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DS. Cortes Generales, Comisiones Mixtas, núm. 20, de 23/10/2008
 


DIARIO DE SESIONES DE LAS CORTES GENERALES
COMISIONES MIXTAS

Año 2008 IX Legislatura Núm. 20
PARA EL ESTUDIO DEL CAMBIO CLIMÁTICO
PRESIDENCIA DEL EXCMO. SR. D. JORDI SEVILLA SEGURA
Sesión núm. 4
celebrada el jueves, 23 de octubre de 2008
en el Palacio del Congreso de los Diputados


ORDEN DEL DÍA:

Comparecencia de D. Michael Zammit Cutajar, vicepresidente del Grupo ad hoc de negociación para la cooperación internacional a medio y largo plazo, embajador de cambio climático de Malta y ex secretario ejecutivo de la Convención marco de Naciones Unidas de cambio climático. Por acuerdo de la Comisión mixta. (Número de expediente del Congreso 219/000036 y número de expediente del Senado 715/000011.)... (Página 2)

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Se abre la sesión a las cuatro y treinta y cinco minutos de la tarde.


El señor PRESIDENTE: Señorías, abrimos la sesión de la Comisión. En primer lugar, quería dar la bienvenida a un grupo de estudiantes del Seminario sobre el Congreso de los Diputados que está teniendo lugar esta semana y han tenido a bien seguir en directo esta Comisión, que hoy tiene también un compareciente de lujo, Michael Zammit. Es una persona con una larga trayectoria internacional, fundamentalmente vinculada a la ONU y, sobre todo, con mucha trascendencia ya en lo que fue la negociación del Protocolo de Kioto y en estos momentos del equipo de negociación de lo que está siendo la próxima cumbre de Copenhague, que es sobre lo que esperamos, fundamentalmente, que nos ilumine.


El procedimiento será como es habitual, con algún pequeño cambio que les comunico. Tendremos la intervención del señor Zammit y después intervendrán cada uno de los grupos, si bien, dentro del tiempo que prevé el Reglamento, podrán intervenir varios portavoces de cada uno de los grupos si así lo estiman oportuno y siempre con el carácter que hemos dado en esta Comisión de centrarnos fundamentalmente en preguntas relacionadas con el tema de la compareciente.


Le doy la palabra al señor Zammit, agradeciéndole, por supuesto, su presencia en esta Comisión Mixta.


El señor ZAMMIT CUTAJAR: Es un gran honor para mí estar en la casa de la democracia española por primera vez. Voy a hablar no como un representante de mi Gobierno ni siquiera de la negociación, sino como una persona que ha pasado casi veinte años trabajando en este tema, que ha escuchado mucho, que ha aprendido un poco y voy a intentar compartir este conocimiento con ustedes, pero hablando en inglés, con la ayuda de la traducción y, eventualmente, intervendré en el debate en castellano.


Me disculpo por no ser capaz de hacer toda la presentación en español, pero creo que vamos a ir más deprisa en inglés, y también les pido disculpas por el hecho de que no he podido presentar las diapositivas en español. Sé que han tenido ustedes recientemente la visita de uno de los expertos sobre el clima, el doctor Pachauri, del grupo de expertos sobre cambio climático. Quiero comenzar con este gráfico, que no sé si ya se lo he enseñado, pero que está muy en el centro de la actualidad. Según lo que he visto en los periódicos, se ha dicho en la prensa que no hay cambio climático. No he venido como abanderado del apocalipsis climático, sino como alguien que cree que hay una serie de pruebas científicas de que está ocurriendo algo que no es normal. Este gráfico les muestra la concentración de CO2 en la atmósfera durante los últimos diez años. Esto no es simplemente un destello, sino algo muy expresivo.


No voy a profundizar en la cuestión de lo que está pasando en cuanto a los gases de efecto invernadero, porque ya saben ustedes mucho, sino que vamos a centrarnos en lo que podemos hacer para paliarlo y mitigarlo y en quién debe actuar y cuándo. Mientras hablamos de todo esto quisiera darles también información de cómo se está avanzando en la negociación, quiénes son los implicados y cuál es el terreno de juego. Por favor, hagan todas las preguntas que quieran, porque quizás haya algo en lo que yo no he reparado previamente; estoy a su disposición para todo lo que quieran expresar.


Voy a retomar el hilo de nuevo sobre esta referencia que se ha hecho al apocalipsis. No hace falta ser apocalíptico en este tema, porque si alguien les dice que el mundo se va a acabar, uno lo que va a hacer es poner sus cosas en orden y pasarlo bien. Todo esto va a ocurrir en un lapso de tiempo largo y prolongado. Tenemos algún tiempo y podemos actuar conjuntamente, pero tampoco tenemos mucho tiempo. Una de las cosas que me gustaría decir es que no todos los efectos del cambio climático son negativos de una forma inmediata. Eso es muy malo. No hay que tomar solo un lado de la cara. Por ejemplo, si conseguimos que el recalentamiento global se mantenga por debajo de los 2 grados, la agricultura ganará en muchos lugares del mundo. Hay personas que están cultivando fruta en Chile que no tendrán la misma perspectiva que las personas que estén cultivando fruta en España. Eso nos explica por qué algunas personas en Rusia están contentas al pensar en la perspectiva de que suba la temperatura. No todos vamos a reaccionar igual. Cada uno de nosotros debe evaluar los efectos que todo esto tiene en nuestras sociedades y cómo actuar. Pero hay una orientación, una tendencia general al calentamiento.
Los científicos nos dicen que hay una serie de escenarios. Los científicos dicen: Esto es lo que va a pasar si usted hace esto y esto.
En términos generales los escenarios se centran este siglo en torno a un calentamiento de 2, 3 y 4 grados. Cuando a uno le confrontan con esta posibilidad en la vida cotidiana, dice: vamos al valor intermedio. Sin embargo, este es el escenario intermedio, más o menos 3 grados. Si ven ustedes los colores, verán que hay una media, los colores más claros están en los océanos, las masas terrestres están yendo hacia 3 ó 4 grados y en el polo norte, color púrpura, a 6 ó 7 grados. Así que los efectos reales concretos son peores de lo que uno podría esperar. Esto me lleva al hecho de que muchos de nosotros estamos hablando de un futuro de 2 grados. Este es el punto de partida de muchos de los debates que tienen lugar hoy y de mucha de la inspiración de los que están negociando. Esos 6 grados en el polo norte producen el espectáculo de Groenlandia derritiéndose. Si Groenlandia sigue derritiéndose se prevé que el mar va a elevarse siete metros. Eso supone un cambio total de la corriente del golfo, lo cual modificará el clima en esa zona del mundo. Por otra parte, como ya he dicho anteriormente, el derretimiento del hielo polar contribuye al calentamiento porque la luz se refleja hacia arriba y da más posibilidades para las exploraciones, para la navegación. En el Océano Ártico -eso es cierto- la situación el año pasado era esta que ven ustedes: retirada del hielo y cambio en cuanto a la situación

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normal, que es donde tenemos la línea. Y la situación este año es que podríamos navegar en torno a todo lo que es el casquete. Pueden imaginarse ustedes que hay personas en Rusia, en Groenlandia o en Canadá que piensan qué pasa con esto. Yo fui a Groenlandia hace tres años y leí dos artículos en una revista. En uno se decía: Que bien, que perspectivas económicas más buenas nos abre. Y el otro hablaba en términos más negativos. Es decir, que hay perspectivas muy distintas según dónde este y cómo te afecten los hechos. Hay una cosa que sí les afectará a ustedes y a mí como mediterráneos y es que vamos a tener menos lluvias, ya hemos tenido menos precipitaciones en el siglo pasado, y si las cosas siguen igual tenemos que prepararnos. Ya he dicho que la Unión Europea tiene una visión concreta, según la cual los hallazgos científicos -que son cada vez más claros, sobre todo, a partir del grupo de expertos- es que va a haber un incremento de 2 grados centígrados. Se prevé que esto sea peligroso pero gestionable. Esto requiere una acción urgente, muy urgente. Sé que tenemos tiempo -ya he dicho que tenemos tiempo- pero no mucho. Las consecuencias de esta subida de las temperaturas en 2 grados son que deberíamos trabajar juntos para que las emisiones de gases de efecto invernadero en 2020 se reduzcan en un 25 por ciento, y a la mitad en 2050; el año 2020 está ya encima.


El segundo punto se acepta en las negociaciones. Es uno de los principios de la convención que nos permite negociar. Pero los países más ricos deben tomar las riendas en el recorte de emisiones por dos razones: una, porque son los que principalmente han contribuido a crear este problema durante más tiempo y también porque tienen mayores capacidades. La otra razón -y por eso hemos llegado a estas negociaciones- es que las economías emergentes -esta es la visión de la Unión Europea- están empezando a limitar sus emisiones y, posiblemente, dentro de poco ya estarán reduciéndolas. De acuerdo con esta visión nos estamos centrando sobre todo, como decimos en la jerga de las negociaciones, en la mitigación, que significa limitar las emisiones, poner un límite a las emisiones. Pero la adaptación sigue siendo una parte capital de cualquier estrategia. La adaptación va a ser necesaria. Es una acción común a todos los países, es decir, cada uno de los países debe evaluar su propio nivel y su posibilidad de adaptación. La mitigación se centrará sobre todo en la energía y en la transformación del empleo que hacemos de la energía.
El eslogan es: ir hacia una economía de menor coste de carbono, prosperidad de menos carbono. Creo que esto es muy importante en estos días donde a todos nos preocupa la perspectiva económica y financiera. De lo que estamos hablando aquí es de una nueva manera de crecer, de tener nuevas oportunidades de inversión, nuevos empleos. Tiene que haber una transición, evidentemente, pero no debemos pensar en un escenario donde se da un parón y se comienza de nuevo, sino en un cambio. Ahorrar energía -ahorrarla todos- en nuestras casas, en las empresas, en las fábricas, invertir, saber cuánto se produce y qué rentabilidad tiene lo que compramos, evaluar las tecnologías. Y cuando muchas veces hablamos o pensamos cómo podemos hacer esto en el sector de la electricidad o de la industria, no debemos olvidar que mucho de lo que estamos hablando lo tenemos delante, afecta a nuestra vida cotidiana: cómo vamos al trabajo, cómo nos movemos, si usamos el coche, cómo construimos nuestra casa y la habitamos, sus instalaciones. Todo esto requiere que los gobiernos actúen para crear un marco de regulación. Depende de la educación, depende de que se den incentivos, depende de los precios y también de favorecer un mercado que emita una señal para que haya pocas emisiones. Los principales mensajes del mundo de la economía deben ir en la dirección de algo accesible. Creo que el señor Pachauri habló de conseguir menos del 0,12 por ciento del PIB a lo largo del periodo, y tenemos también el informe Stern que dice esencialmente que compensa más actuar hoy que arreglar más adelante el entuerto, es decir, la prevención es mucho mejor que la cura, que el tratamiento. Vamos a quedarnos con esto. Creo que ya es una cuestión de índole moral. El cálculo de Stern prevé que tenemos que tener en cuenta el valor de la vida, de la calidad de vida de las futuras generaciones. Eso es algo que está en nuestra mano, podemos entenderlo todos y está a nuestro alcance. Va mucho más allá que las cuestiones científicas.


Este es el problema con el que estamos tratando. ¿Cómo lo estamos haciendo? En Naciones Unidas venimos trabajando en ello desde hace ya veinte años. Mi país, Malta, fue quien introdujo en la agenda de la Asamblea de Naciones Unidas hace veinte años la cuestión del cambio climático. Las negociaciones se lanzaron al mismo tiempo que la Convención de 1992. Ahí se establecen una serie de principios con los que seguimos trabajando, la cooperación, compartir información etcétera, Esto condujo a la firma del Protocolo de Kioto -ya lo mencionó usted-, que se negoció en los años posteriores a la creación del convenio. Ahí se especificaron una serie de normas para seguir entre 1995 y 2001. El protocolo se inspiró en gran medida en un enfoque centrado en el mercado procedente de Estados Unidos, pero es curioso, porque fue precisamente Estados Unidos quien luego se alejó, no lo cumplió y decidió actuar por su cuenta sin la participación del resto. Era el país más grande del mundo y el que más contribuía al problema. Desde 2005 se ha generado un intento de desarrollar una nueva vía de negociación, que se encarnó en el Plan de acción de Bali -deténganme si todos estos títulos les aburren-, cuya intención es lograr un nuevo acuerdo de cara a Copenhague en diciembre del año que viene. Participo en estas negociaciones. De hecho, el año que viene presidiré el órgano que se formará para dar a luz este acuerdo. La dinámica de la negociación no ha sido la esperada. Uno de los principios básicos de la convención es que los Estados tienen responsabilidades compartidas, pero diferenciadas, y a menudo los interlocutores se centran más en lo que les separa que en lo que

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les une. Podemos preguntarnos cómo hubiesen cambiado las cosas si en el borrador las hubiésemos planteado de una manera diferente. Tenemos responsabilidades diferenciadas pero conjuntas. Si lo hubiésemos planteado al revés, tal vez las cosas serían diferentes, pero centramos demasiada atención en esta cuestión de la diferenciación. La responsabilidad es suya y no mía. Hay una cuestión de legitimidad y, por supuesto, una cuestión de responsabilidad de lo que ha sucedido en el pasado. Esto se puede medir y cuantificar estadísticamente, es una cuestión muy interesante. Yo no soy jurista, pero seguro que hay alguien en la sala que lo es y pueden debatir sobre si se puede asignar responsabilidad si uno no sabe que lo que está haciendo está mal o va a tener efectos perniciosos. En el periodo al cual asignamos responsabilidad histórica en realidad no se sabía que lo que se estaba haciendo tenía este efecto tan negativo. También está la cuestión de la responsabilidad de cara al futuro. Si echamos la vista hacia el futuro y calibramos el crecimiento de las emisiones procedentes de las economías llamadas emergentes, queda evidente que tanto desde el punto de vista económico como político y estadístico este problema no lo van a poder resolver solamente los responsables históricos, por así decirlo. Por tanto, la responsabilidad tiene que ser conjunta y compartida tanto con respecto al pasado como al futuro. Se habla mucho de equidad en el reparto de responsabilidades. Les puedo dar muchas cifras. Se suelen plantear en términos de emisiones per cápita, con una distribución muy desigual en todo el mundo. También está la cuestión de las capacidades, cuánto puede hacer cada uno en un momento dado, cuál es el potencial de reducción de emisiones. Japón a menudo habla de esta cuestión en las negociaciones y esgrime el argumento de que Japón ya ha hecho mucho por lograr una economía eficiente tras la crisis petrolera de los años setenta, que han hecho todo lo posible y que ahora nos toca a nosotros incorporarnos a su nivel de eficiencia, que ellos tienen ya el trabajo hecho y que nosotros tenemos la capacidad de hacer mucho más de lo que hemos hecho. Sin embargo, esto suele llevar a un cruce de acusaciones, cuando lo que va haciendo cada vez más falta es pasar al plano de la cooperación contra una amenaza que nos afecta a todos, reconocer que todos nos enfrentamos al mismo peligro y un grado de ambición a la hora de abordar esta cuestión y de solidaridad con los que no pueden hacer frente a las consecuencias.


Me voy a referir a los actores porque me han dicho que tenían interés en saber quiénes participan en esta partida. La partida se divide en equipos, como cualquier partida, como cualquier juego por equipos. Ayer algunos pudieron ver el partido. Yo no pude porque tuve que trabajar siguiendo órdenes. (Risas.) Los equipos son la Unión Europea. Hay otro grupo de países industrializados que son el grupo paraguas, que no es tan cohesivo pero incluye Estados Unidos, Nueva Zelanda. Hay un grupo más reducido de países que están un poco en el puente, se denominan el grupo de integridad medioambiental y está constituido por México, Suiza y la República de Corea, más Mónaco, Liechtenstein, países pequeños como Malta que no cuentan, son países miembros de la OCDE pero no participan en los otros grupos. Luego está el grupo de los 77, países en desarrollo y China. Son mucho más de 77, pero en el momento de la fundación eran 77.
Es una coalición de intereses muy dispares entre China y Vanuatu. Se podría defender que comparten muy pocos intereses, pero hay una historia que les une y eso también es importante. Por tanto, hay un sentido de solidaridad frente a los países que tenían la sartén por el mango hace unos años. Ahora alguno de los integrantes del grupo de los 77 empiezan a tener mayor influencia, de ahí la necesidad de aplicar nuevas estructuras de gobierno global. Pero eso es una cuestión mucho más amplia que el clima, también podemos hablar de ella si tienen ustedes interés.


Hay tres círculos: el círculo amarillo son los 25 países con mayor población, el círculo azul son los 25 países con el mayor PIB y el círculo rojo son los 25 países con mayores emisiones de CO2, incluidas las emisiones generadas por la deforestación o el uso de la tierra. Los países clave son los países del centro, donde coinciden los tres círculos. España no está en ese espacio; España debería estar en alguno de los círculos, eso también lo podemos saber. Por supuesto los países que todos podíamos esperar están presentes, pero también lo están Indonesia, Irán, Tailandia. Esto es muy interesante. Si estos datos se plantean sin los gases procedentes de la deforestación entraría Turquía y no Tailandia, y abajo a la izquierda están Myanmar y Congo, países muy pobres pero que están deforestando. Esto nos ofrece una perspectiva de los actores que no es del todo evidente, cuando uno lee los titulares piensa en términos de grandes economías industriales. Esta es una perspectiva posible de los actores que entran en juego.


Otra perspectiva es considerar las cifras. Muchas gracias a la persona que haya traducido las tablas; se ha hecho con gran eficiencia. Si me permiten un momento les voy a explicar esta tabla. Cualquier pacto tiene que ser efectivo y cubrir la parte fundamental de las emisiones a nivel global. Si vemos la primera columna, este es el porcentaje de emisiones globales y, sin entrar en detalles, los países desarrollados representan menos de la mitad. Anexo I es la lista de países desarrollados, o sea una convención, que representan un 40 por ciento si incluimos las emisiones de uso forestal y un 48 por ciento si no las incluimos, y los países no desarrollados son la otra mitad. China e India representan cifras muy importantes. China y la Unión Europea están más o menos equiparadas.
Estados Unidos se sale de la tabla, pero la Academia China de las Ciencias indica que para el año 2020 China habrá alcanzado las emisiones de Estados Unidos. Por tanto, con estas cifras en la mano hay que decir que todos los actores, todos los grandes emisores tienen que estar incluidos en este acuerdo, que es precisamente lo que defendía el presidente Bush. La segunda columna representa las emisiones per cápita, y

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aquí entra en juego la cuestión de la equidad. Estados Unidos, en un extremo, 42 toneladas per cápita, e India, en el otro extremo, menos de 2 toneladas per cápita. Las economías industrializadas eficientes, Unión Europea y Japón, están en torno a las 10 toneladas per cápita. Tal vez uno podría decir que deberíamos converger en esta cifra, que Estados Unidos tendría que reducir sus emisiones per cápita y a los demás se les podría ampliar un poco, pero esto no nos va a llevar a los resultados deseados de aquí a cuarenta años, que sería situarnos en torno a las 2 toneladas per cápita, lo que quiere decir que India podría expandir un poco y China tendría que reducir. Evidentemente esto no va a pasar de manera lineal. China subirá y a continuación tendrá que bajar, y en este sentido vamos a avanzar. Por tanto, estas serían las cifras en toneladas per cápita. Hay países que no están en la tabla. Brasil e Indonesia. La tercera columna es histórica. Una perspectiva muy breve de la historia a partir de 1950. Las cosas no cambian demasiado. La última columna es de intensidad de emisiones. Cuanto más baja la intensidad, más eficiente es la economía. Por tanto, vemos el potencial de China para desarrollar una economía más eficiente en este sentido. Esto nos da una idea de las cifras que esgrimen unos y otros al avanzar sus argumentos y lo que debería hacer cada uno en cada momento.


Volviendo al proceso, contamos con el Plan de acción de Bali en el que, como ya he dicho, se plantea como plazo el año 2009. Es un plan incluyente, global -no sé si lo han podido analizar-, no es demasiado extenso, pero fundamentalmente cubre tanto medidas de mitigación como de adaptación así como los principales ámbitos de actuación. Las actividades instrumentales serían la tecnología y las acciones financieras enmarcadas en una visión conjunta; así se denomina en el plan. Es un plan cuyos resultados no serán fáciles de interpretar porque exige un grado de valoración política. Se concede mucha importancia a la comparación entre países, lo cual es muy fácil si utilizan las mismas medidas, como sucede por ejemplo bajo el código del Protocolo de Kioto donde los países tienen unas cifras equiparables. Pero, ¿qué pasa si un país adopta otra escala de medidas? No voy a adoptar medidas globales de emisiones sino que voy a adoptar como medida la intensidad de emisiones de mi economía -por ejemplo en la última columna-; ese será el objetivo de los países en desarrollo. ¿Cómo se comparan los esfuerzos de distintos países? ¿Cómo se verifican los datos? ¿Se fía uno de las cuentas que trae cada país a la mesa o envía uno un inspector para comprobar esas cuentas? ¿Cómo encuadra eso con la cuestión de la soberanía nacional? Es una cuestión muy delicada. En el caso de los países OCDE hay una larga tradición de revisión inter pares, de comparativa de planes estadísticos y económicos, pero con los demás países del mundo no existe esta confianza y hay mucha desconfianza respecto del uso que se hace de los datos.


Por último el Plan de acción de Bali nos habla de un resultado consensuado pero no se le da forma a ese pacto último. Se está hablando de la posibilidad de ampliar el Protocolo de Kioto. Ese es uno de los posibles resultados del proceso, que debería ir acompañado de algo más para satisfacer a Estados Unidos y a las economías emergentes; es una posibilidad que apoya la organización existente de las negociaciones, que avanza por dos vías. Y otra posibilidad, que es la que acaba de proponer Japón de manera formal pero que ya llevábamos considerando algún tiempo, es que se podría adoptar un nuevo protocolo que retomaría el testigo de Kioto pero que de alguna manera permitiría a Estados Unidos y a otros países incorporarse. Les podemos pasar una lista de opciones pero estas dos serían los dos resultados posibles.


Sobre cada uno de los aspectos del Plan de acción de Bali no sé en cuánto detalle quieren que entre, pero hay problemas con todos los aspectos. En cuanto a la visión conjunta, les he dicho que la Unión Europea tiene una visión pero no es conjunta, no la comparten los demás. ¿Cómo va la Unión Europea a convencer a los demás -por ejemplo a Estados Unidos- de que también deberían adoptar el objetivo de 2 grados y todas las consecuencias que de ello se derivan?

Sobre el tema de la mitigación están las dos cuestiones que he citado: la comprobación y la verificación. La adaptación tal vez sea menos problemática pero exige mucho dinero, muchísimo dinero, y la cuestión en este sentido es ver si se trata solamente de un aspecto más de la cooperación al desarrollo o si va a exigir más fondos.


En cuanto a la tecnología, se habla mucho de la transferencia tecnológica, hay mucha retórica. En Naciones Unidas se lleva mucho tiempo hablando de la transferencia tecnológica pero la peculiaridad de la tecnología es que en gran parte está en manos de las empresas privadas, no está en manos de los gobiernos. Entonces, ¿hasta qué punto pueden los gobiernos influir en el desarrollo tecnológico? ¿Se trata de mejorar la cuota de mercado de los que participan en el desarrollo o se trata de repartir las ventajas de la nueva tecnología para hacer frente a una amenaza compartida?

Hace falta dinero para invertir en nuevas tecnologías, y así llegamos al último punto del Plan de acción de Bali, que es la financiación. Aquí se está celebrando un debate muy interesante en torno a los instrumentos, a los mecanismos, y ninguno es especialmente apto. En cuanto a las fuentes de financiación, nadie tiene demasiada prisa por echar mano de las arcas públicas y hay muchas propuestas sobre fuentes de recaudación -tal vez les interese a ustedes especialmente en tanto que parlamentarios-, analizar la manera de obtener dinero del mercado de carbono y animar el mercado de emisiones. Por ejemplo, en la Unión Europea va a haber un mecanismo de subastas de cuotas de emisión y de alguna manera se podría raspar algo de dinero de estas subastas para invertirlo en los programas de adaptación, para evitar la deforestación, etcétera. Se están planteando muchas

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ideas, por ejemplo, aplicar una pequeña cuota a las subastas de cuotas de emisión. México ha propuesto un plan para sacar dinero a nivel global sobre unos criterios objetivos relacionados con las emisiones per cápita, PIB per cápita o combinaciones de estos criterios. Por tanto, hay un debate muy vivo sobre cómo se obtiene dinero sin recurrir a las arcas públicas, lo cual resulta muy interesante. Y aquí de nuevo volvemos a la retórica y a la realidad porque las cifras de las que hablamos son inmensas, no las tengo en la cabeza -no las recordaría-, pero gran parte de este dinero va a proceder de la inversión pública, del sector energético y hay que ver qué tipo de incentivos se pueden ofrecer, que tipo de motivación se puede ofrecer a la empresa para que estas inversiones sean verdes y no de otro tipo.


Hay muchas cuestiones al amparo del Plan de acción de Bali, hay signos muy prometedores, hay planes y programas adoptados por los principales países en desarrollo. Estados Unidos se está empezando a mover en el nivel estatal, en el Congreso y también las empresas. Ahora están en proceso electoral, pero seguramente se va a prestar mucha más atención al cambio climático. Hace poco, el senador Obama ha dicho que le concedería al Congreso de su país un año y medio para elaborar un instrumento jurídico, les va a dar un plazo concreto.


Ante este auditorio, quisiera recalcar -y esto en la diapositiva está en letras rojas muy grandes- que es importante que la Unión Europea se ponga a trabajar y elabore un paquete concreto antes de diciembre de este año porque, tal y como son las cosas, los días en los que su presidente del Gobierno, mi primer ministro y todos los demás dirigentes de la Unión Europea se reúnen para acabar de rematar este paquete son los dos últimos días de la próxima cumbre del clima en Potsdam, y lo mejor que podría suceder es que el mensaje que llegase de Brusela fuera: Lo hemos conseguido. Si esto no es así, la credibilidad de la Unión Europea se va a llevar un golpe muy duro. Piensen en una paloma mensajera que va volando de Bruselas a Potsdam con un mensaje positivo u otra que llega con un tiro de bala en el ala. Esa es la imagen.


Podría seguir hablando durante muchísimo tiempo, pero creo que ya he abusado de su paciencia y estaré encantado de iniciar un debate.


El señor PRESIDENTE: Muchas gracias por su exposición.


Como es habitual, empezamos de menos a más. El Grupo Mixto creo que no está, Iniciativa, tampoco y Entesa, sí. Empezamos por Entesa.


El señor GUILLOT MIRAVET: Le voy a formular cuatro preguntas directas. En primer lugar, ¿cree usted que la defensa del medio ambiente es una doctrina totalitaria, como afirma nuestro ex presidente José María Aznar? En segundo lugar, ¿hay alguna duda en la comunidad científica sobre la influencia de la actividad humana en el cambio climático? En tercer lugar, ¿cree usted que los Estados, entre ellos España, tienen las políticas de adaptación necesarias para afrontar los efectos del cambio climático? En cuarto lugar, ¿comparte la valoración económica del informe Stern sobre el diferencial de costos entre mitigar el cambio climático ahora con los costos que representarían los efectos del cambio climático en sí mismo?

Ahora quiero hacer cuatro consideraciones. En primer lugar, creo que una de las causas de la crisis económica actual es la crisis energética. La falta de eficiencia energética y la dependencia de los hidrocarburos no solo es un motivo de la crisis sino también puede ser una oportunidad para la resolución de la crisis. Esto quiere decir conseguir una mayor eficiencia energética y la progresiva disminución de los efectos invernaderos. ¿Comparte usted esta reflexión? En segundo lugar, creo sinceramente que el mundo actual vive muy por encima de sus posibilidades en todos los órdenes. Esto crea una realidad injusta e insostenible. La actual crisis pone en evidencia no solo la crisis del actual neoliberalismo sino también el agotamiento del actual modelo de desarrollo. Solo con políticas de austeridad podemos afrontar una realidad insostenible e injusta como la actual tanto social como ecológicamente. Me gustaría conocer su opinión sobre la necesidad de implementar políticas de austeridad. En tercer lugar, hay que internalizar los costos medioambientales en nuestra contabilidad sobre el desarrollo económico. ¿Cuál es su opinión sobre esta internalización de los costos medioambientales en nuestra economía? En último lugar, ¿cree usted que existen en estos momentos en la Unión Europea la voluntad política necesaria para afrontar la crisis o los problemas que comporta el cambio climático? ¿Cree usted que la reacción a la actual crisis económica puede ser un elemento que marginalice la preocupación sobre la problemática del cambio climático?

Por último, agradezco su presencia, su participación y su pedagogía y espero que sirva a estas Cortes Generales para avanzar en todas estas cuestiones.


El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra por el Grupo Catalán de Convergència i Unió el señor Campuzano.


El señor CAMPUZANO I CANADÉS: Agradezco al señor Zammit su comparecencia en esta Comisión para apuntarnos algunas cuestiones de ese proceso de negociación complejo que a él le toca dirigir y le deseo muchos éxitos en los cometidos que tiene bajo su responsabilidad. Creo que todos somos conscientes de la magnitud del reto que abordamos, creo que todos en esta Cámara compartimos los compromisos que Naciones Unidas y Unión Europea han asumido en la lucha contra el cambio climático. Es un patrimonio que esta Comisión debe ser capaz de mantener. El compromiso contra el cambio climático es un compromiso de todos los partidos representados en esta Comisión.


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Me gustaría trasladarle tres preocupaciones. En primer lugar, se aborda este proceso final de discusiones de cara a Potsdam y a Copenhague en un contexto difícil: crisis financiera, crisis alimentaria, crisis incluso con relación a los objetivos de desarrollo del Milenio. Le queremos plantear si usted considera que en ese contexto de crisis financiera, alimentaria y de objetivos de desarrollo del Milenio la comunidad internacional es capaz de integrar ese conjunto de cuestiones en una aproximación que más o menos sea compartida y común. Incluso le podríamos añadir en ese contexto de crisis el propio agotamiento de la ronda de comercio de Doja. ¿Somos capaces de poder discutir de todas esas cuestiones al mismo tiempo y movilizar en todas esas cuestiones, junto a la cuestión del cambio climático, el big money? Usted reclamaba big money. ¿Vamos a tener big money para la crisis alimentaria, para la crisis financiera, para la ronda de Doja y para los objetivos de desarrollo del Milenio? Un primer elemento de preocupación de mi grupo.


Segundo elemento de preocupación, la última reunión de los líderes europeos en esta materia. Da la sensación de que esas crisis, especialmente la crisis financiera, producen menos entusiasmo en el compromiso europeo en la lucha contra el cambio climático. Los países de la Europa del Este, encabezados por Polonia, mantienen una posición en la que consideran que su situación nacional específica debe ser considerada en las posiciones de la Unión Europea. Por lo que leemos, Alemania mantiene una posición menos activa. Usted habla de que Europa se juega su credibilidad y reputación en esa agenda. Nos gustaría conocer con más detalle qué cree que debería hacer Europa en ese contexto.


Finalmente creo que usted, junto con conversaciones con representantes de los gobiernos, también mantiene contactos con representantes de la industria, y me gustaría conocer cuál es su impresión sobre la posición de la industria europea frente al reto del cambio climático, porque sin la alianza y la complicidad con la industria europea difícilmente podemos asumir estos compromisos en el escenario global. De nuevo le agradezco el esfuerzo de comparecer y su vocación pedagógica, y sobre todo le deseo suerte en su cometido.


El señor PRESIDENTE: Por el Grupo Parlamentario Popular tiene la palabra la señora De Lara.


La señora DE LARA CARBÓ: Formularé las preguntas junto con dos compañeros de mi grupo parlamentario. Agradezco la comparecencia del señor Zammit y me parece oportuno mostrar en el día de hoy el compromiso del Partido Popular en la lucha contra el cambio climático que ya hemos expresado en reiteradas ocasiones.


Yo quería preguntarle al señor Zammit algo muy concreto. Se ha dicho recientemente que el crecimiento de las emisiones en el mundo en el periodo 2000/2007 ha sido peor que cualquier escenario planteado por el IPCC. Países en desarrollo como China e India son ya los mayores emisores de dióxido de carbono del mundo, y a la vez estamos leyendo también que en el Ártico la capa de permafrost está permitiendo que millones de toneladas de metano salgan al exterior. Ante estas evidencias objetivas yo le quería preguntar al señor Zammit si cree que es posible, con estos datos que tenemos, evitar que se sobrepasen estos 2 grados que se han puesto como límite para poder a partir de ahí reducir las emisiones e ir obteniendo un enfriamiento. En segundo lugar, querría preguntarle qué incidencia cree usted que tiene para el efecto global de reducción de emisiones y para conseguir el objetivo deseado la actuación ejemplarizante -por llamarla de alguna forma- de la Unión Europea. Dentro de este contexto, creemos que hay un crecimiento de emisiones que parece sin límite. ¿Qué efecto puede tener la acción de la Unión Europea aparte de que obviamente lidera el proceso y es un ejemplo? ¿Cree que con ello se conseguirá reducir estas emisiones? En tercer lugar, también se ha publicado que en 2030 se calcula que la demanda de energía se habrá incrementado en un 50 por ciento. La mayor parte de esta demanda provendrá del carbón. Querría saber qué posibilidades tenemos ante esto y si la única posibilidad que hay ante ello es la captura de CO2, que todavía no está a pleno rendimiento porque está en proceso de investigación.


El señor VALÍN ALONSO: Al igual que mis antecesores en el uso de la palabra agradezco muy sinceramente la presencia y el esfuerzo de la persona que nos está dirigiendo la palabra. Mi pregunta sería muy concreta. En relación con el mecanismo de asignación de derechos y el mercado de derechos de emisiones ¿considera usted que está siendo suficientemente eficaz? ¿Cuáles serían las debilidades de ese mercado y de ese proceso de asignación de emisiones? ¿Qué flexibilidades podría tener ese mercado para conseguir una mayor eficiencia, si es que usted considera que después de Copenhague va a seguir siendo una herramienta importante en la lucha contra el cambio climático?

El señor MARISCAL ANAYA: Igual que mis compañeros quiero agradecer la intervención del señor Zammit y formularle únicamente dos preguntas que me han surgido a raíz de su intervención. En primer lugar, usted ha dicho que existe la necesidad de implementar cambios tecnológicos en la industria para poder reducir las emisiones de esta, pero en España se ha suscitado una polémica, que además es cierta, debido a esa ligazón que existe entre el cambio tecnológico y la posible deslocalización de las empresas puesto que supone un gasto añadido para las mismas. Me gustaría que profundizase en este ámbito, es decir, en qué medida se puede desligar la necesidad de cambio tecnológico con el cambio climático para, de esa manera, forzar, conseguir o ayudar a que las industrias mejoren tecnológicamente. En segundo lugar, la generación eléctrica en el caso de España supone el 25 por ciento del consumo energético y esa generación eléctrica es superior al 50 por ciento en

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el uso de carbón, es decir, generamos energía eléctrica dependiente fundamentalmente del petróleo y del carbón. Querriamos saber si considera que un mix energético en el que se supera en más del 50 por ciento el uso de energía proveniente del carbón es positivo o no.


El señor PRESIDENTE: Para finalizar tiene la palabra el Grupo Parlamentario Socialista.


El señor MORALEDA QUÍLEZ: Bienvenido, señor Zammit, a España y a esta Comisión de reciente constitución entre el Congreso y el Senado que, como ya le ha explicado nuestro presidente, tiene por objeto escuchar a personalidades relevantes, como es su caso, y en la que también hemos podido escuchar recientemente al presidente del IPCC, señor Pachauri, diagnosticar y finalmente proponer. Bienvenido también a un país que cree decididamente en que es preciso realizar una acción pública concertada, una acción ciudadana, para hacer frente a los efectos del cambio climático. Este es el sentido mismo de esta Comisión. Sería absurdo pensar que la creamos para poner en tela de juicio el mismo fenómeno. Lo que pretendemos es que todos tengamos elementos de juicio lo más cercanos a la realidad para poder poner a nuestro país en un ámbito de responsabilidad que pueda contribuir a paliar, mitigar y adaptarse a los efectos de este fenómeno.


Quisiera aprovechar también la circunstancia, dado que se ha producido alguna consideración al respecto, para mostrar mi satisfacción personal y la de mi grupo por que el Grupo Popular no sea representante del apocalipsis del cambio climático. Yo creo que esa es la dirección correcta, a pesar de que tienen un afiliado no menos relevante que opina lo contrario. Pero lo relevante -insisto- es lo que dice el grupo y tomamos buena nota de ese compromiso dado hoy aquí en esta Comisión, que me parece que es el compromiso acertado para los trabajos que tenemos por delante.


Quisiera resaltar, señor Zammit, el importantísimo papel negociador que va a tener en la próxima cumbre de Copenhague. El primer planteamiento que quisiera hacerle es la dificultad estructural de esa negociación. Nos encontramos con una negociación que no tiene un organismo que descanse en un comité ejecutivo, en una estructura suficiente, sino que es una convocatoria inter pares entre países, que tiene las dificultades lógicas de alcanzar acuerdos. Mi pregunta sería si desde su experiencia cree que debiéramos ir en el futuro a una estructura que desarrollara, que vigilara, que supervisara, que investigara no solo desde el ámbito científico -que creo que el IPCC ha hecho un papel enormemente relevante- sino también desde el ámbito político para poder hacer mucho más ejecutivo, mucho más viable los compromisos políticos ¿Puede ser un grupo de Naciones Unidas? ¿Puede ser una modificación del G-8? ¿Puede ser una modificación del G-20? Me gustaría saber cuál es su opinión.


Respecto a los actores que van a intervenir en la negociación, todo parece concluir que el compromiso de Estados Unidos puede devenir en un compromiso de China e India. La pregunta sería: ¿un compromiso para pedir el mismo nivel de esfuerzo a todos? Es realmente muy difícil de conseguir. Usted ha situado dos posibilidades que me resultan de interés.
En primer lugar, la posición de Japón, que es instaurar un nuevo protocolo post Kioto. Le adelanto que la posición del Grupo Socialista sería que sin obligaciones jurídicas sería un paso atrás. Esa sería una consideración que quisiera hacerle. Respecto a los indicadores, la posición mexicana habla de establecer los esfuerzos en función de la intensidad o vincular los esfuerzos al grado -entre comillas- de contaminación por habitante. Mi pregunta es cómo podemos a día de hoy determinar fehacientemente cuál es la situación en China e India, porque hoy por hoy no disponemos de unas estadísticas que nos permitan tener un nivel de confianza respecto del cumplimiento de esos indicadores.


Finalmente, nosotros somos representantes de los ciudadanos -he tenido la oportunidad de decírselo disfrutando con usted de una comida, compartida también con los portavoces- y cualquier compromiso sin atender a la opinión pública y a sus consideraciones me parece que no va a conseguir que alcancemos nuestros objetivos prioritarios. Me gustaría escuchar su opinión sobre cómo cree que podemos llevar a la opinión pública que la lucha contra el cambio climático no es sinónimo de menos desarrollo o no es sinónimo de tener un país más próspero y de mayor bienestar, como de hecho está ocurriendo ahora mismo con algunas voces que ponen en contradicción la lucha contra los efectos del cambio climático y la crisis financiera internacional, como si se estableciera una relación proporcional entre o crecemos y vamos contra el cambio climático o no crecemos y entonces somos más pobres.


El señor PRESIDENTE: Señor Zammit, creo que tiene buen trabajo.


El señor ZAMMIT CUTAJAR: Me han hecho tantas preguntas complejas que es bastante difícil para mí contestar a todas y sobre todo hacerlo en castellano, por lo que lo haré mejor en inglés.


No creo que proteger el medio ambiente y fomentar el desarrollo sostenible sea un principio totalitario. Sé de donde procede la expresión, pero desde luego no lo creo. En cuanto a las dudas científicas, cada vez hay menos dudas en el mundo de la ciencia. Los científicos trabajan refutando teorías, así es como funcionan. La verdad es que es una excelente manera de conservar tu empleo toda la vida (Risas.) porque lo que es muy difícil es probar algo. Algunos de mis mejores amigos son científicos, así que no pretendo hablar mal de ellos. Si ustedes leen el informe del IPCC o ven qué trabajos están haciendo ahora y los proyectos que están elaborando para el siguiente informe verán que hay una serie de

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cuestiones sobre las que ellos quisieran trabajar de una forma más intensa. Estoy convencido de que el señor Pachauri ya les habló de esto.
Hay una diapositiva en la que se demuestra que en todos los informes del IPCC se usan unas palabras y una serie de adjetivos, porque son los científicos los que evalúan el material general, pero después tienen que prepararlo para negociar con los políticos. El nivel de convicción ha sido cada vez mayor en cada informe. Es innegable e inequívoco que hay una influencia humana en los cambios que se están produciendo.


Me han hecho una pregunta sobre si España estaba haciendo lo suficiente en términos de adaptación. Lamentablemente he venido a hablarles de la situación del mundo en general, pero no concretamente España, por lo que no sé cómo puedo responderle. He mostrado una serie de diapositivas sobre la reducción de precipitaciones y sobre el estrés hídrico y creo que esto afecta a España. Mi país también es de muy pocas precipitaciones, porque Malta es prácticamente una roca y no tenemos una política hídrica muy eficaz. No sé mucho sobre lo que está ocurriendo a este respecto en España.


En el informe Stern, como ya he dicho, hay un debate en el mundo de los economistas donde todo se dirime en torno a la tasa de descuento, todo se reduce a la pregunta de tipo moral de qué valor le asignamos a las futuras generaciones, a su calidad de vida y a su posibilidad de vida.
Los que estamos aquí y somos abuelos quizá la tengamos, pero hay que pensar incluso más allá de nuestros nietos; hay que pensar en los nietos de nuestros nietos. No es fácil, pero podemos proyectar. Quizá los abuelos tengamos más facilidad para tener una visión a largo plazo.


Ha habido muchas preguntas que han girado en torno al impacto de otras crisis sobre el cambio climático. Quizá no deberíamos hablar de una crisis en el clima porque no es eso lo que está pasando, pero sí hay otras cuestiones y otros temas, y se ha preguntado si podíamos tratar todos estos problemas al mismo tiempo y en un mismo marco. Esta serie de preguntas las aúno en un mismo bloque. Después está el estado actual del debate en la Unión Europea y qué posiciones hay; si las crisis están interactuando en cierta medida, es decir, si ha habido algún debate antes de que se iniciara la crisis financiera sobre si la producción de biocombustibles estaba afectando a la producción de alimentos, al cultivo de alimentos, y cómo se iba a ver afectado por los biocombustibles. Ya había signos de que podía haber peligro, es decir, se ponía un gran énfasis en el debate en torno a los biocombustibles. Hay interacción, hay vínculos entre economía real, alimentos y cambio climático.
Evidentemente, menos lluvia y más sequía afecta inmediatamente a la producción alimentaria. Todo esto sugiere que podemos tener en cuenta de forma coherente ambos aspectos. La cuestión de los objetivos de desarrollo del Mileno también se ha mencionado, y hay dos cosas que puedo decir. Hay interactividad. Por una parte, el cambio climático es un peso adicional sobre los hombros del desarrollo -digámoslo así-, constituye una carga. Si vemos los efectos adversos, los países que se encuentran en el cinturón del trópico y del subtrópico son los que van a tener mayores desventajas o un mayor impacto a raíz del cambio climático. Todo esto está reforzando la situación, de manera que va a ser muy difícil cumplir los objetivos del desarrollo, pero habría que ponerlo bajo una misma lente. Después está la dimensión del dinero, los medios. El dinero se encuentra en cantidad limitada. He hablado de adaptación, que quizá encaja muy bien en el marco del mundo desarrollado. La adaptación puede considerarse como parte del proceso de desarrollo, pero luego hay una tendencia dentro del debate donde se dice que esto es dinero de ayuda al desarrollo y lo otro va a ser dinero que se va a aportar para solucionar los problemas climáticos. No veo con claridad -a lo mejor me equivoco- el vínculo con el comercio, aunque quizá son los mismos agentes, los mismos interlocutores. Ha habido tensiones entre Estados Unidos e India en torno al comercio y quizá los debates en torno al cambio climático se vieron perjudicados por estos encontronazos, no lo sé.


Respecto a la crisis financiera ¿qué puedo decir? Todo el mundo me está preguntando lo mismo, como es lógico. ¿Qué efecto tendrá? Por supuesto que tendrá algún efecto la crisis financiera. Esta crisis se produce ahora, es algo que tenemos encima de la mesa y nos está afectando a todos. Hay que seguir la evolución del mercado. Es una preocupación normal, pero es una crisis muy distinta, a fin de cuentas. Hay personas que están tratando de establecer un vínculo y decir que la crisis financiera es resultado de la falta de supervisión y regulación, mientras que la cuestión climática pide una regulación anticipatoria. La crisis ya es una realidad y por el hecho de que sea una realidad no hay motivo para dejar de trabajar en la cuestión del cambio climático. También la falta de normativas y una supervisión eficaz del sector financiero hace que muchas personas pidan más rigor a la hora de establecer el mercado de emisiones de carbono. Van a pedir verificación, sobre todo si el mercado de carbono, -y ahí retorno su pregunta y su inquietud- se basa en la presunción de si se ha hecho esto o no se ha hecho, el MDL. Es decir, si ese mercado se basa en esos criterios, necesitaremos una regulación mayor, viendo además la contrapartida de la falta de supervisión y normas reales en el mercado financiero. ¿Cómo tratar la cuestión del buen gobierno? Me parece que lo ha mencionado el representante del Grupo Socialista, Yo tengo dos manos, como cualquier economista, y por una parte podemos ver que hay necesidad en países cuya actividad provoca muchas emisiones y quizá ahí haya muchas dudas. El G-8 tiene que volver a afrontar esta cuestión porque no la ha calibrado bien, o el G-20. Hay otro G-20 que trata asuntos financieros. Es complicado. El G-8 no basta para tratar del cambio climático ya que trata temas de comercio, finanzas. En realidad, no va de nada; son incapaces de tratar estos asuntos. El problema del G-8 -y ahora saco la otra mano, ahora

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veo la otra cara- es una cuestión de legitimidad. Es un grupo de países que se ha autoproclamado para reunirse, a veces se reúnen para desayunar y a veces para pasar el día entero en buena compañía (risas), y a lo mejor hay algún efecto pragmático de sus reuniones, pero no en términos universales porque hay muchos países pequeños que dejan fuera. Ustedes representan un país grande pero que también se queda fuera, aunque quizá no sea ese el problema. Debe haber alguna manera inteligente de poner en la balanza el pragmatismo y la legitimidad. Le voy a poner un ejemplo; en la reunión de las principales economías sobre cambio climático, al final, se habló solamente de emisiones; cuánto emitimos y cuánto no. Sería mucho más inteligente implicar en esas reuniones a países que tienen un nivel de emisiones bajo; invitar a personas que no emiten pero que reciben el impacto: islas que tienen ese problema pero que están en otro polo. Eso sí sería inteligente. Creo que debemos ver qué estructuras de gobierno creamos. Pero hay que mirar no solamente en el sector que está en el centro de nuestros círculos que se interseccionan, sino en todos. No puedo hacer suficiente hincapié en la importancia, desde la perspectiva de la negociación, de que la Unión Europea mantenga, por favor, su credibilidad y su papel de líder, y lo haga en diciembre con un énfasis importante y con seguridad. Yo soy un habitual de las negociaciones, con lo cual sé cómo se llevan adelante. Están los factores electorales, está Alemania, y estamos viendo que eso afecta a las negociaciones.


Otra cuestión es el ajuste de los nuevos Estados miembros. Ahora mismo ha entrado un número muy grande de países y tiene que haber un ajuste. Eso va a crear un nuevo terreno de juego. La economía polaca, por ejemplo, se basa en el carbón, y están viendo el coste que les va a suponer. ¿Hace falta tener un rasero especial para ellos? Quizá sí. Depende mucho de la lengua, del tono. Los polacos dicen: Tomadnos en serio, somos grandes, queremos ser tratados como lo fue España. Hay una cuestión de ajustes que también se aplica en este tema. En este sentido, se hizo una referencia también a la postura de la industria. Hay una preocupación por la deslocalización de las empresas y cómo afecta a las emisiones. Es una preocupación justa. Hay muchos sectores que están perdiendo competitividad, como el acero, por ejemplo. La siderurgia en general pierde competividad y está preocupada, pero también hay personas que tratan de reforzar su argumentación y ganar atención. La manera en la que se ha estado hablando del paquete me inquieta un poco porque se está sugiriendo que la Unión Europea, en 2009, que es el año en que proseguirán las negociaciones de Copenhague, identifique los sectores que corren mayores riesgos, los sectores en peligro, en caso de que haya un fracaso de Copenhague. Es decir, estamos presuponiendo que posiblemente fracasemos y estamos tomando una serie de medidas para prepararnos para ello. Sería lógico dejar eso para más adelante, ver qué pasa con las negociaciones de 2009 y después veremos cómo respondemos a un posible fracaso o no de Copenhague. Estamos gastando energía en prepararnos para después de un fracaso cuando deberíamos invertirla en un éxito. Hay que ser un poco más estratégico. Hay un documento, que no sé si al final se aprobó, sobre los principios para negociar el paquete. Se dice que en 2009 habrá que tener identificados los sectores de mayor riesgo. Yo creo que eso no es inteligente.


Dependencia del carbón, en un 50 por ciento. En Polonia es mayor. No tengo tantos datos sobre España. ¿Qué opciones hay? Está la energía nuclear para quienes han querido tenerla; están también las energías renovables; y luego están Australia, India y Sudáfrica, que son países que trabajan con carbón y creo que lo van a seguir haciendo hasta que aparezca otra alternativa. Esos países sí que tendrán que prestar atención a los medios de captura de CO2. Hay quejas porque hay riesgos y hay que evaluarlos, igual que ocurre con la energía nuclear. Hay una cuestión de residuos que es importante. Hay que gestionarlos y almacenarlos, como ocurre también con los residuos de la energía nuclear. Hay que dedicar mucha atención a esto y hacerlo de una manera segura. Creo que habría que prestar todavía más atención. Luego está la alternativa de las energías renovables, pero todavía necesitamos algún tiempo para que estén a punto. Quizá aquí tengamos la posibilidad de mencionar algunos datos que aparecen en mi diapositiva y que son relevantes. Se basan en la empresa Mckenzie y son presentados por Vattenfall, que es una empresa energética. Las columnas son diversas tecnologías y el coste de las emisiones de carbono; los de la izquierda son costes negativos y los de la derecha son los beneficios correspondientes. Sobre todo, está evaluando la eficiencia energética. La cuestión es que esta imagen habla de algo que tendemos a desdeñar y es que cualquier forma de energía debe hacernos pensar que hay que utilizar la de la forma más eficaz. No me gusta la idea de austeridad, uno no gana elecciones si predica la austeridad. Yo hablaría de economía. Creo que hacer las cosas de una manera más inteligente nos sirve para avanzar con el crecimiento económico sin causar daños.


Comprobar los esfuerzos, India y Estados Unidos. Tengo que insistir en las cifras que ya les he enseñado. Sobre la cuestión de la transferencia, China va a superar a Estados Unidos en emisiones per cápita. Eso está clarísimo. La economía china todavía no es tan grande en comparación con países de otros tamaños, pero las toneladas per cápita son un valor muy importante, un índice importante. Es difícil y complejo, pero no podemos esperar que China e India hagan lo mismo que Estados Unidos. Tenemos que encontrar la manera de juzgar y de evaluar la honestidad. Hay que encontrar una fórmula para ver si hay equidad. China ha dedicado grandes esfuerzos a dar una información de mayor calidad y más exhaustiva. China no quiere que nadie piense que hay información que oculta ni quiere tampoco que haya información que se utilice en contra de ella. En Copenhague se va tratar sobre todo de fomentar la transparencia

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y la confianza. Si lo conseguimos, el ambiente del debate va a cambiar. La idea de convergencia hacia la equidad es muy atractiva, por supuesto, pero es muy difícil. A todos nos gustaría ser lo mismo, pero no lo somos.
Eso va en contra de la naturaleza humana. Puede haber unas directrices de hacia dónde vamos o debemos ir, pero hay diferencias, las diferencias de los valores de emisiones per cápita y en cuanto a los ingresos.
Políticamente podemos tener una noción de todo ello y también como ciudadanos.


Volviendo a la cuestión más elemental y quizá no tan dramática de la credibilidad de la información respecto a las cifras y a las estadísticas que estamos manejando o que se proporcionan, ha habido y sigue habiendo suspicacias y sospechas. Brasil, China y hasta cierto punto India son países muy celosos de su soberanía. Son países que han sido gobernados por el ejército y en algunos todavía es así. Para ellos esa es su información y no está claro que nos la tengan que dar. Así es como piensan. Además China y Brasil son países muy grandes y hasta cierto punto no es fácil que el Gobierno sepa qué está pasando en todo el territorio. El Gobierno de Brasil no sabe exactamente qué está pasando en Amazonia. ¿Sabe el Gobierno chino qué es lo que está pasando en la provincia de Sichuan, si se está creando una planta cementara, de qué manera lo está haciendo y cuántas emisiones tiene? No es fácil suministrar cifras concretas, pero una de las cosas que a mí me dan esperanza en la Unión Europea es la idea de que hay esfuerzos para construir cooperación y para tener capacidades comunes para medir.


Si tuviéramos una buena evaluación quizá sería menos importante tener normas vinculantes, porque la información ya sería real. Si tenemos buenas cifras y esto lo combinamos con mecanismos de mercado eficaces, si todo eso se da, posiblemente al final un protocolo sería realmente inservible -esto se ha dicho a raíz de Copenhague pero yo ya lo pensaba-, un tratado legalmente vinculante que al final no se aplica porque hay países que no se adhieren. ¿Quién va a enviar inspectores a Canadá? Canadá está muy alejado de cumplir lo que dicta el Protocolo de Kioto.
Hay distintos enfoques, pero hago énfasis en que la transparencia y la credibilidad son importantes. Hay cosas que no se han hecho en el pasado, pero que a partir de ahora tenemos que tener en cuenta.


Señorías, no he respondido a todas sus preguntas, pero voy a dejarlo aquí.


El señor PRESIDENTE: Finalizamos así la intervención del señor Zammit, que ha sido bastante interesante. Desde luego para nosotros como miembros del Legislativo español lo ha sido y espero que para él también, en la medida en que le haya permitido tomar mejor el pulso a un país que aspira a tener mucho que decir en estos asuntos tanto en el seno de la Unión Europea como de la próxima cumbre de Copenhague. Muchísimas gracias y bienvenido.


El señor ZAMMIT CUTAJAR: Gracias a todos por la invitación, estoy muy agradecido.


El señor PRESIDENTE: Se levanta la sesión.


Eran las seis y diez minutos de la tarde.

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