses de España
en la Unión Europea; vamos a defenderlos tan bien como lo hizo, y lo hizo
siempre, el anterior Gobierno del Partido Socialista, aquel que algunos
llamaron pedigüeño a su presidente. (Aplausos.) Además, estamos
convencidos de que para esta tarea vamos a tener su apoyo -yo se lo
agradezco de antemano-, para defender los intereses de España en la Unión
Europea, para que la Unión Europea ampliada avance, para que la Unión
Europea se convierta en ese motor de una economía innovadora y para que
la Unión Europea mantenga las políticas de cohesión social, que son
elementos que definen lo que representa el proyecto europeo.
Irak. Sencillamente creí que no iba a sacar este tema en el debate.
(Rumores.) Sobre la posición en torno a la guerra de Irak hemos debatido
mucho en esta Cámara. (Rumores.) Creo que un año después de aquella
intervención militar sin respeto a la legalidad internacional, con
excusas y argumentos que nunca se han comprobado y que aparecieron ante
la opinión pública, sencillamente de falsedades, después de que conoce
muy bien cuál era la oposición de todos los grupos de la Cámara que hoy
representan, por cierto, una amplia mayoría, después de que se conoce y
se conocía de una manera contundente cuál era la opinión mayoritaria de
la ciudadanía española, lo más prudente es que no hablaran mucho de la
guerra de Irak. (Aplausos.) Ha sido un inmenso error; un inmenso error
para la paz y la seguridad en el mundo. Hoy hay menos seguridad; hoy no
hay menos terrorismo; hoy no está más cerca una solución sino más lejos
al conflicto entre Israel y Palestina. Esa es la realidad. Hoy Naciones
Unidas está más debilitada; hoy la división que hubo en Europa está
latente. Ese es el resultado, y ya no quiero referirme a las
consecuencias para la ciudadanía, para el pueblo de Irak y para muchas
personas que llevan un año allí en una intervención militar que al día de
hoy sólo genera inquietud, preocupación y que sencillamente tiene una
escasa perspectiva de una salida mientras se mantenga la política que se
ha mantenido de ocupación. (Aplausos.) Señor Rajoy, usted me ha recordado
mi posición y mi compromiso y ha recordado la frase que he dicho esta
mañana según la cual mantendré la palabra dada. No tenga ninguna duda de
que voy a mantener la palabra dada (Rumores.) en torno a la guerra de
Irak, en torno a la legalidad internacional, en torno a la defensa de un
sistema fuerte de Naciones Unidas y también en torno a la presencia de
las tropas españolas en Irak. (Aplausos.)
Por último, señor Rajoy, ha barruntado la posibilidad de que si la Cámara
me otorga la confianza, otorga la confianza en nombre del grupo
mayoritario, tengamos un Gobierno débil e inestable. Yo comprendo que,
viniendo de la política que han practicado en los últimos años, puedan
tener esa preocupación, esa inquietud y esa visión. No; va a haber un
Gobierno no débil, va a haber un Gobierno dialogante. Esa es la
diferencia y quizá por eso hoy no comprendan lo que representa esta nueva
etapa y este nuevo talante... (Aplausos.) No va haber un Gobierno
inestable, va a haber un Gobierno obligado a dialogar porque así lo han
querido los ciudadanos. Diré que los ciudadanos normalmente aciertan
cuando votan. Hay un Gobierno obligado a dialogar. He dicho esta mañana,
y reitero, señor Rajoy, que dialogará con todos los grupos, con aquellos
que más fácilmente puedan contribuir a la investidura. Pero también con
el suyo, que como es normal, por otro lado, va a votar no a la
investidura, mantendremos el mismo diálogo. Lo va a comprobar día a día,
e intentaremos sumar a nuestras políticas de Gobierno las máximas
voluntades posibles, aunque estén en territorios muy distantes.
Sí quiero decir una cosa muy clara, señor Rajoy: el proyecto que he
presentado esta mañana en mi discurso de investidura recoge fielmente
compromisos de un programa electoral que hemos elaborado durante meses.
Le invito a que me diga qué compromiso no está en este programa electoral
del Partido Socialista que ha contado con el respaldo mayoritario de la
ciudadanía española. (Aplausos.) Le diré algo más. No hay más compromisos
que los que he puesto hoy encima de la mesa ante la ciudadanía y ante los
españoles. Habrá diálogo con los grupos, lo habrá hoy, lo habrá mañana,
lo habrá en toda la legislatura. Le puedo decir que el proyecto que he
presentado refleja fielmente nuestro programa. Si me permite la broma, yo
no he tenido que hacer un curso acelerado de catalán en la intimidad.
(Risas.-Aplausos.) Así gobernaremos, señor Rajoy. Tenga la convicción de
que los compromisos que he establecido aquí se van a cumplir. Ha dicho al
final de su intervención que se iban a imponer determinadas cosas y
también ha hablado de las federaciones deportivas. Lo primero que voy a
hacer en torno a las federaciones deportivas es cesar al secretario de
Estado, que por cierto es de su Gobierno, que no se enteró de lo que
estaba pasando. Esto es lo primero que voy a hacer. (Risas.-Aplausos.)
Señor Rajoy, termino de verdad. Hace unas semanas le dije, recordando una
frase que había pronunciado usted, que el mejor en democracia es aquel
que eligen los ciudadanos, que nadie puede enjuiciar quién es el mejor.
Los ciudadanos han votado -y quiero que sepa cuál es mi interpretación-,
no han decidido quién es
el mejor; han dicho que lo mejor es el entendimiento, que lo mejor es el
diálogo, que lo mejor es el encuentro, que lo mejor es la humildad.
Espero que de esa lección que han dado los ciudadanos hayamos tomado nota
todos, todos los que estamos aquí en representación de ellos.
Muchas gracias. (Aplausos de los señores diputados puestos en pie.)
El señor PRESIDENTE: Señorías, la intervención del candidato abre un turno
de réplica.
Señor Rajoy, por favor.
El señor RAJOY BREY: Señor presidente, voy a iniciar mi intervención
diciéndole al señor Rodríguez Zapatero que yo estoy a favor del diálogo,
de la cortesía, de la urbanidad y del talante, pero también de que se
fijen posiciones por parte de quien pretende ser candidato a la
presidencia del Gobierno. (Aplausos.) El señor Rodríguez Zapatero ha
iniciado su intervención mirándome fijamente y diciendo: ¡Por fin, señor
Rajoy, podremos debatir usted y yo!. No estoy totalmente de acuerdo con
lo que usted ha dicho, porque, al final, con quien yo quería debatir en
la campaña electoral era con usted y con sus socios, y no puedo debatir
con usted y con sus socios. (Aplausos.-Rumores.) Ha constituido una parte
muy importante de mi discurso, sobre la que luego volveré, porque usted
no puede presentar un programa de gobierno precisamente por la razón a la
que acabo de hacer referencia. En cualquier caso, quiero agradecerle
también que se haya comprometido aquí a no llamar insolvente al líder de
la oposición. Es una muestra de respeto a la verdad. (Risas.-Aplausos.)
Porque si usted dijera lo contrario, ya sabe lo que estaría diciendo...
(Aplausos.) Yo se lo agradezco porque, sin duda alguna, revela... Aquí sí
que ha concretado el talante: en decir la verdad. En eso estoy de
acuerdo. Vamos a ver si en otros asuntos también dice usted la verdad.
Ha hecho muchas referencias en su discurso de réplica, señor Rodríguez
Zapatero, al Gobierno anterior, a mi persona e incluso al presidente
anterior. Yo quiero decir que el que se somete a la investidura aquí es
usted. Yo creo que ha hecho referencias al Gobierno anterior, al
presidente anterior y a este humilde diputado que le habla en el presente
momento porque no ha querido responder a las preguntas que yo le he
formulado, como es su obligación. Aquí lo del talante ha fallado un poco,
porque hubiera dado una colosal muestra de talante democrático si
respondiera, como por otra parte es su obligación, a las preguntas que le
hace un partido que representa casi diez millones de personas. Como no lo
ha hecho, voy a darle una oportunidad más: voy a volver a formulárselas
para demostrar que tiene talante; yo también lo tengo.
Señor Rodríguez Zapatero, estoy de acuerdo con todas las consideraciones
que usted ha hecho en lo que se refiere a la lucha contra el terrorismo.
Yo le he ofrecido -y vuelvo a reiterarlo- el apoyo del Gobierno. He
fijado posición clara sobre lo que yo creo que debe hacerse en la lucha
contra el terrorismo. Yo no he dicho que tenga o deje de tener respeto
hacia las posiciones de nadie, lo que hago es fijar mi posición. Digo que
este es un tema muy importante y que por eso le he dedicado tanto tiempo.
No entiendo por qué se sorprende usted -y me lo diga- de que se lo
dedique. Es el tema más importante que tiene España. Por eso es al que le
he dedicado más tiempo; por eso he fijado claramente mi posición; y por
eso le he dicho que en este tema va a estar usted mucho mejor acompañado
con nosotros que con otros. Y nada más. Le he planteado algunas dudas. No
voy a incidir en ellas. Ya no me importa el pasado y lo que hayan hecho
algunas personas que van a formar parte de su Gobierno en su momento. Me
importa que ahora asuman con claridad los principios a los que yo me he
referido y que entiendo que usted comparte, porque, si no, hubiera dicho
lo contrario. Esto será una referencia muy importante a lo largo de la
legislatura.
En relación con la Constitución española, usted se ha dedicado a hacerme
preguntas. Ha sacado un recordatorio de lo que yo dije en el año 1996. Ha
hablado del Gobierno, de cuál era nuestra voluntad, pero de lo que se
trata aquí es de que usted, que es el que se somete a la investidura, me
responda a las preguntas que yo le hice. Voy a repetir las preguntas que
le hice a las que no me respondió. (Rumores.) Sí, sí. La primera: yo le
he dicho que no abra el debate si no tiene la seguridad de cerrarlo; qué
opina sobre eso. Le he explicado cuáles eran principios básicos, en
nuestra opinión, del texto constitucional; qué opina sobre eso. Le he
dicho, en relación con la reforma del Senado, que me preocupaba si esa
reforma alteraba los equilibrios territoriales. ¿Usted está a favor de
que los altere o de que no los altere? A eso es a lo que quiero que me
responda. Le he hablado del título VIII de la Constitución y le he dicho
que la reforma más importante que se podía hacer en el título VIII de la
Constitución era darle estabilidad a las competencias exclusivas del
Estado. A nada de eso me ha respondido. Eso sí, ha ofrecido diálogo al
Partido Popular. Se lo agradezco mucho, aunque la verdad es que no le
queda más remedio. Dicho eso, tenga la seguridad de que yo hablaré con
usted, pero me gustaría que concretase cuáles son sus planteamientos.
En materia de la reforma de estatutos, le he preguntado si va a mantener
lo que han hecho hasta el presente momento su partido y el mío, que es
ponerse de acuerdo. Usted no me ha respondido. Le he preguntado si usted
va a imponer o no la asimetría y no me ha respondido. Le he preguntado
qué va a pasar con las modificaciones que, vía 150.2, se quieran hacer en
reformas estatutarias y no me ha respondido. No me ha dicho ni una sola
palabra sobre la reforma del Estatuto vasco.
¡Y me ha preguntado a mí!. El que pregunta soy yo, le ruego que me
responda a esas preguntas. (Aplausos.)
En financiación autonómica usted me ha dicho que va a cambiar el modelo.
Yo le dije que se ha pactado por todos, hace un par de años, y no me ha
dado un solo dato de en qué consiste esa modificación del modelo.
Esperará a que se lo diga alguien, porque no me ha dicho nada. Le ruego
que me diga en qué va a consistir la reforma del modelo de financiación.
En el tema del agua sí me ha respondido. Ha dicho que no va a haber
trasvase del Ebro -es su opinión- y luego me ha hablado de proyectos, de
consenso, etcétera. Insisto en lo que he dicho antes: se ha hecho un
colosal trabajo a lo largo de estos últimos ocho años, se ha avanzado
mucho en la solución de uno de los problemas más importantes que tiene
planteado España. En el año 1993 presentaron en el Consejo Nacional del
Agua un proyecto donde estaba el trasvase del Ebro, no consiguieron
entonces los apoyos, nosotros el 80 por ciento, y lo que está haciendo en
este momento es retrasar sine die la solución de uno de los problemas más
importantes que tiene la cuenca mediterránea. Es su responsabilidad.
(Aplausos.)
Su posición sobre las federaciones deportivas es, sin duda, un enorme
misterio del que quizá algún día nos enteremos. Sí sabemos que va a cesar
usted al secretario de Estado de Deporte. Importante aportación a este
debate de investidura, sin duda alguna; yo no creí que lo fuera a cesar.
Sí me gustaría saber si aparte de cesar al secretario de Estado para el
Deporte le va a decir algo al presidente de su partido y de la
Generalitat de Cataluña, que fue quien planteó este asunto. ¿O es que
está usted de acuerdo? Dígalo.
En materia de economía ha dicho que no ha tenido necesidad de hacer un
curso acelerado de catalán -permítame la broma, como yo se la he
permitido; ¡qué remedio me quedaba, por otra parte!-, pero todavía no se
ha reunido con el señor Sevilla esas dos tardes para hablar de economía.
(Aplausos.) Estabilidad presupuestaria, no ha respondido a mis preguntas.
Reformas estructurales, no ha respondido. Impuestos, IRPF y sociedades,
no ha respondido. Fondo de reserva, no ha respondido. Habla usted de
confianza y credibilidad. Con los antecedentes que usted tiene, que
cambia de responsable de economía cada equis tiempo; con su recurso a la
Ley de estabilidad y su manifestación de hoy de que está a favor de la
estabilidad y con lo que ha dicho esta mañana, comprenderá que aparte del
diálogo, que también es importante en la economía, estemos un poco
sorprendidos. Le hago una recomendación: haga la política económica que
figura en el Programa de Estabilidad y Convergencia que ha aprobado la
Comisión Europea hace muy pocas fechas, el que mandó el señor Rato y le
pareció bien al señor Solbes. Haga esa política económica aunque no tenga
nada que ver con su programa porque es la buena, y nosotros le apoyaremos
y le felicitaremos. (Aplausos.)
Política internacional. Señor Rodríguez Zapatero, en esta Cámara usted el
20 de diciembre del año 2000 dijo: España ha tenido el número de votos
que ya es conocido en esa reponderación y la verdad es que le voy a
felicitar a ese señor (señalando al presidente del Gobierno en funciones)
por ese número de votos en el Consejo. Usted felicitó al señor Aznar por
lo de Niza. Ahora Niza no vale; lo que no sabemos es por qué si porque lo
han dicho Francia y Alemania o porque usted quiere hacerse el simpático
con alguien. Esto es muy importante para la defensa de los intereses
españoles, porque el número de votos de que dispongamos para vetar es
decisivo y luego podemos no contar con esos votos y podemos tener
problemas importantes que se pueden traducir en perjuicios muy graves
para el conjunto de los ciudadanos españoles. Lo que es bueno para Europa
es bueno para España. ¿Cómo puede usted decir eso? ¿Quién dice lo que es
bueno para Europa, Alemania y Francia? Porque usted tendrá algún
criterio. (Aplausos.)
De la lucha contra el terrorismo, nada; de la Agenda de Lisboa, nada; de
la lucha contra la inmigración ilegal, nada; de los fondos de cohesión,
nada y de Iberoamérica, tampoco. ¡Y luego me dice que se sorprende de que
yo le hable de Irak!. ¿Alguien puede pensar que un señor de los que se
tiene que subir a esta tribuna en el día de hoy no pueda preguntarle a
alguien que pretende ser el presidente del Gobierno de España cuál es su
posición sobre la retirada o no de las tropas de Irak? Sería una cosa
absolutamente increíble que yo no hiciera esta pregunta. Lo que es
absolutamente increíble es que usted todavía no me haya respondido a las
preguntas que le he hecho sobre este asunto y que le vuelvo a formular.
¿Puede usted explicar de una vez por todas qué quiere? Son las preguntas
de antes. ¿Qué quiere de Naciones Unidas? Porque le recuerdo que la
presencia de tropas en Irak la respaldan las resoluciones 1483 y 1511,
del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. (Varios señores diputados:
¡No! ¡No!) Que me lo diga el señor Rodríguez Zapatero, porque antes le
invité a decírmelo y no me lo dijo. No me lo digan ustedes. Es él, no
ustedes, el que se somete a la investidura. (Aplausos.) ¿Qué quiere
usted, el control político por encima del Gobierno provisional cuya
formación está prevista para el 30 de junio? ¿Quiere eso o quiere además
para Naciones Unidas el mando de las tropas de la coalición? Creo que eso
les interesa a todos, ¿o no?
Señor Rodríguez Zapatero, todo esto está pendiente de respuesta. Usted no
dice nada, ¿sabe por qué? Porque no sabe lo que va a hacer. ¿Sabe por qué
no sabe lo que va a hacer? Porque no tiene los votos suficientes -lo que
le he dicho antes-, va a tener que pactar y no sabe con quién. Con
algunos en algunas cosas, pero no es lo mismo que pacte el terrorismo con
unos o con otros; las reformas constitucionales con unos o con otros; los
estatutos con unos o con otros; la financiación con unos o con otros; la
posición sobre las federaciones
deportivas con unos o con otros. ¿Y la política económica? ¿Con quién
pactará los presupuestos, con CiU y Coalición Canaria o con Esquerra
Republicana e Izquierda Unida? ¿Le votará el señor Llamazares una tarifa
del impuesto sobre la renta inferior al 30 por ciento? Ese es el problema
que usted tiene. Por eso tiene usted un gobierno débil e inestable,
precisamente por eso. Por eso y porque todavía no tiene resueltos algunos
temas en su partido. ¿Alguien se cree que el señor Rodríguez Zapatero
plantearía ahora temas como la financiación autonómica o el de las
federaciones si no se los hubieran planteado a él y si no hubiera sido
capaz de fijar criterio, como todavía hoy sigue sin ser capaz de fijarlo?
Por eso tampoco tiene usted ideas claras en política económica, porque
cada día ha tenido un responsable y hoy no nos ha dicho nada. Todo eso
estaba muy bien cuando usted estaba en la oposición: ambigüedad, no tenía
convicciones, me bandeo por aquí, etcétera. Pero el problema es que usted
ahora puede ser el presidente del Gobierno (Un señor diputado: ¡Va a
serlo!) y un presidente del Gobierno tiene que constituir un Gobierno que
no sea inestable y débil, que no genere incertidumbres y que no genere
desconfianzas. Señoras y señores diputados, España necesita un Gobierno
fuerte, con criterios conocidos y que genere confianza. Usted arreglará,
sin duda alguna, muchas cosas con el talante y yo le ayudaré, porque yo
soy un hombre de muchísimos defectos, como conocen todos los miembros de
esta Cámara, pero en esto del talante podemos empatar. Repito que yo le
ayudaré, pero ya podía ir concretando el concepto de talante, por
ejemplo, respondiéndome a las preguntas. Daría usted una magnífica imagen
si hoy, como demostración de su talante, me respondiera, porque aunque
soy persona insignificante represento a un grupo muy importante y a
muchos millones de personas. Yo le felicitaría por su talante. Y hablando
de talante, puede usted demostrarlo dentro de muy poco tiempo, en el
reparto de presidentes de Comisión en esta Cámara. (Risas.-Rumores.) De
acuerdo con la política de diálogo que se ha iniciado, he leído que a
unos diputados de esta Cámara -son ocho-, en compensación por algo que
ocurrió en el Senado, les van a dar dos presidencias de Comisión. Eso es
lo que yo llamo el diálogo necesario. Pero en nuestro caso es diálogo
innecesario, que es donde se demuestra el talante. Como cuando nosotros
teníamos mayoría absoluta -y encima éramos de mal talante-, le dimos a
usted cuatro comisiones, yo creo que usted ahora que no la tiene y tiene
buen talante, nos tiene que dar más. (Aplausos.)
Señor Rodríguez Zapatero, no le puedo dar, como le he dicho antes, el voto
de nuestro grupo...
El señor PRESIDENTE: Señor Rajoy.
El señor RAJOY BREY: Ya termino.
El señor PRESIDENTE: Gracias.
El señor RAJOY BREY: Muchas gracias.
No puedo dárselo fundamentalmente porque su Gobierno es o va a ser, cuando
lo constituya, inestable (Varios señores diputados: ¡Y débil!) y débil.
Ya veo que lo están aprendiendo ustedes muy bien, ya lo veo. (Risas.)
Porque genera muchas incertidumbres y, por tanto, mucha desconfianza.
Gracias. (Aplausos de los miembros del Gobierno en funciones y de los
diputados del Grupo Parlamentario Popular puestos en pie.)
El señor PRESIDENTE: Señor Rodríguez Zapatero, con brevedad.
El señor RODRÍGUEZ ZAPATERO: Con mucha brevedad, señor presidente.
Ha vuelto a insistir sobre Irak. Le voy a decir qué va a hacer mi Gobierno
sobre Irak: sacar a España de la foto de las Azores, sacar a España de la
guerra ilegal e injusta que se produjo. (Aplausos.) Y ya que le preocupa
tanto las mayorías, señor Rajoy, ¿duda usted de que voy a tener una
amplia mayoría para tomar esa decisión en esta Cámara? ¿Duda de que esa
mayoría va a tener un amplio respaldo en este Congreso y un amplio
respaldo en la ciudadanía? Permítame; a quienes les han faltado los votos
para mantener a España en la foto de las Azores ha sido a ustedes.
(Aplausos.) Es verdad que he reiterado que tenemos que recuperar el
consenso en política exterior y que espero que la situación en Irak, lo
que ha sido una división muy fuerte en esta Cámara, especialmente entre
su grupo y el mío, y lo que previsiblemente pueda ser el Gobierno de
nuestro país, no impida ese consenso; consenso esencial para la
construcción de la Unión Europea; consenso esencial para lo que
representa la posición de España, una posición fuerte que queremos. Por
cierto, señor Rajoy, ha hecho una referencia a Alemania y a Francia, lo
que es bueno para Europa es bueno para España, si nuestra posición alegra
a Alemania o no. Hay una cuestión que me parece de justicia histórica, de
reconocimiento, obligada en esta Cámara. Seguramente algunos se han
olvidado pronto, porque tuvieron una visión estratégica de Europa que
estaba llamada al fracaso. Vieron una especie de nueva Europa frente a la
vieja Europa, que es un error inmenso porque tiene que haber únicamente
una gran Europa, una Europa de futuro. Eso es lo que conviene a los
veinticinco países que la van a conformar y lo que conviene al mundo. En
relación con Alemania y con Francia, yo tengo un profundo respeto por
todos los países de la Unión Europea, por todos los gobiernos, pero lo
tengo especialmente por un país como Alemania, que con sus recursos como
país ha ayudado muchísimo a la cohesión y a este país para su desarrollo,
para su progreso y para su bienestar. (Aplausos.) Por tanto, me parece un
error plantear la
política en la Unión Europea como una política de división entre dos
visiones de Europa. La política en la Unión Europea hay que plantearla
con una visión de avance y de solidaridad y hay que comprender que el
reparto de poder y la arquitectura institucional es un proceso complejo y
difícil. Gracias por recordar una intervención mía. Ahí tiene una buena
muestra del talante que he tenido cuando se trataba de enjuiciar la
política exterior y la política de la Unión Europea.
El señor Rajoy ha hecho alguna referencia a la política económica, a la
confianza o no, y ha hecho una broma, que me parece correcta, sobre
aquello de las dos tardes. La verdad es que no ha estado mal para
necesitar sólo dos tardes, como se recordaba. No ha estado mal a tenor de
cómo se han pronunciado sobre nuestro programa económico el Banco de
España, organizaciones empresariales, representantes de las
organizaciones sindicales y de una opinión internacional muy favorable.
(Rumores.-Aplausos.) Imagínese cómo será cuando cumpla esas dos tardes
que me faltan. (Risas.-Aplausos.)
Señor Rajoy, sé que su política en relación con el agua ha sido distinta,
que tenían un proyecto, que en ocho años las cosas han ido como han ido
para las cuencas deficitarias -no han ido a mejor, sino a peor-, pero
usted sabe que mi partido tiene un compromiso electoral que va a cumplir
en relación con el trasvase del Ebro. No sé por qué se extraña. A lo
mejor se extraña de que cumplamos los compromisos electorales. (Rumores.)
Quizá se deba a algún problema en relación con su etapa de Gobierno. He
añadido que a la paralización del trasvase del Ebro se va a unir un
conjunto de inversiones y de obras para paliar urgentemente, de manera
más eficaz y en menos tiempo, los graves problemas de agua que tienen
comunidades como Murcia, Valencia o provincias como Almería. (Un señor
diputado: ¿De dónde vas a sacar el agua?) Señor Rajoy, vamos a tener la
oportunidad de discutirlo cuando el Gobierno presente en esta Cámara
-como está obligado a hacer- el correspondiente decreto-ley.
Ha hecho una referencia nuevamente a la Constitución, a los estatutos, a
la asimetría y al problema de nuestra estructuración territorial. Señor
Rajoy, es verdad que quien se examina aquí soy yo básicamente y que las
preguntas se dirigen fundamentalmente al candidato. (Rumores.) Pero es
muy evidente que en un debate -ya sé que en esto de los debates no anda
muy entrenado-, ya sea parlamentario, ya sea ante la opinión pública, se
pueden producir interpelaciones de una a otra persona, de un
representante político a otro, y es bastante coherente que le haya
preguntado sobre la Constitución. Yo se lo he concretado y le he dicho
con claridad que quiero reformar la Constitución si existe el consenso
que exige nuestra Carta Magna, que quiero que esa reforma sea en cuatro
aspectos concretos. Los he detallado de una manera absolutamente nítida.
Lo que quiero saber de antemano, para saber si hay espacio de diálogo, es
si el Grupo Popular y el señor Rajoy están de acuerdo. Señor Rajoy, ¿está
usted de acuerdo en reformar el Senado en los términos que usted mismo
dijo que iba a impulsar en el año 1996? Esa es la pregunta. Puede ser que
haya cambiado de criterio. No sería la primera vez que pasa. Aún se
recuerda en esta Cámara aquellas palabras del señor Molins según las
cuales a su programa en el año 1996 se le había dado la vuelta como a un
calcetín. Es posible que eso suceda, pero en este caso nuestra posición
es clara: reforma de la Constitución, sí, en estos cuatro puntos. En la
reforma del Senado, por supuesto, no se contempla bajo ningún concepto la
ruptura de ningún equilibrio territorial. Lo que hay es la convocatoria a
la participación de las comunidades autónomas en las tareas estatales.
(Rumores.) Lo que hay es un intento de que la realidad autonómica tenga
traducción en la España actual y en su vida constitucional de una manera
mucho más directa. Participación e integración son los objetivos de la
reforma. Señor Rajoy, creo que podemos dar por zanjado lo que afecta a la
cuestión relativa... (Varios señores diputados: No, no.) No les pierda la
ansiedad, señorías del PP. Podemos dar por zanjado lo que afecta a la
política antiterrorista. Creo que he sido contundente y claro. Seguimos
con el pacto, que a algunos no gusta y que yo respeto, y la política de
mi Gobierno intentará ampliar el diálogo, sumar esfuerzos en todo aquello
que tenga que ver con la derrota del terror, con la prevención del terror
y con el fin de la violencia.
Señor Rajoy, para terminar, le diré que el talante con el que quiero
gobernar forma parte del proyecto, que es un elemento esencial del
proyecto político, que es, en mi opinión, un mandato electoral. Los
ciudadanos creo que votaron cambio de gobierno, como es evidente, por los
resultados, y no he invocado ni los millones de votos ni lo que el
Partido Socialista ha subido en estas elecciones ni lo que otros han
bajado. No, el mandato electoral es cambio y diálogo, es cambio de rumbo
en cosas importantes para este país y, desde luego, una actitud muy
diferente desde el poder, una actitud de respeto a la ciudadanía, una
actitud de diálogo continuo, una actitud de humildad. Este Gobierno va a
ser estable y dialogante, lo que desde luego no va a ser es un gobierno
autoritario ni prepotente.
Muchas gracias. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Gracias.
Discúlpenme. Señorías, como ustedes se habrán dado cuenta, estamos
asistiendo a un debate que ciertamente es muy importante, que, por su
naturaleza, la Presidencia lo está interpretando con una gran
flexibilidad. De hecho, se están excediendo los tiempos, cosa que yo
comprendo. (El señor Cortés Martín pide la palabra.) Déjenme terminar.
Ahora bien, me veo también en la obligación de velar por el interés
parlamentario de aquellos otros grupos que no son otros que los que
apoyan al candidato a presidente del Gobierno y al
principal partido de la oposición. En consecuencia, si aplicara lo que ha
sido la lógica de los debates de investidura en los últimos años -es
interesante que lo escuchen-, debería dar por concluido en este momento
el debate. (Rumores.) Debería dar por concluido en este momento el debate
si aplicara lo que ha sido la lógica de los últimos años pero, atendiendo
a las nuevas formas que deseamos todos, voy a conceder un turno desde el
escaño, señor Rajoy -y esta vez, naturalmente, estará tasado en tres
minutos-, podrá usted, señor Rodríguez Zapatero, cerrar si lo desea,
también con tres minutos, y de esta manera daremos la oportunidad a otros
grupos parlamentarios de expresarse en este hemiciclo.
Gracias. (Aplausos.)
El señor RAJOY BREY: Señor presidente, agradezco su talante, que, sin duda
alguna, ha impregnado esta Cámara, y voy a ceñirme estrictamente al
tiempo que usted me ha dado.
Simplemente quiero decir al señor Rodríguez Zapatero que agradezco el
esfuerzo que ha hecho en la sesión de esta tarde, se lo agradezco. No le
puedo agradecer sus respuestas por razones obvias, pero, en cualquier
caso, como yo también quiero tener buen talante, me aguantaré. Le deseo
suerte, también le digo que está muy bien lo del talante y lo del diálogo
pero que no es suficiente y que para los temas a los que hice referencia
antes en la tribuna nos tiene usted aquí a nosotros. Al final, estaremos
nosotros.
Señor presidente, le agradezco su amabilidad por darme este turno y por la
prórroga graciosa que usted me concedió en las dos primeras
intervenciones.
Muchas gracias. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra el señor candidato.
El señor RODRÍGUEZ ZAPATERO (Candidato a la Presidencia del Gobierno):
Muchas gracias, señor presidente.
Únicamente para agradecer al señor Rajoy el tono de la intervención, el
contenido, su predisposición al diálogo. Tenga por seguro el principal
grupo de la oposición que va a encontrar en el Gobierno siempre, siempre,
una actitud receptiva para que en el debate parlamentario las buenas
maneras y el proyecto común de velar por los intereses de España sea lo
que prime en todas nuestras actuaciones.
Muchas gracias. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Señoras y señores diputados, el debate continúa.
(Rumores.)
Señorías, el debate continúa. Los que deseen ausentarse háganlo rápido,
pero, por favor, no mantengan reuniones y conversaciones en los pasillos.
(Rumores.)
Señor Durán, disculpe, pero prefiero que usted intervenga cuando el
hemiciclo esté en calma. Por favor, no mantengan conversaciones en el
pasillo. (Pausa.)
Continúa el debate. Por el Grupo Parlamentario Catalán (Convergència i
Unió) tiene la palabra el señor Durán. No se preocupe, señor Durán, que
con usted también habrá la flexibilidad oportuna.
El señor DURÁN I LLEIDA: Señor presidente, señoras y señores diputados,
don José Luis Rodríguez Zapatero, candidato a la investidura como
presidente del Gobierno. Mis primeras palabras van a hacer referencia a
mi época de diputado en el año 1982 y posteriores. No me sorprende que
sigan ocurriendo cosas que sucedían antes, y es que cuando el turno
corresponde a las minorías más minoritarias, la mayor parte de SS.SS.
abandona el hemiciclo. Sé que nuestra palabra puede interesar poco. Sé
también que nuestros votos han interesado y continuarán interesando y,
por tanto, lo que me importa es, con mucha gratitud, dirigirme a las
señorías que permanecen en la sala.
En otoño de 1982, como acabo de recordar, estrenaba mi acta de diputado en
esta Cámara a la par que el PSOE se estrenaba en el ejercicio de sus
responsabilidades como Gobierno. Felipe González era investido con el
apoyo de la mayoría absoluta con que contaba el Partido Socialista Obrero
Español. Convergència i Unió se abstuvo y sucesivamente en las elecciones
de 1986 y 1989 la voluntad popular les reiteró esa mayoría absoluta.
Fueron tiempos en los que el Legislativo quedaba desdibujado, en los que
se daba por muerto a Montesquieu y el protagonismo de la vida política se
centraba y concentraba en el Ejecutivo. Dejé esta Cámara el año 1993,
justo cuando el PSOE perdía la mayoría absoluta, el Parlamento recuperaba
su vitalidad y Montesquieu resucitaba. En la legislatura pasada fue el PP
quien dispuso de mayoría absoluta, nuevamente no solo se oficiaba el
funeral por el pobre Montesquieu, sino que se ensalzaba, dentro y fuera
de España, lo peor de El Príncipe de Maquiavelo, cuando usa el fin para
justificar los medios.
Convergència i Unió hace una valoración positiva del resultado electoral
que ha determinado el fin de la mayoría absoluta. Las mayorías absolutas,
aunque legítimas, no han sido buenas. Creo que no han sido buenas para el
Estado de derecho. No lo han sido, desde luego, para el sistema
parlamentario, ni para el desarrollo autonómico, ni, en suma, para los
ciudadanos. Creo sinceramente que el ejercicio de la mayoría absoluta no
ha contribuido positivamente a la profundización democrática, ni a la
mejora de la calidad de nuestro parlamentarismo, ni al incremento del
autogobierno de las comunidades autónomas, ni a la aceptación de la
realidad plurinacional, plurilingüe y pluricultural de España.
Usted, señor candidato, ha enunciado que piensa gobernar para todos los
ciudadanos, no sólo para aquellos que le han votado. Es un propósito que
le honra.
Sin embargo, si atendemos a la realidad de la actual situación política y
parlamentaria, usted, señor candidato, y su futuro gobierno tienen
también otro reto: no sólo deben gobernar para todos, sino que no pueden
gobernar o legislar solos. Ante usted se abren varias posibilidades. Ya
explicará las preferencias si así lo cree oportuno y, si no, el paso de
la legislatura ya dará fe de cuáles han sido. Eso sí, señor candidato, en
algunos temas, como en el del terrorismo, es vital que lo haga o que lo
intente hacer con todos para evitar errores del pasado reciente.
Convergència i Unió valora como una prueba positiva de su espíritu de
diálogo y consenso el resultado de la negociación para la composición de
las mesas en el Congreso y en el Senado. Es un buen camino. Felicidades,
pues, por los resultados electorales y felicidades por sus primeros
pasos. Sé que S.S., el conjunto de la Cámara y la sociedad ya conocen
nuestro voto en este debate de investidura: vamos a abstenernos; pero
permítanme que les razone los motivos políticos que avalan esta decisión.
De un lado, es lo coherente con los compromisos que hemos asumido en el
programa electoral y expresado durante la campaña cuando afirmábamos que
no suscribiríamos pactos estables con el PP ni con el PSOE, que no
entraríamos a formar parte de un gobierno del PP ni del PSOE y que no
votaríamos la investidura del señor Rajoy ni del señor Rodríguez
Zapatero. Estos fueron los compromisos que yo asumí en nombre de
Convergència i Unió, y los compromisos son los que son y hay que
cumplirlos.
Ahora explicaré a la Cámara el segundo de los motivos que justifican la
decisión de abstenernos en esta, su segura investidura como presidente
del Gobierno. Tiene que ver con nuestra experiencia histórica al
respecto.
Señor Rodríguez Zapatero, señoras y señores diputados, Convergència i Unió
hizo una apuesta arriesgada, pero con un gran sentido de Estado, en la
anterior legislatura. Lo habíamos intentado antes, en 1993, con el
Partido Socialista, pero las circunstancias por todos conocidas no nos
concedieron el tiempo que se necesitaba. Pretendíamos hace cuatro años,
al principio de la anterior legislatura, asumiendo riesgos electorales,
comprobar si la derecha española era capaz de entender y valorar, al
margen de necesidades aritméticas en este Parlamento, la presencia del
catalanismo político, del nacionalismo catalán integrador en la política
española -insisto, lo habíamos intentado antes con el Partido Socialista
Obrero Español-, pero el PP, y especialmente su antecesor como presidente
del Gobierno, no solamente no lo entendió, sino que ha destrozado, y para
mucho tiempo, la confianza en la derecha española. Por eso, nosotros no
habríamos podido hoy votar, ni tan siquiera facilitar, la investidura de
su candidato y, después de escuchar parte de su discurso, todavía menos.
Convergència i Unió ha gobernado y volverá a gobernar en Cataluña, no les
quepa la menor duda, pero no hizo jamás de la Generalitat de Cataluña, ni
lo hará en el futuro, un instrumento de confrontación política, de debate
partidista a favor de la izquierda o de la derecha españolas; tampoco eso
ha sabido valorarse y entenderse. Que a nadie le quepa la menor duda: a
la derecha española le costará mucho tiempo que alguien pueda creer en su
sinceridad respecto a Cataluña.
Ahora les llega a ustedes, señor candidato, la hora de la verdad. No se
preocupe por el sentido inicial de nuestro voto; nuestra libertad de
acción se percibirá mejor si nos abstenemos, pero en este momento inicial
de su mandato sí que le exhorto a que al final de la legislatura hayamos
podido coincidir en lo esencial y en todo aquello que sea posible. Creo
que eso sería beneficioso para usted y para el conjunto de la sociedad
española. Para Cataluña, obviamente, también lo sería. No obstante,
siento, y debo decírselo, más escepticismo esta tarde, después de
escucharle, del que sentía ayer. Nuestro deseo, pues, sería, en cierto
modo, seguir la evolución inversa a la producida en la anterior
legislatura, en la que, después de un inicio en el que pudimos pensar que
se abría un proceso positivo, con el devenir de los distintos episodios
se constataron las enormes distancias que separaban nuestras respectivas
posiciones. Pasamos del encuentro al desencuentro y de la esperanza a la
frustración sin habernos movido un ápice de nuestros planteamientos
iniciales.
Ahora nuestro objetivo es distinto. En estos momentos, lo que nos importa
es que usted gane nuestra confianza no al inicio, cuando no ha tenido
todavía ocasión de hacer nada, sino al final, cuando el balance de su
Gobierno nos demuestre que ha actuado con acierto. Ya sé que se trata de
apreciaciones subjetivas, pero si al final, señor candidato, coincidimos
en lo esencial, usted habrá sido, a nuestro juicio, un buen presidente
del Gobierno y habrá permitido que avancen todos los pueblos que integran
el Estado hacia mayores cotas de cohesión, estabilidad y democracia. Está
en sus manos, pues, ganarse nuestra confianza a partir de ahora, si le
interesa.
La forma y el talante son, sin lugar a dudas, importantes. Lo es el
respeto a la diferencia y a los adversarios políticos, el ejercicio del
diálogo tanto político como institucional, la búsqueda de caminos lo más
amplios posible. Sin embargo, señor candidato, los problemas o retos a
los que nos enfrentamos no son fundamentalmente de forma; los retos que
nos acucian en este momento histórico son sustanciales, de fondo, de
contenido político. La lucha contra el terrorismo, contra el de ETA y
contra el de cualquier otro tipo también, pero sobre todo contra el
fundamentalismo islámico; el pleno desarrollo del Estado, que permita una
configuración política que respete la realidad plurinacional,
plurilingüística y pluricultural de España; la garantía de avanzar
simultáneamente en la cohesión y en la justicia social; el crecimiento
económico y la creación de empleo estable y, sobre todo, de calidad; la
seguridad ciudadana, vial y laboral; la reorientación de nuestra política
europea y exterior, son aspectos en los que el instrumento del diálogo y
la búsqueda del consenso -no sólo el político, sino también el social-
son y serán imprescindibles.
Sin embargo, ni el diálogo garantiza por sí mismo el acierto de las
políticas ni la búsqueda del consenso su obtención. De ahí que, después
de escuchar detenidamente su intervención, me permita exponerle, en
nombre de nuestro grupo parlamentario y con las limitaciones que un
debate de estas características presenta, la posición de Convergència i
Unió sobre estas cuestiones principales. Lo hago, por tanto, señorías, en
nombre de la primera fuerza política nacionalista de Cataluña, con una
clara conciencia del momento histórico que vivimos, apostando por entrar
en una nueva etapa desde todos los puntos de vista y sabiendo que los
tiempos han cambiado; que -de acuerdo con Paul Valéry- el futuro es
construcción, que queremos liderar un cambio de actitudes que nos permita
construir un futuro mejor en el modelo de Estado, en la política
exterior, en la política económica, en la política social y en la misma
forma de hacer política. Un nuevo tiempo exige una nueva política. Todo
ello, además, señor candidato, desde la sólida y acreditada centralidad
que Convergència i Unió ha aportado, y seguirá aportando, en esta Cámara
en particular y al debate político en general.
Iniciaba, señor candidato, la relación de los principales retos remarcando
la necesaria lucha contra el terrorismo, y acababa haciendo referencia a
la necesidad de reorientar nuestra política exterior y europea. Pues
bien, no se puede -al menos, a nuestro juicio- desligar hoy la lucha
antiterrorista de la política exterior. Me refiero, en especial, a la
lucha antiterrorista contra el integrismo islámico, y, con ello, la
separo de la política antiterrorista contra ETA. Todavía recuerdo cómo,
tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, se
reaccionaba en este país oficialmente ofreciendo a los norteamericanos
nuestra veterana experiencia en la lucha contra ETA, al servicio de la
política contra el terrorismo fundamentalista. Discúlpenme, señorías,
pero me pareció ridículo por parte de quienes ignoramos todo, o casi
todo, sobre el nuevo terrorismo.
Se ha debatido estos días en torno a si debía mantenerse esta misma tarde
el Pacto antiterrorista elaborado y suscrito por el PP y el PSOE. Voy a
explicarle cuál es nuestra posición al respecto, y permítame que para
ello recurra a Gramsci: Lo viejo ya no sirve, lo nuevo todavía no existe.
Sinceramente, creo que no vale la pena discutir sobre ese pacto. El
pasado ya no sirve. No sirve porque no están todos los que debieran,
pudieran o quisieran estar. Y, señor candidato, me sigue alarmando que
usted, en el debate con el señor Rajoy, siga hablando de una de las dos
partes y siga concentrado, por tanto, el Pacto antiterrorista sólo entre
el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español. Además,
tampoco sirve porque tiene como único o, al menos, principal objetivo la
lucha contra ETA. Y ETA, desgraciadamente, todavía existe, pero se sabe
cómo actuar contra ella. De hecho, nadie puede negar que en los últimos
años se ha avanzado positivamente en el terreno de los éxitos policiales
de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado pero también de la
Ertzaintza. Le propongo, pues, señor candidato, que recomponga un
consenso entre todas las fuerzas políticas con representación
parlamentaria para establecer la política antiterrorista contra ETA. No
se aferre al pasado, no tema al uso electoral que del terrorismo se ha
hecho a lo largo de esta última legislatura. Siéntase liberado de las
pautas maniqueístas de las que ustedes han sido las principales víctimas.
Siente las bases para que en el futuro nadie pueda utilizar ni en un
sentido ni en otro, que de todo ha habido, el terrorismo. Pero, señor
candidato, sobre todo hay que construir un consenso político que permita
dar una respuesta a la amenaza del terrorismo global que tanto preocupa
hoy al conjunto de la sociedad.
Aprovecho también, en nombre del Grupo Parlamentario de Convergència i
Unió, para expresar nuestro sentimiento de solidaridad a las víctimas del
atentado del 11 de marzo y también a las personas de los Cuerpos de
Seguridad que después, en operaciones policiales, han sido víctimas de lo
que es este nuevo terrorismo. Recuerdo una de las pancartas de la
manifestación celebrada en Madrid al día siguiente, a la que tuve la
oportunidad de asistir. Decía: Todos íbamos en el tren. Señorías, no
simplemente todos íbamos en el tren sino que todos seguimos yendo en ese
mismo tren. Ese es el principal de los grandes problemas que tiene
planteada nuestra sociedad. El Estado, por tanto, tiene la obligación de
preservar la seguridad de los ciudadanos, y hoy se tiene la preocupación
de que el terrorismo global ha puesto en cuestión esa función básica de
los Estados. La respuesta debe ser por supuesto global, pero desde esta
Cámara y desde su futuro Gobierno deben establecerse principios básicos,
una respuesta clara que necesariamente pasa por respetar los derechos y
libertades de los ciudadanos, una respuesta que ha de tener en el
contexto global una escala europea. No olvidemos, señor candidato,
señoras y señores diputados, la incapacidad de los Quince para hacer
efectivos los mecanismos que al respecto se acordaron tras los atentados
del 11 de septiembre en Estados Unidos. Una respuesta que ha de superar
una revolución de los sistemas de funcionamiento de los servicios de
inteligencia y que ha de ser también contundente en la lucha contra las
causas que en el fondo subyacen y que hacen posible que los ideólogos del
fanatismo encuentren tanta disposición a sembrar el terror, a segar vidas
humanas incluso a costa de las propias. En este sentido, se impone
incorporar una clara dimensión ética a la política exterior, articulando
y defendiendo en el seno
de Naciones Unidas el derecho de injerencia ante la vulneración de los
derechos humanos y promoviendo un tratado internacional para regular el
tráfico de armas.
En materia de cooperación internacional, señor candidato, la defensa de
los derechos humanos ha de singularizar nuestra política exterior. Espero
que coincidamos en este planteamiento. El proceso de globalización que
estamos viviendo también ha de suponer la globalización de los derechos
humanos. El Gobierno debe mostrarse especialmente beligerante en la
denuncia de los casos de violación de los derechos humanos. El necesario
nuevo orden internacional debe contemplar el derecho a vivir en
democracia como un derecho humano, pero nos engañaríamos si creyéramos
que la respuesta a la barbarie del fundamentalismo se solucionará sólo
con nuestras buenas intenciones. Como se han equivocado también quienes
han creído que la respuesta adecuada es única y exclusivamente la guerra.
Como se equivocaron, a nuestro juicio, las tesis de Huntington
presentando en el fondo la democratización del mundo árabe como
imposible, aun admitiendo y conociendo las dificultades que ello
conlleva. No debe caber la menor duda de que el fundamentalismo ha
planteado una guerra santa al mundo occidental y que esto es una decisión
anterior a la guerra de Irak y anterior a los atentados del 11 de
septiembre en Estados Unidos. Por ello conviene entender que nuestras
posiciones en determinados ámbitos de la política exterior son claves
para ayudar a encauzar la respuesta europea y global que aún no tenemos.
Señor candidato, usted se comprometió a retirar las tropas españolas de
Irak antes del 30 de junio si no había una intervención de Naciones
Unidas. No sé exactamente lo que ha dicho hoy, pero me permitirá que le
haga algunas consideraciones. Primera, no creo que esa retirada elimine
el riesgo de atentados en España. Me parecería afrontar el enorme
problema del fundamentalismo desde la ingenuidad. Segunda, que piense eso
no significa que no considere, como sostiene el Real Instituto Elcano de
Estudios Internacionales y Estratégicos, que gracias al anterior Gobierno
España ha tenido una visibilidad innecesaria en el conflicto de Irak, lo
que de ninguna de las maneras significa que de no haberla tenido
formásemos parte de un oasis de paz blindado frente a ese nuevo
terrorismo. Tercera, más allá de la innecesaria visibilidad de España y
del fracaso en todos los sentidos de quienes apoyaron la intervención
militar sin cobertura legal, y lo remarco, y con una manifiesta oposición
de la ciudadanía, no se puede ahora dejar desamparada a la población
iraquí. Cuarta consideración, estamos y estaremos a su lado frente a
quienes interpreten, dentro o fuera de España, que retirar las tropas de
Irak es una cesión al chantaje terrorista. De hecho, si no las retiran,
también podría decirse que ha sido el terror del 11 de marzo el que ha
condicionado su decisión. Y quinta y última consideración, creo que usted
es muy consciente de que el grave error de su antecesor en la Presidencia
del Gobierno le permite ahora la capacidad de exigir una mayor
implicación de Naciones Unidas en la gestión de la crisis iraquí. Le pido
que actúe con audacia, para que el nuevo escenario en Irak sea la
necesaria presencia militar que garantice la paz en la zona, pero
dirigida por Naciones Unidas y no por Estados Unidos. Aproveche esa gran
oportunidad, pero no como respuesta a la actuación del anterior Gobierno,
sino como la mejor garantía para el restablecimiento y fortalecimiento de
la legitimidad de Naciones Unidas. Tenemos una oportunidad para recuperar
la unidad de la comunidad internacional en el establecimiento de la paz
en Irak y hay que aprovecharla. Cuenta, además, con un futuro ministro de
Exteriores excelente. Le conozco bien y creo que es persona capaz para
ayudarle en la garantía de estos objetivos. La referencia al señor
Moratinos me permite y me obliga a evocar -él lo entenderá- otro
conflicto de extrema gravedad que ayuda a avivar la fuerza del
fundamentalismo islámico: me refiero al drama palestino y a las
consecuencias también dramáticas para la población israelí. Hay que
hacerle ver a Estados Unidos que su pasividad ante este conflicto se
traduce en una irresponsable negligencia. No soy antinorteamericano, ni
creo que lo sea la población española y menos que le convenga. Creo
conciliable nuestro europeísmo con nuestro atlantismo, pero me ha
sorprendido enormemente que, en el último año, el Gobierno español no
fuese capaz de aprovechar esa aparente sintonía, y seguro personal, entre
su presidente y el norteamericano, para hacerle observar la gravedad de
la actitud norteamericana frente al conflicto. Es más, llegué a pensar,
ingenuamente a la vista de los resultados, que esa sería una de las
compensaciones por el exceso de visibilidad en las Azores.
Sentadas las bases de nuestra posición en torno a la lucha antiterrorista,
en especial ante el nuevo terrorismo global, entraré ahora de lleno en
otro terreno muy distante y distinto. Me refiero a nuestra exigencia de
hallar una solución política a la demanda de reconocimiento nacional y de
más poder político que plantea el conjunto de la sociedad catalana.
Quiero dar a esto una gran solemnidad. España y Cataluña tienen ante sí
una gran oportunidad que no pueden desaprovechar, que no podemos
desaprovechar, señor candidato. A lo largo de esta legislatura llegará a
esta Cámara una nueva propuesta estatutaria para acomodar la nación
catalana en el marco del Estado. Será preciso que su Gobierno y el
conjunto de la sociedad den una respuesta positiva a este planteamiento.
Aquí sí, señor candidato, sentimos una gran decepción por su
intervención.
Tenemos, tiene la responsabilidad histórica, que también es una
oportunidad histórica, de definir un escenario de articulación de la
pluralidad nacional, que inaugure un nuevo periodo de un Estado
inclusivo. Tome nota, señor candidato, de uno de los grandes
errores del Gobierno saliente: el fustigamiento de los partidos
nacionalistas democráticos.
Se ha hablado estos días, señor candidato, de su capacidad para convertir
situaciones aparentemente difíciles en fáciles. Muchas veces las
dificultades nacen de un exceso de retórica. En buena medida está en sus
manos que el lenguaje utilizado y el estilo que imprima en sus actos
creen un clima que facilite situaciones no resueltas, difíciles por
tanto, como el reconocimiento de la plurinacionalidad del Estado.
Podemos pasarnos muchos años de dialéctica reivindicativa si no afrontamos
el nuevo estatuto que pueda plantear el Parlamento de Cataluña. No sería
bueno para nadie. El fracaso en el pacto en ese terreno sería un fracaso
político e institucional para Cataluña y para el conjunto de España.
Digamos las cosas para quienes quieran oírlas tal como las sentimos. No
nos entenderemos si quedan por alguna parte reservas mentales. Yo sé que
para la gran mayoría de esta Cámara, España es de manera indiscutible una
nación, su nación, y sé que se sienten orgullosos de ella, como sé que
para decenas de miles de catalanes España también es su nación, pero
ustedes saben también que nosotros compartimos y defendemos un
sentimiento dominante en Cataluña considerándola nuestra nación y
entendemos España como un Estado plurinacional, como saben también que el
catalanismo ha garantizado siempre progreso, bienestar y cohesión social
de unos y de otros como un solo pueblo, como una sola realidad. Hay que
ser capaces, pues, a partir del respecto recíproco de estas identidades,
de encontrar un pacto político que permita compartir un proyecto común.
No renegamos de la Constitución, señor candidato, ni tan siquiera
permitimos que se nos aleccione sobre sus límites. No compartimos la
satanización de que en un momento dado plantee en términos precisos una
propuesta de reforma que siempre, por supuesto, requeriría el más amplio
consenso para ser considerada. No es, por supuesto, la Constitución que
nosotros habríamos hecho -creo que todos los partidos de esta Cámara
suscribirían y compartirían esta afirmación-, pero sin ser nuestra
Constitución es tan nuestra como la de cualquier grupo parlamentario.
Intervenimos en su elaboración, la defendimos, pedimos el voto
afirmativo, la votamos y además jamás la hemos violentado. No todos
pueden decir lo mismo en esta Cámara. Pero quede claro también que si un
día hay que reformarla para acomodar la realidad nacional de Cataluña en
el Estado propondremos su reforma, y si usted pretende reformarla ahora
sólo para enumerar las comunidades autónomas, aprovechemos para concretar
quiénes de ellas son nacionalidades y quienes son regiones.
La actual Constitución, la vigente, fue fruto de un pacto político,
también nuestro estatuto. Como había sucedido ya en etapas anteriores en
el siglo XX, se desvirtuó después el auténtico espíritu constitucional.
Con nuestro respeto a todas y cada una de las comunidades autónomas, con
todas nuestras simpatías y apoyos a sus pretensiones de incremento de
autogobierno, no tiene sentido continuar negando la heterogeneidad.
Cualquier ciudadano de cualquier comunidad tiene la misma dignidad, por
supuesto, que un catalán, pero la identidad de unos es distinta de las de
los otros. La Constitución, por otra parte, no ignora esta realidad, no
lo ignora cuando habla en su artículo 2.º de nacionalidades y regiones,
no lo ignora en su artículo 3.º, no lo ignora en su disposición adicional
primera en relación con la disposición transitoria segunda. Pero a lo
largo de estos años se ha generalizado el desarrollo autonómico con el
objetivo de ahogar y ocultar la plurinacionalidad de España. Releía estos
días, señor candidato, el diálogo cruzado entre Julián Marías y Maurici
Serrahima en torno a la realidad de Cataluña. No creo que Julián Marías
sea susceptible de ser tachado de mal español, y en cambio deja
claramente establecido que Cataluña no es una región más. Dicho con todo
respeto, SS.SS. me reconocerán, al menos en la intimidad, que sin el
sentimiento nacional catalán, y por supuesto de otras nacionalidades, la
Constitución actual no se habría ocupado de garantizar, a través de su
Título VIII, el derecho de las autonomías. No se sentía esa necesidad en
la mayoría de los territorios de España; en Cataluña sí, como se sintió,
por ejemplo, cuando a finales de 1913 el Gobierno Dato concedió a las
diputaciones provinciales la facultad de mancomunarse. En diez años de
vigencia de la disposición legal que lo permitía, nadie, excepto
Cataluña, sintió la necesidad de rehacer su personalidad colectiva a
través de las modestísimas posibilidades que el decreto ofrecía.
No se trata, por tanto, señor candidato -y no es justo que se reitere con
demagogia-, de hablar de privilegios; no se trata de privilegios. Hay
algunas comunidades autónomas que todavía no tienen ni desean
competencias que nosotros asumimos desde el primer día, porque nuestro
sentimiento es distinto, no porque seamos mejores ni peores, no es
cuestión de privilegios, y no se puede sostener la tesis de privilegios,
señor candidato, cuando se propone, por ejemplo, que cada comunidad
autónoma pueda modificar su impuesto de sucesiones. ¿Es que entonces no
se crea un problema de desigualdad de ciudadanos, y cuando en cambio se
promueve que se puedan complementar desde las comunidades autónomas las
pensiones entonces sí se trata de desigualdad de los ciudadanos? No se
trata de desigualdad, no se trata de privilegios, se trata de acomodar
las posibilidades, las capacidades y las voluntades de cada comunidad
autónoma.
Cataluña siente ahora, por tanto, de nuevo la necesidad de ser reconocida
como lo que es, de respetar los trazos de su personalidad nacional, de
garantizarle la capacidad de autogobierno, de compartir soberanía, señor
candidato, esa terrible palabra que no significa otra cosa que compartir
decisiones sobre aquellos asuntos
en los que tengamos hoy competencias. España comparte tanta soberanía, no
ya sólo con la Unión Europea, no sólo con la Alianza Atlántica, sino con
los mercados bursátiles de cualquier Bolsa importante del mundo. Se
trata, por tanto, de construir institucionalmente lo que hoy existe ya
como realidad en lo cultural, lingüístico y político plural.
Por nosotros no va a quedar, señor candidato, vamos a hacer del diálogo un
instrumento para concertar posiciones, pero que nadie espere de este
grupo que la solución pase por un simple maquillaje del actual Estatut,
por una conferencia de presidentes y una reforma del Senado que ahonde
más en la homogeneización en lugar de profundizar en la heterogeneidad
reiterada también en doctrina constitucional, porque también es
constitucional hablar de heterogeneidad, también uno cuando habla de ello
se mueve en los límites de la propia Constitución, tampoco en eso nadie
puede darnos lecciones, el máximo intérprete de la Constitución abunda y
ahonda en esa diferencia.
Si así fuera, señor candidato, si sus posiciones se limitaran simplemente
a lo que acabo de recordar, se trataría pura y simplemente de una
reedición del café para todos. Por tanto, señor candidato, deseamos saber
si usted va a apoyar el Estatuto de Autonomía de Cataluña tal y como se
apruebe en nuestro Parlamento, sean cuales sean sus contenidos, sabiendo
además que desde el parlamento catalán -y eso también es constitucional-
un día puede plantearse constitucionalmente una reforma de la propia
Constitución.
En tanto que el proyecto de nuevo estatuto de Cataluña no entre en esta
Cámara remitido por el Parlamento catalán, le sugiero terrenos donde su
futuro Gobierno, señor candidato, puede pasar de las buenas intenciones,
de las buenas palabras, a los hechos: por ejemplo, cumplan con la
sentencia del Tribunal Constitucional sobre la transferencia del FORCEM,
cosa que no ha hecho el actual Gobierno en funciones. ¿Les parece que hay
reivindicación más constitucionalista que el cumplimiento de las
sentencias del Tribunal Constitucional? Ofrezcan, señor candidato, una
solución para el retorno de los documentos del archivo de Salamanca;
procedan al cambio de la Ley de Puertos retornando la autonomía de su
gestión a las comunidades autónomas; modifiquen su posición sobre la
posibilidad de que las comunidades autónomas tengan competencias en
materia de inmigración; aseguren que no se interfiera desde ninguna
instancia política en el proceso de reconocimiento en el ámbito
internacional de selecciones deportivas.
Antes de su segunda intervención en el debate con el señor Rajoy iba a
darle un consejo, me permitía decirle: señor candidato, no utilice nunca
la expresión que acabo de oír, que ha sido un golpe de mano lo que en
cualquier caso es una exposición de la voluntad de la sociedad civil
deportiva a partir de una federación. Le ruego que el poder político no
incida en lo que puedan ser decisiones que reflejen la voluntad de
entidades o estamentos deportivos de Cataluña de ser reconocidos
internacionalmente. Quiero saber su posición, señor candidato. Quiero
saber si usted está o no de acuerdo en que no haya interferencia del
poder político en lo que es esa iniciativa de la sociedad civil en el
ámbito deportivo. Quiero saber qué opina usted acerca de lo que pueda ser
el reconocimiento por parte internacional de esas selecciones deportivas.
Le pido también, señor candidato a presidente y le emplazo a ello, que
defienda el reconocimiento de las regiones con competencias legislativas,
o el reconocimiento del catalán en la Unión Europea. No es nada
extravagante. Un informe del Parlamento Europeo, el informe Lamasur,
preveía perfectamente el reconocimiento en la futura Constitución europea
de lo que son las denominadas regiones con competencias legislativas. O
articulen urgentemente también, señor candidado, mecanismos que
garanticen la participación de las comunidades autónomas en las
instancias decisivas de la Unión Europea, no simplemente para configurar
la voluntad del Gobierno central en las materias a defender ante la Unión
Europea sino también para poderlo representar en aquellas materias en las
que tengamos o tenemos competencias exclusivas las comunidades
autónomas.
Cataluña necesita esos nuevos instrumentos de poder político. El que se
haya incorporado España a la Unión Europea, los impactos de la
globalización en su dimensión cultural, económica y humana hacen más que
nunca necesario el replanteamiento del futuro en el ámbito autonómico.
Son las mismas razones por las que defendemos un nuevo sistema de
financiación, que por cierto ni tan siquiera ha citado esta mañana en su
intervención. Al Gobierno saliente le gustaba citar Alemania como ejemplo
al que decía superábamos en el grado de descentralización política. Pues
bien, ¿por qué no explicamos a la ciudadanía española con serenidad, con
pedagogía y no con demagogia que el Tribunal Constitucional alemán ha
considerado que las aportaciones de los Länder a la caja común por encima
del 4 por ciento de su producto interior bruto erosionan su capacidad de
crecimiento económico de futuro? ¿Por qué no publicamos las balanzas
fiscales que ya en sede parlamentaria coincidimos el Grupo Socialista y
Convergència i Unió en anteriores legislaturas? ¿Por qué se puede saber y
conocer por parte de cualquier ciudadano cuál de los Estados es
contribuyente neto en la Unión Europeo y cuál es receptor de ingresos, y
en cambio no se puede conocer cuál es la situación entre las diversas
comunidades entre sí? A partir de estos datos tengamos un debate sereno,
pedagógico que implica una modificación del sistema de financiación.
Por estas mismas razones formulamos una demanda de mayor inversión pública
en Cataluña. No les cansaré con cifras, cuando lleguen los Presupuestos
Generales del Estado, y como decía el señor Rajoy, si ustedes quieren
nuestro concurso habrá que hablar de ello. Me
referiré simplemente, aparte de recordar señor candidato, que fue en la
etapa del Gobierno socialista cuando se dieron las cifras más bajas de
inversión pública a pesar del período olímpico, y aprovecho el paréntesis
de referencia al período olímpico para sumarme no simplemente al apoyo
del Forum de las Culturas, de Barcelona, de la candidatura de Madrid
olímpica a los Juegos Olímpicos, sino también de lo que es un
acontecimiento en Valencia, como es la Copa América de Vela.
Las infraestructuras, señor candidato, determinan extremadamente la
competitividad de nuestra economía, y hasta la fecha se han supeditado y
subordinado las energías y potencialidades de diferentes partes del
territorio, no siempre coincidentes con una sola comunidad autónoma, como
es el caso del eje del Mediterráneo. Podríamos hablar también, haciéndolo
de infraestructuras, de lo que es el trasvase del Ródano. Por cierto,
señor candidato, usted sabe que nosotros dimos la cara en esta Cámara,
también asumiendo riesgos electorales, e hicimos posible que el proyecto
de Plan Hidrológico Nacional del Gobierno del PP introdujera unas
garantías que son precisamente las que han permitido sustanciar
jurídicamente los recursos presentados contra el mismo por parte de los
gobiernos catalán y aragonés. Hoy estas garantías no se dan, y no se dan
porque el PP unilateralmente las suprimió. Por tanto estoy seguro que
coincidiremos en la petición que le formulo: retire de inmediato el
actual Plan Hidrológico Nacional. Que sea ésta una de sus primeras
medidas. No deje de estudiar a fondo el problema del agua. El problema
del agua en España es un problema importante para cualquier gobernante y
no puede menospreciarlo, pero retire este Plan Hidrológico Nacional, y si
no es el caso díganos si sus proyectos alternativos afectan en cualquier
caso y en qué grado al Ebro y sus consecuencias.
Hablemos, señor candidato, del progreso económico y social. Celebramos el
anuncio sobre el próximo nombramiento de Pedro Solbes como ministro de
Economía. En política económica llevamos ahora diez años de crecimiento
continuado y sostenido, un crecimiento que empezó con el señor Solbes en
el Ministerio de Economía y con Convergència i Unió dando apoyo al
Partido Socialista Obrero Español en las Cortes españolas. No quiero
quitarle ni regatearle mérito tampoco al vicepresidente económico, señor
Rato, como espero que nadie tampoco regatee méritos a la aportación de
Convergència i Unió para ésta y asegurando la realidad económica
presente, pero quiero remarcarle, señor candidato, algunas
consideraciones sobre nuestra propuesta económica.
Entendemos que una buena política económica pasa por mejorar la
convergencia real con Europa, por impulsar una política de estabilidad
presupuestaria de precios así como de contención del déficit público. En
este contexto me permito señalarle unas prioridades, y desearía conocer
su posición. (Rumores.)
El señor PRESIDENTE: Señor Durán, discúlpeme.
Por favor, conversaciones en los pasillos no. Salgan fuera, por favor;
conversaciones en los pasillos no.
Siga, por favor.
El señor DURÁN I LLEIDA: En este contexto, señor candidato, le decía que,
concretando por nuestra parte unas prioridades, deseaba conocer su
opinión al respecto. Entendemos como necesaria una política industrial
que nos permita tener un sector industrial competitivo a través de la
mejora de la innovación y la propia internacionalización de la empresa;
proponemos al respecto, y es un compromiso electoral, crear un fondo
tecnológico que esté dotado de una cantidad equivalente al 1 por ciento
de la inversión pública; seguimos creyendo y mucho en la pequeña y
mediana empresa, en su capacidad generadora de empleo; y seguimos
creyendo y apostando por el reconocimiento de los autónomos, donde nos
comprometemos a trabajar para garantizar el reconocimiento de sus
derechos. Necesitamos combatir la precariedad laboral, y en este sentido
habrá que actualizar, mediante el consenso con fuerzas económicas y
sociales, las condiciones para que tengamos un trabajo más seguro y más
estable. Hablamos también de fiscalidad, y proponemos un tipo reducido
del 20 por ciento del impuesto sobre sociedades para microempresas que
tengan menos de cinco trabajadores. Por cierto, señor candidato, me
gustaría conocer mucho más profundamente sus propuestas concretas en
materia de fiscalidad. El nuestro, señoras y señores diputados, ha sido
siempre un proyecto dotado de una auténtica alma social. Este es un signo
de identidad de nuestro catalanismo. El mercado por sí solo no garantiza
cohesión social. Renovamos, por tanto, nuestro compromiso hoy con las
personas más necesitadas y frente a las injusticias que persisten en
nuestra sociedad quiero recordar a esta Cámara que la primera ley que se
ocupó en nuestro país de las personas discapacitadas, la LISMI, lleva el
sobrenombre de ley Trías Fargas en memoria y honor de quien la impulsara
en este Congreso de los Diputados. Hoy necesitamos, señor candidato, una
nueva ofensiva social. En el centro de esta obra social hay que encajar
dos fenómenos: la transformación de las familias, con la incorporación
masiva de las mujeres jóvenes al trabajo remunerado, y el aumento de la
esperanza de vida de las personas mayores. Hay dos déficit claros del
Estado o de las estructuras de bienestar en España: una política de apoyo
a las familias tímida, de hecho iniciada seriamente a partir de 1998 y a
instancias y presión de Convergència i Unió, y la ausencia de un sistema
general para atender las situaciones de dependencia. Que los jóvenes
puedan emanciparse antes, un hecho relacionado directamente con la
política de vivienda; que las
parejas que tengan hijos los tengan en condiciones favorables; que las
familias puedan cumplir con su función social educativa; que las mujeres
dispongan de igualdad de oportunidades y vean finalizar el terror de la
violencia doméstica; que las personas mayores puedan envejecer en casa y
puedan tener una residencia cuando sea necesario; que las personas
discapacitadas puedan ejercer sus derechos como ciudadanos, han de ser
objetivos de esta nueva ofensiva social.
Hay que ser también insistente, señor candidato, y lo seremos desde el
grupo parlamentario de Convergència i Unió, respecto de las injusticias
que persisten en el ámbito de las pensiones por debajo del salario mínimo
interprofesional. Esperamos que de una vez por todas se compatibilice el
cobro de la pensión del SOVI con la de viudedad; le pido también en este
sentido que nos manifieste cuál es su posición al respecto. Que las
pensiones para las personas discapacitadas sean compatibles con los
ingresos por trabajo; el apoyo a las madres con hijos que viven solas y
el apoyo a las empresas de reinserción laboral.
No podemos tampoco, señor candidato, olvidar la necesidad, por positivas
que sean las cifras macroeconómicas, de combatir la pobreza como una de
nuestras prioridades. La pobreza existe en España, es una situación
moralmente y políticamente inaceptable. Varios informes ponen de
manifiesto no sólo el alcance de la misma, sino también su
transformación. Cada vez hay más personas mayores, sobre todo mujeres,
que viven con una renta por debajo de lo que se ha denominado el umbral
de la pobreza, y también se observa un número creciente de personas
jóvenes y de mujeres que se encuentran en idéntica situación. ¿Les
preocupa la pobreza, señor candidato? Estoy seguro que sí. ¿Qué piensa,
por tanto, hacer al respecto? ¿Qué propuestas tiene para someter a la
consideración de esta Cámara para ganarse la confianza de la misma?
Al hablar de economía antes, señor candidato, señalaba el gran reto de la
innovación como imprescindible para garantizar la competitividad. Hay que
gastar para fomentar la innovación y hay que gastar para fomentar la
formación, como hay que gastar también en política social. No hay que
sacralizar, a pesar de que el futuro ministro de economía ha sido el
vigilante de los excesos de déficit público, que éste se sitúe
necesariamente en el cero. La nuestra es una sociedad que debe compararse
a la europea, no simplemente en el cumplimiento de las grandes
macrocifras económicas, sino que al margen de cumplirlas, y hay que
cumplirlas de acuerdo con los requisitos y exigencias del Pacto de
Estabilidad, nuestra sociedad debe poder compararse también en lo que es
justicia social con el resto de los países miembros de la Unión Europea.
¿Comparte esta necesidad, señor candidato? ¿Puede explicarnos cuál es su
posición?
No puedo acabar, aunque con ello voy terminando mi intervención señor
presidente, esta parte referida a nuestra propuesta social sin hacer
referencia a la educación a la inmigración, a la vivienda y al apoyo a la
sociedad civil. En educación no es posible plantear reformas excluyentes.
Estamos viviendo en Cataluña con auténtica preocupación algunas de las
decisiones que adopta el Gobierno catalán. Necesitamos un gran acuerdo en
torno a la educación como un bien público esencial que garantice la
igualdad de oportunidad de las personas y que pase por asegurar la
estabilidad del sistema educativo, respetar el derecho de libre elección
de las familias, y sobre todo más recursos para garantizar una mayor
calidad, tanto de la escuela concertada como de la escuela de titularidad
pública. También en política migratoria se impone un gran acuerdo social
con competencias para las comunidades autónomas, como antes dije, y con
recursos para la integración social. No necesitamos la demagogia de los
que juegan con los temores legítimos de la sociedad, ni el paternalismo
de los que propugnan papeles para todos. En cuanto a la vivienda, las
cifras hablan por sí mismas, señor candidato. Entre 1997 y 2003 el precio
medio de una vivienda en España ha crecido el 91 por ciento y en estos
años ha sido el país de la Unión Europea con un incremento más elevado de
los precios en materia de vivienda.
Acabo este apartado recordándole que sí ha sido siempre para Convergencia
i Unió el apoyo de la sociedad civil uno de sus compromisos. Liberar
energías a la sociedad civil en el campo social, cultural; reforzar el
capital social de la democracia; promover la regeneración cívica de la
sociedad y el compromiso social de la ciudadanía; reforzar el sentimiento
comunitario y la responsabilidad como ejes de una nueva forma de hacer
política, como ejes de un nuevo compromiso con la comunidad.
El señor PRESIDENTE: Señor Durán, sólo a título de información constate en
el monitor el exceso de tiempo que lleva consumido, para que lo tenga en
cuenta.
El señor DURÁN I LLEIDA: Acabo inmediatamente. No me excedo más de lo que
se excedió el anterior interviniente, pero acabo inmediatamente, señor
presidente.
Todas estas propuestas, reflexiones y consideraciones configuran señor
candidato, nuestro compromiso. Si cree que en su contenido hay puntos de
encuentro, sepa que estamos dispuestos a dialogar, y si del diálogo sale
la luz del acuerdo lo celebraremos. Esperamos de su actitud que el
diálogo y la humildad que ha mostrado estas primeras semanas sea la
divisa de esta nueva etapa de Gobierno socialista. Lo peor que nos podría
suceder a todos es que en usted y en su Gobierno se reencarnara el
espíritu socialista de 1982 a 1989. Más allá de la necesidad, tiene
motivos suficientes para que eso no sea así. Nosotros hemos priorizado
siempre el diálogo a la confrontación. La estrategia de la tensión
nunca nos ha interesado. Si alguien nos busca para secundarla, no nos
encontrará. Pero, insisto, señor candidato, de usted y de su Gobierno
dependerá que haya diálogo y acuerdos o no. Si no los hay, tendrá en
nuestra conducta la de una legítima, serena, pero contundente oposición.
De usted dependerá, insisto, señor candidato.
Permítame, y permítanme señorías, que acabe mi intervención leyendo un
poema de Martí Pol, recientemente fallecido, que nos emplaza de cara al
futuro. Como todo el mundo, al menos en la intimidad entiende el catalán,
no habrá problema alguno al respecto: "Tenim a penes / el que tenim i
prou: l´espai d´història / concreta que ens pertoca i un minúscul/
territori per viure-la. Ponem-nos / dempeus altra vegada i que se senti /
la veu de tots, solemnement i clara. / Cridem quí som i que tothom ho
escolti./ I, en acabat, que cadascú es vesteixi / com bonament li plagui,
i via fora, / que tot està per fer i tot és possible."
El señor RODRÍGUEZ ZAPATERO (Candidato a la Presidencia del Gobierno):
Muchas gracias, señor presidente.
Señor Durán, en primer lugar quiero agradecer el tono, la disposición y el
contenido de su intervención. Comprenderá que no me remonte a lo sucedido
a partir del año 1982, creo que debemos mirar hacia adelante. La
trayectoria de su grupo, con fuerzas políticas distintas en el Gobierno
de la nación, ha sido una trayectoria de contribución, de colaboración a
la estabilidad, de diálogo, como es bien conocido, más allá de que en
unos u otros momentos haya estado en posiciones discrepantes, y desde
luego al frente de lo que han sido la responsabilidades de su partido,
del Gobierno de Cataluña, puedo confirmar esa afirmación que ha hecho
usted en relación con que nunca se utilizó para poner problemas a lo que
era el desarrollo constitucional, el desarrollo de la convivencia de un
país que había tenido históricamente en su dimensión territorial uno de
los elementos más determinantes para su consolidación. Quería hacer
público este reconocimiento a lo que representa su partido y su grupo en
esta Cámara. Además creo que tiene un valor de sinceridad, porque usted y
Convergència i Unió habían anunciado ya en campaña electoral cuál iba a
ser la actitud en la investidura. Por tanto hoy -y nunca mejor dicho o
con más credibilidad- se puede decir que me han interesado tanto sus
palabras como sus votos. Valoro, no obstante, la actitud de abstención
como una actitud de ganas de entendimiento, y por mi parte, no sólo en el
estilo sino en muchas de las cosas que he escuchado en su discurso, creo
que va a haber espacios razonables de encuentro.
En relación con la política antiterrorista, durante muchos años hemos
tenido un vacío de unidad real en la política antiterrorista. Es verdad
que esa política antiterrorista tenía que acometer el duro zarpazo, la
permanencia de ETA como elemento central que nos asolaba a todos, y
cuando me hice cargo de la responsabilidad del Partido Socialista intenté
dar un paso hacia adelante, llegando a la conclusión de un acuerdo con el
Partido Popular. Usted mismo ha dicho que los últimos años han sido de
avance en la lucha antiterrorista -yo lo ratifico-, de la lucha contra
ETA para precisar, porque ahora tenemos dos frentes de terrorismo. Yo lo
ratifico, lo he reconocido públicamente. Créame, el pacto ha contribuido
a ese buen balance en la lucha antiterrorista. Le diré más, creo que todo
avance, todo éxito en la lucha antiterrorista debe ser siempre un éxito
de todos los demócratas y de todas las fuerzas políticas, porque es lo
que está en la voluntad de todas las fuerzas políticas, más allá de
coincidencias más profundas o de coincidencias que a veces no se pueden
explicitar con toda su intensidad. Así será con mi Gobierno. Sinceramente
creo que si hoy tenemos una unión, un ámbito de entendimiento entre dos
grandes partidos, no sería lo inteligente ni lo prudente poner eso en
cuestión ni deshacer lo que se ha hecho. No sé si es viejo o nuevo, lo
que sí sé es que ha sido útil para la lucha antiterrorista y por eso
quiero mantenerlo; por eso quiero ensanchar el diálogo, la colaboración,
la aportación de ideas, la información por parte del Gobierno en la
política antiterrorista y -lo he dicho- mucho más ahora que tenemos el
terrorismo internacional que tanto daño nos ha hecho en Madrid a todos
los españoles. (La señora vicepresidenta, Chacón Piqueras, ocupa la
presidencia.)
Es verdad, señor Durán, que es un fenómeno nuevo, es verdad que tras el 11
de septiembre hubo una reacción que tuvo al menos la virtud de unir
prácticamente a todos los países del mundo, es verdad que se lideró por
Naciones Unidas, es verdad que toda la Unión Europea adoptó medidas y con
acierto ha recordado que una buena parte de ellas no se han aplicado. La
estrategia ante el fenómeno del terrorismo internacional no es la guerra,
y menos preventiva y menos sin razones. Cuando celebramos en esta Cámara
los debates sobre la guerra de Irak tuve la ocasión de expresar que a
veces las intervenciones militares, que a veces las acciones bélicas, que
a veces lo que representa tirar bombas, provocar mucho desgarro humano,
la pérdida de vidas, es la fuente del odio, y el odio es la peor arma de
destrucción masiva, sin duda es un caldo de cultivo para la violencia.
Por ello creo que no es acertada la guerra como instrumento de respuesta
al terrorismo; la respuesta es la comunidad de inteligencia, la respuesta
es la cooperación judicial, es la cooperación en la persecución de la
financiación del terrorismo, es la adopción de cuantas medidas se puedan
tomar en esa vinculación que hay entre terrorismo internacional,
delincuencia organizada y narcotráfico. Pero la respuesta también tiene
que tener en cuenta que hay factores históricos de conflicto que no
contribuyen en nada a detener la violencia, a detener las simpatías que
lamentablemente puedan generar determinadas acciones del terrorismo
internacional. Y creo que todos podremos coincidir en que la situación
que se vive entre Israel y Palestina es un factor que hay que abordar con
toda la urgencia y que será, sin duda, un elemento determinante para
evitar que pueda extenderse la simpatía o siquiera la comprensión por el
fenómeno del terrorismo internacional. ¿Que lo había antes de la guerra
de Irak? Sin duda, claro que lo hubo. Nadie en esta Cámara ha afirmado
causas y consecuencias de lo que fue el 11 de marzo en nuestro país.
Creo, además, que en ningún caso -desde luego no va a hacerlo mi
Gobierno- daremos la más mínima oportunidad de justificación, de
explicación de lo que representa la barbarie terrorista. En eso puede
tener plena confianza. Como bien ha apuntado usted, señor Durán, el
terrorismo no puede condicionar la política, ni en una dirección ni en
otra; no puede condicionar lo que es una posición firme que hemos tenido
en torno a la guerra de Irak, en torno a lo que significa el respeto a
Naciones Unida, en torno a lo que significa el respeto a la legalidad
internacional. Sabe que mis compromisos son anteriores al 11 de marzo,
que mis compromisos no van a estar condicionados nunca por el 11 de marzo
ni por cualquier acción terrorista; y le diré más, mucho menos por una
acción terrorista. Pueden estar condicionados por lo que es una visión
del orden mundial, una visión de Naciones Unidas y una visión del orden
que busque seguridad y paz. Por tanto, coincido con usted en que tenemos
que tener un gran debate, y lo vamos a tener, sin duda alguna, en torno a
la estrategia más adecuada en la lucha contra el terrorismo
internacional. Para ello he anunciado esta mañana -y ahora reitero- que
voy a convocar a todas las fuerzas políticas en el Parlamento y la lucha
contra el terrorismo internacional será un elemento determinante.
El señor Durán ha hecho expresión de sus posiciones ideológicas como
partido, de su visión de lo que representa Cataluña, de la idea de
plurinacionalidad, de la relatividad del concepto de soberanía de un
modelo de Estado. Quiero hacer sólo algún pronunciamiento al respecto. En
estos 25 años hemos construido un modelo de convivencia razonable, que no
ha dado seguramente satisfacción a todos en sus aspiraciones más
profundas. Creo en la España de la diversidad. Creo en la España de la
pluralidad. Creo que el autogobierno es positivo, no sólo expresa un
derecho de identidad, sino que es positivo para el funcionamiento de los
pueblos y de las sociedades. Creo que nuestra historia hasta la
Constitución de 1978 ha estado demasiado cargada, siempre en paralelo de
autoritarismo y de centralismo. Creo que la identidad común de lo que
representa España como proyecto en la Unión Europea, como proyecto en el
mundo, se basa esencialmente en la diversidad y en la riqueza de esa
diversidad, que es un factor de orgullo. Antes el señor Rajoy hablaba de
las posibles asimetrías, de la heterogeneidad o de las diferencias que
pueda haber en la esencia de nuestro modelo. Quiero hacer dos
afirmaciones al respecto. La diversidad implica una manera de ser, una
manera de constituirse, una manera de sentir la realidad que permite algo
tan objetivo como las diferencias tan notables, llámense hechos
singulares o como se quiera, que existen entre las nacionalidades y
regiones de nuestro país. Son factores de historia, de cultura, de
lengua, de voluntad política, de identidad, de aspiración de
autogobierno, y por ello creo que eso está en el reconocimiento de mi
forma de ver la evolución de este país, de mi forma de desarrollar este
Estado que llamamos España, de mi comprensión profunda por lo que
representa el sentirse con una fortaleza identitaria o nacional como
usted ha expresado en esta tribuna. Sí le diré que tiendo a relativizar
los conceptos que tienen una excesiva carga simbólica y emocional como
nación o soberanía. Hoy caminamos hacia un mundo donde más que discutir
la soberanía, los límites, su contenido, lo que debemos procurar es que
las relaciones intergubernamentales, la cooperación, la ampliación de
espacios que permiten construir y desarrollar políticas juntos, sin duda
es lo que representa mucho más progreso social para la ciudadanía. Y le
diré más, que más allá del respeto y de una comprensión hacia eso, como
decía antes, creo que un modelo de convivencia, con una profunda
descentralización, con proximidad, es un modelo que favorece también el
desarrollo de las políticas sociales, del bienestar y de la cohesión. Lo
que sí le tengo que decir, señor Durán, es que esa voluntad de profundo
autogobierno, se sientan o no se sientan las distintas comunidades como
naciones o tengan o no una visión plurinacional del Estado, está presente
en muchos territorios de nuestro país, con grados distintos, con
intensidades diferentes, pero he reiterado en muchas ocasiones que la
autonomía ha sido, sobre todo, un factor positivo para los territorios y
para las regiones menos desarrolladas de nuestro país. Regiones que
estaban muy lejos de la media de desarrollo, según todos los índices, han
tenido la posibilidad de avanzar. Por ello hay una identidad y una clara
correspondencia entre autonomía y solidaridad. Hay un límite que tiene
que ser evidente para un proyecto como el proyecto del Partido Socialista
(y acabo de exponer todo mi reconocimiento a esa pluralidad, a la
singularidad, a la diversidad, a la distinta voluntad de autogobierno, a
la lengua, a la historia y a la cultura), y es que los derechos básicos,
los derechos de la ciudadanía y los derechos sociales tienen que estar
garantizados con un principio elemental de igualdad, aunque no siempre de
homogeneidad, en todo el territorio nacional. Esa es una filosofía que
hoy -mucho más, señor Durán, con la perspectiva de una Constitución
europea que contiene una Carta de derechos de la ciudadanía- debería ser
ya un elemento de debate que nos ocupara poco tiempo.
En cuanto a la reforma del estatuto, creo que el pronunciamiento que he
hecho en torno a esta cuestión es bastante razonable, y es mostrar mi
voluntad favorable y abierta a que el Estatuto de Cataluña sea reformado.
Quiero recordar que, cuando se iniciaba la recta final del debate en el
Parlamento de Cataluña, la posición de apoyo y la voluntad de que esta
legislatura sea en aquel Parlamento la legislatura de la reforma del
estatuto se mantuvo por mi parte de una manera clara y contundente, antes
de conocer, ni siquiera de aventurar, cuál iba a ser el resultado
electoral del 14 de marzo. Es verdad que en Cataluña, en la anterior
legislatura, algún grupo no tuvo tanta voluntad de reformar el estatuto.
Yo comprendo que había determinados compromisos con el Partido Popular.
Me parece que el que ahora esa voluntad sea firme es comprensible y
razonable. No voy a reprochar nada, pero permítame decirle con el mejor
tono que es difícil entender que los que estaban casi los últimos ahora
sean los primeros. Yo quiero que no haya ni últimos ni primeros en la
reforma del Estatuto de Cataluña; quiero que haya una actitud de diálogo
razonable y de entendimiento con la mejor predisposición. Es evidente que
por mi parte sería un poco aventurado hacer un pronunciamiento en torno a
la reforma que va a plantear y al texto resultante del Parlamento de
Cataluña antes de que se inicie el debate y antes de que lo conozcamos,
etcétera, pero ya he expresado mi mejor disposición. Igual que tengo la
mejor disposición a hacer todos los esfuerzos posibles en materia de
infraestructuras, que es necesario para Cataluña porque tiene una
economía productiva esencial y vital para el conjunto del territorio
nacional y para el conjunto del Estado. Haremos ese esfuerzo y, por
supuesto, ese esfuerzo se concretará en el plan de transporte y de
infraestructuras que he prometido que remitiré al Parlamento -a
diferencia de lo que pasó en el anterior período de gobierno- para su
debate. Créame, soy plenamente consciente de que Cataluña necesita un
esfuerzo inversor para su economía y que la economía de Cataluña es muy
importante para España.
Me alegro de la buena receptividad manifestada hacia el programa económico
del Partido Socialista y al equipo económico que se va a conformar. Estoy
convencido de que en esa buena receptividad se incluye a quien va a ser
ministro de Industria, de Turismo y de Comercio porque eso será un factor
importante. Quiero resaltar -no lo hice esta mañana- que va a haber una
dedicación especial del Gobierno de la nación a los problemas de la
industria en España. A esa dedicación especial responde la recuperación
de un ministerio que encabeza su denominación con las palabras ministerio
de Industria. Tenemos que apoyar a la industria ante los problemas de
deslocalización, tenemos que apoyar a la industria ante los retos
tecnológicos, que sólo serán los que garanticen competitividad, los que
garanticen localización, y tenemos que hacerlo, por supuesto, con una
visión de economía productiva que Convergència i Unió siempre ha
defendido, con un apoyo a la política de emprendedores, a la política de
autónomos. Le quiero anunciar ya que, si obtenemos la confianza, el
Gobierno remitirá un proyecto de ley para el estatuto del autónomo, que
sin duda irá en la dirección de equiparar posibilidades fiscales y
posibilidades de reconocimiento, de mejora de los derechos de los
autónomos. Permítame que sea más conciso en la propuesta fiscal. Lo digo
porque lo he anunciado para el segundo año de la legislatura. Durante ese
tiempo, hasta que ese momento llegue, lógicamente vamos a estar
trabajando. Creemos que se puede y se debe mejorar y reformar nuestro
modelo fiscal, que puede haber en el ámbito del impuesto sobre la renta
de las personas físicas un modelo o un sistema que favorezca la
transparencia, que favorezca la simplicidad, que favorezca a las rentas
medias y a las rentas más bajas en nuestro país y tengan un mejor
tratamiento y que, a la vez, permita ser elemento de incentivación del
ahorro y de la economía productiva. Sabe también que tenemos la voluntad
de hacer una reducción en los impuestos de sociedades y de patrimonio, de
ir acomodándolos a lo que son las tendencias más corrientes en las
políticas fiscales de la Unión Europea.
Ha abordado también lo relativo a la inmigración y al Plan Hidrológico
Nacional. Me alegro el cierto cambio de posición de su grupo político en
torno al Plan Hidrológico Nacional; lo digo sin ninguna reserva, sin
ningún matiz. He adquirido un compromiso hoy ante la Cámara, que es la
derogación de aquello que afecta al trasvase del Ebro.
Quiero comentar algo en torno a la inmigración. Esta mañana he ofrecido
-es verdad que algún grupo no ha dado respuesta- un gran acuerdo en torno
a la inmigración. Me parece, sinceramente, que es una de las ofertas más
importantes que he planteado en el discurso de investidura. El fenómeno
de la inmigración está cambiando nuestra realidad de convivencia, está
cambiando nuestra realidad de expresión cultural, está cambiando nuestra
realidad de tramas urbanas, de ordenación urbana, está cambiando y
afectando de manera importante a servicios públicos básicos; afecta de
una manera esencial al momento y al destino. Está produciendo efectos muy
positivos para la evolución de la Seguridad Social, está produciendo
efectos positivos en la economía, pero es un fenómeno que exige un gran
concurso de voluntades. Me gustaría que, como he prometido y me he
comprometido, su grupo estuviera aportando ideas para ese gran acuerdo.
Quiero recordar que en ese acuerdo he promovido que estén todos los
grupos, comunidades autónomas, ayuntamientos y organizaciones
empresariales y sindicales. Lógicamente hay materias que son consecuencia
de la inmigración que afectan a las comunidades autónomas, que tienen
que abordar, y hay que plantearse sus referencias competenciales.
Me alegran todas las posiciones que ha mantenido en torno a las políticas
sociales. Quiero decir que esta mañana en el discurso de investidura he
planteado un ambicioso proyecto para las nuevas políticas sociales, desde
lo que afecta a la vivienda, con ese compromiso de poner a disposición de
muchas familias, especialmente de muchos jóvenes, viviendas a precio
asequible, de fomentar esencialmente el alquiler como algo muy importante
para nuestro país -queremos llegar al 20 por ciento de viviendas en
alquiler-, que favorecerá el acceso más inmediato y la movilidad en
nuestro país y, desde luego, será un elemento de modernidad.
He anunciado, señor Durán, la reforma de la Ley orgánica de Calidad de la
Educación. Usted ha hablado de educación. Tradicionalmente hemos tenido
siempre una buena capacidad de diálogo y entendimiento en materia
educativa. Le invito desde aquí a que su grupo se implique activamente en
la reforma de la Ley orgánica de Calidad de la Educación. Porque en esto
sí nos va esencialmente el futuro de nuestro país. Quiero hacer una breve
referencia a cuál es la razón de esa reforma y decirle por dónde irán las
líneas esenciales de nuestra política educativa. La Ley de calidad actual
responde a una calidad que podía ser útil en los años 1950, una calidad,
básicamente, para un grupo reducido, una calidad para los alumnos con más
posibilidades, con más capacidad, con más preparación, etcétera. Y hoy
nuestro país necesita la extensión de la calidad educativa. Necesita
extender la educación y necesitamos el mayor número de jóvenes, de
personas maduras, formadas, y con una educación permanente. No podemos
admitir una educación que segregue, no podemos admitir una educación que
excluya, no podemos admitir una educación que abandone a aquellos que
tienen dificultades. No sólo, insisto, por un problema de igualdad de
oportunidades, sino también por un problema de futuro de país. Igualmente
le invito al diálogo respecto a la reforma de la Ley de Universidades.
También tiene una gran importancia. Tenemos que tener universidades para
la sociedad del conocimiento. Tenemos que tener universidades que
representen el motor de desarrollo de un país, porque ahí está la
investigación básica, ahí está el camino inicial de la ciencia, ahí está
el camino de la tecnología y nuestras universidades tienen que estar
plenamente integradas en el sistema educativo. Por ello, como es
conocido, en la composición del Gobierno vamos a hacer que la ciencia y
la tecnología vuelvan al área de la educación.
Señor Durán, tenemos un amplio espacio para el diálogo. Decía usted que en
algún momento se ha dicho por algún analista que en esta etapa podíamos
tener algunos la facultad de hacer que las cosas difíciles fueran
fáciles. Le aseguro que al final de la legislatura me lo va a poder
reconocer. Más allá de los acuerdos, más allá de las discrepancias, más
allá, incluso, de los votos que su grupo emita en cada momento, tengo el
convencimiento absoluto que pasados cuatro años de legislatura me
reconocerá dos cosas: mi especial sensibilidad con la identidad y con la
voluntad de autogobierno de Cataluña y, en segundo lugar, mi permanente
actitud de diálogo, mi permanente actitud de búsqueda, de encuentro y de
respeto absolutamente a todas las posturas, aunque sean nacionalistas,
muy nacionalistas o como las que ha mantenido en algún momento de su
intervención el señor Durán i Lleida con algún elemento de debate sobre
conceptos que, sinceramente, como le decía, no nos hacen avanzar para el
bienestar de la ciudadanía.
Le invito, señor Durán, a que en estos cuatro años compruebe esos dos
elementos que le acabo de afirmar. En todo caso, le reitero su tono, el
contenido de su intervención y termino como comencé: reconciéndole a su
grupo, al Grupo Parlamentario Catalán (Convergència i Unió), la actitud
que ha tenido en estos 25 años que ha sido, sin duda, positiva para este
país.
Gracias. (Aplausos.)
La señora VICEPRESIDENTA (Chacón Piqueras): Gracias, señor candidato.
Su intervención abre un turno de réplica de diez minutos para el portavoz
del Grupo Parlamentario Catalán (Convergència i Unió), señor Durán i
Lleida.
El señor DURAN I LLEIDA: Muchas gracias, señora presidenta.
Debo decirle, señor candidato, que tanta coincidencia me abruma.
(Rumores.) Le agradezco, no obstante, el reconocimiento que
explícitamente ha hecho en su intervención de lo que ha sido la
contribución del Grupo Parlamentario Catalán (Convergència i Unió) a lo
largo de estos años, no simplemente la estabilidad política del país,
sino la aportación de ideas concretas que ha repercutido en el progreso
económico y social de la sociedad española. En todo caso, me permitirá,
señoría, que le haga un ruego: que este reconocimiento que hoy hace usted
en esta Cámara lo extienda a todo el Partido Socialista, para que haga
exactamente lo mismo en todo momento y en todo lugar, cuando se necesitan
los votos y cuando no se necesitan, cuando están en el Gobierno y no
tienen mayoría como cuando están en el Gobierno y sí la tienen o cuando
están en la oposición. Eso sería útil tanto para el grupo parlamentario
que usted representa como para el importante y principal grupo de la
oposición en esta Cámara, en la medida en que la experiencia ha ido en el
mismo sentido tanto con unos como con otros.
Me ha hablado, en relación con el primer punto de mi intervención, de la
política antiterrorista. De entrada, yo no podría compartir -si ese es el
espíritu de sus palabras- que del acuerdo entre el Partido Popular y el
Partido Socialista se desprenda la eficacia de los Cuerpos de Seguridad
del Estado o de la Ertzaintza en
lo que ha sido la reducción de la actividad terrorista de ETA, ni tampoco
en lo que ha sido la colaboración o no de Francia en la persecución de
dirigentes y miembros de la banda terrorista en el sur de Francia. Eso
está al margen de cuáles hayan sido las condiciones pactadas entre el
Partido Popular y el Partido Socialista. Pero, sobre todo, quiero
recordar -usted lo ha dicho y yo quiero hacer hincapié- que ese es un
pacto a dos. Usted habla de abrir ese pacto, pero le recuerdo que
nosotros ya solicitamos su apertura y no fue posible, y no por nuestra
actitud. Hay algo en ese pacto que impidió, en su día, que otras fuerzas
políticas tan democráticas, tan interesadas en la lucha antiterrorista y
tan, en cualquier caso, contrarias a la violencia como ustedes y el
Partido Popular suscribieran ese pacto. No se les permitió, no se les
facilitó la suscripción de ese pacto político. Le pido, pues, que siente
las bases para que, en un nuevo contexto, haya un nuevo contenido que
permita ser suscrito por todas las fuerzas políticas sin excepción. En
materia de terrorismo (y en cualquier otra materia que pueda defender en
esta Cámara uno u otro grupo parlamentario, pero especialmente en materia
de terrorismo), al margen de discrepar de los contenidos, al margen de no
estar de acuerdo con lo que formula el adversario, hay algo que cualquier
demócrata -y no digo que usted no lo haga- debería tener presente en el
futuro y nunca más repetir pasados recientes: todas las ideas se pueden
defender y son legítimas mientras se defiendan mediante la palabra y no
mediante la violencia, y no conozco a nadie en esta Cámara que haya
defendido sus ideas, por distantes que sean de las de los grupos
mayoritarios, a través de otro mecanismo que no sea la palabra. Pues,
durante mucho tiempo, a pesar de que esto ha sido así, ha querido
presentarse al nacionalismo democrático como personas o exponentes de
alguien que no era capaz de defender sus ideas si no era a través de una
buena relación con quienes las defienden mediante la muerte, mediante la
pistola y mediante el terror. Por tanto, le pido, señor candidato, que
haga lo que esté a su alcance para que todas las fuerzas políticas
democráticas podamos suscribir un nuevo acuerdo en materia de política
antiterrorista. No es preciso que insista -usted también lo decía- en que
no es necesario recomponer, sino, como he matizado, iniciar, componer,
construir un diálogo y, por tanto, un consenso en torno a lo que es la
lucha respecto a otro terrorismo.
Usted citaba -y también lo hice yo haciendo una alusión al futuro ministro
Moratinos- Oriente Próximo. Es cierto, y así lo remarqué, que es uno de
los focos de atención que debe priorizarse en la política exterior del
futuro Gobierno español; el Mediterráneo en general, el Magreb en
particular, Marruecos en singular. Ciertamente, esta mañana usted hacía
referencia a sus futuras relaciones con el Reino de Marruecos. También ha
habido muchos errores en ese sentido. Hay que corregir errores pasados,
hay que priorizar Oriente Próximo, porque todos sabemos que determinadas
imágenes que se producen como consecuencia de lo que está sucediendo en
Oriente Próximo alimentan -aunque eso nunca será para mí justificable- el
odio y el que existan personas que, a partir de su propio
fundamentalismo, quieran la venganza y la apliquen por su propia cuenta.
A Oriente Próximo hay que tratarlo con el rigor que se merece. Y esto me
permite entrar en una cuestión a la que también se ha hecho referencia:
la propia Unión Europea. No es simplemente una cuestión de votos, no es
simplemente decir: vamos a defender los intereses de España frente a los
intereses de Alemania -que tampoco acabo de entender que sea legítimo,
que lo es, cuando se trata de los intereses de España frente a los de
Alemania, y no sea legítimo defender los intereses de Cataluña frente a
los de otras realidades-. Por tanto, sí: vamos a defender los intereses
de España, vamos a defender los intereses de Cataluña o los de Andalucía
-cada uno los intereses de su comunidad-, pero vamos a intentar que
Europa tenga capacidad de dar respuesta al problema de Oriente Próximo.
Hay persona más autorizada que yo para hablar de este asunto en este
hemiciclo, pero él sabe que si Europa no ha tenido capacidad de dar
respuesta política, al margen de la negligencia de Estados Unidos, es por
la falta de fortaleza de la Unión política Europea. Eso también está en
juego en el debate constituyente de la Unión y en eso también el Gobierno
español, hasta la fecha, ha tenido una posición que no es coincidente con
la nuestra. Por tanto no trata simplemente de pedirle, señor candidato,
que en Europa y ante sus colegas del Consejo de Ministros, en el Consejo
Europeo, defienda los votos que estime oportunos, siempre sabiendo que
Europa se ha construido a base de consenso, sino que defienda también una
Europa unida que permita realmente ser potencia que no simplemente pague
aquello que después destrozan armamentos norteamericanos en territorios
palestinos. Eso es lo que hay pedirle también a Europa y eso está en
juego en la construcción, en el edificio y en la configuración del
edificio institucional europeo y en eso también tienen ustedes una gran
oportunidad. Usted ha leído, como yo, prensa extranjera, declaraciones de
dirigentes de otros países, y todos celebran la oportunidad del cambio de
Gobierno de España, aventurando que eso va a permitir un paso distinto en
la construcción europea con tesis más profundamente europeístas. Eso es
lo que también le pedimos encarecidamente.
Se ha referido a las tropas de Irak. Si retiran ustedes las tropas de Irak
-ya lo dije antes-, no sólo lo vamos a entender como compromiso
electoral, sino que vamos a defender que eso no es consecuencia de un
chantaje del terrorismo, porque es un compromiso adquirido con
anterioridad, pero me permitirá que le insista en que ahí también tiene
usted una gran oportunidad, si cabe, por un error anterior. El error del
Gobierno anterior le permite al futuro Gobierno tener la gran oportunidad
de defender en Naciones Unidas y ante la comunidad internacional una
situación distinta en Irak. Estados Unidos tiene mucho interés en que
España no se retire, no tanto por lo que significa la cantidad de tropas
allí destacadas, sino por lo que tiene de simbología, por las actitudes
que puede arrastrar de otros países. Pues bien, España debe aprovechar
esa circunstancia que, a través de errores, hoy se le brinda al país y a
su Gobierno y debe intentar que sean Naciones Unidas quienes sustituyan a
Estados Unidos en todas sus responsabilidades en Irak. Eso es lo que yo
le pediría, al margen -insisto- de que, si usted cumple con sus
compromisos, lógicamente no habrá otra posición por nuestra parte que la
de respetarle.
Comparto que ha habido veinticinco años de un modelo de convivencia, hasta
el extremo de que nosotros hemos hecho al mismo una gran aportación, a
veces, con exceso de responsabilidad. Al presidente Pujol, cuando dejó de
ser candidato y después presidente -soy testigo directo- algunas
personas, no digo de qué partido, le felicitaban y le decían: le vamos a
echar de menos, presidente Pujol. Llegó a un extremo en que el presidente
Pujol se enojó y dijo: ahora ustedes todos me echan de menos; ¿por qué no
me han hecho caso durante estos últimos tres años? Porque sí que hemos
hablado de estatuto y de autogobierno durante estos últimos años; lo que
pasa es que no ha habido receptividad por parte del Gobierno ni tampoco
por parte de ustedes, porque acuerdos que no quiero discutir en esta
Cámara sobre política catalana, por respeto al Parlamento catalán,
suscritos en dicho Parlamento, después han sido sistemáticamente votados
en contra por ustedes en lo que hace referencia al estatuto. Por tanto,
con todo el cariño y respeto, señor candidato, no permito, en el sentido
de que no la comparto, la tesis de que nosotros ahora nos hayamos
apuntado deprisa y corriendo a la posibilidad de la reforma del estatuto.
No estoy de acuerdo. En el debate de investidura de la última
legislatura, una moción votada simplemente por Esquerra Republicana y por
Convergència i Unió pedía la reforma del estatuto para esta legislatura,
y el Partido Socialista no votó a favor. Insisto en que no quiero
trasladar a esta Cámara los debates de otra Cámara cuya soberanía y
capacidad de decisión respeto.
Ha pronunciado palabras como diversidad, pluralidad, autogobierno. Son
bellas palabras, preciosas palabras que comparto, pero con palabras no
vamos a ponernos simplemente de acuerdo; hay que concretar realmente cuál
será su actitud. Sé que me dice: aceptaré el estatuto que venga del
Parlamento de Cataluña, pero añade: siempre y cuando tenga un consenso
político y social amplio. ¿Qué significa esa limitación de consenso
social y político amplio? Si el Parlamento de Cataluña presenta una
propuesta que exige un retoque constitucional, ¿cuál será su actitud,
señor candidato? Al margen de eso, en terrenos concretos, en los que no
hay que esperar a ver si las bellas palabras se traducen después en
hechos y realidades, ¿qué me dice usted de lo que antes le planteaba?
¿Está de acuerdo en que se cumpla inmediatamente la sentencia del
Tribunal Constitucional sobre la transferencia del FORCEM? Repito, ¿no es
constitucionalista pedir que se cumpla la voluntad y el criterio del
Tribunal Constitucional, que es quien interpreta la Constitución? ¿Qué
piensa usted, más allá de sustituir al secretario de Estado de Deporte
-me imagino que sustituirá también al resto de secretarios de Estado-,
sobre las selecciones deportivas, en la medida en que sea esa una
iniciativa no política sino deportiva? ¿Qué piensa usted, cuál es su
posición? ¿Qué piensa usted de la presencia de las comunidades autónomas
en la Unión Europea? Porque hoy tenemos esa necesidad que no teníamos en
el momento de confeccionar el estatuto, ya que España no formaba parte de
la Unión Europea y, en consecuencia, competencias que eran exclusivas de
Cataluña, de su Gobierno, que las decidía el Parlamento catalán, hoy se
deciden en Bruselas. ¿Cuál es su posición concreta, señor candidato,
respecto a la presencia de las comunidades y en particular de Cataluña en
lo que son las instancias de la Unión Europea? Sobre la reforma del
estatuto, por tanto, me quedo hoy por hoy con palabras. Esperaremos a ver
los resultados, pero insisto en que de ninguna de las maneras estoy de
acuerdo en aceptar que nosotros nos hemos puesto en la cola en lo que es
la reforma de ese texto.
Me dice que se alegra de nuestra receptividad y de nuestra posición
favorable a la política económica. ¡Atención!, me he referido al ministro
de Economía, no a la política económica del Partido Socialista. Espero
tener oportunidad de mostrar también nuestra posición favorable a la
política económica del Partido Socialista. En cuanto al nuevo ministro de
Industria, Comercio, etcétera, en cualquier caso, aprecio personal, pero
ya lo valoraré. Puedo hacerlo del señor Solbes, no puedo hacerlo del
futuro ministro de Industria porque no conozco cómo y de qué manera va a
ejercer sus responsabilidades en el ministerio. Le he conocido como
alcalde, le he conocido como presidente de Diputación, sabe lo que pienso
de él, pero, hoy por hoy, no puedo valorarle como ministro de Industria.
Respeto su decisión de que no hay que hablar de propuesta fiscal hasta la
segunda parte de la legislatura. Nos gustaría saber más a fondo cuál es
su posición al respecto, pero lo respeto.
Me habla del Plan Hidrológico Nacional y dice que se alegra de nuestro
cambio de posición. Permítame que se la explique. Nosotros votamos en el
Parlamento de Cataluña en contra del proyecto del Plan Hidrológico
Nacional que presentó a esta Cámara el Gobierno del PP. En el Parlamento
de Cataluña votamos en contra. Hubiéramos podido optar y así prescindir
del riesgo electoral, porque sin duda nos ha hecho perder votos, pero en
esta Cámara presentamos un conjunto de
enmiendas que fueron aceptadas por el Partido Popular. De esta Cámara y
del Senado salió un Plan Hidrológico Nacional distinto, que nosotros
votamos a favor, es cierto, pero le recuerdo que el voto fue negativo en
Cataluña y positivo aquí para un proyecto transformado, y si hoy
recuperamos una posición contraria a ese proyecto, no es porque haya
cambiado nuestra posición; es porque el PP, unilateralmente y
aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, en un proyecto de ley
que nada tenía que ver con lo que es el propio Plan Hidrológico Nacional,
modificó por cuenta y riesgo propio, sin el consenso que había
fortalecido nuestro voto al Plan Hidrológico Nacional, las garantías. Si
hoy -esta mañana me pareció ver al presidente de Aragón; sí, le veo allí-
el Gobierno de Aragón o el Gobierno de Cataluña han podido sustanciar un
recurso contra el Plan Hidrológico Nacional, saben que en buena medida es
por las garantías que introdujo en su día Convergència i Unió. Por tanto
no hay cambio de posición; hay riesgos de quienes se han acostumbrado a
gobernar con responsabilidad y asumir la responsabilidad, lo que implica
mojarse y defender sus posiciones. Nosotros presentamos enmiendas, otros
no las presentaron. Por tanto no hay cambio, pero me alegra que
finalmente usted traduzca su posición respecto de lo que pueda ser, si es
que es así, una retirada y que no afecte al Ebro y si después tiene
interés en continuar hablando de cambios de posición de unos y de otros
en el Plan Hidrológico Nacional, estoy dispuesto a recordarle posiciones
del Partido Socialista Obrero Español aquí, en Cataluña y en el
Parlamento Europeo, donde también podríamos con serenidad comprobar quién
y de qué manera ha cambiado de posición.
Respecto a la LOCE, comparto con usted que debe haber una extensión de la
calidad educativa. Yo simplemente he querido transmitirle dos ideas, una
de principios: hay que respetar la libertad de enseñanza, la libertad de
los padres de escoger escuela, y hay que garantizar la calidad de la
escuela, sea esta concertada o de titularidad pública. Yo fui ponente de
la LODE, con mayoría absoluta, en los tiempos que critiqué antes del
Partido Socialista, pero, fíjese, aun con eso pudimos pactar la LODE,
como bien recordará el señor Pérez Rubalcaba. Pues bien, yo quiero
transmitir a la Cámara que la sociedad -y hablo como padre de familia-
demanda del Poder Legislativo que sentemos las bases de un sistema
educativo, que hagamos un pacto educativo que no esté a merced de la
mayoría política de turno, porque a veces ni siquiera se permite saber a
los padres qué normativa se va a aplicar para el año escolar en curso.
Esto es lo que quiero expresar sobre ese pacto político. El significado
político debe ser ese: permitir lo que establece la Constitución en su
artículo 27 y la interpretación de ese artículo al amparo del artículo
10, con su apelación a los tratados internacionales y, al mismo tiempo,
garantizar la estabilidad en el sistema educativo. Esa es nuestra apuesta
y nuestra propuesta.
La señora VICEPRESIDENTA (Chacón Piqueras): Señor Duran, le ruego que vaya
terminando.
El señor DURAN I LLEIDA: Acabo inmediatamente.
Respecto a la política de pensiones, me gustaría que concretara si va a
ser posible, de una vez por todas, compatibilizar el cobro de pensiones
del SOVI con la pensión de viudedad, si van a subir en esta legislatura
las pensiones más bajas al nivel del salario mínimo interprofesional y,
especialmente, me gustaría conocer su posición -ya que se ha hablado de
industria- respecto a la inversión en I+D+I, porque las previsiones del
programa electoral de incremento del 25 por ciento son insuficientes. Hoy
tenemos una participación del 1 por ciento de nuestro producto interior
bruto y tenemos el compromiso de destinar un 3 por ciento. Con el
incremento que proponen en su programa electoral no nos acercaríamos a
los retos que implica la necesidad de competitividad de nuestra
industria. (El señor presidente ocupa la Presidencia.)
El señor RODRÍGUEZ ZAPATERO (Candidato a la Presidencia del Gobierno):
Gracias, señor presidente.
Señor Durán i Lleida, yo creo que después de este primer intercambio le
voy a proponer un pacto. Esta Cámara conoce que tengo cierta fruición por
los acuerdos. Usted empezó remontándose al año 1982 -fecha que me resulta
un poco lejana, como puede comprender, aunque fue un momento para mí de
gran ilusión- y yo le he hecho referencia a las relaciones que han tenido
ustedes con el Partido Popular en los últimos cuatro años. Yo le propongo
un pacto: contador a cero. A partir de ahora yo no voy a hacer ninguna
referencia en nuestro diálogo parlamentario a lo que fue el año 1982, el
año 2000 ni el año 2002. Creo que ese será el mejor rumbo y el mejor
escenario. Además, como somos nuevos en estas lides -usted como portavoz
del Grupo Parlamentario Catalán (Convergència i Unió) y yo como candidato
a presidente del Gobierno-, será bien entendido. Sólo le quiero hacer un
matiz que tiene un componente personal. El señor Sánchez i Llibre le
podrá decir que he tenido siempre una actitud de diálogo, de
entendimiento y consideración, algo más que de respeto, hacia el Grupo
Parlamentario Catalán (Convergència i Unió) en esta Cámara cuando ha
estado apoyando al Partido Socialista o cuando ha estado apoyando al
Partido Popular. Lo he hecho siempre y forma parte de mis más profundas
convicciones.
Entrando en cuestiones de fondo, quiero trasladarle una reflexión respecto
al pacto antiterrorista. Yo creo
que el pacto sí ha contribuido al debilitamiento de ETA y a la mejora de
la lucha antiterrorista. Sé que hubo grupos en esta Cámara -y dije antes
que lo respetaba- que no apoyaron ni la Ley de partidos ni la
ilegalización de Batasuna, pero reducir el entorno de apoyo y simpatía
hacia la violencia ha tenido un efecto positivo en el debilitamiento de
la estructura de ETA. Que el pacto haya producido una cooperación
internacional mucho más activa, fruto del esfuerzo conjunto de dos
partidos que han viajado a Europa, que han movido todos sus resortes
políticos y toda su energía política para la mayor cooperación de Europa
y especialmente de Francia, sí ha sido útil en la lucha antiterrorista.
Lo mejor sería que lo reconociéramos, más allá de que a mí me hubiera
gustado que el pacto tuviera un espectro más amplio, pero también
consideré y considero que más vale no romper lo que se consiguió unir, no
abrirlo, porque durante muchos años hemos tenido una situación en la que
no había ningún punto en común sólido de política antiterrorista.
He expresado hoy mi compromiso de abrir una etapa en la búsqueda de
diálogo y de encuentros en la política antiterrorista y me interesa
sobremanera lo que afecta al terrorismo internacional, porque sí es un
fenómeno nuevo, porque la gente siente la amenaza, porque tenemos una
gran responsabilidad, porque tiene mucho que ver con los fundamentos de
lo que representa un proyecto de seguridad y de paz de la Unión Europea,
con el futuro de Naciones Unidas, con la capacidad que vayan a tener los
Estados de ir cediendo soberanía en su inteligencia y de comprender que
ese modelo es un modelo incapaz de ser eficaz frente a una delincuencia o
a un terrorismo que no conoce fronteras, como no conoce la realidad
económica, en buena parte la realidad de las posibilidades de las
personas. Ahí sin duda alguna debemos de construir, debemos de forjar una
alianza importante entre los grupos políticos que tienen una visión, como
ha demostrado el señor Durán i Lleida, profunda de la realidad exterior,
de las claves y de la importancia de la política exterior. Ha hecho
algunos apuntes y simplemente quiero subrayar que sin duda alguna el
problema entre Israel y Palestina es esencial y le quiero decir desde
aquí que la oportunidad que ha abierto la victoria electoral del 14 de
marzo, que ha sido muy celebrada en la Unión Europea, pero muy celebrada
también o con mucha expectativa en el Mediterráneo, no la vamos a dejar
de aprovechar como Gobierno, esa oportunidad de hacer que Europa avance
más rápido en seguridad, de hacer que el diálogo de civilizaciones sea un
diálogo esencial. Se habrá dado cuenta que en ningún momento me he
referido en todo lo que llevamos de debate a terrorismo islámico ni a
terrorismo radical islámico. No lo voy a hacer nunca; me referiré sólo al
terrorismo internacional, porque debemos de cuidar hasta el lenguaje,
creo que sería enormemente conveniente, igual que no nos referimos a otro
tipo de terrorismo en función de su ideología o de su origen. Es un
terrorismo violento, fanático y que tiene la característica de ser
internacional por encima de cualquier otra, porque ataca en muchos sitios
diferentes, porque está organizado a través de personas de distintos
países y porque tiene una vinculación clarísima con la delincuencia
organizada y con el narcotráfico. Es terrorismo internacional, es
organización mafiosa internacional, donde no sólo hay un componente de
fanatismo, sino que hay otros componentes más; por tanto, deberíamos de
tener esa claridad. Vamos a aprovechar la oportunidad que nos abre la
victoria en Europa y en el Mediterráneo, que ha sido celebrada, como sin
duda alguna me reconocerá el señor Durán i Lleida que la victoria del
Partido Socialista el 14 de marzo también ha sido celebrada en Cataluña.
Creo que es bastante evidente, muy especialmente porque el Partido
Socialista obtuvo un resultado, como primer partido en Cataluña con 21
diputados en esta Cámara, enormemente importante.
Hay algunas cuestiones sobre la estructura del Estado que sí quiero
precisar y matizar. Creo que la aproximación de grandes principios o
conceptual que he hecho abre un camino claro de cara a los momentos en
los que tengamos que acercarnos a lo concreto, a la reforma del estatuto,
al modelo de financiación, a la reforma de la Constitución y a lo que es
una visión plurinacional del Estado. Ha sido una declaración de
principios clara, pero, al día de hoy, avanzar o concretar más sobre cómo
es mi modelo de organización de la justicia en un Estado avanzado y
descentralizado, que tiene mucho que ver con la reforma del Estatuto de
Cataluña y que tiene que ver también con nuestro proyecto electoral, me
parece que tiene un interés menor y que la posición de apertura, de
avanzar en el autogobierno, de avanzar en el reconocimiento de la
singularidad y de la diferencia clara que tienen algunas nacionalidades,
naciones o regiones -no voy a perder un minuto en un esfuerzo por
encontrar el nombre o el titular- es bastante clara.
Yo le invito nuevamente a ofrecer ese pacto educativo, como una idea que
me parece importante, a todos los grupos de la Cámara. Es una idea que
recojo. Es muy razonable que vayamos a un gran pacto social en materia de
educación. Eso explica por qué he anunciado hoy con carácter inmediato la
paralización de los decretos de desarrollo de la LOCE, porque sería una
irresponsabilidad dejar que la aplicación de esa ley se pusiera en marcha
para tener que reformarla dentro de uno o dos años, como es mi compromiso
y por tanto mi obligación, porque está en el programa electoral y porque
además está en el programa de otros muchos grupos de esta Cámara.
Avancemos en la idea de un gran pacto social educativo, a pesar de que
vamos a reformar una ley que tuvo en su día sólo el apoyo del Partido
Popular esencialmente. Yo también quiero ofrecer ese diálogo al grupo
principal de la oposición en esta Cámara.
He hecho un pronunciamiento sobre pensiones muy claro y contundente esta
mañana. Hay que mejorar las pensiones que son consideradas como pensiones
con menos recursos. He comprometido una cifra de 4.000 millones de euros
en la legislatura; por tanto eso se va a cumplir y tengo la mejor
disposición ante proyectos e iniciativas como los que S.S. ha referido en
esa materia.
Su señoría conoce, porque es un compromiso expresado en la Cámara, en el
programa electoral y esta mañana en el discurso de investidura, la
apuesta decidida de lo que va a hacer mi Gobierno por la investigación,
por el desarrollo, por la innovación, por las nuevas tecnologías, por la
sociedad de la información. He comprometido un aumento anual de un 25 por
ciento de las partidas presupuestarias en materia de I+D+I. Eso supondrá
duplicar en una legislatura el esfuerzo inversor del Estado en esta
materia. Creo que es un compromiso suficientemente importante y ambicioso
como para que le pueda quedar muy claro lo que representa.
Me hubiera gustado tener alguna respuesta -ya sé que las preguntas en este
caso las hacen los grupos que examinan al candidato- sobre la reforma del
Senado y las reformas constitucionales que he anunciado. Me parece que es
un tema central y quiero subrayarle que es especialmente importante para
mí en esta Cámara saber cuál es la posición de Convergència i Unió ante
las ofertas y las propuestas, ante la iniciativa de reforma
constitucional. Será sin duda alguna un grupo determinante en la búsqueda
del consenso al que aspiro para cambios en la Constitución necesarios y
convenientes, que hagan de ésta una legislatura en la que ganemos en
integración, en reconocimiento de la pluralidad y en la que actualicemos
muchas de las cosas que la sociedad española necesita.
Señor Duran, quedan comprometidas las tres cosas que le he referido
principalmente. Primero, contador a cero. Seguro que ni a usted ni a mí
nos interesa mucho lo que pasó, la larga historia -en todo caso para mí
la de su grupo es de aportación positiva en esta Cámara para este país-.
En segundo lugar, queda comprometido que vamos a tener una capacidad de
acuerdo bastante evidente; que lo que sucede en el Parlamento de Cataluña
es lo que sucede en el Parlamento de Cataluña; que mi Gobierno va a tener
una buena relación, como es lógico, con el Gobierno de Cataluña, como la
tendría si el Gobierno de Cataluña tuviera otro color político, porque
quiero tener una relación positiva con todos los gobiernos de las
distintas nacionalidades y regiones de nuestro Estado. En tercer lugar,
vamos a tener esa actitud de diálogo y de talante. Si llegamos a acuerdos
en alguna materia, señor Durán i Lleida, puede quedarle claro hoy que yo
los cumpliré. Por tanto no me importa reconocerle, dada la situación,
después de lo que ha pasado y al día de hoy, que lo que se refiere al
Plan Hidrológico Nacional la culpa sea del Partido Popular. No pasa nada,
me parece una buena explicación. Lo importante es que tenemos que hacer
una política del agua distinta, una política del agua con más acuerdo,
más moderna, que defienda medioambientalmente mejor nuestro país y que
abra una nueva expectativa de desarrollo. Reitero, por supuesto, el
agradecimiento por el tono que ha mantenido en toda su intervención.
Muchas gracias, señor presidente. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Señor Duran, tiene usted un turno de dúplica de dos
minutos. Gracias.
El señor DURAN I LLEIDA: Muy brevemente, señor presidente.
Yo recojo el guante, contador a cero. Si hice alguna referencia al año
1982 fue en la medida que quería significar el valor de la inexistencia
de mayorías absolutas, pero, por supuesto, insisto, contador a cero y
vamos a ver si esta legislatura, a partir de ese diálogo y ese talante
que usted ofrece, da o no posibilidades para ponernos de acuerdo en
cuantas más cuestiones mejor, siempre y cuando lógicamente permitan a
unos y a otros ser corresponsables y coherentes con sus posiciones.
Siento, no obstante, que no me haya contestado todavía sobre algunas
cuestiones concretas. Entiendo su formulación del estatuto, no la
comparto, pero no me dice cuál es su posición sobre las selecciones ni
sobre la presencia de lo que son regiones con poder legislativo en la
configuración institucional europea, ni tampoco cuál es su posición
respecto a la defensa de la lengua de mi país en el contexto de la Unión
Europea y tantas otras cosas, la sentencia del FORCEM, etcétera. Espero
que usted sea consciente de las preguntas que he hecho en ese sentido y
que, hoy por hoy, todavía no tienen respuesta.
Muchísimas gracias, señor candidato.
El señor PRESIDENTE: Señor candidato, dispone de dos minutos y usted
cierra este turno. Gracias.
El señor RODRÍGUEZ ZAPATERO (Candidato a la Presidencia del Gobierno):
Muchas gracias, señor presidente.
Simplemente quiero ratificar: contador a cero. Creo que será el mejor
escenario. Sobre las cuestiones concretas que ha planteado y a las que se
ha referido nuevamente, soy firme partidario de avanzar en una mayor
presencia y representación de las comunidades autónomas en la Unión
Europea y me parece un elemento esencial. Va a formar parte del
desarrollo, como esta mañana anuncié, de esta legislatura y tengo ahí la
actitud más abierta. Lamento que tampoco me haya dicho nada de la reforma
del Senado. Quizá cuando se produzca algún pronunciamiento sobre la
reforma del Senado y las reformas constitucionales avanzaré alguna
concreción más de las otras preguntas que le quedan hoy en la
incertidumbre.
El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra por el Grupo Parlamentario de
Esquerra Republicana (ERC), el señor Puigcercós.
El señor PUIGCERCÓS I BOIXASSA: Gracias, señor presidente.
Señoras diputadas, señores diputados, señor José Luis Rodríguez Zapatero,
hauria de poder parlar-los en llengua catalana, però no ho podré fer. La
llengua catalana, avui per avui, no gaudeix d'igualtat jurídica respecte
a la llengua espanyola. Reclamo, doncs, el dret a poder expressar-m'hi en
aquesta càmara i els emplaço a superar aquesta injustícia. Debería
poderles hablar en lengua catalana, pero no podré hacerlo. La lengua
catalana, hoy por hoy, no goza de igualdad jurídica respecto a la lengua
española. Reclamo, pues, el derecho a expresarme en lengua catalana en
esta Cámara y les emplazo a superar esta injusticia.
Las siguientes palabras de nuestra intervención son para transmitir
nuestra emoción ante un hecho trascendental para la izquierda catalana:
la recuperación del Grupo Parlamentario de Esquerra Republicana, la
izquierda nacional catalana. Es la recuperación de una normalidad
democrática que se vio truncada por una sublevación militar y fascista
contra la Constitución republicana, que originó una guerra fratricida y
cruel entre las personas y los pueblos del Estado y conllevó el
sufrimiento, exilio, represión y muerte de miles de personas, entre éstas
un buen número de diputados y diputadas, como los que formaban el grupo
de Esquerra Republicana. Entenderán, pues, que más de medio siglo después
este diputado exprese su emoción al ver hoy en esta Cámara de nuevo el
grupo parlamentario de Esquerra Republicana, un grupo parlamentario que
se debe al incremento importante de uno a ocho diputados, que da muestra
del importante respaldo social que ha tenido esta opción en Cataluña.
Comprenderán ustedes que este es el momento más oportuno para hablar claro
y alto, como hemos hecho siempre, sin ambigüedades, sin doble sentido,
sin complejos, sobre quiénes somos, a quién representamos. Esquerra
Republicana de Cataluña es un partido independentista, republicano y de
izquierdas, de ámbito nacional catalán, es decir, de los países
catalanes. Aspiramos a una nación catalana libre, de ciudadanas y
ciudadanos libres, donde la justicia social prevalezca sobre la
explotación y la desigualdad económica y social, y todo ello mediante la
única vía posible: la voluntad de la mayoría del pueblo catalán expresada
democráticamente. Soñamos, pues, un país libre y soberano, de personas
solidarias y fraternales con los pueblos de España, en el marco de la
Europa de las naciones democráticas y pacíficas abiertas al mundo.
Señor candidato, nuestro programa, nuestra ideología no son los suyos, son
evidentemente diferentes, pero nos une un pasado histórico compartido en
la lucha por las libertades, un presente por la consolidación de la
democracia y el anhelo de un futuro más justo, más libre en un mundo en
paz. Pero precisamente nuestras diferencias, la pluralidad de diferentes
ideas, distantes, contradictorias a veces, pero capaces de dialogar y
construir, son las que conforman el mosaico de la pluralidad y la
diferencia, intrínseco al concepto más profundo de la democracia, y es en
nombre de esa divisa del espíritu democrático dialogante en el que
estamos convencidos que podemos entendernos, porque sin pluralidad, señor
Rodríguez Zapatero, no hay democracia.
Seguramente no compartiremos la totalidad de nuestros objetivos, pero
estaremos de acuerdo en que más allá de la conllevancia tenemos que crear
y consolidar un marco de convivencia, de diálogo y de solidaridad entre
todos los ciudadanos y ciudadanas y también entre los pueblos que hoy
componen el Estado español. Asimismo podemos compartir la voluntad
transformadora que nos lleve a una sociedad más justa y en la que la
igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos no sea una quimera.
Estamos, pues, convencidos de que las izquierdas española y catalana
tenemos mucho camino por recorrer juntos, puesto que son muchos los
problemas que acaecen en un mundo convulso, donde las desigualdades, la
violencia o la degradación medioambiental forman parte de nuestra
cotidianeidad. Por esto, señor candidato, le pedimos desde el grupo
parlamentario de Esquerra Republicana que sea valiente, que asuma el
legado de ilusión en un cambio político que millones de ciudadanos y
ciudadanas, mediante una pluralidad de opciones de izquierda y
nacionalistas, depositaron el 14 de marzo en las urnas, un cambio que
supera la política conservadora, contraria al diálogo, contraria al
derecho a la diferencia y agresiva con los que piensan diferente. Una
mayoría de ciudadanos han votado libremente contra el pensamiento único.
Antes de hablar de las diferentes problemáticas que hoy acaecen a la
ciudadanía, pensiones, trabajo, educación, vivienda o desequilibrios
medioambientales, o la violencia de género, es necesario hacer referencia
a un derecho previo: el derecho a la palabra. El pensamiento único que
durante estos últimos años se ha querido imponer ha coartado las
libertades individuales y colectivas de un país. El control ejercido
sobre el poder económico, judicial y mediático ha sido abusivo hasta el
punto de coartar las libertades básicas. En primer lugar, el control
sobre el poder económico se ha basado en la concentración de éste en
pocas manos y sólo ha tenido como límite aquellas que escapaban de ese
control. Así, hoy la mayoría de las empresas que antaño eran públicas y a
posteriori fueron privatizadas, y específicamente las de mayor interés
estratégico, están dirigidas por el entorno del anterior Gobierno. En
segundo lugar, y precisamente desde esta acumulación de poder en sectores
estratégicos, que a menudo gozan de situaciones de monopolio, se ha
llevado a la práctica el control de muchos medios de comunicación. En
esta etapa la
manipulación de los medios públicos ha llegado a extremos inconcebibles en
una sociedad abierta del siglo XXI. En tercer lugar, la voracidad del
aznarismo ha llegado incluso a un poder del control judicial que ha
puesto en entredicho el pilar básico de la sociedad democrática: la
división de poderes. El secuestro de la independencia del Poder Judicial
ha sido flagrante en estos últimos años. El lamentable esperpento del
fiscal general del Estado, Jesús Cardenal, a las órdenes y al dictado del
futuro profesor de Georgetown, la permanente actitud provocadora y poco
seria del presidente del Tribunal Constitucional o el acoso y finalmente
derribo del fiscal anticorrupción, Jiménez Villarejo, han escrito las
páginas más negras de la justicia desde el franquismo. Pero también el
acoso ha sido por territorios. Más allá de coartar las libertades
individuales, esta acumulación de poder y el control sobre los poderes
económico y judicial ha sido utilizado obscenamente para cercenar y
acosar las libertades colectivas. Cataluña o las Illes Balears,
Andalucía, Aragón o Euskadi entre otros, han sufrido una constante
laminación de competencias y han sido objeto de un ataque sistemático a
su autogobierno. Por otro lado, el control de los medios de comunicación
públicos y privados ha sido un instrumento al servicio del pensamiento
único y ha contribuido a la estigmatización de todos aquellos que no
coincidían con el poder, llegando a criminalizar las aspiraciones
legítimas de cada uno de los territorios, incluso sembrando el
enfrentamiento entre ellos.
Una sociedad abierta conlleva un Poder Judicial y unos medios de
comunicación independientes. Para garantizar esta independencia será
necesario abordar en esta legislatura las reformas necesarias en el
sistema judicial, para evitar la supeditación y garantizar que todos los
ciudadanos sean iguales ante la ley. Una justicia al servicio de selectas
minorías es la primera conculcación de las libertades. Un ejemplo de cómo
estas libertades se han visto laminadas ha sido la política permanente de
confundir nacionalismo y terrorismo. Esquerra Republicana no compartió ni
comparte la Ley de partidos que esta Cámara aprobó en la pasada
legislatura. Entendemos que la legalidad ofrece suficientes instrumentos
para combatir el terrorismo y la violencia. Pero el derecho de asociación
y la libertad de expresión para nosotros son intocables. A nuestro
entender, la Ley Orgánica de Partidos Políticos y el pacto contra el
terrorismo que suscribieron el Partido Popular y ustedes, señor Rodríguez
Zapatero, nos permite decir que la confusión interesada entre ideas
legítimas soberanistas y la violencia subyace en esta declaración. Seamos
capaces, pues, de superar este déficit. Ello nos hará más fuertes a todos
los demócratas, independientemente de la adscripción ideológica o
nacionalista, para enfrentarnos a todas las formas de terrorismo y
facilitar que el diálogo sea el único instrumento para la solución
definitiva de los conflictos. Cuente para ello con el independentismo
catalán.
El terrorismo ha adquirido más complejidad y mayor ferocidad. Estamos ya
ante lo que podríamos definir como el terrorismo global, del cual tenemos
que defender a los ciudadanos. Pero también tenemos el imperativo de
atacar las causas. En este contexto, debemos expresar en este debate
nuestra solidaridad con todas las víctimas del terrorismo, con sus
familias y allegados, con todos aquellos que han sufrido el ataque de la
irracionalidad y especialmente con las víctimas del 11 de marzo en
Madrid. Pero la tragedia y la crueldad de la violencia no debe ser motivo
nunca para la restricción generalizada de las libertades. En este
sentido, queremos subrayar que es hoy un bien inaccesible para aquellos
ciudadanos a los cuales las diferentes versiones de la Ley de Extranjería
han dejado sin derechos. Como republicanos no concebimos ni aceptaremos
nunca una sociedad en donde una parte de sus miembros no gocen de los
derechos consustanciales a la condición de ciudadano. Los procesos
migratorios no se frenan ni se encauzan, responden a una realidad
económica o política de los países empobrecidos, de la cual no somos
ajenas las democracias del mundo rico. Una de las causas radica pues en
el desequilibrio entre el Norte opulento y el Sur pobre y expoliado.
Desde Esquerra Republicana consideramos que estos procesos se
autorregulan. Si hoy muchos ciudadanos del Magreb o de Latinoamérica
intentan sobrevivir entre nosotros es porque alguien está dispuesto a
tratarles como fuerza de trabajo barata. Establezcamos una política
valiente de regularización laboral y con plenos derechos. Acabemos con la
explotación y tengan por seguro que evitaremos los conflictos del mañana.
Aún estamos a tiempo, siempre conscientes de que toda sociedad tiene un
límite. El republicanismo catalán así lo cree, para lo cual le ofrecimos
colaborar y trabajar en ese sentido. Con toda seguridad compartimos
sensibilidades como partidos de izquierda que somos, la necesidad de
hacer justicia con las personas que más padecen. Por otro lado, es verdad
que la diversidad de culturas y las nuevas creencias pueden producir
situaciones de conflicto, pero hay quien ha querido oponer a la
inmigración los valores más rancios del nacionalcatolicismo, queriendo
ver en estas personas desvalidas y sin futuro un peligro para sus
creencias. La solución no es ni la imposición ni la confrontación, sino
la creación de un espacio común que respete a los que creen y a los que
no, a católicos, islamistas, evangélicos o los que no profesan ninguna
religión, un terreno neutro que eduque en la convivencia y el respeto a
la laicidad, que pasa por la separación definitiva de la religión y los
poderes públicos. La religión debe pertenecer, pues, exclusivamente a la
esfera de la privacidad.
Finalmente, para cerrar el apartado de las libertades individuales,
debemos hacer referencia a la política represiva llevada a cabo por el
gobierno anterior. Han endurecido la legislación creando y llenando
cárceles, pero los índices de criminalidad, lejos de reducirse, han
aumentado. La mismísima Constitución española afirma que la función de los
centros penitenciarios no es el castigo sino la reeducación y la
reinserción social. Les emplazamos a revisar la política penitenciaria y
a ser beligerantes con las causas de la marginalidad, que no es otra que
la exclusión social, la pobreza y el desprecio del sistema económico para
con los más desfavorecidos. La libertad, no obstante, no se ciñe sólo a
los individuos, esta es una vieja discusión entre aquellos que creemos
firmemente en la existencia de derechos colectivos y los que los niegan.
Fíjense en qué paradoja, en qué contradicción se había instalado el
partido del Gobierno anterior cuando negaba la existencia de los derechos
colectivos de los pueblos o naciones que componen el Estado español más
allá de los derechos individuales, mientras que en la Unión Europea se
enquistó y boicoteó la futura constitución porque quiso preservar el
derecho de los Estados por encima del derecho de los ciudadanos europeos.
Los derechos colectivos existen.
Señor candidato, Rodríguez Zapatero, esperamos estar de acuerdo en esto,
otra cosa es cómo entendemos su plasmación, pero no se puede negar, hoy
por hoy, la existencia de los derechos colectivos. Nunca estos derechos
podrán ser utilizados contra los derechos individuales, estaremos también
de acuerdo en esto, pero los derechos colectivos existen. La Constitución
española significó un avance ante la dictadura franquista, que había
abolido todas las libertades, pero no ha reconocido el ejercicio del
derecho a la autodeterminación de las distintas naciones y la igualdad
jurídica de las lenguas que conviven en el Estado. La ley de punto final
sobre el desarrollo autonómico que el anterior Gobierno quiso imponer a
las reivindicaciones del Gobierno catalán, entre otros, demuestra hasta
qué punto el Gobierno aún en funciones asumió aquella teoría extremista
del final de la historia. Parecía que la historia se había acabado, que
el mal llamado chantaje vasco y catalán tenía que frenarse porque el
Estado estaba debilitado. Había que recuperar el tiempo perdido por el
antifranquismo, que acomplejado cedió a las fuerzas centrífugas del
poder. La reconquista del señor Aznar llevó a la involución sin límites,
con leyes de base, con leyes de coordinación, con leyes de armonización
que solapaban, laminaban, cercenaban el poder tan duramente ganado por
los gobiernos autonómicos. Reconstruyamos este edificio legislativo que
se levantó al amparo de la mayoría absoluta contra la pluralidad
nacional, cultural y lingüística del Estado. Cuente para ello, de nuevo,
con el independentismo catalán.
El Partido Popular ha querido convertir la doctrina constitucional en un
instrumento para convertir la descentralización política en una simple
descentralización administrativa. Dicho de otro modo, su patriotismo
constitucional era la coartada para encubrir su proceso de exclusión de
todos aquellos que no formamos parte de su modelo. El Grupo Parlamentario
de Esquerra Republicana considera que Cataluña necesita un nuevo estatuto
de autonomía. La reforma del actual es una necesidad perentoria que goza
del apoyo de más del 80 por ciento del actual Parlamento de Cataluña. El
Parlamento de Cataluña ha iniciado el trámite de redacción de un nuevo
texto estatutario con la creación de la comisión. Así, en el plazo de un
año el nuevo estatuto catalán será presentado en esta Cámara. Señor
candidato, confiamos en su palabra, ya que fue usted mismo quien en
Cataluña se comprometió a aceptar el texto que el Parlamento catalán
aprobará. Le pedimos, pues, que no defraude la expectativa de una mayoría
social muy amplia de Cataluña que demanda mayores cuotas de poder
político para Cataluña.
La sociedad catalana tiene ante sí retos muy importantes, buena parte de
los cuales precisan de más poder político y competencial. Aspectos como
la financiación, la mejora de sus infraestructuras viarias y de la
información, de su sanidad, del acogimiento e integración de la
inmigración, de la internacionalización de su economía y, sobre todo, la
mejora de sus políticas sociales y educativas. Pero en Cataluña no sólo
hay una especial sensibilidad con lo que tenía que ser la reforma
estatutaria sino también con la mejora del sistema de financiación. La
falta de equidad y justicia que padece Cataluña no es una sensación
subjetiva de algunos sectores de la sociedad catalana, es una realidad
que frena nuestro desarrollo económico, social y cultural. En esta Cámara
y en la Comisión de Economía durante muchos años se ha hablado de cuál es
el déficit fiscal que sufren algunos territorios; es más, en la VI
Legislatura, con una mayoría relativa del Partido Popular, se dio luz
verde a la publicación de las medidas fiscales. Nunca se llevaron a cabo.
Bajo pretextos muy poco creíbles el Gobierno no lo hizo. Todo lo
contrario, se ha intentado estigmatizar el anhelo justo que gobiernos
como el catalán o el anterior Gobierno balear reivindicaban. Desde esta
misma tribuna, el aún ministro de Hacienda, señor Montoro, hablaba de la
Cataluña insolidaria, y el catalanismo se había instalado en el agravio
comparativo. Nada de eso, Cataluña ha sido una sociedad solidaria,
siempre lo ha sido y siempre lo será. Las inversiones en las regiones o
naciones más desfavorecidas del Estado son también buenas para Cataluña,
pero curiosamente nuestra aportación a este desarrollo ha servido para
que la capital del Estado sea receptora de buena parte de estos recursos.
Los estudios realizados sobre el déficit fiscal catalán son dispares y
algunos contienen graves contradicciones, pero todos coinciden en que con
Cataluña se está cometiendo una grave injusticia.
El acuerdo programático del Gobierno catalán, pactado con el Partido
Socialista y con Iniciativa per Catalunya, establece que Cataluña se
dotará de una agencia tributaria propia que recaudará todos los
impuestos, los propios, los cedidos y los compartidos; además plantea la
necesidad de que las comunidades autónomas puedan
participar en el impuesto sobre sociedades. Reivindicamos, pues, lo que ya
figura en el artículo 45 del actual Estatuto de Autonomía de Cataluña,
que nunca se ha cumplido: la media de coeficientes de población y
esfuerzo fiscal para Cataluña. Las necesidades de la sociedad catalana
son complejas. Un buen ejemplo es el caso de la sanidad catalana que
ofrece su atención y sus servicios al resto de ciudadanos del Estado. Hoy
la sanidad catalana, seguramente la más sofisticada del Estado, tiene un
déficit anual de más de 100.000 millones de las antiguas pesetas, un
déficit que tiene graves consecuencias para aquellos ciudadanos que no
pueden permitirse el lujo de acudir a la sanidad privada. El acuerdo de
financiación para las comunidades autónomas del año 2001 es un fracaso.
Así lo manifiesta el nuevo Gobierno catalán. No en vano Esquerra
Republicana fue el único partido catalán que en esta Cámara votó
desfavorablemente. Cataluña requiere de un sistema de financiación que,
sin perjudicar a los demás, pueda subsanar sus deficiencias. Cataluña
precisa de una singularización en el ámbito de la financiación sin romper
nada y manteniendo nuestros compromisos con los demás. Pero también
Cataluña necesita una cosa importante: la Carta Municipal de Barcelona.
Consideramos que el Ayuntamiento de la capital catalana necesita más
instrumentos -necesita los instrumentos que requiere una capital
importante como Barcelona- en materia de seguridad, de justicia, de
diseño regional, de educación, de cultura y de infraestructuras.
Abordaremos también el debate sobre la reforma de la Constitución. Esta
legislatura puede significar un paso adelante, claro y firme, en las
reformas institucionales que Cataluña precisa. Y no les debe dar miedo
plantear las reformas constitucionales que se precisen. La reforma de los
textos que componen el bloque constitucional precisan de consenso y
tranquilidad, pero la Constitución no es un intangible, no es un fin, es
un medio. El Partido Popular ha intentado hacernos creer que la historia
se acababa con esta Constitución, es más, a veces parecía que la
confundía con el Código Penal. Nosotros, el Grupo Parlamentario de
Esquerra Republicana, consideramos que más allá de la reforma del Senado,
que es una necesidad en la que todos estamos de acuerdo, y los cambios
que precise a partir del proceso de construcción europea, tarde o
temprano habrá que reformar aspectos importantes de esta Constitución
que, como saben muy bien, acatamos y respetamos, pero de la cual
discrepamos. La Constitución reconoce y ampara la necesidad de los
poderes públicos de proteger las diferentes lenguas que se hablan en el
territorio español, pero la prudencia con la que se ha legislado
-recordemos que el artículo 3 de la Constitución ni siquiera especifica
cuáles son las lenguas del Estado- se ha traducido en una insuficiente
protección del derecho de los catalanohablantes a usar su lengua en todos
los ámbitos y ha permitido la posibilidad de conculcar desde escenarios
políticos realidades científicas como la unidad de la lengua catalana.
Por eso consideramos urgente la elaboración de una ley de lenguas, que
posibilite la concreción real en todos los ámbitos de un multilingüísmo
igualitario. En lo tocante a la proyección y promoción exterior de la
lengua, nos encontramos ante la urgente necesidad de actuar para que se
haga efectivo su reconocimiento en el marco de la futura Constitución
europea. Respetar los derechos lingüísticos significa no sólo poder
expresarse en la lengua que cada ciudadano escoge, sino también poder
dirigirse a las administraciones en la lengua que cada ciudadano elija.
Por eso, debe corregirse en el proyecto de Constitución europea el
agravio que representaría que un ciudadano se pudiera dirigir a las
instituciones europeas en lenguas de peso demográfico reducido y en
cambio no pudiera hacerlo, por ejemplo, en la lengua catalana. No se
puede restringir este derecho a las lenguas que no son oficiales en el
conjunto del Estado, sino que lo son sólo en su territorio. Debe
ampliarse a aquéllas que lo son en algunas comunidades de acuerdo con sus
estatutos de autonomía. Por ello, pedimos al futuro Gobierno que,
aprovechando el proceso de negociación del texto definitivo de la nueva
Constitución europea, haga todo lo que esté en sus manos para que la
lengua catalana, lengua hablada por diez millones de personas, sea lengua
oficial en la Unión Europea. En todo caso, y como objetivo mínimo, debe
ser reconocida expresamente en el listado del artículo 4.10 del proyecto
del tratado por el que se instituye una constitución para Europa. Le
pedimos una atención especial. Hay una oportunidad histórica para que el
catalán figure en la Constitución europea. Sería un paso de gigante para
el reconocimiento y la despenalización de una lengua que hablan 10
millones de personas y que tendría que gozar de la normalidad que otras
lenguas, mucho más minoritarias, gozan en Europa. Fíjense ustedes que el
catalán es hoy la anomalía mayor de la Europa unida. Diez millones de
personas que no tendrán un reflejo legal, oficial en la Unión Europea.
Señor Rodríguez Zapatero, también queremos que este futuro Gobierno sea
muy consciente de que hay una petición muy importante en Cataluña para
tener selecciones deportivas catalanas. Ese es un tema que juega con los
sentimientos, juega con la identidad de muchas personas en todos los
sentidos. Pedimos que el Gobierno permita -y esto es un proceso de
derecho privado- que las federaciones puedan expresarse libremente y que
Cataluña pueda gozar de tener selecciones nacionales deportivas. Repito,
esto se rige por el derecho privado de las federaciones deportivas, no lo
politicemos.
Señor Rodríguez Zapatero, también apelo a su conciencia de partido de
izquierdas y a su conciencia de la historia que ha sufrido nuestro país.
Después de la muerte del general Franco los pueblos del Estado español
realizaron un gran esfuerzo de reconciliación para consolidar la libertad
y avanzar hacia la democracia.
En aras de esta reconciliación algunas fuerzas políticas democráticas
pasaron por alto la recuperación de la memoria histórica y la reparación
moral y económica de los efectos de la barbarie. Hoy día, consolidada la
democracia, ante nuevas generaciones educadas en los valores
democráticos, debemos llevar a término la deuda con la historia, la deuda
con tantas y tantas personas cuyo sacrifico nos permite estar hoy aquí.
Así como hizo el Estado alemán respecto a la barbarie nazi, el Estado
español debe cerrar una etapa histórica con dignidad, tanto del período
republicano como de la etapa de la dictadura franquista. El retorno de la
documentación pública y privada incautada como botín de guerra,
depositada hoy en Salamanca y en otros centros; asistir a los familiares
que aún desconocen la identidad y el paradero de los restos mortales de
sus familiares; revisar causas sumarias y sumarísimas. El Estado español
debe pedir perdón por el asesinato del presidente de Cataluña, Lluis
Companys, porque simboliza la reparación de faltas y de tantas víctimas
inocentes.
Pero una sociedad necesita de libertad y de igualdad. Para tener una
sociedad más justa necesitamos un nuevo modelo de crecimiento económico.
El modelo de crecimiento de los últimos 10 años ha tenido aspectos
positivos y ha creado una sensación de bienestar que las macrocifras
confirman. Pero el análisis detallado de este modelo y una minuciosa
mirada a indicadores como la renta familiar disponible, indican que hay
problemas estructurales que necesitan reforma. El modelo de crecimiento
tiene, a nuestro entender, tres debilidades que hay que subsanar en esta
legislatura. En primer lugar, la caída de la producción industrial que en
estos 10 años se ha observado en la economía española. Compitió con el
resto de la Unión Europea y los países del primer mundo a partir de una
política de costes laborales bajos. Esta fórmula de industria, con poco
valor añadido y con una inversión mínima en investigación, ha permitido
crecer y crear ocupación durante estos años, pero hoy el modelo se está
agotando. Nuevos países están asumiendo este rol. Son los nuevos países
del Este europeo, Polonia, Hungría o Chequia, y países asiáticos que han
roto cualquier capacidad de competitividad en este sentido. Estamos,
pues, ante la fase más agresiva del proceso de deslocalización
industrial. Las empresas, las factorías de los grupos multinacionales que
hoy se llevan sus centros de producción a terceros países, mañana
repetirán el mismo proceso. Es también uno de los problemas que acarrea
la globalización. Es, por tanto, una debilidad estructural del modelo
industrial y esto requiere un giro: la mejora de la política de
investigación y desarrollo, las ventajas fiscales para aquellas empresas
que inviertan sus beneficios en innovación y una apuesta clara por la
formación, en la formación profesional y en la formación no reglada. En
las universidades es también una necesidad. No es admisible que el Estado
español sea un país que invierta poco en I+D, muy por debajo de la media
europea y de países como Irlanda. Es más -y así lo hemos denunciado
reiteradamente desde esta tribuna-, al menos el 40 por ciento de la
inversión presupuestaria en I+D de los últimos ejercicios ha recaído en
gastos del Ministerio de Defensa. La apuesta para no perder el tren
tecnológico implica, pues, un giro copernicano: cuidar de los
investigadores, mejorar sus condiciones de trabajo, sus becas, su
estatuto profesional, tenemos que acabar con la fuga de materia gris.
La segunda debilidad está en el turismo. El turismo ha sido el sector más
ignorado en los últimos años y su aportación al producto interior bruto
es fundamental; no admite bromas. Se habla muy poco de turismo en esta
Cámara. Hoy por hoy el sector necesita una reconversión que mejore sus
instalaciones, su entorno ambiental, su patrimonio histórico y cultural
y, sobre todo, las condiciones laborales de sus trabajadores. El futuro
Gobierno no puede estar impasible ante el sector turístico, que ha sido
esencial para aumentar la entrada de divisas y la creación de puestos de
trabajo y riqueza. La competitividad ante los nuevos mercados turísticos
emergentes pasa por esta reconversión. Y no estamos hablando de
reconversión a la intemperie del mercado. Esta ya la sufrió, por ejemplo,
una buena parte del sector del comercio que, con una política de barra
libre ante las grandes superficies comerciales, dejó a cientos de miles
de trabajadores autónomos del sector del pequeño y mediano comercio en
situaciones de extrema pobreza. El Gobierno, de acuerdo con las
comunidades autónomas y con el sector turístico, debe presentar un plan
de modernización y mejora de las instalaciones turísticas y este plan
debe tener el apoyo presupuestario que requiera. Señor Rodríguez
Zapatero, el turismo es básico para afrontar el reto de la
globalización.
En tercer lugar, el sector de construcción; otra debilidad del sistema. Ha
sido el subsector que ha ejercido el liderazgo del crecimiento económico.
Las deficiencias de la industria han sido absorbidas por este sector. La
falta de una política pública en materia de vivienda ha llevado a una
situación insostenible. No menospreciamos la riqueza ni la generación de
empleo que este sector aporta, pero no es bueno que el 40 por ciento de
la inversión extranjera sea de carácter inmobiliario. Es un mal síntoma.
Hay, pues, que compensar este modelo que no da más de sí. No será fácil,
pero es necesario un gran acuerdo entre todos los agentes sociales y
todas las administraciones para reordenar el crecimiento y no es casual
que este modelo de bajo coste salarial y precarización laboral implique
el desorden de la masiva llegada de trabajadores inmigrantes.
Construcción, turismo de baja calidad e industria sin valor añadido son
el mejor caldo de cultivo para la inmigración ilegal y para la
explotación, que demasiadas veces roza la esclavitud, y la pérdida de
muchas conquistas laborales para todos los trabajadores, para los venidos
de fuera o
para los nacidos aquí. Para impulsar este cambio hay que garantizar la
libertad de mercado y la igualdad de oportunidades. El mercado hoy
requiere libertad y determinadas situaciones de dominio no son
precisamente la mejor garantía de una sociedad liberal y abierta. En
estos últimos 10 años hemos asistido a la privatización de sectores
estratégicos que formaban parte del patrimonio común, es decir, de todos.
En el sector energético y en las telecomunicaciones, de lo que tenía que
ser una liberalización -es decir, diferentes agentes que compitieran
entre sí- se ha pasado a monopolios de carácter privado que muchas veces
penan las iniciativas. Hemos asistido a cómo la compañía Telefónica era
cedida a amigos del Gobierno -de Villalonga a Alierta-, también al
lamentable espectáculo, para la libre competencia, de cómo con fondos
públicos -caso de los costes de transición a la competencia- se
financiaban las empresas que monopolizaban distintos sectores, y al mismo
tiempo estos sectores no han observado una sustancial mejora del
servicio, del precio y de la calidad técnica. Pongamos un ejemplo de cómo
más allá de los sectores estratégicos el Gobierno anterior ha pervertido
la libertad de mercado. La trasposición de la Directiva europea de la Ley
de antimorosidad, una ley que pretende regular un aspecto fundamental de
las transacciones comerciales -evitar la dilación del pago a más de 30
días-, el Gobierno anterior introduce dos excepciones: la Ley de
contratos de las administraciones públicas y la Ley de comercio. Es
decir, las grandes empresas dedicadas a las grandes obras de financiación
pública podrán seguir pagando sus subcontratas a 90 ó a 120 días y las
grandes superficies comerciales -el mismo caso- a sus proveedores. El
Gobierno anterior ha beneficiado a grandes grupos en perjuicio de los
empresarios pequeños, medianos y autónomos y usuarios en general.
Confiamos, señor Rodríguez Zapatero, en que su Gobierno sea capaz de
restablecer la igualdad y la libertad de oportunidades en el mercado. Las
posiciones de dominio, monopolio y abuso deben dejar paso a las
oportunidades para todos. Un mercado abierto, un mercado liberal. Sólo un
marco de competitividad puede mejorar la productividad. Hasta ahora hemos
visto cómo el modelo especulativo ganaba al productivo. Un caso muy
significativo es el Decreto de horarios comerciales, que beneficiaba a
las grandes superficies comerciales en detrimento del pequeño comercio o
comercio familiar, que intentó arrasar la competencia a partir de forzar
la apertura en festivos y a abrir 24 horas, además de pagar, como
decíamos anteriormente, a sus proveedores a 90 ó 120 días. Esto no es
competitividad ni mejor servicio, sino el intento de la potencia
financiera de arrasar a la pequeña y mediana empresa del sector. Señor
candidato, esperamos que la política comercial resida en las competencias
exclusivas de las comunidades autónomas y se acabe este modelo al dictado
de las grandes distribuidoras, pero la concentración de poder económico
en pocas manos que aludimos ha tenido un proceso paralelo en la
concentración territorial de este poder.
La privatización de sectores como el eléctrico o de las telecomunicaciones
ha comportado la creación de órganos reguladores como la Comisión del
Mercado de Valores, la Comisión Nacional de la Energía o de las
Telecomunicaciones, que lejos de ubicarse en las distintas capitales,
como ha hecho la República Federal Alemana o la República Italiana, se
han instalado todas en Madrid. Si a este factor se le añade la estructura
radial de las infraestructuras de comunicación, el cóctel centralista
está servido. Dijo el anterior presidente -aún presidente; esperemos que
dentro de pocas horas no sea así-, hace cuatro años en este mismo debate,
que aspiraba a que todas las capitales del Estado estuvieran a menos de
cuatro horas de Madrid, un ejemplo claro del radialismo que quiso aplicar
a las autovías, a los aeropuertos y a los ferrocarriles, además de a los
sectores estratégicos: Madrid, kilómetro cero. El mismísimo Círculo de
Economía de Barcelona expuso un informe del impacto que esta
centralización tenía sobre la economía catalana: muy negativo. Fíjese,
señor Rodríguez Zapatero, hasta qué punto llegó el ansia centralista que
con la última Ley de puertos se cercenó el poco margen de decisión de las
comunidades autónomas en este ámbito. Confiamos en que su modelo será
garantizar el desarrollo de las infraestructuras pendientes en Cataluña:
desdoblamiento de la Nacional II entre Barcelona y La Junquera, la N-340
hacia el sur, Barcelona-Lleida, que lleva 20 años de retraso, y aún no
está terminada la N-II. La apuesta por el ferrocarril implica mejoras en
la red y la construcción de nuevos ejes de mercancías. Hoy en Cataluña
tenemos líneas de ferrocarril como la de Barcelona-Puigcerdá o la de
Lleida-Manresa a punto de desaparecer por inanidad presupuestaria, o las
carencias de la red de ferrocarril en la conurbación metropolitana de
Barcelona. Asimismo, esperamos que se concrete en un futuro inmediato la
conexión del tren de gran velocidad con los aeropuertos catalanes para
constituir un hub transoceánico, como asimismo el traspaso de la gestión
de los aeropuertos catalanes a la Generalitat, una reivindicación de
todos los sectores empresariales catalanes. Desde Cataluña se pide una
apuesta decidida por el arco mediterráneo y el eje del Ebro. Es el
equilibrio con el centro lo que reivindicamos. Nos parece de justicia.
En política de igualdad, a nuestro modo de ver, la Ley de calidad de la
enseñanza debe reformarse absolutamente o derogarse, porque algunos de
sus principios básicos se contradicen con la necesidad que tiene nuestra
sociedad de contar con un sistema educativo que garantice el derecho de
todos los ciudadanos a una educación integral y que atienda la diversidad
sin segregar. Conviene pues, en primer lugar, la desaparición de los
denominados itinerarios de los niveles obligatorios. En segundo lugar,
conviene reducir el excesivo énfasis que pone la evaluación diseñada en
la LOCE
de los procedimientos selectivos porque puede contribuir a aumentar el ya
elevado índice de fracaso escolar. En tercer lugar, la ley que anula en
la práctica uno de los pilares básicos del sistema educativo en Cataluña,
fundamental: la inmersión lingüística -el gran pacto no escrito- por las
clases populares catalanas para la cohesión social y la unidad civil del
pueblo de Cataluña. Esperemos que este nuevo Gobierno haga una moratoria
y que luego derogue o reforme la Ley de calidad de la educación; lo
esperamos, señor candidato.
Creemos fundamental para la acción de un Gobierno de izquierdas garantizar
la igualdad de oportunidades de todos los colectivos, evitando su
exclusión del Estado del bienestar. Entre estos colectivos deben merecer
especial atención los pensionistas; usted se ha referido a ello en su
primera intervención. El Estado debe garantizar que ningún ciudadano
reciba una pensión por debajo del salario mínimo interprofesional,
ajustada al coste de la vida de cada comunidad, garantizando así el mismo
poder adquisitivo de las pensiones mínimas. Deben merecer especial
atención las mujeres viudas, que con la legislación actual perciben
aproximadamente un 50 por ciento de la pensión del cónyuge fallecido.
Esto ha creado una gran bolsa de pobreza femenina a la que se debe poner
remedio urgentemente. Con carácter de urgencia, además, se debe permitir
el cobro del SOVI complementario a la pensión de viudedad. Esperamos que
en la legislatura se afronte una ley para las personas con dependencia
que sitúe al Estado español en el nivel de asistencia y bienestar de los
Estados socialmente más avanzados. No podemos avanzar en el siglo XXI sin
conseguir materializar de forma definitiva la igualdad entre hombre y
mujer. Hoy en día la mujer soporta buena parte del Estado del bienestar,
los tres turnos, a costa de su proyección personal y de su salud. Toda
política encaminada a la igualdad de género debe tener presente esta
realidad. El Estado español es el que tiene el índice más bajo de
natalidad y, al mismo tiempo, es el que menos ha invertido en políticas
sociales. Hay que garantizar que a igual trabajo, igual salario. Las
mujeres son perfectamente responsables y capaces de decidir sobre su
maternidad y su sexualidad. Todas deben tener acceso al sistema
anticonceptivo de su libre elección y derecho a decidir libremente sobre
la interrupción del embarazo. Estamos de acuerdo en que hay que erradicar
también de nuestra sociedad la lacra de la violencia de género. Por ello
hay que legislar para poner fin a la violencia, asistir a las mujeres
maltratadas y establecer las bases de la prevención; prevención que debe
pasar por una educación no sexista, la revisión de los contenidos
sexistas en los medios de comunicación y del conjunto de la sociedad.
Todas las personas son iguales con independencia de su orientación
sexual; por ello todo ciudadano debe gozar del derecho de ejercer su
unión matrimonial con otra persona del mismo sexo, así como del
conocimiento jurídico de distintos tipos de familia. Esta legislatura
debe significar el fin de la discriminación de los ciudadanos gays y
lesbianas. También la fraternidad es un valor republicano y Esquerra
Republicana no piensa abandonar este concepto clásico que hoy llamamos
solidaridad, que no puede quedar como un concepto vacío.
La política exterior tiene que recuperar el europeísmo que tanto costó
alcanzar y con un papel relevante en el nuevo equilibrio internacional.
Esquerra Republicana siempre ha entendido que el compromiso democrático
es inherente a la construcción europea. En los últimos años esta política
se ha visto marginada en beneficio de un atlantismo que ha traído fatales
consecuencias. Sin obviar el papel de los Estados Unidos, Europa debe ser
el referente para la construcción de un orden social más justo. Por ello,
el catalanismo siempre ha creído que cuanta más integración europea, más
libertad y más justicia; pero el papel que ha jugado el anterior Gobierno
en la Convención europea y su futura Constitución ha sido fatal para el
reconocimiento de Cataluña y su lengua en las instituciones europeas.
El señor PRESIDENTE: Honorable diputat, el temps es or, que como usted
sabe quiere decir que el tiempo es oro. Vaya concluyendo.
El señor PUIGCERCÓS I BOIXASSA: De ahí nuestro escepticismo, aunque
conscientes de que el proceso europeo no tiene marcha atrás. Lo que sí
necesita dar marcha atrás es el despropósito de Irak.
Señor Rodríguez Zapatero, asuma el compromiso de que si la ONU no asume el
control político, militar y de la reconstrucción económica hay que
retirar las tropas en junio. Esta fue una guerra ilegal e injusta -si es
que hay guerras justas-, a la que el señor Bush arrastró a sus aliados y,
entre ellos, al señor Aznar. La mayor parte de la población se expresó
contraria a esta guerra que ha llevado más caos y más destrucción a las
sufridas poblaciones iraquíes y kurdas, que ya padecieron una dictadura
atroz. Señor Rodríguez Zapatero, sea valiente y coherente y retire las
tropas. Será la primera contribución a un orden mundial más justo.
La segunda y final en el orden internacional es el respeto a la zona más
empobrecida de nuestro entorno, el Magreb. Usted, su Gobierno tiene que
ser el puente entre Europa y el Magreb, entre Occidente y el Magreb, y
tiene que establecer lazos de colaboración en el desarrollo económico,
cultural y social. Desgraciadamente ha tenido que pasar un drama como el
del 11 de marzo para que muchos se dieran cuenta de que el Magreb,
Marruecos, Argelia o la República Saharaui precisan nuestra ayuda. El
brutal atentado del 11 de marzo no tiene ninguna justificación, ninguna,
pero la miseria y la injusticia también son decisivas en la propagación
del fanatismo. Y su Gobierno tampoco puede olvidarse del Sahara, un
pueblo abandonado que exige lo que es justo, su derecho a la
autodeterminación.
Finalmente -y ahora sí acabo, señor presidente-, en el ámbito de la
cooperación hay que señalar que es necesario un viraje en la política
llevada a cabo por el Gobierno español. En ese sentido también aspiramos
-y ahí creo que estamos de acuerdo- a la concreción y aprobación
definitiva de un estatuto del cooperante que dé una mayor seguridad
jurídica y laboral a las personas que trabajan en este ámbito. La
fraternidad es un valor republicano que no puede quedar como un concepto
vacío. La política exterior tiene que recuperar el europeísmo que tanto
costó alcanzar y tener un papel relevante en el nuevo equilibrio
internacional.
Señor Rodríguez Zapatero, le hemos explicado parte de nuestra visión de la
próxima legislatura. Le queremos dar confianza. Creemos que su Gobierno
puede marcar un cambio importante. Hay mucho ciudadanos y muchas
ciudadanas ilusionadas en esta nueva etapa. Creemos que no nos va a
defraudar. Le vamos a dar confianza y esperamos que este Gobierno sea de
cambio, un Gobierno tolerante, un Gobierno dialogante con las personas y
con los pueblos. Esta es la esperanza que tiene Esquerra Republicana.
Confiamos en ustedes.
Muchas gracias. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Señor candidato, su turno.
El señor RODRÍGUEZ ZAPATERO (Candidato a la Presidencia del Gobierno):
Gracias, señor presidente.
Señor Puigcercós, quiero agradecerle el tono con el que se ha dirigido a
la Cámara y al candidato, y la sinceridad, porque ha hablado muy claro en
esta sesión. Usted ha hablado claro y yo le voy a pedir que escuche -sé
que lo va a hacer- con atención y con toda la capacidad de comprensión
que -confío- tiene.
Usted se ha declarado perteneciente a un partido independentista, a un
partido soberanista catalán. Yo respeto su opción ideológica, su opción
política, como no puede ser de otra manera, que es verdad que viene de
una honda raíz de lo que representa su formación política. Usted invocaba
los lazos que en algún momento, históricamente de manera muy intensa,
tuvo con el Partido Socialista Obrero Español, que también es una
formación con mucha historia en este país y que, como bien sabe, este año
cumple los 125 años de existencia como partido político. En ese tiempo,
como seguramente coincidirá conmigo, casi todas las cosas han
evolucionado profundamente. Me gustaría que por un tiempo se mantuvieran
a la expectativa y comprobaran cómo puede ser una España plural de
verdad, que entendieran que puede ser incluso más atractiva desde sus
posiciones y desde esa referencia histórica que desde sus -permítame-
tentaciones soberanistas. Espero que puedan comprobarlo, que lo tengamos
presente y que por tanto asumamos que hoy casi nadie puede ser
independiente; que la libertad para un territorio, para un pueblo, no
siempre va acompañada de esa condición, mucho menos en un mundo
globalizado, mucho menos con la Unión Europea como una gran y nueva
formación política, históricamente desconocida, que abre unas
expectativas enormes y que por ello sin ningún prejuicio podamos dialogar
intensamente sobre todos estos conceptos que son de gran calado, más allá
de lo que representa hoy el debate de investidura, y que me interesan e
incluso me llegan a apasionar desde el punto de vista ideológico.
Señor Puigcercós, en relación con el terrorismo quiero hacerle algunas
consideraciones. Me gustaría que hubiera un matiz de lenguaje, que es
importante. Ha aludido a las causas que en algún momento pueda haber.
Creo que deberíamos dejar de hablar de causas del terrorismo porque
pueden darle un mínimo de justificación e incluso de explicación; es
mucho más lógico hablar de políticas o de problemas que no ayudan a la
lucha contra el terrorismo. Evidentemente, como he expresado durante todo
el debate de hoy, la guerra de Irak no ha ayudado a la lucha contra el
terrorismo internacional, no ha ayudado nada, y eso que era uno de sus
objetivos fundamentales. Esta mañana, en mi discurso de investidura, he
asumido un compromiso: no habrá restricción de libertades para luchar
contra el terrorismo. Es un compromiso solemne. Creo que la sociedad
democrática y el Estado de derecho tienen mecanismos suficientes para
ganar la confrontación con el terrorismo y para ganar desde el punto de
vista político a ciudadanos que puedan tener la tentación de secundar o
tener simpatía por la violencia, allí donde queden en algún territorio de
nuestro país o en el marco del terrorismo internacional. Le agradezco su
disposición, por tanto, a compartir esfuerzos en la lucha contra el
terrorismo. También quiero subrayar que esa actitud será la que el
Gobierno lleve adelante, como ya he expresado a otros grupos.
Por supuesto que tenemos una preocupación importante por la política
penitenciaria, por el aumento de la delincuencia y de la criminalidad.
Quiero expresarle que nuestro programa electoral, en relación con la
mejora de la seguridad ciudadana, pone mucho énfasis en las causas del
delito, tolerancia cero ante las causas últimas de mucha delincuencia, y
tolerancia cero ante la delincuencia. Hay un dato que he recordado a la
Cámara y que me parece enormemente significativo. Según la última memoria
de la Fiscalía General del Estado, el 70 por ciento de la delincuencia
más habitual, pequeña y mediana delincuencia que tanto daña la seguridad
ciudadana, proviene de jóvenes que son fruto del fracaso escolar. Sin
duda alguna tiene que haber una política de prevención social, tiene que
haber una política penitenciaria, cuestión decisiva que siga buscando la
reinserción social.
Desde luego, señor Puigcercós, mi visión del funcionamiento del Estado
desde el punto de vista territorial de la Constitución es bien distinta
de la que hemos oído hoy al portavoz del partido que sale del Gobierno;
bien distinta -lo va a comprobar usted- aunque, eso sí,
parte también de principios y de convicciones sobre lo que representa el
funcionamiento de un Estado. No voy a discutir ahora sobre el interesante
terreno intelectual que ha señalado usted desde la tribuna sobre los
derechos colectivos y los derechos individuales. Creo que tenemos que
trabajar para que la ciudadanía del Estado, de España -los españoles y
españolas-, se sienta libre, sea una ciudadanía que se sienta con
derechos, sea una ciudadanía que incorpore al contenido de sus
posibilidades tanto lo que representa vivir en una nacionalidad o en una
región como lo que representa vivir en un Estado o vivir en Europa. Por
parte del Gobierno del Partido Socialista va a haber una actitud abierta
a lo que representa esa posición y algunas de las cosas que usted ha
mantenido. No soy partidario, por supuesto, de ninguna ley de punto
final. Creo que un Estado profundamente descentralizado, como es el
nuestro, es un Estado vivo. Creo que hay que adoptar una actitud positiva
hacia lo que representan los procesos de descentralización y hay que
recordar, como he expresado en más de una ocasión, que los gobiernos de
las comunidades autónomas, las administraciones de las comunidades
autónomas son Estado; por tanto cualquier otra visión, cualquier otra
conformación distinta no se corresponde con lo que ha querido nuestra
Constitución. Lo digo fundamentalmente por alguna intervención que he
oído esta tarde, no la suya, evidentemente, en esta cuestión.
Nuestra Constitución hace un reconocimiento claro -yo lo he hecho esta
mañana en mi discurso en diversos momentos- de las lenguas de nuestro
Estado, de nuestro país. Desde aquí le quiero decir, señor Puigcercós,
que tengo un decidido compromiso de respeto y de apoyo a las lenguas del
Estado español. Usted ha hecho una petición que me parece que tiene su
importancia política para lo que representan algunas de las lenguas y en
especial el catalán y que tiene que ver con la Constitución de la Unión
Europea. Yo le puedo decir desde aquí que el Gobierno, si mañana obtengo
la confianza, lógicamente, va a trabajar desde mañana mismo para que
podamos tener ese reconocimiento y la publicación de lo que significaría
la Constitución por la Unión Europea en las distintas lenguas y por
supuesto en catalán. Me parece razonable. (Aplausos.) No sé si llegaremos
a tiempo, pero sepa que lo voy a intentar, por convencimiento y porque me
parece positivo. En todo caso, le puedo decir de una manera clara que, si
no pudiera ser, el Gobierno de la nación hará todo lo que esté en su mano
para que la Constitución europea tenga una edición en catalán y en las
distintas lenguas de nuestro país. (Un señor diputado: En valenciano.) En
las distintas lenguas, sí. Tengo que decir que para mí un país que tiene
distintas lenguas es un país que se puede sentir orgulloso de su riqueza
lingüística, de su diversidad; que una lengua es un gran patrimonio
histórico, social, de convivencia y de futuro. (Rumores.) Es un tema que
le encantaría discutir a algún diputado del Grupo Popular. Yo lo siento
así porque, como decía esta mañana, es un tema que tiene que ver con la
cultura. (Aplausos.) La cultura es ante todo comprender cómo sienten los
otros y una de las maneras más claras de sentir es a través de una
lengua, de un idioma. Eso es la cultura: comprender cómo sienten los
otros. Ese es el mejor camino de convivir bien.
Señor Puigcercós, ha abierto también una serie de cuestiones relativas a
política económica y política social que tienen importancia en general y
en particular para Cataluña. Le diré que comparto en buena medida el
análisis sobre las necesidades de nuestra industria y de la industria
catalana. He comprobado de manera muy directa la sensación de
preocupación que tienen los empresarios catalanes, y creo que es
fundamental que Cataluña sea un eje decisivo de la economía de nuestro
país y de la economía de la Unión Europea. Es fundamental fomentar todo
el corredor del Mediterráneo, el eje del Ebro y la conexión con Francia.
Nuestro Gobierno dará un apoyo claro a las infraestructuras y al
desarrollo, y lo dará además en un escenario -me va a entender
fácilmente- de colaboración y cooperación con el Gobierno de Cataluña.
Desde el primer día de su inauguración estaré apoyando el Fórum de las
Culturas, al igual que quiero aprovechar también este momento para dar mi
apoyo a la Copa América de Vela, en Valencia (Aplausos.) y también al
proyecto de Exposición Universal para el 2008 de Zaragoza. (Aplausos.)
Creo que con ello multiplicaremos los centros, los ejes económicos en
nuestro país. Tenemos una concepción alejada de la visión radial
histórica, tenemos una concepción mucho más cercana de lo que es trabar
redes para que todas las comunidades estén bien trabadas entre sí, con
muchas más posibilidades y que no tenga que pasar todo por el centro.
Desde luego eso será bueno para la economía española y también para la
catalana. No tengo ninguna duda. El interés por la industria y por hacer
una política industrial, que hace algún tiempo parecía casi un término en
desuso, explica la creación del Ministerio de Industria. Mi convicción de
que el turismo es esencial para la economía de nuestro país y que
necesita, en efecto, una reforma que hay que hacer con el propio sector
explica que el Ministerio sea de Industria y de Turismo, que hace mucho
tiempo que el turismo había desaparecido como tal en el Consejo de
Ministros.
Tengo la firme decisión, como he explicado a lo largo del debate, de hacer
de la investigación y el desarrollo de las nuevas tecnologías el corazón
del desarrollo económico en los próximos tiempos; desarrollo económico
que será mejor. Creceremos más y de una manera más sólida si recuperamos
mucho terreno de libertad económica, si recuperamos mucho terreno de
igualdad de oportunidades, si recuperamos lo que debe ser una competencia
real frente a un proceso de acumulación de monopolios en distintos
sectores. Tenga por seguro que mi Gobierno va a fomentar la competencia
y, desde luego, no va a favorecer los intereses de oligopolios y las
tendencias que hemos visto en los últimos tiempos. Igualmente será un
Gobierno de apoyo y protección al pequeño comercio. Se ha dicho aquí, y
creo que se ha dicho bien, que el proceso de acumulación de determinadas
distribuidoras del conjunto del mercado en los últimos años ha sido
espectacular y, desde luego, no sé si determinadas políticas han
favorecido la libertad de los consumidores o han favorecido la libertad y
la acumulación de poder de algunos distribuidores. Creo que en esta
cuestión podemos mantener un diálogo a fondo entre el Gobierno y las
comunidades autónomas para favorecer el pequeño comercio y para tener un
sistema de distribución mucho más abierto a los principios de libertad y
competencia que favorecerán a los consumidores.
Me he pronunciado con nitidez sobre el Plan Hidrológico Nacional y lo que
afecta al trasvase del Ebro. Me he pronunciado con claridad también sobre
la Ley de calidad, que es una ley que ni por el fondo ni por la forma
puede contar con nuestro respaldo, como no contó en su día, y cuya
aplicación va a ser suspendida en aquellos decretos a los que ya hemos
hecho referencia. Haremos una nueva ley educativa buscando el máximo
consenso, una ley -como he dicho- para extender la educación y garantizar
el mayor nivel de igualdad de oportunidades, para hacer que ningún niño,
ningún adolescente ni ningún joven, por muchas dificultades que tenga,
bien de origen familiar, bien de su propia actitud, pueda quedar atrás en
un proceso formativo mínimo que será imprescindible para vivir en
libertad y para tener unas mínimas posibilidades de vida.
He adquirido también un compromiso en materia de mejora de las pensiones,
especialmente de las más bajas; el compromiso de poner en marcha un
sistema en concertación con comunidades autónomas en materia de
dependencia, de avanzar hacia un sistema generalizado de ayuda a las
personas que sufren dependencia, especialmente los mayores, los
discapacitados en un momento y en una fase de la sociedad, donde aumentan
afortunadamente las expectativas de vida. Creo que ha habido
pronunciamientos y compromisos muy nítidos sobre la igualdad de mujeres y
hombres, la igualdad radical me gusta decir. Este es un elemento central
de desarrollo y de avance de un pueblo. En alguna ocasión ya lo he dicho,
pero quiero reiterarlo hoy en esta tribuna: los pueblos, los países, las
sociedades más avanzadas son aquellas en las que hay mayor igualdad real
entre hombres y mujeres. Ese sí es un factor absolutamente inequívoco del
grado de desarrollo de una sociedad, y por ello tomaremos medidas
innovadoras -que no he explicitado hoy porque un discurso de investidura
tiene una acotación temporal inevitable-, tanto en el poder político como
en el ámbito de las empresas incentivadoras de la presencia de mujeres
porque es un camino necesario para la igualdad en todos los ámbitos y,
desde luego, todo lo que representa el apoyo, la conciliación de la vida
laboral y de la vida familiar. Ha escuchado mi apuesta por erradicar las
discriminaciones legales a las personas en función de su libertad de
opción sexual; será un compromiso rápido porque es absolutamente
imprescindible.
Quiero reiterar, señor Puigcercós, que uno de los aspectos que he
resaltado en la intervención y en el debate de esta mañana es mi voluntad
inequívoca de cumplir los compromisos que he dado a la ciudadanía
española. He reflexionado esta mañana en que una de las cosas que más
aleja a la gente de la política es que no se cumpla lo que se dice, que
se engañe, que no se respete a la gente; si uno tiene la capacidad -y un
Gobierno tiene bastante capacidad de tomar una decisión, de lograr una
conquista social, de fomentar una ciudadanía activa, crítica, positiva-,
si lo puede hacer, lo tiene que cumplir necesariamente. Pienso en mis
compromisos en relación con lo que ha sido la guerra de Irak...
El señor PRESIDENTE: Señor Rodríguez Zapatero, discúlpeme.
Por favor, la hilada de la izquierda no haga tertulias en los pasillos.
Salgan, por favor, no hagan tertulias.
Continúe.
El señor RODRÍGUEZ ZAPATERO (Candidato a la Presidencia del Gobierno):
Como decía, mi compromiso con la guerra de Irak, con la presencia de las
tropas españolas, sigue firme en los términos que es bien conocido con mi
compromiso europeísta, con el llamamiento a todos los grupos a que
respalden esta parte final en la que hay que rematar la Constitución
europea, porque es fundamental que hagamos una apuesta decidida, de
entusiasmo europeísta, coincidiendo con lo que va a ser la aprobación de
la Constitución de la Unión Europea que abre oportunidades de ciudadanía,
que abre oportunidades de paz, que da garantías a la cohesión social, y
que también favorecerá y permitirá a las comunidades autónomas y a sus
gobiernos tener una participación amplia en los procesos de decisión de
la Unión Europea.
Ya me he expresado al respecto y también mi Gobierno dará pasos
sustanciales en esa materia. Claro que el Gobierno socialista será un
Gobierno puente entre Europa y el Magreb, entre Europa y el Mediterráneo,
también entre Europa y Latinoamérica; esa es la actitud y el papel que
nos demandan. Lo lograremos con una política exterior en la que cuente
tanto la diplomacia como la cooperación al desarrollo. Por ello, el
ministerio será Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación para darle
una nueva dimensión, una nueva estrategia ante todo lo que representa un
orden mundial donde el diálogo es el camino más seguro para la paz, donde
será mejor la diplomacia preventiva que las intervenciones militares
preventivas, donde quiero y espero que con el apoyo de esta Cámara
situemos a España en uno de los referentes de esa cooperación al
desarrollo en el
mundo. En definitiva, señor Puigcercós, le agradezco el contenido de su
intervención. Remito a otro momento, que incluso puede ser fuera de esta
tribuna, aquellos aspectos que me encantaría debatir desde el punto de
vista ideológico, político, del futuro de la estructura de los Estados,
de la idea de la soberanía y de las vocaciones independentistas. Creo
sinceramente que para esta legislatura podremos tener un terreno de
entendimiento y de diálogo con el talante que he comprometido ante todos
los grupos y que va a ser el que impere con todos aquellos que quieran
trabajar por el futuro y la mejora de nuestros ciudadanos y ciudadanas de
Cataluña y, evidentemente, de todo el país.
Permítame que termine con una reflexión de acercamiento personal. Es
verdad que no he hablado mucho de deporte y de federaciones deportivas,
pero sabe muy bien el señor Puigcercós que sí tenemos en eso un terreno
bastante fácil a compartir por la simpatía que tenemos a los mismos
colores futbolísticos.
Muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Señor Puigcercós, su turno de réplica.
El señor PUIGCERCÓS I BOIXASSA: Gracias, señor Rodríguez Zapatero.
Señoras y señores diputados, ser de los mismos colores futbolísticos puede
mejorar la relación, evidentemente, y no es usual que haya candidatos a
la Presidencia del Gobierno que sean de los mismos colores que usted y
yo; creo que va a ser también una novedad.
Señor Rodríguez Zapatero, usted se ha comprometido aquí a que su Gobierno
hará todo el esfuerzo para que en el listado de lenguas de la futura
Constitución europea figure el catalán. Si consigue esto hará justicia a
la lengua catalana. Como he dicho antes, la lengua catalana es una
anomalía en Europa, diez millones de personas que hablan catalán verían
perjudicadas sus legítimas aspiraciones de desarrollar sus actividades
humanas normales si no tuvieran este reconocimiento. Es muy importante.
Sepa usted, señor Rodríguez Zapatero, la importancia de su gesto hoy con
la lengua catalana, creo que es una decisión histórica. Confiamos en su
compromiso, confiamos en que su Gobierno va a ver la lengua catalana no
como un cuerpo extraño, como una anomalía, sino como un hecho que forma
parte del patrimonio común. Por eso felicitamos que su Gobierno inicie
este proceso. Sabemos que van contra reloj, que va a ser complejo, pero
esperemos que su Gobierno pueda incorporar que la lengua catalana esté en
el título IV, punto 10, de la futura Constitución europea con todas las
lenguas que hoy existen en Europa.
No he hablado en la intervención anterior, pero usted me ha respondido,
sobre el plan hidrológico. Sabe la postura de nuestro partido: el plan
hidrológico nació sin consenso, nació como un intento virtual, sin
presupuesto y sin el apoyo de la Unión Europea. El actual Gobierno de
Cataluña ya mostró su oposición, así también el Gobierno de Aragón.
Creemos que este es un tema que necesita ya pararse, hay que parar el
plan hidrológico. Necesitamos una nueva cultura del agua, su Gobierno
tiene la responsabilidad de garantizar agua para todos los territorios
que la necesiten, pero con la nueva cultura del agua, y esto no implica
trasvases. Por ello esperamos de este Gobierno la inmediata derogación
del plan hidrológico y la elaboración de un nuevo plan sobre la base del
diálogo, el consenso y los criterios de una nueva cultura del agua, de
nuevos proyectos que tengan como referencia prioritaria el desarrollo
sostenible y la protección del medio ambiente.
Me hubiera gustado hacer en la exposición anterior -lo haré ahora- una
breve referencia al País Valenciano y a las Illes Balears, a los
problemas que nuestros conciudadanos sufren, a las soluciones que hemos
de encontrar para garantizar la convivencia y el bienestar con estos
territorios. Problemas tan diversos como la necesidad de agua que tiene
el País Valenciano, donde tendremos que arbitrar medidas eficaces para
garantizar la suficiencia hídrica. El País Valenciano necesita agua, no
trasvases, ni el del Ebro, ni el del Júcar, ni el de Vinalopó. No
necesita la confrontación con otros territorios y ciudadanos. Necesita
urgentemente mejorar los sistemas de canalización, necesita medidas de
ahorro de aguas, necesita mejorar los sistemas de riego, necesita depurar
el agua de sus ríos y de la Albufera, necesita detener la depredación
medioambiental perpetrada por una política urbanística sin orden ni
control, necesita una moratoria urbanística, tanto las Illes Balears como
el País Valenciano, así como una nueva política turística, como decíamos
anteriormente, basada en la calidad y en la sostenibilidad; de lo
contrario en muy pocos años estaremos sin remedio a merced de una
competencia, ahora incipiente, de otros países de nuestro entorno
mediterráneo que provocará, de no variar el modelo turístico, una crisis
de graves consecuencias, no sólo para gentes de estos territorios sino,
como decíamos anteriormente también para el conjunto del Estado.
De igual manera hay que atender, tanto en el País Valenciano como en las
Illes Balears, a las necesidades de una estructura económica de pequeña y
mediana empresa, con capacidad para generar empleo y riqueza, ahora
selladas por la presión fiscal y por los efectos de la economía
globalizada. Requieren políticas firmes de apoyo a sectores industriales
como el mueble, el juguete, el calzado o el textil, ahora sumidos en una
profunda crisis. De igual manera, necesitamos atender las demandas de una
agricultura potente como la valenciana, ahora golpeada e indefensa ante
las masivas importaciones de cítricos y de arroz que lesionan
profundamente nuestro sistema agrícola. Hemos de dotar al País Valenciano
de unas inversiones en infraestructuras necesarias para la preservación
de unas economías prósperas que se ven amenazadas por la mala gestión de
los recursos. Hablo del AVE, hablo de la Copa América, hablo de la
necesidad de inversión en infraestructuras viarias y aeroportuarias del
corredor mediterráneo, del eje del
Ebro, también en este caso del arco mediterráneo, despenalizando el
transporte terrestre, rescatando los peajes de autopistas, invirtiendo en
la red viaria convencional, coordinando los esfuerzos y no la competencia
entre los puertos de Barcelona, Tarragona, Valencia, Alacant y de
Mallorca. El País Valenciano y las Illes Balears necesitan aquello que
les corresponde, mejor capacidad de decisión política que implica una
reforma profunda de los estatutos, adecuándolos a las nuevas y cambiantes
realidades, así como la correspondiente mejora del sistema de
financiación que garantice sistemas sanitarios y educativos de calidad,
que permita afrontar nuevos e importantes retos como la masiva llegada de
inmigrantes, un nuevo sistema de financiación que garantice la
convivencia y la igualdad entre diferentes, compartiendo nuestra lengua y
nuestra cultura, nuestra tierra y nuestra lucha en un marco de
solidaridad.
Señor Rodríguez Zapatero, he escuchado atentamente sus aportaciones y sus
respuestas. Esta puede ser una legislatura de convivencia, de debate, de
diálogo y que aporte soluciones. Espere de Esquerra Republicana una
oposición leal y constructiva. Vamos a colaborar en aquellas políticas
que creamos suficientes y buenas. Se necesitan, se precisan. Usted ha
adquirido compromisos importantes, que son importantes también para
Cataluña, País Valenciano y las Illes Balears; compromisos en materia
turística. Yo decía antes que no se alejase nunca del turismo. De hecho,
usted lo ha mencionado. Desapareció la industria y el turismo en la
estructura ministerial. Es importante la aportación que usted ha
realizado y recogemos este compromiso. También creemos que es importante
su voluntad de mantener la palabra en la reforma estatutaria. En el
Estatuto de Autonomía de Cataluña hay muchas esperanzas centradas.
Esperemos que este proceso se cumpla con normalidad. Sabe usted que en
Cataluña hay consenso para llevarlo a cabo. Hay un consenso mayoritario
en la Cámara y en la sociedad catalana. También estamos satisfechos de
sus respuestas sobre la Ley de Calidad de la Educación. Hay que parar
esta ley para reordenar el sector. Sabe S.S. que el Gobierno de Cataluña
tomó una decisión unilateral muy discutible, pero que al final es la
única solución que teníamos para no llevar al sector educativo, la
comunidad educativa, a una situación de indefensión. Teníamos que
garantizar los planes de futuro y usted sabe que si algo necesita el
modelo educativo es planificación, futuro y estabilidad. Creemos que hay
que buscar la reforma de esta ley. Hay que buscar los espacios que
permitan una escuela pública en condiciones para todos. La escuela
pública ha sufrido en Cataluña y en el resto del Estado. Necesitamos que
la comunidad educativa, los padres, confíen en la escuela pública; que la
escuela pública no sea un gueto para aquellas personas que no puedan
pagarse un modelo privado o aquellos sectores de la inmigración que se
ven sumergidos en un gueto. Es la esperanza de una sociedad igualitaria,
con igualdad de oportunidades. La escuela pública tiene que ser el
compromiso de ayuda de este nuevo Gobierno.
Señor Zapatero, creemos en su compromiso ante lo que podrían ser las
infraestructuras de Cataluña. Cataluña tiene, no una sensación de agravio
comparativo, sino de que ha habido aquí un modelo, como decía antes, de
kilómetro cero; un modelo que se pensaba de forma radial, la reedición de
lo que se llamó el plan Redia. Incluso este plan Redia llegó a una
situación casi onírica, que se llevó al sistema aeroportuario. Parece
difícil imaginarse cómo se puede hacer un esquema radial en la estructura
aeroportuaria, pero el aeropuerto de Barcelona necesita de inversiones y
complementos para tener estructuras de nuevas compañías y poder
garantizar vuelos transoceánicos. También consideramos que los puertos
han tenido una capacidad muy importante para Cataluña, Valencia y
Alicante. Necesitamos una ley de puertos que facilite que las comunidades
autónomas y los agentes sociales puedan participar en este diseño de la
política portuaria, logística, de las zonas logísticas. Y sobre todo
necesitamos una apuesta en esta legislatura, que es la apuesta del
ferrocarril. Durante muchos años se ha hablado del ferrocarril, pero el
ferrocarril es el futuro, es un sistema de transporte sostenible, que nos
permite estructuras de mercancías; es también el futuro de nuestra
industria y nuestros servicios. Una apuesta de este Gobierno tiene que
ser el crear una mejora de la red de ferrocarril, el unificar los
diferentes anchos de vía. Hoy, por ejemplo, en Cataluña hay tres anchos
de vía de ferrocarril, y esto incapacita el crear sistemas de
trasposición, de conexión y de interconexión.
Por estas razones, nosotros le daremos nuestra confianza, ya se lo he
dicho antes, señor Zapatero. El grupo parlamentario de Esquerra
Republicana le va a apoyar en la investidura. Le ofrecemos nuestra
confianza. El independentismo catalán le ofrece su confianza. No creo que
se le escape la importancia y trascendencia estratégica de este hecho.
Tenemos una oportunidad histórica para iniciar un proceso que permita
hacer realidad un Estado plurinacional, pluricultural y plurilingüístico.
Nosotros nos damos una oportunidad, a ustedes, a la izquierda española;
démonos todos una oportunidad y convirtamos nuestra acción en una gran
esperanza.
Señor Zapatero, tiene cuatro años, no nos defraude, no dé ningún paso
atrás. Confiamos en que su Gobierno pueda generar la ilusión y la
esperanza que millones de votos han depositado en ustedes y en las otras
formaciones de izquierdas y nacionalistas que completan la pluralidad de
esta Cámara.
Muchas gracias, señor candidato, José Luis Rodríguez Zapatero.
(Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Señor candidato.
El señor RODRÍGUEZ ZAPATERO (Candidato a la Presidencia del Gobierno):
Señor presidente, unas brevísimas palabras simplemente para expresar mi
agradecimiento al apoyo que ha anunciado el señor Puigcercós en nombre
del grupo de Esquerra Republicana de Cataluña. Puedo asegurarle que esta
va a ser una legislatura
de trabajo y de diálogo, de esperanza y que no va a haber pasos atrás, van
a ser todos pasos hacia delante.
Muchas gracias. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Señorías, se suspende un momento la sesión. (Pausa.)
Señoras y señores diputados, por favor, tomen asiento.
Tiene la palabra el Grupo Parlamentario Vasco (EAJ-PNV), señor Erkoreka.
El señor ERKOREKA GERVASIO: Gracias, señor presidente.
Señorías, señor Rodríguez Zapatero, resulta cabalmente imposible fijar una
posición argumentada en torno a su investidura como presidente de
Gobierno sin hacer una referencia, siquiera sea mínima, al momento
histórico y, especialmente, al contexto político en el que tiene lugar.
(Rumores.)
El señor PRESIDENTE: Perdóneme, señor Erkoreka, es el fracaso mío como
presidente. Por favor, no hagan tertulias en los pasillos; es muy molesto
para el orador, suena mucho, hace mucho ruido y le cuesta concentrarse y
hablar.
Gracias.
El señor ERKOREKA GERVASIO: Gracias, señor presidente.
Le decía, señor Rodríguez Zapatero, que no resulta posible fijar una
posición razonada en torno a su investidura como presidente de Gobierno
sin aludir mínimamente al contexto político en el que tiene lugar la
sesión de investidura, porque las elecciones del pasado 14 de marzo -y
supongo que en esto coincidirá conmigo una buena parte de la Cámara- ha
puesto fin al período más aciago de la política española desde que la
muerte del dictador, el año 1975, hiciera posible devolver el poder al
pueblo. La VII Legislatura ha constituido un auténtico cuatrienio negro
para la democracia y las libertades -así lo vemos nosotros- porque tras
al falso banderín de una democracia fuerte y sin complejos, que es lo que
se nos decía, el partido político en el poder ha abordado toda una
contrarreforma del orden fundamental libre y democrático. Esa es nuestra
apreciación. La escandalosa reinstauración del delito político en los
últimos días de la legislatura, a través de un procedimiento, como usted
sabe, manifiestamente irregular, con la oposición de todas las
formaciones políticas de la Cámara y con la crítica prácticamente unánime
de todos los especialistas de derecho penal, sólo ha sido el broche
último, final, de una legislatura cargada de despropósitos, en la que la
mayoría absoluta ha puesto al descubierto la auténtica faz de una derecha
autoritaria e intolerante que acaparó impúdicamente el poder para
ejercerlo absolutista y arbitrariamente, despreciando a la oposición,
satanizando la discrepancia y descalificando de raíz al oponente en un
auténtico ejercicio de depredación política.
Las constantes interferencias del Poder Ejecutivo en el funcionamiento del
Poder Judicial, la manipulación sectaria de órganos constitucionales cuyo
prestigio y credibilidad dependen fundamentalmente de su capacidad de
actuar con arreglo a criterios de imparcialidad, independencia y
neutralidad, la permanente limitación de los mecanismos establecidos para
el control parlamentario y extraparlamentario del Gobierno, el incesante
estrangulamiento de la libertad de expresión y del derecho fundamental a
comunicar y a recibir una información veraz, son algunos, sólo algunos,
de los rasgos más negativos de una acción política, en nuestra opinión
funesta, que está en la base, en buena medida, del creciente escepticismo
con el que los ciudadanos contemplan la vida pública y el funcionamiento
del sistema institucional. El balance no puede ser más desfavorable desde
el punto de vista de la calidad del sistema democrático. La división de
poderes se ha convertido en una auténtica quimera y no son pocos los
ciudadanos que han vuelto a experimentar aquella profunda sensación de
desamparo que hace tan sólo unas décadas experimentaron ante los excesos
y los manejos abusivos de un poder único -entonces sí que era único, lo
que se dividían eran las funciones-, omnímodo e incontrolado, concentrado
en muy pocas manos.
Una de las principales aportaciones -fíjense- de la era Aznar a la
convivencia civilizada, a la tolerancia, a la libertad ideológica y al
pluralismo político, ha consistido en rescatar para el lenguaje político
correcto expresiones como las de: rojo, comunista y, por supuesto, la
fatídica expresión de separatista, que creíamos definitivamente
enterradas entre los recuerdos más sórdidos de la historia contemporánea;
de haber recuperado estas expresiones para utilizarlas, curiosamente, con
el mismo, exactamente el mismo tono peyorativo con el que lo hacían los
próceres del franquismo: ¡Comunista! ¡Separatista! Exactamente igual. Una
rancia semántica, una retórica zafia y ramplona, irresponsablemente
inducida desde el poder, que parecía querer arrastrarnos de nuevo a la
España de los años 40 o quizá más precisamente a la España de los 40
años.
Los responsables de esta gravísima regresión de la convivencia tolerante y
democrática juraron también, y lo hicieron solemnemente, la Constitución.
Lo hicieron, sí, sí, pero se tomaron tan seriamente su juramento de
guardar la Constitución que literalmente la guardaron en un cajón cerrado
con llave, arrojando al rincón del olvido los principales valores sobre
los que se asienta, postergando consciente y deliberadamente la libertad,
la justicia, la igualdad y, sobre todo, el pluralismo político. El tozudo
empeño en banalizar, cuando no en simplificar o en ignorar la enorme
complejidad que hoy reviste el Estado español, tanto desde el punto de
vista estrictamente político e ideológico como desde el prisma
territorial, ha dado lugar a unos modos de hacer política rígidos,
unitaristas, uniformizantes, que se han revelado como absolutamente
inadecuados para responder a la heterogénea realidad que pretenden
gestionar. Parece
que se nos ha dicho: si la realidad es compleja, es variada y es diversa,
peor para ella, porque las soluciones a aplicar serán únicas y
monolíticas. Así se ha actuado durante cuatro largos años y así nos ha
ido.
Tampoco puede decirse que las formas, tan importantes a la hora de medir
el talante democrático de los agentes políticos, hayan ofrecido un
semblante, digamos, más amable, más respetuoso y más humano. No. La
prepotencia, la soberbia, la arrogancia, salpicadas a veces curiosamente
con oscuras notas de rencor, incluso de resentimiento han inspirado un
estilo cargado de desplantes y gestos de altanería y desdén; han impuesto
unos modos envarados y petulantes que se han ensañado con especial
intensidad en los partidos políticos de la oposición y singularmente en
algunos, y además también curiosamente en algunos medios de comunicación,
los que no eran controlados por el Gobierno; lo de la moneda, etcétera.
En fin, gestos envarados y petulantes como pocos. Se ha impuesto desde el
poder un tono desabrido y hosco, de miradas cejijuntas y amenazantes, que
descalificaban a los discrepantes tachándolos, en el mejor caso, de
miserables, porque en el peor eran directamente tildados de cómplices del
terrorismo.
Muchos ciudadanos han acabado hastiados ante el espectáculo dado por una
clase gobernante que no ha practicado la política sino la dogmática, que
no ha sabido proponer sino imponer, que no ha gestionado la diversidad
sino el sectarismo, que no ha planteado ideas y proyectos sino verdades
incontrovertidas, que ha sustituido la pluralidad por un asfixiante
pensamiento único del que no se podía discrepar sino para sumergirse
irremisiblemente en el fuego del averno.
Sólo en un contexto así, señor Rodríguez Zapatero, sólo a la luz de estos
antecedentes se explica el hecho de que los agentes sociales y políticos,
entre ellos nosotros mismos, hayan puesto tanto énfasis en resaltar la
actitud abierta y la disposición al diálogo y al entendimiento que usted
ha querido exhibir tras su triunfo electoral. Sólo en un contexto así y
con estos precedentes se puede comprender esta exaltación de la
disposición abierta y de la disposición al diálogo y al entendimiento.
Porque el diálogo plural entre contendientes políticos que se respetan y
se reconocen mutuamente en lo que cada uno de ellos es, representa o
significa es lo mínimo que cabe exigir a un régimen político que se
considere democrático, porque lo que define a la democracia como producto
de la civilización es precisamente su designio en procurar la resolución
de los grandes conflictos políticos y sociales a través exclusivamente de
la palabra, el debate, la persuasión y en última instancia del voto. La
disposición a hablar, a contrastar y a debatir no debería ser una
cualidad personal de este o de aquel líder político; no, debería ser algo
que se da por supuesto en todos los dirigentes públicos con vocación
democrática, porque el diálogo se sitúa en el quicio mismo de la idea
democrática, es -si se me permite la expresión- como el aire que la
democracia necesita para respirar. Una democracia sin espacios para el
diálogo o es una democracia asfixiada e infecunda o sencillamente no es
una democracia. Esto es tan evidente que parece increíble que durante los
últimos años alguien haya podido ponerlo en cuestión impunemente. Esto es
tan claro que resulta difícil asumir el hecho de que alguien, en el
ejercicio de un mandato democrático, haya podido satanizar el diálogo
hasta el extremo de convertir la incomunicación política e institucional
en su principal divisa. Es inconcebible, es increíble. Señor Rodríguez
Zapatero, es sobre todo por oposición al viciado clima político que ha
imperado durante la última legislatura por lo que hoy se le reconoce a
usted un valor que no debería ser, insisto, una cualidad personal, sino
una conquista social plenamente integrada en el acervo común y
comunitario y compartido de la convivencia democrática. Es sobre todo el
contraste con la fatídica situación precedente lo que hace que su talante
abierto de hoy se nos presente como una gran novedad y como un gran
logro, porque las formas, las actitudes, el estilo, en suma, se han
convertido en un asunto de primer orden sobre todo a la luz de la
degradación que habían experimentado en los últimos años. Este dato,
señor Rodríguez Zapatero, reviste una importancia crucial de cara a su
investidura. Por de pronto, el resultado electoral del 14 de marzo
permite abrigar la esperanza -fíjese hasta qué punto soy cauteloso-,
permite abrigar la esperanza de que la política, abierta y flexible por
su propia naturaleza, no seguirá siendo suplantada por la rígida e
inexorable dogmática, de que la democracia no continuará degenerando en
un sistema cerrado de verdades incontrovertibles, de que el ideario del
partido en el poder, en principio tan legítimo como el de cualquier otro,
no volverá a convertirse en el único, insisto, en el único parámetro de
la ortodoxia que permite arrollar e incluso destruir al discrepante.
El resultado electoral del 14 de marzo da pie a confiar en que volverá a
instaurarse una visión más laica de la política, autoriza a presumir que
acabará imponiéndose de nuevo la persuasión de que en democracia la
verdad no es de nadie, es siempre compartida. En democracia no hay lugar
para los dogmas oficiales y las ortodoxias incuestionables. En democracia
nadie tiene toda la razón y precisamente por eso nadie está tampoco
absolutamente equivocado. En democracia la tolerancia no es una virtud,
es un corolario inexorable de la libertad y el pluralismo. En democracia
el juego de las mayorías y el respeto escrupuloso de los derechos
fundamentales y las libertades públicas acotan un terreno en el que la
única máxima permitida y admisible es la de la libertad. Existen razones,
pues, para alentar la esperanza de que algo cambiará en la vida política,
de que el aire no seguirá siendo tan contaminado como en la última
legislatura, de que la relación entre formaciones políticas y entre
instituciones gobernadas por diferentes partidos podrá ser más respetuosa
y civilizada, de que el pensamiento será libre, discrepar será legítimo y
el diálogo no será denostado como un síntoma de debilidad o de
claudicación, sino justamente valorado como
lo que realmente ha de ser, un eficaz instrumento de la convivencia
democrática. Ahora bien, la gran cuestión que queda en el aire es la de
si en esta nueva etapa que usted quiere inaugurar cabe esperar algo más
que un mero cambio de estilo y de talante, porque la renovación que usted
quiere promover en las formas es necesaria, es imprescindible, diría yo,
pero no es suficiente. Son muchos los ciudadanos que aun valorando
positivamente el talante abierto y dispuesto que usted exhibe, que aun
felicitándose por el hecho de que el terreno invadido durante los últimos
años por la dogmática vaya a ser nuevamente devuelto a la política, se
preguntan si usted, señor Rodríguez Zapatero, será capaz de abordar los
grandes problemas sociales y políticos que nos afectan desde presupuestos
y con arreglo a métodos distintos a los que han venido siendo utilizados
durante los últimos años. Son muchos los ciudadanos que quisieran saber
si usted gozará del temple y del coraje necesarios para concebir, para
diseñar y, en su caso, aplicar a los conflictos sociales fórmulas nuevas,
recetas inéditas; si podrá, en definitiva, demostrar, no ya con el
talante, no ya con la palabra, sino además con los hechos, que usted no
es más de lo mismo, que ofrece algo distinto a lo que hasta ahora
estábamos acostumbrados a ver y escuchar, que viene, en suma, firmemente
dispuesto a innovar y a arriesgar, a ambas cosas -no hay innovación sin
asunción de riesgo-, a innovar en el fondo, no sólo en las formas, y
además a arriesgar. En Euskadi de manera muy especial son muchos los
ciudadanos vascos los que se preguntan si usted, señor Rodríguez
Zapatero, se limitará a poner una sonrisa y un gesto amable donde antes
un ceño oscuro con semblante retador se dedicaba a descalificar, a
amenazar y a insultar o si será, además, capaz de ensayar métodos y
proponer fórmulas políticas novedosas más valientes e imaginativas que
las utilizadas hasta el presente para resolver el problema de
normalización política que desde hace muchos años aqueja al País Vasco.
Son muchos, en suma, los que se preguntan si usted constituye de verdad
una alternativa o si se trata de la misma alternativa de fondo, eso sí,
expresada con maneras más amables. Un escritor catalán y conservador como
Josep Pla observó hace años que lo más parecido a un español de derechas
es un español de izquierdas. Es una frase muy famosa que ha pasado ya a
los anales de las frases bien construidas. No sé si, al formular esta
frase, Pla se limitaba a dar cauce a su cinismo -que era mucho- o si,
además de eso, pretendía hacer una constatación empírica, pero es preciso
reconocer que no faltarían testimonios del pasado, y aun del presente,
que servirían, puestos a ello, para avalar su tesis. Durante estas
últimas semanas desde el mundo nacionalista vasco han emergido voces
escépticas que asisten sin esperanza a su investidura como presidente del
Gobierno augurando, en la línea de lo que ya denunciaba Pla, que a la
hora de abordar el problema vasco las izquierdas españolas serán
básicamente lo mismo que las derechas. Es posible -no quisiera, pero es
posible- que los hechos acaben dándoles la razón, pero mi comentario
-quiero ser justo- no sería exacto ni equilibrado si no hiciera constar
al mismo tiempo que la experiencia histórica nos enseña más bien lo
contrario. Nos recuerda que en el pasado el entendimiento entre el
nacionalismo vasco y la izquierda española fue posible. Nos advierte de
que, pese a las grandes diferencias que les separaban en todos los
órdenes, el socialista Indalecio Prieto y el primer lehendakari de la
historia, José Antonio Aguirre, fueron capaces de acordar para el País
Vasco un modelo de convivencia que gozó en Euskadi de un amplísimo
respaldo popular; un marco consensuado, acordado y fuertemente respaldado
en Euskadi que, sin embargo, no fue posible compartir con la derecha
españolista, secularmente vinculada, como se sabe, a fórmulas de
organización territorial más centralistas. Todo lo contrario. Este marco
de convivencia fue sañudamente perseguido por la derecha españolista,
como fruto de un horrendo contubernio que tachó de rojo separatista. Unos
epítetos, por cierto -el de rojo y el de separatista- que últimamente han
vuelto a resonar en nuestros oídos con una insistencia yo diría que,
cuando menos, inquietante.
Señor Rodríguez Zapatero, la expectación creada en el País Vasco tras las
elecciones del 14 de marzo es grande -sé que le consta-, pero no es menor
el recelo que su triunfo electoral ha suscitado en algunos sectores.
Seguro que tampoco esto se le oculta. En sus manos está -y probablemente
también en lo que los demás podamos aportar, pero principalmente en las
suyas- que la esperanza consiga ahogar al escepticismo o que,
contrariamente, éste acabe imponiéndose finalmente abocando a todos a la
desesperanza. Nosotros estaremos prestos a colaborar en todo empeño serio
de normalización política que aborde el problema vasco en toda su
complejidad, en toda su dimensión y que lo haga con la firme
determinación de alcanzar un marco de convivencia con el que todos los
ciudadanos vascos puedan sentirse identificados. Es algo difícil, por
supuesto, pero no imposible porque todos los sondeos y encuestas ponen de
manifiesto con elocuente unanimidad que en el País Vasco coexisten
diferentes identidades nacionales, total o parcialmente contrapuestas, y
en ocasiones hasta encontradas o incluso conflictivas, pero esos mismos
sondeos y encuestas revelan de igual modo que, por encima de esas
diferencias, la gran mayoría de los ciudadanos comparte una sensibilidad
no excluyente sino inclusiva y reclama soluciones concertadas, flexibles
y adaptables a la complejidad del tablero político vasco.
Al valorar los resultados electorales del pasado 14 de marzo, una voz,
supongo que autorizada, del socialismo vasco afirmaba desde la lógica
euforia del triunfo que el veredicto de las urnas demostraba que en el
País Vasco no se puede construir nada sin contar con los socialistas. Es
posible que no le falte razón, aunque, a nuestro juicio, sea de lamentar
el hecho de que la reflexión -alguien la calificó de advertencia- se haya
formulado en términos tan poco proactivos porque hubiese sido más
positivo ciertamente, hubiese sido más constructivo
y edificante que, en lugar de adoptar una posición tan pasiva y tan
inmovilista, como la que queda reflejada en ese nada podéis hacer sin mí,
se hubiese expresado una disposición más activa, más dinámica a
participar con ideas y con proyectos propios en las decisiones colectivas
que hayan de adoptarse para la normalización de la vida política en el
País Vasco. En cualquier caso, es claro que los socialistas serán
imprescindibles en la solución del problema vasco, es claro, pero yo iría
más lejos. Nosotros pensamos que no solamente los socialistas, todos los
ciudadanos del País Vasco son imprescindibles. Pensamos que todos tienen
derecho a participar y a hacerse oír en la construcción de un marco
político que vaya a permitir una convivencia civilizada basada en la
libertad, en la tolerancia, en la justicia y en el respeto de los
derechos fundamentales. Nosotros pensamos que nadie sobra en Euskadi, que
nadie puede ser excluido ni arbitrariamente marginado del proceso de
construcción de la convivencia. No sobran, por supuesto, quienes más
directamente padecen la amenaza del terrorismo intolerante y
antidemocrático de ETA, pero tampoco sobra ese 12 por ciento de votantes
que en la última convocatoria electoral, fíjese, se han mostrado
dispuestos a renunciar al principal derecho del que disfruta un ciudadano
en un sistema democrático que es el derecho de voto, que es el de
participar en los asuntos públicos a través de la emisión del voto, se
han mostrado dispuestos a renunciar a ese derecho fundamental, básico,
nuclear del que el ciudadano goza en un sistema democrático para darse la
íntima satisfacción de introducir en la urna una papeleta que decía no a
España; tampoco esos pueden ser excluidos. En el proceso de normalización
política vasca no se puede prescindir de nadie, ni de los españolistas
recalcitrantes, que los hay, ¡vaya si los hay!, ni de aquellos otros, que
también los hay, que ni se consideran ni quieren ser considerados
españoles. Esa es la complejidad que nos toca gestionar, ese es el
pluralismo al que hemos de responder; una complejidad y un pluralismo que
resultan inasequibles para las fórmulas políticas excesivamente
simplistas, una complejidad y un pluralismo para los que no sirven las
soluciones rígidas y monolíticas del pasado, una complejidad y un
pluralismo que sólo pueden abordarse con éxito desde el presupuesto de
que la ciudadanía no es ninguna esencia predeterminada, sino una
construcción social que en una sociedad vasca plural y diversa debe
necesariamente cimentarse sobre esquemas abiertos y flexibles, sobre
modelos híbridos de identidad y de pertenencia. Ahora bien, si lo que el
Partido Socialista quería denotar cuando alguien desde su seno en el País
Vasco afirmaba que sin su presencia nada se puede construir en Euskadi es
que los resultados electorales le garanticen una posición preeminente o
incluso arbitral en la normalización política del País Vasco, permítame
formular mi propio planteamiento.
Si algo ha puesto de manifiesto el resultado de las últimas elecciones
generales es que el pueblo vasco demanda soluciones para superar la
actual situación de bloqueo e incomunicación; que los ciudadanos vascos
están cansados de tanta crispación y tanto enfrentamiento inútil; que aun
en un contexto electoral, radicalmente bipolarizado a favor de las dos
grandes formaciones políticas del Estado, los electores vascos han
primado a las formaciones que más comprometidas están en la búsqueda de
soluciones novedosas e imaginativas para poner fin al conflicto vasco;
que cada vez con mayor intensidad y premura los vascos nos emplazan a la
búsqueda de salidas nuevas, de soluciones originales y, por supuesto,
consensuadas, no impuestas, que hagan posible una convivencia civilizada
en el seno de una sociedad tan compleja desde el punto de vista de los
sentimientos de identidad y pertenencia.
En su debate con el señor Rajoy esta tarde usted le pedía que hiciese que
el Partido Popular se implicase, participase activamente, en las
comisiones constituidas en el seno de los diferentes parlamentos
autonómicos para promover las reformas de los estatutos correspondientes.
Pues bien, esa misma propuesta le hago yo, pero con respecto al País
Vasco. Cuando usted invitaba al Partido Popular a participar en el
proceso supongo que se refería al Parlamento catalán y al Parlamento
andaluz. Eso mismo es lo que yo le propongo a usted que haga en el
Parlamento vasco: que se presente y comparezca en la ponencia con sus
propias aportaciones y proyectos, porque nadie puede ser excluido y hace
falta la aportación de todo el mundo. Queremos escuchar la aportación de
todos. Exactamente igual que lo que ocurre en Cataluña, donde confluyen
en la ponencia propuestas presentadas por el Partido Socialista de
Cataluña que, hoy por hoy, no tienen equivalente en Euskadi, pero otras
propuestas, mucho más avanzadas, que casi se parecen al documento
remitido por el Gobierno vasco para su debate como una gota de agua se
parece a otra gota de agua, están en la misma ponencia y están siendo
objeto de debate por ustedes en el Parlamento catalán. No sé qué es lo
que hace que sea posible en Cataluña lo que es imposible en Euskadi.
Por lo demás, el Gobierno que usted forme estará abocado a gestionar un
Estado plural, variado y diverso, para el que ya no sirven las soluciones
unitarias y uniformizantes que algunos se han empeñado en imponer. Sólo
desde la asimetría y la multilateralidad puede abordarse en el Estado
español una gestión eficaz de los asuntos públicos. Hoy le preguntaban a
usted a ver si asume la asimetría. ¡Pero si la asimetría es hoy ya una
realidad, si es uno de los elementos identificadores del texto
constitucional tal cual está! El gran defensor de la Constitución, el
Partido Popular, le pregunta a usted si es partidario de la asimetría.
¡Si la asimetría forma parte hoy del modelo de organización territorial
de Estado, es un requerimiento constitucional! Esa asimetría, esa
multilateralidad, son absolutamente imprescindibles hoy para abordar con
eficacia la gestión de los asuntos públicos.
No intente simplificar lo que en sí es complejo. No haga tabla rasa de las
diferencias y de los matices. No
se empeñe en nivelar lo que es diverso. No incurra en el mismo error en el
que cayeron quienes le precedieron en el Gobierno. La pluralidad del
Estado español no se limita al folklore y la gastronomía, como algunos
quisieran, ni se circunscribe tampoco al hecho lingüístico y cultural.
Por cierto, además de Cervantes, podría haber citado a Orixe, a Auxular,
a Rosalía de Castro o incluso -no sé cómo se le ha olvidado- a Maragall,
que hay un Maragall escritor catalán. La pluralidad del Estado, además de
lingüística y cultural es, sobre todo, una pluralidad de carácter
político, que en algunos territorios se extiende, nada menos, que hasta
los sentimientos de identidad nacional o a la entidad misma de las
aspiraciones más o menos mayoritarias de autogobierno. Esa profunda y
radical diversidad política, que algunos no acaban de asimilar, hace que
el punto de equilibrio que garantice la convivencia, la fórmula
institucional que asegure la disposición a compartir un mismo proyecto
haya de ser necesariamente distinto en unos territorios y en otros.
En un Estado plurinacional, como el español, las soluciones
institucionales uniformes están irremisiblemente abocadas al fracaso, y
quien no entienda esto no entiende nada. Lo que es válido para un
territorio no sirve para el otro. Las soluciones que tienen éxito en una
comunidad, no pueden ser automática y acríticamente trasladadas a otra u
otras que ofrecen una diferente textura desde el punto de vista político
y social.
Esta pluralidad territorial impone un concepto de ciudadanía abierto y
flexible, que desde la asunción de las diferencias sea capaz de
trascenderlas para encontrar espacios comunes de diálogo y entendimiento;
una ciudadanía híbrida, que fomente una democracia de la diversidad; una
ciudadanía repensada y reformulada desde el rechazo de los antiguos
dogmas nacionales y las definiciones monolíticas; una ciudadanía capaz de
integrar la pluralidad en su seno y, al mismo tiempo, capaz de convivir e
interactuar con la pluralidad de fuera; en definitiva, una ciudadanía
acorde con los requerimientos de la sociedad abierta y multiforme del
siglo XXI.
No se me oculta que a lo largo de esta legislatura la Cámara también
registrará voces que, a veces en nombre de altos designios patrióticos, a
veces en nombre de la sensatez y el sentido común, y en alguna ocasión
incluso en nombre de la eficacia de la actuación pública le apremiarán a
despreciar la pluralidad para adoptar soluciones únicas y uniformes; lo
harán. Ya apunta en este sentido una oposición autocalificada de
patriótica, que hasta la fecha sólo ha dado muestras de cerrazón y de
incapacidad para encontrar fórmulas concertadas desde el reconocimiento
de la pluralidad. No se engañen, el patriotismo que inspirará esa
oposición no será el patriotismo constitucional, que reconoce la
diversidad y respeta el pluralismo, será el patriotismo de la España
esencialista, eterna e imperial. Será una oposición que se empeñará en
traer a la Cámara los ecos ancestrales del imaginario mítico hispánico
más reaccionario desde Covadonga a los Reyes Católicos, pasando por
Rodrigo Díaz de Vivar; una oposición que no dejará de prevenirle contra
los enemigos seculares de España, entre los que, como ya apuntaba el
catecismo patriótico español de Martínez de Ripalda, se encuentran,
además del judaísmo y la masonería, el liberalismo, la democracia, el
marxismo y, por supuesto, el separatismo. Desconfíe de ella, desconfíe de
quien se empeña en rememorar las míticas grandezas del pasado con el
designio de sacar a España del rincón de la historia. La experiencia más
reciente demuestra que, además de equivocados, estos delirios imperiales
nunca contribuyen a la solución de ningún problema internacional ni, por
supuesto, interno; antes al contrario, son fuente de nuevos conflictos.
La terrible experiencia del 11 de marzo es suficientemente gráfica de los
males que una errónea política internacional puede acarrear en todos los
órdenes. El terrorismo es algo abominable y odioso que siempre hemos
rechazado con todas nuestras fuerzas, deshumaniza y envilece a quien lo
practica y atenta contra el cimiento mismo de la convivencia provocando
daños terribles que, además, siempre, sin excepción, son injustos, pero
es también un síntoma inequívoco de que algo no funciona bien en el
mundo. Somos muchos los que el pasado 11 de marzo expresamos nuestra
solidaridad con las víctimas de la masacre acaecida en Madrid afirmando
que todos éramos madrileños o todos íbamos en aquel tren y hoy repetimos
aquellas consignas, con más énfasis si hace falta, pero, como decía Eric
Fromm, sólo hay una esperanza de contener la ola de violencia: tenemos
que recuperar la sensibilidad hacia todo lo vivo. Y nuestra solidaridad
con el ser humano sería incompleta si no fuéramos capaces de decir al
mismo tiempo que todos somos Alí, el niño iraquí al que la guerra dejó
huérfano y con dos muñones como brazos, o que todos somos el marroquí que
iba en la patera que todas las semanas se hunde en el Estrecho, dejando
tras de sí una dramática estela de sufrimientos y desesperación.
Comprométase, señor Rodríguez Zapatero, sin aspavientos, sin quimeras
imperiales, en la construcción de un mundo más justo, que no le faltarán
apoyos en este Parlamento. Ese sí que sería un modo atractivo y sugerente
de salir del rincón de la historia. Comprométase con la paz y no con la
guerra; comprométase en la resolución de un conflicto que nos afecta muy
de cerca, el conflicto saharaui, que se encuentra enquistado ante la
aparente indiferencia de las cancillerías internacionales, mientras miles
de personas padecen una injusta marginación que les humilla como seres
humanos y les degrada como pueblo. En el Estado español, todos, sin
excepción, tenemos una deuda pendiente con el pueblo saharaui, que
esperamos pueda abordarse cabalmente a lo largo de esta legislatura.
Señor Rodríguez Zapatero, concluyo ya. El futuro no está escrito. En
nuestras manos está que sea mejor que el pasado; que no reproduzca los
errores ya cometidos ni incurra en los mismos excesos. Hagamos uso de la
libertad para no repetir la historia. La libertad lleva inscrita en lo
más hondo de sí misma la posibilidad del cambio. Sólo excluye el cambio
quien niega o quien
teme la libertad. La mejora de la situación depende directamente de lo que
estemos dispuestos a comprometer y a arriesgar -ambas cosas, comprometer
y arriesgar- con ese fin. El Grupo Vasco está dispuesto a abordar el
intento. Usted, señor Rodríguez Zapatero, ¿lo está?
Nada más, y muchas gracias. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Señor candidato, su turno.
El señor RODRÍGUEZ ZAPATERO (Candidato a la Presidencia del Gobierno):
Gracias, señor presidente.
Gracias, señor Erkoreka, por el tono que ha mantenido en su intervención.
Ha abordado cuestiones de fondo, de gran trascendencia, en este primer
envite de la legislatura, que tendremos oportunidad de desarrollar
seguramente en más de un debate. Ha arrancado haciendo un análisis de la
última legislatura, sobre el que no me voy a detener excesivamente,
primero por razones de convicción: creo que el 14 de marzo los electores
hablaron y que la democracia tiene una especie de efecto purificador; las
urnas están para eso. Los votos en democracia se cuentan, no se explican;
el resultado ha sido contundente, y lo que ha supuesto la VII Legislatura
también está presente en la valoración de la sociedad y la ciudadanía.
Sí creo que tienen importancia muy relevante las formas. En definitiva, en
democracia las formas dan el ser a las cosas. En definitiva, en la
democracia se construye una arquitectura de formas, de aceptación de
reglas, de disposición al entendimiento, de respeto a las normas que uno
se da y a los códigos de convivencia. Por tanto, las formas construyen
los proyectos y dan esencia a los modelos sociales y a los procesos
históricos. Creo, creo sinceramente que hubiera sido imposible hacer la
Constitución de 1978 con el espíritu que se hizo, más allá de las
adhesiones que en su momento se produjeron -tampoco se combatió
activamente-, si las palabras que recibieron más aplausos en aquel
momento no hubieran sido las de diálogo y consenso. Esta tarde veíamos
cómo la palabra diálogo provocaba incluso excitación. Me quedo ahí; creo
que nos entendemos y que la Cámara me entiende perfectamente.
Le puedo asegurar que se acabó el lenguaje despectivo desde el poder. Le
puedo asegurar a usted, a toda la Cámara y a todos los ciudadanos que se
terminó el desprecio al diálogo. Le puedo asegurar a toda la Cámara y a
todos los ciudadanos que se pone fin a la negación de la diversidad. Le
puedo asegurar a usted y a todos los ciudadanos que el valor de la
pluralidad será siempre reconocido desde el poder y desde el Gobierno.
Esas son posiciones muy firmes.
Tengo un problema, y es que mi lengua materna es la democracia; por encima
de otras lenguas incluso, y me ha sorprendido cierto reproche que me ha
hecho por la referencia a Cervantes y a El Quijote. Quizá no recuerde
algo con lo que arranqué en mi primera intervención como líder del
Partido Socialista en la oposición. Me ha sorprendido, porque quizá no
estuvo suficientemente atento a la interpretación que yo hacía de lo que
representaba El Quijote. He querido interpretar por dónde iba el reproche
de lo que significaba como expresión de una lengua, la lengua castellana,
que evidentemente es la mía de origen. Le voy a recordar lo que decía
haciendo esa reflexión sobre El Quijote. Decía así: Quizá, en El Quijote
estén contenidas algunas de las notas básicas de nuestro carácter, pero
la grandeza de la obra de Cervantes, su perenne actualidad reside en el
alcance universal de esa aventura, humana más que española, en la que
pueden verse reflejados los seres más que los países, las personas y los
colectivos de cualquier momento más que los propios de una u otra época.
Creo que esa es la visión grandiosa de Cervantes en torno a la
convivencia. Es quizá el primer gran productor de pensamiento que
reivindicó una idea de ciudadanía desde el ámbito de una literatura de
alta calidad, como todo el mundo reconoce, y me siento ciertamente
identificado. Era la única referencia en mi intervención y creo que con
unos matices que le acabo de recordar seguro que muy interesantes para su
reflexión. (La señora vicepresidenta, Chacón Piqueras, ocupa la
Presidencia.)
Es lógico, comprensible, razonable y hasta positivo que haya pesado tanto
o quizá más en su intervención el escepticismo que la esperanza. Es mi
visión. Digo que es lógico, e incluso a mí me parece bueno porque es
mucho mejor partir del escepticismo a la simpatía, de la simpatía a la
confianza y de la confianza poder llegar al apoyo. Creo que es un proceso
que dadas las circunstancias y el contexto político, me parece mucho más
interesante. Eso apunta que siempre lo que esté por venir será mejor para
ese contexto de convivencia y de diálogo.
Le puedo asegurar que muchos de los valores que ha reivindicado (de la
visión de la democracia, de la esencia de la democracia) los comparto,
muy especialmente aquellos que ha subrayado en torno al laicismo, que en
definitiva creo que es un requisito imprescindible de la democracia, y me
alegra oírle decir que nadie tiene toda la razón.
No sé si lo que más se parece a un español de derechas es un español de
izquierdas. En fin, a mí me cuesta asumir esa reflexión, pero
intelectualmente estoy dispuesto a hacer el oportuno debate. Sí le quiero
decir que está ante una persona que aspira a la Presidencia del Gobierno,
que quiere obtener la confianza de esta Cámara, que se siente orgulloso
de vivir en un país que es diverso, en un país que tiene una pluralidad
constitutiva bastante evidente. Desde esa filosofía y desde esas
convicciones, mi máximo deseo es que la inmensa mayoría de la población
de este país, la ciudadanía de cada comunidad, de cada territorio, con su
historia, con su cultura, con su lengua, con su voluntad de autogobierno
se sintiera mínimamente partícipe de un proyecto común, repito
mínimamente partícipe de un proyecto común que es la España moderna, que
no es la España de tantos y tantos periodos oscuros que hemos tenido en
nuestra historia, que es la España del reconocimiento a lo que debió de
ser durante mucho tiempo y no fue, que es la España que ha entrado en una
Europa, con un futuro sin duda alguna de esperanza y de confianza, que es
una España que puede perfectamente convocar a la integración, con el
respeto profundo a lo que significan identidades y voluntades de
autogobierno; voluntades de autogobierno que en buen medida están todavía
por desarrollar. En el Gobierno que yo presida no habrá una actitud de
rechazo a la evolución del desarrollo del autogobierno; pero sí le quiero
decir que esa nueva actitud innovadora y de riesgo que usted me reclamaba
tiene que ser compartida. Tiene que ser compartida para que pueda dar
algún fruto, para que siquiera, me atrevo a decir, arranque en un nuevo
escenario. Creo que en esto nos podemos entender. Creo que le he
expresado cuáles son las condiciones y las convicciones que tengo en
torno al funcionamiento de la democracia: respeto a las reglas, respeto a
los procedimientos -nos gusten más o nos gusten menos-, respeto a las
leyes vigentes, respeto a las leyes que nos dan posibilidad de
representar a los ciudadanos, de formar gobiernos, de hacer leyes, de
tomar decisiones, y respeto al procedimiento. Respetando el procedimiento
y con un compromiso profundo de respeto hacia el procedimiento, creo que
el terreno del diálogo puede ser mucho más factible. Pero sí le quiero
decir, señor Erkoreka, que si no hay respeto al procedimiento habrá
respuesta democrática; si no hay respeto a las reglas del juego vigentes,
habrá respuesta democrática, dialogada y democrática, sin demonizar nada,
pero respuesta democrática.
Debate a fondo. Al igual que usted me ha dado algún consejo advirtiéndome
sobre la prevención de la oposición (no en vano ustedes conocen bastante
bien al Partido Popular, porque compartieron durante algún tiempo
importantes compromisos), quiero trasladarle algún consejo, si me lo
permite, agradeciendo los que usted me ha transmitido desde la tribuna.
El primero de ellos es que la lucha contra el terrorismo tiene que ser en
estos momentos, como debería haberlo sido durante el desarrollo de los
últimos años, el compromiso prioritario de cualquier Gobierno, desde
luego del Gobierno de España, pero también del Gobierno vasco. Compromiso
prioritario. En segundo lugar, que en ese compromiso prioritario el
Gobierno de España y el Gobierno vasco tienen que reforzar la
coordinación, la colaboración y el diálogo en la lucha contra el
terrorismo, sin ninguna reserva, con la máxima lealtad y la máxima
sinceridad. En tercer lugar, oposición. El diálogo institucional entre el
Gobierno de España y el Gobierno vasco debe ser un diálogo en la búsqueda
del fin de la violencia y en la búsqueda de un marco de convivencia,
marco de convivencia en el que hay que contar con todos los sectores, con
todos los ciudadanos y con todos los grupos políticos. Me alegro que haya
hecho referencia a lo que representa el Partido Popular en Euskadi, a
pesar de la valoración que ha hecho al principio, para buscar un marco de
convivencia y de encuentro. El Partido Socialista puede ser relevante en
Euskadi -lo es, aunque seguramente no tanto como se interpretaba en
alguna declaración-, y esa relevancia va a estar destinada a unir a todos
los demócratas y a garantizar la convivencia en el marco institucional y
jurídico que se pueda entrever o construir en un futuro, que garantice la
convivencia entre nacionalistas y no nacionalistas, que garantice la
convivencia real.
Usted ha hablado de los resultados electorales en Euskadi en estas últimas
elecciones generales, y es un buen recordatorio, y de cuál es la
situación y la expresión de esa complejidad a la que usted aludía. Yo me
sentiré profundamente satisfecho como Gobierno si en esta nueva etapa se
inicia o reconstruye un mínimo diálogo entre el Partido Popular y el
Partido Nacionalista Vasco. Fíjese que no lo pido para mi Gobierno sino
que lo pido para un partido que está en la oposición y un partido que
gobierna en Euskadi. Es imprescindible, y desde luego creo que es un
camino absolutamente necesario.
En cuarto lugar, es imprescindible, en mi opinión señor Erkoreka, que el
Partido Nacionalista Vasco apueste de una manera clara y contundente por
lo que representa el diálogo en esta Cámara, el diálogo constructivo en
esta Cámara, porque si me permite la única observación crítica que haría
a su intervención es que ha habido escasas referencias a problemas
importantes que afectan al conjunto, y ha habido mucha referencia a lo
que representa la situación en el País Vasco, salvo las últimas alusiones
y reflexiones a la política exterior, a la situación en Irak y la
orientación de lo que puede ser un proceso distinto.
Le diré que en esta última parte de la intervención estamos cerca, le diré
que tengo una apuesta decidida para que haya un Gobierno que trabaje por
la paz, para que haya un Gobierno que quite la guerra del centro de la
vida política, para que haya un Gobierno que apueste claramente por el
desarrollo a la cooperación, para que haya un Gobierno que de manera
permanente y en todos los foros internacionales defienda legalidad
internacional, defienda un orden multilateral que es un orden de diálogo
y no un orden unilateral, que es un orden de imposición y un orden para
no escuchar. En ese terreno sin duda alguna tenemos más capacidad de
entendernos.
En resumen le quiero decir, señor Erkoreka, disposición al diálogo. Me
alegra que esté en el escepticismo inicial, con algo de esperanza, un
poquito de esperanza. Me parece que es bueno, hay que decir las cosas con
sinceridad a la ciudadanía, hay que ser claros entre nosotros, que la
distancia en los últimos tiempos nunca en la agresividad, nunca en el
desprecio, es evidente, porque hay un proyecto que tiene el Gobierno
vasco que no compartimos, y cuya esencia de la discrepancia está
básicamente en que las reglas del juego para nosotros son absolutamente
sagradas: el respeto a los procedimientos. Si se me permite una reflexión
más allá de eso, un marco de convivencia, se llame estatuto, se llame
Constitución o como se le quiera llamar, un marco de convivencia exige un
gran consenso, y en la sociedad
vasca ese gran consenso es muy claro, tiene que incluir a todos los no
nacionalistas, y tiene que incluir por supuesto a los nacionalistas.
Le voy a decir que deseo ver el momento en que no haya votos extraños,
como podríamos calificar a un porcentaje de una votación que en Euskadi
vota lo que vote, como usted ha expresado creo recordar un porcentaje en
torno al 10 por ciento. Creo que todo demócrata desea que eso no se
produzca y que todo demócrata desea también que ningún ciudadano esté
cerca en el apoyo o en la comprensión de la violencia.
Me va a permitir que para terminar le diga que tengo el convencimiento de
que esta legislatura va a ser una legislatura de gran trascendencia para
el futuro de la situación del País Vasco, de la situación política que se
vive en el País Vasco; que también va a ser una legislatura de gran
trascendencia para lo que representa esa aspiración tan profunda de la
inmensa mayoría de los vascos que es el final de la violencia
(Aplausos.), y me va a permitir le diga que temple y coraje, como me
reclamaba, va a existir; temple y coraje, capacidad de innovación y de
reformas también, pero desde una concepción muy clara que le he expuesto
aquí. Mi lengua materna es la democracia, mi aspiración esencial para
todos los hombres, hayan nacido donde hayan nacido, tengan la condición
que tengan, hablen la lengua que hablen -y le he expresado antes a un
diputado del Partido Popular qué era para mí la cultura, el entendimiento
de cómo piensan y sienten otros-, antes y al final de toda esa concepción
de cómo se articula una sociedad, de cómo se logra una buena convivencia,
está una idea central, que es la idea de la ciudadanía, de los derechos y
libertades de la persona. Desde ahí se construyen los derechos de los
pueblos, los derechos de las identidades. (Aplausos.) No sé si esto es de
izquierdas o de derechas o si es por ser español o no ser españolista, no
lo sé, pero creo sinceramente que es la mejor aportación que la historia
del pensamiento, que la historia de la filosofía, de lo que representan
las luces de la razón ha hecho en el devenir de los pueblos y de las
conquistas democráticas. ¿Es compatible ciudadanía e identidad? Vamos a
intentarlo. Por mi parte, desde luego no va a faltar.
Muchas gracias. (Aplausos.)
La señora VICEPRESIDENTA (Chacón Piqueras): Gracias, señor candidato.
Para un turno de réplica de diez minutos tiene la palabra el señor
Erkoreka.
El señor ERKOREKA GERVASIO: Gracias, señora presidenta. Señor Rodríguez
Zapatero, de entre las múltiples batallas que libra El Quijote a lo largo
de la novela, que pierde todas porque son todas inútiles menos una, sólo
gana una, la que libra con el vizcaíno Sancho de Azpeitia. Es evidente
por tanto que la referencia no me guste, aparte de las implicaciones que
pueda tener la referencia en un contexto como el del Estado español, que
otra cosa no sé pero plurilingüe sí que lo es, no porque lo diga la
Constitución sino porque en la realidad es así.
Ha apreciado escepticismo en mi intervención, más escepticismo me decía
que esperanza. He querido mantener una posición equilibrada entre un
punto y otro. Es posible que haya cargado las tintas en los aspectos
negativos, en los aspectos que menos permiten abrigar esperanza, pero le
aseguro que he querido solamente trasladar a la Cámara una constatación
que he percibido, no voy a decir en el conjunto de la sociedad vasca,
pero sí en importantes sectores de la sociedad vasca, respecto a la
posibilidad de que usted se haga con la Presidencia del Gobierno, porque
evidentemente, y se lo he dicho, existe una notable expectación en
relación con lo que usted vaya a hacer o pueda hacer en el ejercicio de
su mandato como presidente del Gobierno.
He querido saludar la renovación que quiere introducir usted en las
formas, en los estilos, pero al mismo tiempo también he querido
emplazarle a que la renovación no se limite a las formas, a que se haga
extensiva también a los modos de abordar los grandes conflictos políticos
y sociales. En cuanto a la referencia a lo que dijo Josep Pla, yo me he
servido de una frase que no es mía, es una aportación -y lo he dicho- de
un catalán conservador. No sé si él ponía énfasis en el españolismo para
anular las diferencias entre la derecha y la izquierda, o sencillamente
mostraba su escepticismo respecto a todo lo que sea distinción ideológica
que quepa topográficamente en la derecha y en la izquierda, no lo sé. La
frase me servía para expresar gráficamente lo que le quería formular y la
he utilizado.
Nos dice que aspira a que en este Estado todos, desde la diversidad, sean
mínimamente partícipes de un proyecto común, y yo he querido transmitirle
que seguramente esa mínima participación en un proyecto común sólo es
posible desde la articulación de diferentes formas y modos de
participación. Esa participación en el proyecto común no puede ser
exactamente igual en un territorio en que el proyecto común no lo
cuestiona nadie y en otro territorio en el que mucha gente sencillamente
no comparte el proyecto común. Los puntos de equilibrio, los puntos de
estabilidad que garanticen la convivencia en un territorio en el que
nadie en absoluto cuestiona para nada el proyecto común y en otro
territorio en el que hay un colectivo más o menos importante de
ciudadanos que sí lo hacen, seguramente tienen que ser necesariamente
distintos. Por eso, la participación en el proyecto común tiene que
articularse necesariamente a través de fórmulas modos y maneras
diferentes entre unos territorios y otros. A eso me refería cuando le
planteaba la necesidad de hacer uso de la multilateralidad a la hora de
abordar la gestión de los intereses públicos en el Estado español.
Además, le planteaba que hoy ya no cabe otra solución. Quien niegue la
asimetría es que no entiende nada de lo que ocurre aquí, no entiende
absolutamente nada; quien niegue la multilateralidad, quien niegue el
diferente modo de abordar o de contemplar ese mínimo proyecto común por
parte de
los diferentes territorios es que no se ha enterado absolutamente de
nada.
He oído en su intervención una especial insistencia en hacer referencia a
las reglas del juego. Voy a hacer sólo una referencia al pasado porque no
quiero revolver demasiado en el pasado pero que tiene que ver con las
reglas del juego. Hay una disposición en el Estatuto de Gernika, la
contenida en el artículo 18, apartado 2, punto b) que atribuye a la
Comunidad Autónoma del País Vasco literalmente la competencia para la
gestión del régimen económico de la Seguridad Social. Pues bien, en los
albores del sistema autonómico, poco después de que esta norma se
aprobase y entrase en vigor, la mayoría de las formaciones políticas del
País Vasco interpretaron esta atribución competencial en términos muy
amplios y voy a poner un ejemplo. Le voy a leer lo que sobre el alcance y
contenido de esta atribución competencial decía en aquella época una
determinada formación política: En virtud de este artículo del Estatuto
de Autonomía -y leo literalmente- se debe prever la creación de una
tesorería general del País Vasco como caja única (fíjese, está pensando
en crear una tesorería general específica del País Vasco formalmente
diferenciada de la española como caja única; sería caja única vasca), en
donde al mismo tiempo se unifiquen los recursos existentes y tenga la
caja a su cargo los servicios de recaudación y pago. Luego continuaba
esta formación política con más precisiones a propósito de lo que había
de significar esta caja única. Ello permitirá la redistribución de los
recursos según las necesidades prioritarias y propias del País Vasco y
demás.
Aunque hoy le parezca mentira estas previsiones, estos comentarios sobre
el alcance y contenido de ese precepto del Estatuto de Autonomía no
forman parte de la reclamación maximalista de un partido nacionalista
lanzado a una idea soberanista, porque ahora cuando invoco esta
interpretación es lo que me achacan; estas previsiones están extraídas
del programa electoral con que el Partido Socialista concurrió a las
elecciones autonómicas del año 1980. Ustedes compartían con nosotros
exactamente esta misma interpretación en torno a lo que significaba ese
precepto estatutario; ustedes con nosotros, la gran mayoría de la
población vasca. ¿Qué paso? Pues pasó que esta previsión del programa
electoral del Partido Socialista paso a dormir el sueño de los justos en
un cajón, no sé si en algún ministerio o en un despacho de alguna sede
del Partido Socialista, no sé si en Madrid o en Bilbao porque esto no se
aplicó jamás, y no se aplicó porque el mismo Partido Socialista que hacía
esta interpretación que incluía esta previsión en su programa lo hizo
imposible en virtud de la mayoría absoluta de la que gozaba en Madrid.
Evidentemente luego vino un Tribunal Constitucional integrado por
magistrados designados por ustedes para que dijeran lo que ustedes
querían que dijera y esto fue imposible hasta unos años después porque no
hay sentencia a este respecto hasta el año 1985, pero entre 1980 y 1985
ustedes no hicieron absolutamente nada.
Podemos hablar de las reglas del juego, de las normas de procedimiento,
del respeto al marco establecido, de las normas que nos hemos dado, pero
vamos a hacerlo en toda la dimensión que plantea el problema. Si hablamos
de procedimiento léase, en primer lugar, el artículo 46 del estatuto de
autonomía -no lo digo por nada, solamente para ilustrarle- donde se
contempla el procedimiento que se puede seguir para la reforma del
Estatuto de Autonomía de Guernica, y el procedimiento, entre otros, se
puede iniciar a través de una propuesta remitida por el Gobierno vasco,
que lógicamente está legitimado para promover una reforma de dicho
estatuto. Por tanto, en el artículo 46 del estatuto de autonomía existe
un procedimiento para la reforma del mismo que contempla expresamente la
posibilidad de que el Gobierno promueva esa reforma remitiendo un
proyecto determinado al Parlamento.
Luego me dirá: hay que respetar también las normas de fondo. Vamos a
hablar de ellas. Usted nos ha dicho que aceptará reformas de estatutos de
autonomía siempre y cuando cumplan dos condiciones: que descansen sobre
un consenso social y político importante (no sé el importante si está en
el 52 por ciento que obtuvo el Estatuto de Autonomía de Guernica en
referéndum o debería estar por encima de ese umbral, no lo sé, es una
precisión indeterminada que habría que concretar en su caso) y que exista
un respeto al marco constitucional. Reconozca que instituir el marco
constitucional como la rígida frontera que ninguna reforma estatutaria
puede franquear no es hacer mucho, porque la Constitución, nos guste o
no, no contiene un modelo cerrado de organización territorial del Estado,
no lo tiene, y esto en el mundo académico -usted que procede de él- se
sabe desde que en los albores del sistema autonómico el entonces
presidente del Tribunal Constitucional, Cruz Villalón, recordó que un
hipotético jurista persa podría encontrar en el articulado de la
Constitución base suficiente para fundamentar ahí modelos radicalmente
opuestos o absolutamente distintos de organización territorial del
Estado.
Fíjese si esto es así, fíjese si caben diferentes interpretaciones,
diferentes visiones del modelo de organización territorial del Estado que
contiene la Constitución, que mientras usted apunta los riesgos de
inconstitucionalidad de las propuestas de reforma estatutaria planteadas
en el País Vasco, desde el Partido Popular se consideran abiertamente
inconstitucionales las que ustedes están proponiendo en el Parlamento
catalán. Hay un libro escrito y publicado por un conocido diputado del
Partido Popular que se presentó con todo tipo de alharacas hace unos
meses en el hotel Palace, aquí mismo, y con la presencia incluso del
candidato del Partido Popular a la Presidencia del Gobierno, en el que se
les acusa a ustedes, no a nosotros por una vez, de poner en jaque a la
Constitución con las propuestas de reforma estatutaria que están
planteando en Cataluña. El libro se titula Jaque a la Constitución.
Fíjese hasta qué punto la Constitución no contiene un marco cerrado de
organización
territorial del Estado, fíjese hasta qué punto. Usted se preocupa por la
inconstitucionalidad de nuestras propuestas y hay otros señores que, ya
no de las nuestras, se preocupan de las suyas, de las de usted.
Si esto es así con carácter general, si es cierto que con carácter general
la Constitución no tiene un modelo cerrado de organización territorial
del Estado, lo es con especial intensidad en el caso del País Vasco,
porque la Constitución, y esto habrá que decirlo también guste o no,
contiene previsiones especiales de aplicación singularizada que permiten
excepcionar la pauta general cuando se trata específicamente del País
Vasco. El concierto económico, por ejemplo, del País Vasco, o el régimen
previsto para la policía autonómica, serían sencillamente
inconstitucionales si no fuera porque existen en la Constitución
disposiciones especiales que hacen que ese mismo marco constitucional,
que para usted es el límite infranqueable para las reformas estatutarias,
sea distinto en el País Vasco y fuera de él. Si se quiere, si existe
voluntad política, estas disposiciones singulares, estas disposiciones
excepcionales podrían dar un enorme juego para dar respuesta a un
problema como el vasco. Y aquí, señor Rodríguez Zapatero, puede adoptar
básicamente dos actitudes. Puede practicar el fundamentalismo
constitucional (que es lo que esta mañana le ha reprochado al Partido
Popular, ese exclusivismo interpretativo que han impuesto y todavía están
empeñados en imponer en todos los órdenes), que es convertir a la norma
constitucional en una especie de tótem y tabú intocable, inabordable, al
que no se puede ni aproximar uno porque es algo endiosado, o puede
practicar el constitucionalismo útil, que es una expresión no acuñada por
mí, es una expresión acuñada por alguien que perteneció a su partido y
que encarna, de alguna manera, una tradición plausible dentro del Partido
Socialista, que fue vilmente asesinado por defender la práctica del
constitucionalismo útil. Me refiero a Ernest Lluch. Dentro de su partido
existe esa tradición que usted puede arrumbar si quiere con ella, pero
puede asumirla.
Cuando hablamos del marco constitucional como límite inexorable de las
reformas estatutarias o renovaciones estatutarias que se aborden por
parte de las comunidades autónomas, podemos adoptar el método del Partido
Popular, eso que usted ha criticado esta mañana, el exclusivismo
interpretativo, el fundamentalismo constitucional, o podemos practicar el
constitucionalismo útil. Con esa dinámica, con ese método que tiene
arraigo -probablemente encarna con la mejor tradición de su partido-, que
defendió Ernest Lluch y fue asesinado precisamente por ello, por defender
esas tesis, por lo que tiene perfecta legitimidad, se podría dar una
salida y hacer que ese marco constitucional inexorable no fuera el
baluarte que el Partido Popular ha utilizado durante las últimas dos
legislaturas para arremeter con la Constitución, que ya ha dejado de ser
la casa de todos para ser una trinchera contra el infiel.
La señora VICEPRESIDENTA (Chacón Piqueras): Señor Erkoreka, le ruego, por
favor, que vaya terminando.
El señor ERKOREKA GERVASIO: Concluyo ya, señora presidenta.
El pacto antiterrorista. Usted me ha hablado de que el Gobierno vasco
tiene que tener como prioridad fundamental la lucha antiterrorista. No sé
de dónde concluye que no la tiene. Yo he escuchado numerosas
declaraciones del propio lehendakari y de su portavoz en las que se
insiste en que la prioridad de la acción pública de desarrollo del
Gobierno vasco es la lucha contra el terrorismo. Otra cosa es que, al
hilo de la prioridad, se pretenda que la lucha contra el terrorismo sea
el único objetivo, la única actividad que tiene que desarrollar el País
Vasco. Es decir, que no haya doce departamentos sino solamente uno, de
Interior, que se concentre exclusivamente en la lucha contra el
terrorismo. No. Aparte de eso tiene que desarrollar una acción pública
colateral, sectorial, en muchos ámbitos, en muchos sectores y, además,
tiene que liderar un país. Esa es su función, entre otras, con todo lo
que a juicio del propio Gobierno y de su presidente necesita ese país de
cara al futuro y abordar los retos del siglo XXI.
Del pacto antiterrorista, ustedes lo saben perfectamente, no nos ha
gustado nunca prácticamente nada, y le voy a decir por qué. Nosotros
nunca lo hemos visto como un pacto contra el terrorismo. Sí contra el
nacionalismo vasco. A que pensáramos eso contribuyó muy decisivamente la
posición que notables próceres de una de las partes suscribientes del
pacto hicieron en los momentos inmediatamente posteriores a su firma.
Recordamos a uno que en aquella época ocupaba el cargo de ministro de
Interior, que les dijo: señores socialistas, no se llamen a engaño esto
no es contra el terrorismo. Para actuar contra el terrorismo ya estoy yo
que soy el ministro del Interior. Esto es para combatir al PNV, para
acabar con los nacionalistas, para sacarles del Gobierno. Con ese tipo de
declaraciones hechas públicas en grandes titulares en los medios de
comunicación, que son confesiones clarísimas, lógicamente nosotros
teníamos que estar a disgusto. No voy hacer un análisis exhaustivo del
preámbulo del pacto. Podríamos hacerlo. No tengo tiempo. Pero esas citas
que se hacen a los partidos nacionalistas democráticos, al PNV y a EA,
que aparecen mencionados en más ocasiones que la propia ETA, no deja de
extrañar en un pacto que se dice que es antiterrorista. ¿Cuál es el
objetivo, neutralizar las estrategias políticas de los partidos
nacionalistas democráticos o la lucha contra ETA? Todo da a entender que
es lo primero más que lo otro. Podríamos hacer un análisis más detallado
del preámbulo, pero puesto que no dispongo de tiempo para ello, voy a
concluir mi intervención aquí. (El señore presidente ocupa la
presidencia.)
Creemos que el grupo vasco ha dado en las últimas legislaturas muestras de
que sabemos, podemos -y lo hacemos- participar en el diálogo multilateral
de esta Cámara en todas las materias, en todos los sectores y
con posiciones propias, trabajando, aportando, expresando nuestros puntos
de vista y haciendo el trabajo que como diputados nos corresponde. Creo
que nadie tendrá que reprochar nada a los miembros del Grupo Vasco, por
lo menos si atendemos a la experiencia acumulada durante las últimas
legislaturas, en temas sectoriales, que algunos nos afectan más, otros
menos, pero siempre hemos estado al pie del cañón trabajando con
responsabilidad. Comprenderá que ponga especial énfasis en la
problemática específica del País Vasco, donde el acuerdo es más urgente,
es imprescindible y creo que, puesto que dispongo de un tiempo limitado,
tenía necesariamente que poner el acento en ese tema, pero estamos
dispuestos, y lo seguiremos estando, como hasta la fecha hemos estado, al
diálogo abierto en cualquier otra materia, en cualquier otro sector que
se plantee y lo haremos con responsabilidad y con rigor
Nada más. Muchas gracias. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Señor candidato.
El señor RODRÍGUEZ ZAPATERO (Candidato a la Presidencia del Gobierno):
Gracias, señor presidente.
Con brevedad, para matizar algunas de las cuestiones que ha planteado en
esta última intervención. Ha habido un momento, en mi opinión, culminante
del desarrollo de la reflexión sobre lo que es más de fondo, que es, en
definitiva, la estructura del Estado, la Constitución, lo que representa
el Plan Ibarretxe, las reglas, el procedimiento, que sin duda es lo más
importante del conjunto del debate, porque en las formas estamos de
acuerdo, y en lo que representa la bondad de un talante y de un estilo
creo que también. Pero ha habido un momento en el que ha llegado a la
reflexión al recordar las posiciones que el Partido Socialista mantenía
en el año 1980, en torno al precepto que ha invocado del estatuto, sobre
el régimen de la Seguridad Social y la caja única, que llevó a la
reflexión de lo que había hecho el Tribunal Constitucional, que había
sido elegido por no sé quién, cuestionando -este es el problema de fondo-
la legitimidad. Entonces sí hay un punto en el que rompemos la cadena del
engarce de las reglas del juego de la legitimidad, de cómo se construye
un sistema democrático, un sistema que responde a un Estado de derecho,
ahí se rompe todo. Este es el problema. Incluso estoy convencido de la
curiosidad del jurista persa ante la estructura del Estado, que es como
reza ese brillante artículo de Pedro Cruz Villalón, y absolutamente de
acuerdo con este razonamiento.
Igual que es cierto -no sólo porque lo haya dicho Cruz Villalón, sino
porque no hay más que leer la Constitución- que el Título VIII, la
organización territorial del Estado, nunca quedó definitivamente cerrado
en nuestro modelo constitucional y es bastante evidente que tiene un
margen interpretativo notable que el Tribunal Constitucional ha ido
colmando, unas veces, seguramente, con más acierto que otras, y que tiene
un campo, porque resolvió en buena medida un problema histórico de
envergadura en la convivencia entre nosotros y, por supuesto, late de una
manera muy evidente lo que representan las dificultades, los elementos de
conflicto y las posiciones que se han mantenido. Pero ese mínimo espacio,
que he intuido y he querido entender que no se rechaza, para estar en el
proyecto común sólo se puede articular con un profundo respeto a las
normas, a los procedimientos y, desde luego, como la experiencia nos pone
de manifiesto, siempre que consigamos la derrota del terrorismo, la
derrota de la violencia, el fin de la violencia. Pero para una cosa y
para la otra, en mi opinión -respetando la que ha expresado aquí, por
supuesto-, ese respeto al procedimiento, a las reglas y a las normas, a
las decisiones de las instancias que nos hemos dado entre todos, que han
permitido la existencia de gobiernos, de parlamentos, de leyes, de
reconocimientos impensables hace décadas para las aspiraciones de
pueblos, es absolutamente imprescindible. Esto no lo digo yo como
español, lo digo como demócrata.
Le he reiterado que mi lengua materna es, ante todo, la democracia. Fuera
de eso, fuera del respeto a las reglas sólo existe un camino, seguramente
de muchas dificultades, no existe una expectativa de democracia activa,
de democracia positiva, de convivencia y de satisfacción. Yo invito a
usted y a su grupo, reitero, al encuentro; pero permítame que les inste a
usted, a su grupo, al Gobierno vasco, como lo haré en el diálogo
institucional que voy a reforzar, a promover con el lehendakari y con el
Gobierno vasco, a una rectificación de formas y de fondo. Creo que sería
un paso importantísimo para ese espacio de convivencia, para un espacio
institucional avanzado y para lo que es una visión que, para concluir
definitivamente, ni mi grupo ni mi partido ni yo mismo hemos tenido nunca
cerrada, uniforme, homogénea de lo que representa la convivencia
territorial y que la propia Constitución, como bien sabemos todos,
tampoco la tiene. Tiene un equilibrio razonable entre la búsqueda de una
cierta uniformidad, pero también hay un fondo de respeto muy importante a
lo que es diferente, se llamen hechos, se llame voluntad mayor de
autogobierno y se llame una relación que, aunque no esté en la
Constitución, en buena medida ha habido de forma más multilateral que de
otra manera entre los gobiernos de España y el Gobierno vasco en muchas
ocasiones.
Le convoco a la rectificación razonable, sin aspavientos y sin
descalificaciones. Le ofrezco el diálogo institucional pleno con el
Gobierno vasco y, por supuesto, el concurso de diálogo y colaboración con
el Grupo Parlamentario del Partido Nacionalista Vasco. Todos somos
conscientes de que hay una distancia, que la cosa está verde, podríamos
decir, pero hay que hacer una apuesta de convencimiento de que esta, como
le decía antes, puede ser una legislatura distinta, una legislatura muy
importante en el devenir de tantos problemas que durante tanto tiempo nos
han preocupado en torno al futuro de la sociedad vasca, de la
convivencia, de la libertad y de la búsqueda en compartir un proyecto
común, que tiene que entender que es la aspiración, la gran aspiración
de quien pretende ser presidente del Gobierno de España: que el mayor
número de ciudadanos y de ciudadanas se sientan mínimamente partícipes de
un proyecto común. Yo lo voy a intentar, vamos a ver si lo conseguimos
entre todos.
Muchas gracias. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Señor Erkoreka, como se está haciendo en el debate,
tiene un turno de dúplica, desde su escaño, por un tiempo de dos
minutos.
El señor ERKOREKA GERVASIO: Gracias por su amabilidad, señor presidente.
No puedo sino mostrar mi perplejidad final por esa exigencia de
rectificación. Yo creía que cuando el diálogo es de verdad presupone
aceptar lo que el interlocutor es, representa y significa. Y sólo cabe el
diálogo a partir de ese propio reconocimiento de lo que aquel con el que
se va a dialogar es, representa y significa. Fíjese, si yo condicionase
el diálogo a las rectificaciones que con arreglo a mi idea tendría que
hacer usted en la política de estos cuatro años, no entablaríamos jamás
el más mínimo diálogo ni la más mínima comunicación de ningún tipo.
Usted está manteniendo diálogos, fíjese, hasta el extremo de compartir
Gobierno con formaciones políticas que en materias de aspiración, en
materias de autogobierno defienden posiciones prácticamente idénticas a
las que defendemos nosotros. ¿Por qué yo tengo que rectificar en mis
posiciones cuando aquellos que colaboran con usted, hasta el extremo de
compartir Gobierno con usted, que defienden posiciones similares, no
tienen que rectificar? Permítame que concluya -y siento que haya de
concluir así- expresando mi perplejidad por esa exigencia de última hora
que no acabo de comprender del todo.
Muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Cierra usted este turno, señor candidato.
El señor RODRÍGUEZ ZAPATERO (Candidato a la Presidencia del Gobierno): Con
muchísima brevedad.
Supongo que para un buen demócrata, como le considero a usted, la petición
de rectificación forma parte del mejor debate democrático. Este
Parlamento es el reino de la palabra que busca la comunicación, que busca
la participación y desde luego el derecho a pedir una rectificación. Si
usted me la pidiera a mi, que implícitamente lo ha hecho a la hora de
abordar el pacto antiterrorista y el preámbulo que se sitúa en un
contexto determinado, yo no sentiría perplejidad, sentiría simplemente
que ejerce legítimamente un derecho en esta Cámara y que cuenta con mi
respeto. Y le he añadido, por razones que seguramente comprende, que esa
petición de rectificación que hago a su grupo, que lo hago en el mejor
tono, se la voy a transmitir al lehendakari en un diálogo fluido, abierto
y sincero que quiero tener con el Gobierno vasco y por supuesto con el
Partido Nacionalista Vasco. Quiero que escuche las razones, que no se
pueden obviamente ni agotar ni desarrollar en un debate de esta
naturaleza. Aspiro a convencerles en buena medida, democráticamente.
Permítame que mantenga esa utopía por mi vocación y mi devoción a
Cervantes.
Muchas gracias. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Gracias.
Corresponde el turno al Grupo Parlamentario de Izquierda Verde-Izquierda
Unida-Iniciativa per Catalunya Verds, señor Llamazares.
El señor LLAMAZARES TRIGO: Gracias, señor presidente.
Señorías, señor candidato, intervengo a estas horas de la noche...
El señor PRESIDENTE: Señor Llamazares, disculpe. ¿Tendrían la amabilidad
una vez más en esta noche de no organizar aquellos corros allá al fondo?
Por favor, salgan si quieren hablar, pero no hagan corro ni tertulia en
los pasillos.
Continúe.
El señor LLAMAZARES TRIGO: Gracias, señor presidente.
Decía que intervengo a estas horas de la noche con un resultado modesto de
mi formación política, pero intervengo a pesar incluso de un sistema
electoral que discrimina a nuestros electores, como diría don Manuel
Azaña, imbuido de optimismo. No voy a caer en lo que también rechazaba
don Manuel, que era según él uno de los principales defectos del ser
español, de las españas, como era el pesimismo venenoso. Optimismo porque
nosotros, nuestro grupo parlamentario, el Grupo de Izquierda Verde,
formado por Izquierda Unida e Iniciativa per Catalunya Verds, nos
sentimos partícipes de la resistencia ante el Gobierno del Partido
Popular y también satisfechos de la derrota de la mayoría de la derecha
en este país. Compartimos con mucha gente que eran ustedes ya peligrosos
para la vida democrática y que, por tanto, debía cambiar el ciclo
político. Pero no solamente compartimos la resistencia. También
confluimos en la mayoría de cambio. Nosotros somos parte de los 13
millones de votantes que en otro momento resistieron ante la catástrofe
del Prestige, ante la guerra de Irak, ante el decretazo. Somos parte de
esas gentes que se decía que eran solamente voces en la calle y que no
tenían nada que ver con las instituciones. Somos parte de esas gentes
que, eso sí, participaron democráticamente de la resistencia pero que, al
mismo tiempo, han ganado estas elecciones generales. Señorías, es verdad
que hoy en esta Cámara se presenta como candidato a la presidencia el
candidato de la mayoría minoritaria, el candidato del Partido Socialista
Obrero Español, la mayoría de la izquierda, pero estas elecciones
generales
han ido mucho más allá de un partido político o de un programa político,
del programa del Partido Socialista.
En estas elecciones se ha rechazado un régimen, el régimen del Gobierno de
la derecha, el cuatrienio negro del Partido Popular. En estas elecciones
se ha saludado una alternativa. Por lo tanto, señor candidato, nos
equivocaríamos si pensásemos que estamos solamente ante la alternancia de
dos fuerzas políticas: derrotado el Partido Popular, llega el Partido
Socialista al Gobierno. No es así y para ello recordaré también un texto
de Azaña en torno al desastre del noventa y ocho. Joaquín Costa, uno de
los próceres del noventa y ocho, proponía acabar con los males del país,
los males de sus estructuras caciquiles, los males de sus pactos
políticos y los males de su política a través de un cirujano de hierro,
de un gran constructor, que decía él. Ese ha sido el gran problema de
nuestro país en los últimos ocho años y, en particular, en el cuatrienio
negro que ahora terminamos.
Alguien pensó que la Constitución era su patrimonio. Dividió a la sociedad
y segregó a los que opinaban de manera diferente. Alguien enfrentó a los
pueblos de este país y los que estamos hoy aquí, los que hemos formado
parte de la resistencia democrática y los que queremos formar parte del
cambio de izquierdas tenemos una ardua labor. No es la labor habitual de
suceder a un gobierno democrático. Tenemos la ardua labor de reconstruir
la democracia y de regenerar la política en nuestro país. Una de esas
labores es acabar con la excepción política que ocurrió en nuestro país
después del desastroso 11 de marzo, desgraciado 11 de marzo cuando, sin
ninguna justificación, se sesgaron casi 200 vidas. Vuelvo a repetir desde
Izquierda Unida nuestra solidaridad, pero sobre todo nuestra apreciación
de los valores cívicos que en torno al 11 de marzo aparecieron en este
país.
En Izquierda Unida creemos que una de las tareas fundamentales hoy es
desactivar el colapso democrático que se produjo entre el 11 y el 14 de
marzo. Desactivar el colapso democrático quiere decir que si en este país
se produce -Dios no lo quiera, o no lo quiera nadie- cualquier tipo de
acción violenta, terrorista y censurable nadie busque más que a los
violentos y nadie mire hacia los demócratas para señalarles con el dedo.
Creo que eso es lo que podremos ganar si finalmente cambia la estrategia
antiterrorista en este país. Nuestra discusión no es ni la voluntad de
negociar con los terroristas -que no la tenemos- ni tampoco la voluntad
de utilizar el terrorismo como instrumento político. Nuestra diferencia
es que nosotros no utilizaremos el terrorismo para señalar a partidos
democráticos. Esa es la diferencia fundamental. Y qué mejor marco que un
marco parlamentario y plural donde hablemos de estrategia y donde
hablemos de información frente al terrorismo. Y qué mejor que una
relación fluida y colaboradora entre el Gobierno español, el Gobierno
vasco, el Gobierno navarro, el Gobierno catalán; entre los distintos
gobiernos de los pueblos de España. Qué mejor que eso para cambiar los
errores sobre la política antiterrorista, convertida en política de
partido.
Hay otra cuestión fundamental que nos gustaría discutir con el candidato y
que también nos aclarara con mayor precisión. Otra de las cuestiones que
han estado en el trasfondo del colapso democrático, de esa situación
límite, de la situación de excepción de los últimos días previos a las
elecciones ha sido la implicación española en la guerra de Irak. Hoy
mismo nuestras bases están siendo atacadas en territorio iraquí. Nosotros
desearíamos que no en junio, mañana mismo, volviesen a España las fuerzas
que nunca debieron ir a un territorio como el iraquí, pero, en todo caso,
el compromiso de la mayoría que hoy se presenta para ser investida en
esta Cámara es que si en junio Naciones Unidas no coge las riendas de la
cuestión iraquí y si además las fuerzas de interposición son fuerzas no
beligerantes, el Gobierno español traerá a esta Cámara una iniciativa
legislativa, de forma legal, en el Parlamento español, para que nuestras
tropas vuelvan a casa. Le pregunto, señor candidato, si usted mantiene
ese compromiso. Para nosotros ese compromiso es muy importante, no
solamente porque repone la dignidad del Parlamento, no solamente porque
respeta la voluntad mayoritaria de los españoles, sino porque además se
inserta en el derecho internacional y contribuye también a enfrentar la
amenaza del terrorismo de otra manera. Yo comparto con usted que la
guerra no solamente no acaba con el terror, sino que es un caldo de
cultivo de nuevas acciones terroristas, y en estos momentos la guerra de
Irak es un nuevo caldo de cultivo, al igual que lo es el conflicto
palestino y al igual que lo son los conflictos envenenados que jalonan
una situación internacional que necesita ser desactivada con una nueva
política exterior, una política exterior de respeto al derecho
internacional y una política exterior de justicia a nivel internacional
que solucione los conflictos inveterados como el conflicto palestino. Le
insto, pues, señor candidato, a clarificar estos extremos.
No solamente se ha producido un colapso en los últimos momentos de nuestra
situación democrática, sino que hemos vivido una degradación paulatina de
lo que se puede denominar el Estado social y democrático de derecho, al
punto de que la concepción de España terminó siendo una concepción
excluyente. Nosotros, señor candidato, le planteamos claramente la
necesidad de recuperar una España plural, una España que, por ser
plurinacional, no es una España insolidaria, porque la España, una, del
Partido Popular era una España insolidaria. Le proponemos, señor
candidato, abrir el diálogo con las comunidades autónomas sin tener en
cuenta su perfil político. Le proponemos gestos como la trasferencia de
competencias a las comunidades autónomas donde esas competencias están
paralizadas, como el reconocimiento de la deuda histórica de comunidades
como la andaluza. Le proponemos gestos, pero también medidas: el respeto
a las reformas de los estatutos de autonomía y la reforma de la
Constitución en un sentido
federal. Nosotros seríamos más ambiciosos en esa reforma constitucional,
iríamos más allá en el desarrollo federal del Estado que quedó
condicionado en la negociación constitucional. En todo caso nos parece un
buen camino y un camino valiente que se abra esa perspectiva en nuestro
país, otro capítulo que nos parece muy importante del Estado social y
democrático de derecho.
Señor candidato, nosotros hemos visto en su discurso de investidura
algunos rasgos valientes. Me refiero en concreto a las propuestas del
modelo de Estado y a algunas propuestas en materia social. Lo que ocurre,
señor candidato, es que tenemos la duda de si esos objetivos o ambiciones
en materia social, que nosotros compartimos, cuentan con los medios
necesarios. Si la propuesta que usted hace de mantener la actual presión
fiscal 7 puntos inferior a la media de la Unión Europea, la propuesta de
la estabilidad presupuestaria, que me imagino no tiene nada que ver con
el déficit cero -en ese sentido le pregunto si piensa mantener la Ley del
déficit cero, porque una cosa es estabilidad presupuestaria y otra muy
diferente constitucionalizar el déficit cero, sobre todo para después no
cumplirlo-, si esa reforma fiscal supone menos recursos y si, además, el
cumplimiento del Pacto de Estabilidad no nos hace tener suficiente margen
de maniobra -podemos estar ahora en un déficit del 1,5 por ciento del
PIB-, ¿con qué vamos a pagar las nuevas políticas sociales, con qué vamos
a pagar esas ambiciones sociales que compartimos? Las ambiciones de
mejorar la educación pública, mejorar la sanidad, hacerla sostenible y
equitativa; las ambiciones de mejorar las pensiones, de mejorar el
salario mínimo, más de lo que usted dice, por lo menos en relación a la
media de la Unión Europea, la protección al desempleo, todo eso necesita
medios, señor candidato, y esos medios, en nuestra opinión, no se
encuentran ni en la reforma fiscal ni en una interpretación restrictiva
de la estabilidad presupuestaria. Sobre todo quiero destacar algo que
preocupa mucho a nuestro grupo, más incluso que lo que he venido diciendo
hasta ahora, y es el modelo económico y de empleo que existe en nuestro
país; el modelo económico y de empleo que no ha sabido aprovechar una
etapa larga de crecimiento económico, un modelo económico y de empleo
especulativo y precario. Nosotros pensamos que ese modelo económico tiene
que empezar a cambiar. Ha dicho usted algunas cosas con relación a la
formación, a la investigación y desarrollo, a la política activa en
materia industrial, pero nuestra principal duda está en torno al modelo
de empleo precario. Señor candidato, ¿piensan ustedes -nosotros estamos
convencidos de ello- adoptar medidas para recuperar la causalidad en los
contratos? ¿Piensan, señor candidato, abordar también desde la inspección
la lucha contra el fraude, que es del 50 por ciento en los contratos
temporales? Es decir, ¿pensamos abordar el carácter estructural de la
precariedad laboral en nuestro país, que se ceba con jóvenes y con
mujeres? Eso es imprescindible para cambiar el modelo social y el modelo
económico que sufrimos en España bajo la égida del Partido Popular.
Señor candidato, hay otras materias relativas al desarrollo de las
libertades ciudadanas y de las libertades públicas. Ha hablado usted del
reconocimiento de las parejas de hecho, del derecho al matrimonio civil
de gays, lesbianas y homosexuales, pero yo le pregunto, señor candidato,
¿eso significa también el derecho a la adopción?, porque esa es la
reivindicación -y una reivindicación legítima- de aquellos que tienen
otras opciones afectivo-sexuales. Yo le pregunto también, señor
candidato, por la ley del aborto. Ustedes han anunciado un cuarto
supuesto, que nosotros hemos defendido siempre como una ley de plazos que
dé la capacidad de decisión a la mujer. También, señor candidato, desde
mi grupo parlamentario queremos saber qué significa lo que usted ha dicho
en torno a la ley contra la violencia doméstica, hasta dónde llega esa
iniciativa que a nosotros nos parece imprescindible a tenor de la
gravedad de la situación, pero también queremos saber si la voluntad de
negociación en materia de inmigración abarca la reforma de la Ley de
extranjería. Desde luego, nosotros pensamos que es imprescindible.
En definitiva, mi grupo parlamentario, el Grupo de Izquierda Verde, donde
estamos Izquierda Unida e Iniciativa per Catalunya Verds, somos
optimistas ante la nueva etapa que se abre. Hemos sido parte de la
resistencia democrática y queremos ser parte de la mayoría. Señor
candidato, hoy se ha presentado legítimamente, con una mayoría
minoritaria, con un programa de partido. Nosotros le instamos a la
flexibilidad y por nuestra parte tendremos la corresponsabilidad pero
también la exigencia de buscar puntos de encuentro para que finalmente
gobiernen en este país los 13 millones de votos de la izquierda, que son
suficientes para hacerlo en un sentido regenerador y en un sentido de
izquierdas, y eso no quiere decir nada con respecto a la derecha política
de este país. Napoleón decía: Dejadles que se enreden cuando no reconocen
su propia derrota. Yo creo que no es bueno para el país; no es bueno que
ustedes sigan considerando que son la mayoría política y sigan
interviniendo con prepotencia en la vida política democrática de este
país. Es bueno que el Partido Popular se regenere a sí mismo y que
participe, como un partido leal, desde la oposición. Esperamos que eso
ocurra así.
Termino también con Azaña. Señor candidato, algunas veces dice usted:
fuerza y honor. Prefiero la máxima de la fuerza de la razón y de la
acción política.
Muchas gracias. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Para concluir el turno, tiene la palabra el señor
Herrera.
El señor HERRERA TORRES: Señor presidente, señorías, señor Zapatero, me
dirijo a ustedes como diputado de Iniciativa per Catalunya Verds con una
reflexión hecha y pensada desde Cataluña, pero también voy a hablarles
como portavoz del Grupo de Izquierda Verde
(Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds), un grupo que entiende y
asume la plurinacionalidad del Estado desde una perspectiva de
izquierdas, ecologista y pacifista. Para nosotros esta nueva mayoría
parlamentaria no se hubiese producido sin la expresión previa de la
mayoría social que se dio en la huelga general, que se expresó por otra
cultura del agua, que se ha dado en el movimiento por otra globalización
o que se dio, sin duda, en el clamor popular contra la guerra. Todo ello
ha tenido traducción electoral; más que nunca ha habido una ciudadanía
activa y consciente, que ya es un contrapoder moral frente a esa idea tan
extendida, tan transversal del tú vota, que yo te lo administro. Y es que
esta gran ola de cambio, para muchos la primera a la que asistimos, ha
sido liderada por la propia ciudadanía, antes que por el Congreso y mucho
antes que por los partidos. Los movimientos sociales han sido los
moldeadores de una cultura democrática que se ha rebelado de una forma
clara y contundente contra la mentira. Precisamente por las
características de esta gran ola de cambio tenemos que ser mucho más
exigentes con nuestros compromisos. A esta nueva mayoría se nos demanda
un giro radical para dar respuestas de fondo y de forma, ambas. No sólo
se nos pide negar la vía involutiva y crispada de la gestión del Partido
Popular, sino que nosotros, igual que muchos de nuestros votantes, igual
que muchos de sus votantes, señor Zapatero, somos de los que no nos
conformaremos con una gestión políticamente correcta, con la simple
vuelta a la normalidad. Queremos innovación en lo democrático, en lo
social, en lo ecológico, en el modelo de Estado y en un firme compromiso
por la paz. Para ello, en primer lugar, debemos afrontar un compromiso
democrático fundamentado en la vuelta a la normalidad democrática y en el
desarrollo de derechos fundamentales. Son buenos sus compromisos en torno
a la reforma de la Ley de calidad. Es fundamental mejorar el Reglamento y
el funcionamiento de las Cámaras, pero tenemos que ir más allá. Para
caminar hacia un Estado laico tenemos que poner en la agenda la revisión
de los concordatos con la Santa Sede. Hoy es fundamental afrontar tres
retos: nuestra democracia necesita de una buena base, de su consolidación
y de su desarrollo. Para ello debemos recuperar nuestra mejor memoria y
lograr el derecho de voto para todos los que viven y trabajan entre
nosotros y para ello es fundamental impulsar una democracia de lo
cotidiano. Como pilar de nuestra democracia es esencial por tanto la
recuperación de nuestra memoria. Es el mejor antídoto y el más efectivo
contra el autoritarismo. Suso del Toro lo explica perfectamente: La
búsqueda compulsiva de la amnesia no ha sido más que una herencia
franquista. La otra cara de la moneda de la Fundación Francisco Franco es
sin duda el desarrollo de un memorial democrático que haga de la lucha
contra la dictadura y a favor de la libertad un valor sobre el que
construir nuestra democracia. No podemos volver a confundir el perdón con
el olvido, pero a este pilar hay que sumar la consolidación de la
democracia. No se trata tan sólo de caminar hacia otra ley de extranjería
fundamentada en lo que era la Ley 4/2000. Debemos afrontar el reto y la
necesidad de que no estemos ante una sociedad dual, en la que un 5 o un 6
por ciento de las personas no pueden votar, no se pueden expresar. Es
ineludible el compromiso para afrontar el desarrollo del derecho de voto
de las personas inmigrantes, que van a vivir y a trabajar con nosotros
durante muchos años en nuestro territorio. A esta consolidación hay que
añadirle el desarrollo de la democracia; un desarrollo de la democracia
que signifique el impulso de una democracia participativa, que no tan
sólo despenalice el referéndum, sino que también lo impulse, tal como se
hace en Suiza o en California, como mecanismo para que la democracia
pueda ser ejercida más de una vez cada cuatro años. A la legitimidad de
las urnas hay que sumarle la legitimidad de lo cotidiano.
El segundo compromiso es de carácter social, y el señor Llamazares se ha
extendido en ello. Simplemente, una reflexión: con ocho millones de
pobres ha sido un insulto alardear de superávit -aunque de falso
superávit- presupuestario, pero hoy, con estos ocho millones de pobres,
sería insensible continuar con el dogmatismo del déficit cero. A este
compromiso social le añadiría un tercer compromiso, un compromiso
ineludible, que es el ecológico, fundamental para nosotros, y es
fundamental para Iniciativa per Catalunya Verds como Partido Verde en
Cataluña, pero también para un grupo parlamentario que incorpora la
sensibilidad del movimiento ecologista. Hasta ahora, España ha pasado por
dos fases: en la primera éramos simples receptores de las políticas
ambientales de la Unión Europea. Se vivía la sostenibilidad como una
obligación. En una segunda etapa, lo único que se ha hecho es torpedear,
ser abiertamente contrarios a la adopción de medidas ambiciosas de
protección del entorno. Mientras la Directiva marco del agua negaba la
interconexión de cuencas, el Partido Popular proponía el Plan Hidrológico
Nacional; mientras en la Unión Europea había una moratoria de facto en
los organismos genéticamente modificados, España, a la cabeza, intentaba
extender los organismos genéticamente modificados en el conjunto de la
agricultura española. Sin duda, en el cambio climático, esta actitud se
ha continuado dando. En España, una zona a la que va a afectar la
extensión de las zonas áridas, un territorio que concentra su economía en
actividades que dependen directamente del clima, el Gobierno del Partido
Popular no sólo incumplió el Protocolo de Kioto de forma flagrante, sino
que ha intentado también rebajar clarísimamente su nivel de compromiso
arrastrando con él a la Unión Europea. Es por tanto hora de abrir una
nueva etapa y tenemos la responsabilidad de dar este giro radical a la
política medioambiental. Difícilmente podremos hacer frente al reto de la
sostenibilidad ecológica a partir de visiones desarrollistas que se basen
en la urbanización extensiva o en la multiplicación de las
infraestructuras viarias, o incluso en inversiones tan poco sostenibles
como el AVE. Hoy hace falta una economía
que no se fundamente en el ladrillo, no sólo porque es una hipoteca
extraordinaria para las economías familiares, una hipoteca extraordinaria
que no se puede subsanar, sino porque es una pésima huella ecológica que
vamos dejando día a día en el territorio. Hoy debemos abrir esta nueva
etapa que nos sitúe al frente del desarrollo de las políticas de
sostenibilidad sobre la base de varios principios, el primero, una nueva
política del agua basada, como se ha dicho por activa y por pasiva, en el
ahorro, lo que significa, por supuesto, parar los trasvases y parar -me
felicito porque se haya comprometido a ello- el trasvase del Ebro; el
segundo, impulsar el compromiso contra el cambio climático que respete el
Protocolo de Kioto y que nos permita dejar de ser la Cenicienta más
contaminante de Europa. Reducir el consumo energético un 20 por ciento
para 2010 es una cita asumible. Disminuir el tráfico motorizado por
carretera un 20 por ciento para esa misma fecha también es asumible.
Desarrollar la energía de origen renovable asumiendo que en 2020
lleguemos al 20 por ciento de las mismas -manifestado en el último
Congreso del Partido Verde Europeo, en Roma- es asumible. Impulsar el
transporte de mercancías por ferrocarril es asumible. La ecuación es
ahorro, eficiencia y energías renovables, y para ello hace falta voluntad
política. Nos preocupa, y quisiera que nos lo aclarase, cuál va a ser el
Plan nacional de transportes e infraestructuras. Nos preocupa que
reproduzca el Plan Director de Infraestructuras que en su día redactó
Josep Borrell. No queremos más cemento que lo que haga es tranquilizar a
las grandes constructoras. Si lo que nos va a proponer es una ecuación de
más tren 200 y menos AVE, estaremos de acuerdo; si lo que nos va a
proponer son menos infraestructuras viarias y más transporte público, nos
vamos a sumar, pero no queremos que el plan se dé en los paradigmas no
sólo de lo que ha hecho el Partido Popular, sino de lo que hicieron
también anteriores gobiernos socialistas.
El cuarto compromiso versa sobre el respeto y la garantía de un Estado
plurinacional y plurilingüe. Salvador Espriu escribía en Pell de Brau:
Escolta Sefarat, els homes no poden ser si no són lliures. (Sefarat, el
pueblo español tan sólo puede ser si entiende su realidad.) Pluralidad en
identidades, en cultura y en lenguas y pluralidad también en un
sentimiento nacional amplio y diverso; una realidad clarísimamente
plurinacional. El modelo vigente hoy está agotado, y lo está porque no
podemos avanzar condicionados a si se hace finalmente una interpretación
bondadosa o restrictiva de la Constitución. En los últimos años se ha
hecho de la Constitución un dogma, negando el debate, su modificación, su
interpretación amplia y generosa. Así, se ha entendido el pacto
constitucional como una simple descentralización. Las comunidades
autónomas eran meros administradores (Ley de calidad, LOU, negativa a
normalizar los complementos en las pensiones...). Todo ello ha hecho que
sean muchos los ciudadanos y las ciudadanas que han dejado de
identificarse con esa visión de España. No es casual que en Cataluña las
fuerzas que sustentaban al anterior Gobierno hayan retrocedido hasta 11
diputados. El primer paso ya dado, asumido en su compromiso, es un apoyo
firme del nuevo Gobierno a la propuesta del estatut que emana del actual
Parlament de Catalunya. Queremos un nuevo estatut para hacer frente a
nuevos retos (la inmigración, las tecnologías, el proceso de Constitución
europea) y lo vamos a hacer en un proceso sin duda participativo que
exprese la mayor legitimidad social y la mayor legitimidad política, pero
el proceso histórico del nuevo Gobierno va más allá de la reforma de los
estatutos. Para nosotros, es fundamental que la España plural que
defiende el señor Zapatero se refleje en la modificación del Senado, como
se ha comprometido -es una gran noticia-, en la participación de las
comunidades autónomas en las instituciones europeas, en el reconocimiento
de la oficialidad del catalán -celebramos positivamente su compromiso- y
en el nuevo modelo de financiación de las comunidades autónomas. El nuevo
estatut es imprescindible, pero sería muy bueno renovar el pacto
constitucional sobre la base del pleno reconocimiento de la pluralidad
nacional del Estado y hacerlo además en un sentido federal. Tenemos el
problema, sin duda, del PPN (Partido Popular del no), el nuevo partido
que hoy ha asistido a las Cortes, pero yo creo que los retos que tenemos
son sustanciales y deberemos asumirlos.
No me voy a extender más, señor Zapatero. No voy a reiterar la importancia
que expresaba el señor Llamazares en torno a la necesidad de que las
tropas de Irak se retiren, y lo antes posible. Podemos dar un ejemplo a
la comunidad internacional, podemos ser aquellos que hagan que las cosas
empiecen a cambiar en la escena internacional, en Palestina, en el Sahara
y en tantos y tantos sitios. Más allá de este compromiso firme, creo que
debemos hacer una reflexión profunda sobre cuál va a ser el papel de
España en el mundo y en Europa. Aquí puede haber gestos que pongan de
manifiesto ante la opinión pública y ante la comunidad internacional cuál
va a ser el nuevo talante del nuevo Gobierno. Le pongo un ejemplo: en el
I+D militar estamos a la cabeza de Europa, con un gasto entre el 33 y el
40 por ciento. Queremos un compromiso para reducirlo. Como potencia
media, hoy podemos jugar un papel de liderazgo internacional que nos
permita ejercer de puente entre norte y sur. Para ello, señor Zapatero,
debemos adoptar compromisos firmes que nos permitan tener una relación
diferente con los países empobrecidos. Más allá del incremento de las
partidas de desarrollo, de forma transparente y condicionada al
desarrollo humano y no a los intereses económicos, como ha venido siendo
hasta ahora, podemos empezar a jugar un papel de liderazgo en medidas
como el impulso de una tasa, llámese Tobin, que grave las transferencias
de capital especulativo, en la paulatina condonación de la deuda externa
o en la defensa en las cumbres de la Organización Mundial del Comercio de
medidas que garanticen la soberanía alimentaria de los países
empobrecidos. El papel del
Grupo de Izquierda Verde (Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds)
en esta legislatura va a ser de compromiso. En función de su
cumplimiento, vamos a darle nuestro apoyo como candidato a presidente del
Gobierno. Nuestro papel va a ser el de exigencia. Vamos a tener una
actitud solidaria y corresponsable para todo aquello que signifique
afrontar de forma profunda y activa los retos planteados en los ámbitos
democráticos, sociales y ecológicos, a favor de la plurinacionalidad y
por un nuevo rol internacional. En el período que se abre veremos como
algunos querrán poner barreras a esta nueva mayoría, incluso otros
querrán frenarla, centrarla y moderarla. Nuestro papel va a ser el de
acicate, para que las cosas vayan más rápidas, se escoren hacia la
izquierda, hacia el ecologismo, hacia la paz y hacia la
plurinacionalidad. Este va a ser nuestro compromiso y este va a ser el
sentido de nuestro voto.
Muchas gracias. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Señor candidato.
El señor RODRÍGUEZ ZAPATERO (Candidato a la Presidencia del Gobierno):
Quiero agradecer las intervenciones de los representantes del Grupo de
Izquierda Unida e Iniciativa por Cataluña, señor Llamazares y señor
Herrera. Creo que han planteado una agenda ambiciosa y progresista.
Comparto la filosofía de fondo en muchos de los aspectos que han
abordado. Me parece bien que haya una exigencia desde la Izquierda. En
ese sentido quiero hacer un pronunciamiento muy claro y es que el respeto
que he manifestado a todos los grupos parlamentarios, el respeto a la
pluralidad y a las opciones distintas, como no puede ser de otra manera,
se manifiesta de una manera muy especial en lo que representan otras
fuerzas de izquierda nítidamente establecidas en esta Cámara.
Quiero decirle, señor Llamazares, que valoro muy positivamente su actitud
hoy y en la relación con el Partido Socialista. Valoro las palabras que
ha dicho sobre la esperanza del cambio que se abrió el 14 de marzo.
Coincido en que no es sólo ni principalmente una victoria del Partido
Socialista, que es una victoria de la ciudadanía, una victoria del
ambiente de cambio, de las ganas de una nueva etapa, y que en ese
ambiente de cambio y esa nueva etapa, sin duda alguna, la formación
política que usted representa y usted en particular han tenido una
importancia notable. Por lo tanto quiero expresar desde aquí mi mejor
disposición al diálogo y a llenar de contenidos, de ideas y de propuestas
lo que ha de ser una acción de Gobierno sustentada en el diálogo en esta
Cámara.
El señor Llamazares y también el señor Herrera han hecho un especial
hincapié en algunos aspectos de política exterior y en particular en lo
que afecta a la guerra de Irak, y quiero volver a esta cuestión y a lo
que afecta a las tropas españolas en Irak. Esta mañana he reiterado que
el Gobierno que presida cumplirá los compromisos que tiene con la
ciudadanía. Entre ellos figura destacadamente lo relativo a las tropas
españolas en Irak. Lo he dicho y lo reitero en este momento: si Naciones
Unidas no se hace con el control político y con la dirección militar de
la situación en aquel país las tropas españolas regresarán con nosotros,
y puse una fecha límite, que era el 30 de junio. Quiero decir a la Cámara
que la situación en Irak se aprecia claramente más deteriorada, que la
situación en Irak determina que la misión y los objetivos que se nos
habían explicado de nuestras tropas allí, para garantizar la seguridad,
en gran medida tienen poco que ver con lo que allí está pasando y con lo
que tienen que hacer nuestras tropas, pues estamos más cerca de un
conflicto abierto que de una misión de seguridad. También quiero decir
que cada día se observan más dificultades para que Naciones Unidas pueda
aprobar una resolución que garantice y reconozca el liderazgo de las
iniciativas en Irak. Desde ese compromiso y desde ese análisis, señor
Llamazares, mi obligación es también velar, si mañana obtengo la
confianza de la Cámara, por los intereses de España y por la seguridad de
nuestras tropas y, lógicamente, velar por los intereses de España y
cumplir los compromisos será a partir de mañana de una manera clara
analizar y determinar cuál es la respuesta que el Gobierno va a dar. Es
evidente que no puedo hoy adelantar ninguna de ellas, entre otras cosas
por elementales razones de seguridad y por tener una constatación
fehaciente de la situación. Lo que sí puedo y quiero adelantar es mi
compromiso de mantener informados con carácter permanente a todos los
portavoces de los grupos parlamentarios a partir de la obtención de la
confianza como presidente del Gobierno, y el compromiso también,
lógicamente, se verá completado en función de las decisiones que se
adopten con mi comparecencia en el Pleno de esta Cámara para explicar las
decisiones que el Gobierno tome y buscar por supuesto el respaldo de
SS.SS. y de la mayoría de los grupos parlamentarios.
Por ello, señor Llamazares, le quiero insistir en que mi compromiso
electoral es firme, la voluntad de la ciudadanía es clara, mi convicción
de que lo que pasa allí nada tiene ver con una misión de seguridad,
también. Mi deseo, como el de todos, de que Naciones Unidas se hiciera
cargo de aquello es cada día más difícil. Por tanto, en función de esos
elementos, tengan por seguro que la Cámara y todos los grupos
parlamentarios tendrán la información, que sólo estará sometida, como es
lógico, al principio de máxima seguridad de las tropas españolas en
Irak.
Se ha planteado también por parte del señor Llamazares alguna cuestión
relativa al modelo territorial. Le diré que no deberíamos caer en un
debate sobre los nominalismos, si modelo federal, estado federal. Creo
que hay que ir a un modelo útil que recoja lo que representa una voluntad
clara constitucional, una realidad de identidades de nuestro país, unida
a una voluntad generalizable y generalizada de autogobierno, de
descentralización, de proximidad, de todos los valores positivos que hay
en un Estado profundamente descentralizado, y
que ello desde luego tiene mucha más importancia que la denominación o el
nombre.
Esta mañana me han escuchado una actitud abierta al desarrollo de lo que
es la aspiración de la reforma del estatuto de Cataluña, de abrir una
reforma de la Constitución, de tener por tanto el diálogo político con
las comunidades autónomas como un principio esencial de mi Gobierno, con
todas. Y me alegra que el señor Llamazares haya recordado dentro de ese
diálogo político la necesidad y el compromiso del Gobierno de España de
dar cuenta y satisfacer la situación injusta que ha vivido Andalucía como
consecuencia de no pagar una deuda en el modelo de financiación por parte
del anterior Gobierno, como quedó muy evidenciado en la campaña
electoral.
Quiero decirle también, señor Llamazares, que la izquierda siempre ha
tenido estas cosas, que a veces nos preocupamos tanto por los
instrumentos como por los objetivos o los fines. Yo he presentado esta
mañana un capítulo ambicioso, seguramente insuficiente, de políticas
sociales, que van desde la vivienda, como gran necesidad en este momento
-creo que es un clamor de los jóvenes y de muchas familias por cómo está
el precio de la vivienda, el acceso a la vivienda-, con una filosofía de
apuesta por el alquiler ante lo que representa frenar todo el modelo, en
buena medida especulativo y de desarrollo urbanístico con poco orden, con
poco respeto medioambiental, con poca visión de futuro, en la línea de lo
que apuntaba su compañero el señor Herrera. Esas políticas sociales
atraviesan por una nueva filosofía y política educativa, por el aumento
de las becas, por el esfuerzo en pensiones, por lo que supone y
representa un sistema nacional de atención a la dependencia como uno de
los grandes problemas crecientes de nuestra sociedad, y todo eso lo
pensamos hacer con una economía ordenada, dentro del contexto de lo que
representa el Pacto de Estabilidad, sin dogmatismos, pero desde luego
para la economía, para las empresas, para la creación de los puestos de
trabajo, apostar por el déficit sin más -puede que en una coyuntura de
urgencia, de una necesidad, se tenga que recurrir- no me parece un buen
principio. Defendemos el principio de estabilidad presupuestaria, y
además es un principio que tiene aspectos progresistas, porque es un
principio que no deja deuda a las generaciones que han de venir en el
país, en el Estado, y conviene que recordemos -a veces estas cosas nos
pasan a la gente que tenemos un pensamiento progresista de izquierdas, no
lo digo como una crítica- que lo que el Estado debe se lo debe a la
sociedad y que normalmente, cuando el Estado tiene un alto nivel de
deuda, eso acaba comprometiendo de manera más directa a las economías más
modestas, a los que tienen un puesto de trabajo en peor situación, y más
allá de este debate, en el que no quiero insistir, los compromisos
sociales están para ser cumplidos, son ambiciosos y estamos abiertos a
las ideas que el Grupo de Izquierda Unida pueda tener al respecto.
Quiero hacer algún comentario sobre la intervención que ha hecho el señor
Herrera en torno a algunas cuestiones concretas. Ya he contestado a lo de
Cataluña, ya he insinuado algunos elementos en relación con sus
posiciones en el ámbito medioambiental. Creo que tiene una respuesta
cumplida sobre la política del agua, tenemos una filosofía distinta a la
política del agua que hemos vivido, el valor económico es importante, el
valor social también, pero el medioambiental es prioritario en una
política del agua, y así lógicamente va a quedar plasmado en la reforma
del Plan Hidrológico Nacional y así queda plasmado en mi voluntad de
suspender lo que supone el trasvase del Ebro.
Ante el cumplimiento del Protocolo de Kioto tenemos un problema de
envergadura, al que no he hecho referencia con mucha profundidad en el
debate de hoy porque tenemos encima de la mesa elementos de preocupación.
Se ha hecho muy poco en este tiempo, y ahora podemos tener varios
sectores industriales comprometidos ante lo que suponen las exigencias
del Protocolo de Kioto. Simplemente pido un poco de tiempo para analizar
cuál es la situación e intentar un diálogo inevitable y necesario con el
conjunto de los sectores empresariales industriales afectados.
Estamos muy de acuerdo en que la política energética en este país tiene
que tener también un giro, ahorro, sin duda, eficiencia y potenciación de
las energías alternativas y renovables y muy especialmente el ahorro que
desde luego ha tenido muy pocos éxitos en los últimos tiempos, por no
decir ninguno, y es vital para no comprometer el futuro medioambiental.
Política exterior y visión de lo que representa una concepción en defensa
de la paz. Creo que he sido bastante explícito a lo largo de las
distintas intervenciones en defensa de la paz y en defensa de la
cooperación en el mundo, en defensa de Naciones Unidas, en defensa de la
legalidad internacional, en defensa de una visión distinta y muy cerca de
la alianza contra el hambre que varios gobiernos han constituido, el
francés, el alemán, el chileno y el Gobierno de Lula, en Brasil. Vamos a
estar cerca de esas posiciones. Vamos a estar más cerca de esas
posiciones, obviamente, que de las que se han mantenido hasta ahora y
trabajaremos con toda la potencia que tiene España como un país de
diálogo, de encuentro, un país de cooperación, un país que siempre ha
hecho de la solidaridad un gran valor en su proyección hacia el mundo. Me
da igual en el Mediterráneo que en Latinoamérica. Eso lo vamos a
recuperar con fuerza, creo que con liderazgo y creo que responde a la
mayoría de la voluntad popular.
El señor Llamazares ha hecho alguna consideración importante en torno a
dos cuestiones que me voy a referir: el modelo de empleo precario o los
problemas de la precariedad en el empleo y también lo relativo a la Ley
de extranjería y la inmigración. He denunciado en muchas ocasiones lo
insostenible del porcentaje de precariedad, de temporalidad que tiene
nuestro mercado laboral; muchos de esos contratos, que son subcontratos
con falta de derechos, en una situación de enorme dificultad y con un
modelo económico que hay detrás de escasa productividad, de escasa
fortaleza tecnológica, de escasa capacidad de tener un patrimonio
tecnológico en nuestro país que es, sin duda alguna, lo que garantizaría
empresas más sólidas, un sector industrial con más potencialidad de
futuro y, por tanto, empleos estables. Vamos a ser implacables, a través
de la Inspección de Trabajo, con todo lo que sea fraude consciente,
deliberado en el terreno de la subcontratación, en el terreno de la
causalidad en nuestro mercado de trabajo y, como he explicado esta
mañana, vamos a convocar a sindicatos y a empresarios rápidamente para
hacer un diálogo intenso y un acuerdo que sería por la competitividad y
por el empleo estable. Estamos abiertos a todas las ideas, a todas las
iniciativas. Creo que esta legislatura en el terreno de lo social tiene
básicamente cuatro o cinco grandes objetivos: la vivienda, la precariedad
laboral, la igualdad de la mujer, la lucha contra la violencia de género,
un modelo educativo progresista y la extensión de los servicios sociales,
de los nuevos derechos sociales de ciudadanía. Y desde luego queremos que
esa tarea de Gobierno sea una tarea que se enriquezca con ideas. Habrá
pues un Gobierno flexible. Habrá un Gobierno que escuchará. Habrá un
Gobierno que no sólo escuchará sino que invitará a la producción de ideas
y de propuestas. Y tengan seguro que ese Gobierno no tendrá más que el
límite de la lógica de los recursos públicos, de la lógica de no elevar
la presión fiscal, que casi siempre, además, corre a cargo de los
trabajadores, lamentablemente, en los sistemas fiscales que conocemos, y
en la lógica de incentivar el espíritu emprendedor, la iniciativa, que es
sin duda alguna también en el ámbito de la economía un camino, un rumbo
adecuado, y por supuesto de hacer una democracia exigente, exigente con
el Gobierno, en primer lugar, y exigente con la ciudadanía, exigente para
que tengan la mejor información; de ahí la reforma de los medios públicos
de comunicación, para que sean de verdad plurales, independientes y que
sean de los ciudadanos y de la sociedad, para que la ciudadanía tenga la
mejor información, la mejor capacidad crítica, participe, formule la
deliberación pública que es consustancial a la democracia. Desde luego en
ese terreno mi Gobierno, lo dije esta mañana, va a hacer de la renovación
pública, del estímulo de la participación, de la democracia activa y
positiva, un objetivo continuo y diario. Estoy convencido de que en esa
tarea vamos a tener muchos elementos para compartir.
Muchas gracias, señor presidente. (Aplausos.)
El señor HERRERA TORRES: Voy a ser muy breve.
Usted nos pedía tiempo, yo sólo le pido voluntad política en lo
sostenible, en lo ecológico, porque la falta de sensibilidad ecológica ha
sido lamentablemente transversal. Con el Partido Popular ha sido un
drama, pero en otras etapas con ustedes ha sido preocupante, la verdad, y
lo que queremos es que simplemente las actitudes, la sensibilidad hacia
lo sostenible, la necesidad de incorporar lo ecológico en la economía, en
las políticas activas de empleo, en las políticas de ocupación, sean un
elemento central. No podemos hacer que este elemento sea de segunda, de
tercera o de cuarta división incluso, en debates, en discusiones, en todo
aquello que nos ocupa. Esto ha sido demasiado transversal entre izquierda
y derecha. Por tanto, usted me pide tiempo y yo le pido tan sólo voluntad
política.
Queremos que en el compromiso del Protocolo de Kioto no sólo hable con los
industriales, sino que hable también con el movimiento ecologista que
antes de las elecciones hacía un decálogo de propuestas que pedían que
nos comprometiésemos el conjunto de fuerzas políticas, y en este conjunto
de propuestas no sólo estaba el Protocolo de Kioto, hablaba de un
elemento tan fundamental como la reforma de la Ley del suelo, o como la
necesidad de incorporar una nueva fiscalidad, que no significa pagar más,
sino pagar diferente, significa incorporar en la fiscalidad los costes
ecológicos que tienen todas y cada una de las actividades humanas.
Por último -le he prometido que sería breve- hoy lo que hace falta es
incorporar elementos de recuperación democrática, pero para eso hay que
ir más allá de la dimensión institucional. Por eso nosotros planteábamos
el impulso del referéndum como una vía, que hoy se pueden incorporar y
desarrollar los presupuestos participativos como se han desarrollado en
Brasil y haciendo que se construya una sociedad mucho más participativa y
mucho más sólida en lo democrático. Por tanto, lo que le pedimos es
innovación, e innovación significa ir más allá de lo que se ha ido
tradicionalmente. El referéndum, la incorporación del derecho de voto de
todas las personas que viven y trabajan -para nosotros esta es una
propuesta de máximos, sin duda-, se lo vamos a plantear, y nosotros lo
que queremos es el pacto en materia de inmigración, una sociedad que no
sea dual. Yo no estoy de acuerdo con que personas con residencia fiscal
en Andorra puedan votar y que personas que viven y trabajan en mi calle,
en mi barrio, que llevan años viviendo conmigo, no puedan hacerlo. Creo
que es absolutamente urgente que la nueva mayoría afronte este reto, y es
un reto de salud democrática, de consolidación de la democracia, no es un
reto baladí ni un reto menor en ningún caso.
Muchas gracias. (Aplausos.)
El señor LLAMAZARES TRIGO: Señor presidente. Como ven el tándem funciona.
Señorías, señor candidato, desde el Grupo Parlamentario de Izquierda
Verde conformamos Izquierda Unida e Iniciativa per Catalunya-Verds, y
estamos satisfechos en lo fundamental de la respuesta que nos ha dado con
respecto a la guerra de Irak. Nos parecía en la intervención de la mañana
que había algo oculto, que el café entre el señor Bono y el señor
Rumsfeld había sido algo más que un café americano. Parece ser que no, y
nos alegramos de que las cosas sigan como estaban, con un compromiso
claro de que vuelven las tropas si Naciones Unidas no se hace cargo de la
situación de Irak. Y, por desgracia, es verdad que cada vez eso está más
lejos. No estamos en una ocupación militar. Es una guerra de guerrillas
la que se vive en Irak, una guerra de resistencia y de respuesta de
ocupación. En ese contexto, cualquier iniciativa de reconstrucción o de
seguridad choca contra un muro infranqueable. En ese sentido, hemos
querido entender que la fecha de junio es una fecha límite. Que si las
cosas no evolucionan positivamente esta Cámara tendrá que tomar una
decisión. Y, desgraciadamente, conociendo a la Administración americana,
no se van a ir de Irak. Tenían calculados los costes y no se van a ir,
porque apuestan por una ocupación y luego por el control del país, el
control del gran oriente, en una frase ampulosa de Wolfowitz y familia.
En ese sentido, con relación a Irak queremos que se cumplan los
compromisos. Pero quiero decirle algo más, y no es con ánimo de venganza:
que las cosas se aclaren, que todos los documentos que se han utilizado
en este país para sustentar la guerra de Irak sean públicos, que los
ciudadanos tienen derecho a saber por qué este país ha ido a una guerra
en la que nada le iba ni le venía y en la que solamente le podían venir
desgracias. Por otra parte, en relación con los periodistas, y en
particular con relación a Couso, señor candidato, una de las primeras
iniciativas debe ser pedirle explicaciones al Gobierno norteamericano.
Una investigación a fondo y responsabilidades al Gobierno norteamericano
por el asesinato de un periodista, al igual que se ha producido de otros
periodistas que no parecían caros al Gobierno norteamericano.
Respecto a otras políticas que le he planteado en mi intervención, y en
particular respecto a las políticas sociales, le he dicho que me parece
una iniciativa ambiciosa. Echando cuentas muy por encima, la
sostenibilidad del sistema sanitario, sostenibilidad que no es fácil dada
la deuda sanitaria y la situación desbocada del gasto de las compañías
farmacéuticas, la sostenibilidad del sistema educativo público, no
subordinado al privado, sino del sistema educativo público como sistema
troncal de nuestro sistema educativ