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DS. Cortes Generales, Comisiones Mixtas, núm. 42, de 30/05/2001
 


DIARIO DE SESIONES DE LAS CORTES GENERALES

COMISIONES MIXTAS

Año 2001 VII Legislatura Núm. 42

PARA LA UNIÓN EUROPEA

PRESIDENCIA DEL EXCMO. SR. D. JOSEP BORRELL FONTELLES

Sesión núm. 11

celebrada el miércoles, 30 de mayo de 2001, en el Palacio del Senado

ORDEN DEL DÍA:

- Comparecencia, a petición del Grupo Parlamentario Popular, del Secretario de Estado de Asuntos Europeos, Excmo. Sr. D. Ramón de Miguel y Egea, para informar sobe las nuevas relaciones entre Estados Unidos de Norteamérica y la Unión Europea en materias relacionadas con la Defensa y con la Política Exterior y Seguridad Común (PESC).
(Número de expediente del Senado 713/000182 y número de expediente del Congreso 212/000423.) ... (Página 938)

Contestación del Gobierno a las siguientes preguntas:

- De doña Ludivina García Arias, del Grupo Parlamentario Socialista, sobre la posición del Gobierno sobre el grado de coordinación de los servicios comerciales de las Embajadas españolas en el Sudeste Asiático y de las empresas españolas con los programas de la Unión Europea de promoción empresarial y comercial en esa área geográfica.
(Número de expediente del Senado 683/000044 y número de expediente del Congreso 181/000613.) ... (Página 948)

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- De don Gabriel Mato Adrover, del Grupo Parlamentario Popular, pidiendo información acerca del Acuerdo del Consejo de Ministros de Asuntos Generales de la Unión Europea por el que se aprueba un Plan de liberalización en los intercambios comerciales con los Países Menos Avanzados (PMA), con especial incidencia sobre las repercusiones que dicho acuerdo pudiera tener para el plátano de Canarias. (Número de expediente del Senado 683/000050 y número de expediente del Congreso 181/000658.) ... (Página 950)

- De don Diego López Garrido, del Grupo Parlamentario Socialista, sobre la posición del Gobierno ante una posible reforma del derecho de asilo en la Unión Europea. (Número de expediente del Senado 683/ 000052 y número de expediente del Congreso 181/000702.) ...
(Página 952)

- De don Guillermo Martínez Casañ, del Grupo Parlamentario Popular, sobre la posición del Gobierno sobre la adhesión de Chipre a la Unión Europea. (Número de expediente del Senado 683/000054 y número de expediente del Congreso 181/000716.) ... (Página 955)

Se abre la sesión a las doce horas y quince minutos.


El señor PRESIDENTE: Señorías, se abre la sesión.


- COMPARECENCIA, A PETICIÓN DEL GRUPO PARLAMENTARIO POPULAR, DEL SECRETARIO DE ESTADO DE ASUNTOS EUROPEOS PARA INFORMAR SOBRE LAS NUEVAS RELACIONES ENTRE ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA Y LA UNIÓN EUROPEA EN MATERIAS RELACIONADAS CON LA DEFENSA Y CON LA POLÍTICA EXTERIOR Y SEGURIDAD COMÚN (PESC). (Número de expediente del Senado 713/000182 y número de expediente del Congreso 212/000423.)

El señor PRESIDENTE: Señor Secretario de Estado, tiene la palabra.


El señor SECRETARIO DE ESTADO DE ASUNTOS EUROPEOS (De Miguel y Egea): Muchas gracias, señor Presidente.
Comparezco gustosamente una vez más ante la Comisión Mixta para informar sobre estos temas verdaderamente relevantes y de actualidad, sobre todo en estos días: las relaciones entre la Unión Europea y Estados Unidos, especialmente en materia de Defensa, de Política Exterior y de Seguridad Común. Hoy hemos tenido un día de densa actividad en relación con los temas de la Unión Europea. Desde esta mañana hemos estado hablando de la creación de las subcomisiones para la ampliación y para el futuro de Europa. Me parece que ésta es una ocasión tan buena como cualquier otra para manifestar mi satisfacción por estar hoy aquí y mi total disponibilidad todas las veces que se requiera mi presencia.
Ante todo, quisiera encuadrar el tema de la comparecencia en el marco más amplio de las llamadas relaciones transatlánticas, lo que se llama en la jerga comunitaria la relación entre Estados Unidos y la Unión Europea. Las relaciones transatlánticas, pese a los avatares que han sufrido hasta ahora, y sin duda seguirán sufriendo, se basan en unos valores compartidos tanto por Estados Unidos como por la Unión Europea: la defensa y la promoción de la paz, de la estabilidad, de los valores democráticos, de los derechos humanos y del desarrollo de los intercambios de toda naturaleza. Todo esto es tanto más importante cuanto que se trata de los dos principales actores de la escena mundial en la actualidad, la Unión Europea y Estados Unidos.
Cuando se habla de las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea hay que recordar que éstas se institucionalizaron -naturalmente existían de siempre- a partir de 1990, en la llamada «Declaración Transatlántica», que establecía una serie de principios comunes y unos órganos regulares de consulta a distintos niveles, que incluía una cumbre cada semestre y una reunión de ministros de Asuntos Exteriores también cada semestre. No se ha insistido lo suficiente sobre la enorme aportación que hizo la presidencia española en 1995, porque la «Transatlantic Charter», la «Carta Transatlántica» y el planteamiento de la nueva Agenda Transatlántica que se negoció íntegramente durante la última presidencia española en el segundo semestre de 1995, fue uno de los grandes planteamientos estratégicos que se hicieron durante la presidencia española; además, algunos miembros de la Unión creían incapaz a España de poderlo realizar. Supuso un paso adelante, insertando la Política Exterior y de Seguridad Común y la Cooperación Intergubernamental en asuntos de Justicia e Interior en la Agenda, que al principio era casi puramente comercial. Se trataba de superar relaciones exclusivamente centradas en competencias comunitarias, y más específicamente en temas comerciales, para crear una asociación

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global que abarcara todos los ámbitos de cooperación posible en el marco de la Unión Europea, incluso en aquellos sectores que siguen siendo de naturaleza intergubernamental. En esta línea, Estados Unidos y la Unión Europea han intentado siempre una coordinación de sus posiciones en materia de política exterior no solamente limitadas al continente europeo.
Por supuesto, no ignoro que en ocasiones existen diferencias de criterio y de percepción entre Estados Unidos y la Unión Europea en temas y foros tan importantes como el control de armamentos, Naciones Unidas, actuación del Tribunal Penal Internacional, la aplicación de la pena de muerte o la utilización de instrumentos extraterritoriales con fines de política exterior. Las limitaciones institucionales de la propia Unión Europea establecidas por los Tratados, las interferencias del Congreso y del Senado de Estados Unidos en las actuaciones del Presidente norteamericano, las competencias diferenciadas de la Administración Federal de los Estados Federales norteamericanos, la frecuente tendencia norteamericana al unilateralismo y a plantear su relación con Europa en materia de seguridad y defensa exclusivamente desde el prisma de la Alianza Atlántica, son factores que pueden haber dificultado en determinados momentos alcanzar el objetivo que nos marcamos durante la presidencia española de 1995 al aprobar la Nueva Agenda Transatlántica, que se plasmó en una frase acuñada: «Tender puentes sobre el Atlántico», Building bridges across the Atlantic. Ése era el motor de la Nueva Agenda Transatlántica.
En 1998 la Asociación Económica Transatlántica y en 1999 la Cumbre Transatlántica de Bonn ampliaron, profundizaron e intensificaron las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea. El próximo 14 de junio, el Presidente Bush va a participar por primera vez en una reunión que no es solamente cumbre bilateral, sino también una reunión con el Consejo Europeo, con ocasión del Consejo Europeo de Göteborg, en el que se abordarán fundamentalmente la ampliación de la Unión y de la Alianza Atlántica, que son los dos grandes retos planteados en este momento. No cabe excluir que los Jefes de Estado y de Gobierno europeos y el Presidente Bush discutan, siquiera brevemente, temas tan de actualidad como la evolución de la situación en los Balcanes y Oriente Medio, las relaciones con Rusia o el cambio climático, tema que divide fundamentalmente a europeos y norteamericanos. En todos estos temas, las posiciones americanas y europeas revelan algunas divergencias que incluso se apuntan significativas precisamente por el cambio de orientación de la nueva administración republicana de Estados Unidos.
En el orden económico y comercial, la magnitud de las cifras pone de relieve la importancia de las dos partes. En el año 1999, los Estados miembros de la Unión Europea invirtieron 625.000 millones de dólares en Estados Unidos, es decir, un 63 por ciento de la inversión exterior europea fue a Estados Unidos; y Estados Unidos invirtió 512.000 millones de pesetas en Europa, que es, más o menos, el 45 por ciento de toda su inversión exterior. También sirven de referencia las exportaciones: las de Europa al mercado americano fueron por un valor de 195.000 millones de dólares, y las americanas en Europa de 149.000 millones de dólares. En cuanto a las exportaciones por servicios, que es un capítulo fundamental en el mercado globalizado en el que vivimos, en 1999 Europa exportó 194.000 millones de dólares, frente a 87.000 millones de dólares de América hacia Europa. Me gustaría subrayar la coincidencia entre la exportación de bienes comerciales y la exportación de servicios.
Teniendo en cuenta la dimensión de estas cifras, los contenciosos entre la Unión Europea y Estados Unidos, de los que oímos tanto hablar, son frecuentes, pero, pese a la importancia en términos sectoriales, significan apenas entre un 1 y un 2 por ciento de los intercambios bilaterales. Los temas de la carne hormonada y de los plátanos parece que causan un gran conflicto con Estados Unidos -y, en efecto, lo son-, pero ni siquiera afectan al 2 por ciento de los intercambios. Es evidente que tanto Europa como Estados Unidos van a seguir defendiendo sus posiciones con toda firmeza en cada uno de esos contenciosos, pero es también obvio que las dos partes se han esforzado, y seguirán esforzándose, por limitar en la medida de lo posible las consecuencias de estas divergencias. Algunos de estos contenciosos siguen hoy abiertos. También debo decir que es una buena noticia que el nuevo U.S. Trade Representative, Bob Zoellick es una persona que ha demostrado en su corto período de mandato muchísima más flexibilidad y apertura que la señora Barshelsky, con la cual era muy difícil el diálogo. Yo puedo afirmar, porque lo ha dicho públicamente delante de mí, que al señor Lamy le parece que el diálogo con Bob Zoellick sobre todos estos temas comerciales está mejorando, y, de hecho, ya tenemos un resultado palpable, que yo creo que ha dado satisfacción desde luego a España, y sobre todo a algunos miembros de esta Cámara, que es el arreglo del contencioso de las bananas.
La verdad es que sigue habiendo contenciosos: el tema de la carne hormonada, la aplicación de derechos compensatorios por Estados Unidos a las exportaciones de acero -que preocupan extraordinariamente a la industria siderúrgica europea-, el problema del plátano -que, como ya he dicho, se ha resuelto-, y el tema de las leyes con efectos extraterritoriales, fundamentalmente la D?Amato y la Helms-Burton Act, que, a pesar de las afirmaciones que hizo el recién nombrado Secretario de Estado sobre la posibilidad de dejar eso de lado, no parece que por la composición de las comisiones en el Congreso y en el Senado vaya a cambiar mucho, porque el poderoso Senador Helms está todavía manejando mucho; ya sé que no es ya el «Chairman del Foreign Relations Committee», pero desde luego todavía tiene una gran influencia sobre la Administración

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americana. Los temas de las subvenciones a aeronaves, que pueden afectar al proyecto A-380 de Airbus, el del nivel sonoro de los aviones y el de los beneficios fiscales a empresas americanas a través de la «Foreign Sales Corporation» (FSC) están en este momento en duro debate.
Dentro de seis meses se inicia un nuevo período de presidencia española, y de nuevo el tema de las relaciones transatlánticas vuelve a estar sobre el tapete, precisamente porque hemos pasado cinco años de más o menos enfriamiento y crisis y tenemos una etapa nueva. Yo creo que nuestra presidencia puede ser particularmente importante por lo que se refiere a las relaciones transatlánticas. Entiendo que la Unión Europea intentará desarrollar al máximo el potencial de la nueva Agenda Transatlántica y poner en práctica las propuestas y sugerencias recogidas en la reciente Comunicación de la Comisión, cuyo título ya es en sí mismo un programa: «Hacia un refuerzo de la relación transatlántica orientada hacia la dimensión estratégica». La presidencia española, por tanto, tendrá que seguir desarrollando la cooperación entre la OTAN y la Política Exterior y Seguridad y Defensa, coordinándose con Estados Unidos para hacer frente a los conflictos regionales. La organización y el sistema de comercio multilateral, en lo que difieren Estados Unidos y la Unión Europea, esperamos que se desarrolle a partir de la Conferencia de la Organización Mundial del Comercio, que se va a celebrar en Qatar en noviembre; esperamos que si efectivamente esa conferencia tiene éxito, entremos en una interacción grande para salvar esta ronda.
Los temas de energía, en los que la Unión Europea y Estados Unidos comparten parcialmente inquietudes en relación con la seguridad de abastecimiento y la estabilidad de los precios, seguirán en la Agenda, así como los temas relacionados con el medio ambiente, protección del consumidor, la cooperación al desarrollo y la economía digital. No hace falta subrayar que la entrada en vigor del euro a comienzos de la Presidencia española puede también suscitar temas de diálogo y cooperación con Estados Unidos en un marco macroeconómico, y muy particularmente en el marco del G.7 o G.8, que va a tener su reunión durante nuestra presidencia, precisamente el día 28 de junio, en Otawa, al que, naturalmente, el Presidente del Gobierno español asistirá en nombre de la Unión.
Al margen de algunas referencias que he hecho hasta ahora, podemos abordar, si sus señorías lo permiten, más concretamente las materias relacionadas con la seguridad y la defensa, porque, al fin y al cabo, era la sustancia de la comparecencia. En estas materias, las relaciones de la Unión Europea y Estados Unidos han venido sufriendo vaivenes cíclicos, a veces difíciles de enjuiciar de manera desapasionada. Desde que a comienzos de los años noventa estalla la crisis de los Balcanes, estos ciclos se han hecho más frecuentes y profundos y se han extendido en razón de los conflictos que aparecen en otras regiones. Pero ni en los objetivos fundamentales, ni siquiera en los medios, existen divergencias esenciales entre la política de seguridad y defensa de la Unión y las propuestas políticas de los sucesivos presidentes de Estados Unidos.
Como he dicho al principio de mi comparecencia, los principios básicos y los objetivos fundamentales en cuanto a la paz, la estabilidad, los derechos humanos, el Estado de derecho o la lucha contra la corrupción son íntegramente compartidos por la Unión Europea y por Estados Unidos.
Me parece legítimo que la afirmación y consolidación de la Unión Europea en materia de seguridad y defensa pueda suscitar interrogantes en Estados Unidos, como tan legítima es la intención de la Unión de integrar a nuevos miembros en un proceso de ampliación de dimensiones históricas o de franquear el paso de una Comunidad Económica a una Unión dotada de instrumentos de seguridad y defensa propios.
Desde los comienzos de la integración europea, la política americana ha venido oscilando entre dos sentimientos: por una parte, el de aceptar, e incluso aplaudir, esa integración en todos los terrenos, incluido el político y el de seguridad, e incluso extenderla a países que están todavía, en opinión de la Unión Europea, posiblemente lejos de poder asociarse a ella, porque nos empujan a que hagamos partícipes a todos los países, no solamente de la Unión, sino también de nuestro entorno europeo. Recuerdo a sus señorías que en ciertos momentos críticos de la crisis de los Balcanes, y de nuevo en estos días, Estados Unidos ha expresado el deseo de que la Unión Europea se hiciera cargo de su propio destino y ha amagado movimientos en el sentido de desligarse de compromisos financieros o militares en zonas de conflicto. No necesito recordar todas las discusiones que una y otra vez se han planteado acerca del «reparto de carga», el famoso burden-sharing, en esos momentos y en esas zonas geográficas.
Frente a ese deseo de potenciar -que nuestro palo aguante su vela- la presencia y la actividad de la Unión en todos estos conflictos, Washington ha manifestado frecuentemente un sentimiento de recelo y de escepticismo en cuanto a la capacidad de la Unión de hacer frente a esas nuevas responsabilidades. La historia de las relaciones entre Estados Unidos y Europa prueba que esas dos tendencias han coexistido en los políticos y en los analistas norteamericanos y que en la práctica ninguna de ellas se ha impuesto a la otra. La experiencia demuestra que en los momentos críticos, como en los Balcanes, la buena cooperación entre Estados Unidos y la Unión Europea no solamente ha sido útil, sino también indispensable.
La preocupación fundamental de Estados Unidos en relación con el desarrollo de la política de seguridad y defensa de la Unión se centra en la OTAN y en el riesgo del debilitamiento de los vínculos internos entre sus

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miembros y de su capacidad de respuesta. Desde el Consejo Europeo de Helsinki, la Unión Europea viene concretando en medidas y decisiones operativas su concepto de una identidad europea de defensa.
Experiencias como la de Kosovo sirvieron para poner de relieve el abismo existente entre las capacidades europeas y las de Estados Unidos ante un conflicto bélico moderno. En la crisis de los Balcanes, hemos de reconocerlo, Estados Unidos demostró también capacidad de aunar fuerza militar y diplomacia para resolverla. Todo ello ha llevado al convencimiento de que la Unión Europea tiene necesidad de movilizar y desarrollar sus propios instrumentos civiles y militares, no sólo para hacer frente a las crisis, sino también para prevenirlas.
En cuanto a lo militar, la llamada Fuerza de Reacción Rápida de la Unión Europea es la traducción de las preocupaciones de la Unión y tendrá como función la puesta en práctica de toda la amplia panoplia de posibilidades de las misiones Petersberg. El núcleo de esta fuerza, su objetivo principal, consistiría en unos efectivos de entre 50.000 y 60.000 hombres, que puedan desplegarse en un plazo máximo de sesenta días durante al menos un año. Ninguna de estas medidas, y en especial la constitución de las Fuerzas de Reacción Rápida, compromete en modo alguno los principios de complementariedad, transparencia y no duplicación en el terreno de las capacidades militares de la Unión y de la Alianza Atlántica. La OTAN sigue siendo, sin la menor duda, el referente y la base de la seguridad colectiva en Europa. Los acuerdos del Consejo Europeo de Niza y los múltiples contactos a todos los niveles entre la Unión y la OTAN, o entre aquélla y Estados Unidos, garantizan un marco estrecho de consultas con todos los Aliados y unas modalidades muy meditadas de participación, especialmente de los Aliados europeos no miembros de la Unión en operaciones de gestión de crisis.
Es imprescindible, en interés tanto de Estados Unidos como de la Unión Europea, que superemos percepciones equivocadas, recelos o dudas y que se establezca una genuina asociación estratégica para la gestión de las crisis. Ya se han acordado aspectos importantes, como los llamados «arreglos permanentes» entre la OTAN y la Unión, que incluyen reuniones a nivel ministerial de embajadores, de representantes de los comités militares y de expertos, y se han logrado acuerdos en virtud de los cuales expertos de la Alianza prestan su apoyo a la Unión Europea en el desarrollo del famoso objetivo principal, headline goal.
Sin embargo, quedan todavía pasos importantes que hay que dar, particularmente el llamado «acceso asegurado» de la Unión a las capacidades de planeamiento de la Alianza. Se trata de establecer, entre los instrumentos de la Unión Europea y las capacidades de la OTAN, una cooperación y una sinergia tan estrechas que permitan a la Unión Europea apoyarse en la experiencia y en los medios de la Alianza para hacer frente a aquellos conflictos en los que la Unión Europea considere oportuno o necesario intervenir por su parte. Este «acceso asegurado» sigue hoy en discusión, y de no desbloquearse próximamente redundaría en perjuicio de todas las partes, tanto de la Unión como de la propia Alianza. El obstáculo principal, todos lo conocen, es en estos días la oposición turca a considerar esta cooperación como algo automático o como un derecho adquirido.
Hoy mismo se está concluyendo en Budapest la primera reunión conjunta a nivel ministerial del Consejo Atlántico y del Consejo de Asuntos Generales. Las previsiones no parecen particularmente optimistas para desbloquear el problema del «acceso asegurado». Las reuniones de los Ministros de Defensa de la Unión Europea los días 7 y 8 de junio y la Cumbre de Jefes de Gobierno de la OTAN el 13 de junio en Bruselas son también oportunidades para encontrar soluciones a este problema dentro del marco de las decisiones adoptadas en Niza. Para lograrlas, la comprensión y el apoyo de Estados Unidos y su gran influencia sobre Turquía pueden ser esenciales.
Señorías, estamos en un momento trascendental de las relaciones transatlánticas. Que en las relaciones de dos grandes socios como la Unión Europea y Estados Unidos aparezcan, a lo largo de toda su historia y en la actualidad, luces y sombras no puede llevarnos a una interpretación simplista que no me parece justificada ni realista.
Las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea son las propias de dos socios y aliados que cooperan y que superarán, en cualquier caso, recelos y suspicacias que son muchas veces fruto de la coyuntura o del propio desarrollo político de las dos partes. La voluntad de mantener esta relación firme y permanente, tanto en el marco de la Agenda Transatlántica como en las relaciones dentro de la Alianza, es un denominador común tanto de la Unión Europea como de Estados Unidos.
Gracias, señor Presidente.


El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señor Secretario de Estado. Le voy a solicitar, si es posible, que me dé una copia del texto de su intervención, que los taquígrafos le agradecerán, así podremos disponer de ella más pronto. Sólo tenemos una taquígrafa hoy, y lo digo para que los señores miembros de la Comisión sepan que aquí sí que tenemos «luz y taquígrafos», no como en la subcomisión, pero en cantidad limitada. Eso no debe ser óbice para que todo el mundo se extienda lo que desee, pero tengan ustedes en cuenta que, aparte de la del tiempo, tenemos otra restricción, de carácter humano, en este caso.
A continuación, pasamos al turno de portavoces, que intervendrán siguiendo las reglas del juego: en primer lugar, intervendrá el representante del Grupo Parlamentario Popular, y, después, de mayor a menor, los representantes del Grupo Parlamentario Socialista y de

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Convergència i Unió. Sólo hay tres intervenciones. Tiene la palabra el señor Soravilla Fernández, por parte del Grupo Parlamentario Popular.


El señor SORAVILLA FERNÁNDEZ: Muchas gracias, señor Presidente.
Muchas gracias, señor Secretario de Estado por proporcionarnos esta información actualizada sobre las relaciones que también desde mi Grupo consideramos de una importancia capital.
Efectivamente, creemos que las relaciones entre la Unión Europea y Estados Unidos deben considerarse en el marco más amplio posible, aunque realmente es verdad que el enfoque de la comparecencia estaba enfocado a la política exterior y de seguridad y defensa, porque ha sido una de las facetas más sensible y controvertida en los últimos meses.
Para comenzar, conviene también hablar del burden- sharing, a lo que el Secretario de Estado ha llamado «las luces y las sombras», o los vaivenes cíclicos. Yo creo que no debemos dejar de recordar algunas cosas desde el punto de vista histórico; el señor Secretario de Estado ha recordado algunas desde el punto de vista material. Yo creo que todavía quedan algunos rescoldos de americanismos viscerales en Europa. Sólo tengo una referencia de prensa del discurso del señor Jospin, del cual parece que se desprendía algo de eso en alguna de sus partes. Debemos considerar que Estados Unidos ha sido siempre para Europa un socio leal; le hemos ayudado a solucionar conflictos sangrientos. Conviene recordar que hace cincuenta años todo el continente europeo estaba prácticamente como Bosnia, y a conseguir la paz y la estabilidad actual ha contribuido muy firmemente Estados Unidos y, además, apoyó la reconstrucción social y económica del continente a través del Plan Marshall. También conviene recordar que durante la guerra fría, debido a la política de bloques, de alguna manera, dejamos en sus manos la defensa de nuestro continente, y conviene reconocer que también con el esfuerzo presupuestario de los norteamericanos. Lo que quizá sorprenda en estos momentos -y esto está en función de los vaivenes- es que, mientras estuvieron pidiendo durante mucho tiempo el burden-sharing, el compartir, resulta que ahora que nosotros hemos iniciado el camino se levantan los recelos correspondientes.
Asimismo, conviene recordar -y el Secretario de Estado lo ha hecho- que el volumen de intercambio es de 1.000 millones de dólares diarios, y que los conflictos apenas alcanzan el 2 por ciento; es decir, que tenemos un volumen muy importante de intereses comunes.
Pero lo más importante quizá sea que tenemos una perspectiva común de la historia y de los valores, como son la libertad, la democracia, la defensa de los derechos humanos y el Estado de Derecho, lo que nos obliga necesariamente a cooperar y entendernos en todas las áreas; además, naturalmente, somos aliados de la OTAN y en otros muchos foros internacionales.
En el proceso de globalización en el que estamos, lo que sí parece cierto es que sin la relación y el entendimiento transatlánticos el mundo no va a poder avanzar fácilmente. Es decir, que es absolutamente necesario nuestro entendimiento, aún más en el momento en el que nos encontramos, porque, por un lado, la Unión Europea está empeñada en este gran proceso de ampliación del que acabamos de hablar en las subcomisiones -lo que yo creo que en sí mismo es ya un paso definitivo para alcanzar incluso mayor seguridad y estabilidad en el continente, sobre esos valores que decía que compartimos- y, por otro, también es un momento decisivo, porque hay una nueva Administración en Estados Unidos, con unos criterios quizá un poco distintos a la anterior.
Lo que a mi Grupo le gustaría remarcar es que suscribimosplenamente la comunicación de la Comisión a la que ha hecho referencia, que es de hace muy poco, que propone precisamente reforzar la relación transatlántica y hacerla más operativa, que es de lo que se trata, en el marco de la Agenda que se acordó en la Cumbre de Madrid. También creo que se puede traer aquí a colación -y felicitar al Gobierno por ello- que, siendo la declaración conjunta de España y Estados Unidos anterior a la comunicación, España ha sabido anticiparse al espíritu de la propia comunicación, reforzando de alguna manera los lazos desde el plano bilateral. Esperamos que se vaya produciendo la revisión técnica del convenio y que tengamos la ocasión de poder ratificarla en el Parlamento.
Los riesgos para la seguridad que recoge la declaración conjunta coinciden básicamente con los que señala el Comisario Patten en este caso, que los identifica como los estratégicos ilimitados que propone limitar esa Agenda para simplificarla. Es evidente que es la única manera de afrontarlos con acuerdo y conseguir que se puedan cumplir los objetivos con éxito. En este sentido, el de que cada palo aguante su vela, serían deseables algunas cosas: una de ellas -y, de alguna manera, a ella ha hecho referencia en su comparecencia el señor Secretario de Estado- es que Estados Unidos no siga considerando a la Unión Europea como un simple aliado regional, que no se vea la estabilidad como una estabilidad regional, sino que nos sitúe como un socio, que es también una obligación de los europeos, haciendo mayores esfuerzos por tener una sola voz ante Washington; y, por otra parte, que no se produzca la paradoja de que, en un mundo globalizado, Estados Unidos tienda a lo que parecería un viejo aislacionismo, pero que realmente es el unilateralismo, como ha ocurrido, por ejemplo, en esa decisión, legítima, por otra parte, sobre el tan controvertido escudo antimisiles, o con el asunto del medio ambiente en la Cumbre de Kioto.
Yo creo que hay que tranquilizarse, porque el Presidente Bush en un discurso suyo de no hace mucho tiempo dijo que América -entre comillas- sigue

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comprometida con el mundo por historia y por decisión propia. En este sentido, la opción estratégica se ha abierto un poco, se ha ampliado, ha dejado de ser nacional, incluso puede ser objeto de diálogo con otros países, con otros aliados. Seguramente en junio tendrán una reunión el señor Putin y el señor Bush, en la que probablemente hablarán de todas estas cosas. Además, las nuevas mayorías que se establecen en el Senado parece que dejarán la cuestión en una situación un poco más complicada con la deserción de uno de los Senadores, con la que se quedan en minoría; aunque probablemente en el tema del comercio haya alguna que otra dificultad. Desde nuestro punto de vista, a estos efectos, el desarrollo de la PESC es un factor decisivo. Yo creo que lo que quizá ha sorprendido a los estadounidenses es la velocidad con la que hemos conseguido...


El señor PRESIDENTE: Señoría, debe ir concluyendo.


E1 señor SORAVILLA FERNÁNDEZ: Voy concluyendo, señor Presidente.
Yo creo que hay que desarrollar la PESC en toda su dimensión, porque eso significará dar el peso que corresponde a la realidad de nuestra dimensión demográfica y económica.
Con respecto a algunos otros aspectos, los europeos tenemos que hacer también un examen de conciencia y pensar que tenemos que corregir algunas de nuestras deficiencias y reticencias en temas de defensa, y probablemente tendremos que racionalizar el gasto. De alguna manera, deberemos transmitir que tenemos un grado de sensibilidad distinto los americanos y los europeos a la hora de afrontar los problemas. En cuanto a esto, el Comisario Patten, en la comunicación -y creo que conviene resaltar esto en sede parlamentaria- habla precisamente de que haya mayores contactos entre los parlamentarios en la propia sociedad civil entre ambas riberas para conseguir que ese entendimiento se haga a través de las sensibilidades y evitar todo tipo de malentendidos, recelos y desconfianzas.
En consecuencia, el Grupo Parlamentario Popular quiere destacar que estamos de acuerdo con la línea que lleva el Gobierno; que estamos de acuerdo con la línea que marca la comunicación europea, que queremos que sea más operativa para alcanzar esos intereses y, sobre todo, aprovechando la Presidencia española, debemos trabajar intensamente para que esas relaciones se fortalezcan y se profundicen.
Muchas gracias, señor Presidente.


El señor PRESIDENTE: Señorías, me permito recordarles -lo dice el Reglamento, y yo no puedo sino aplicarlo- que tienen diez minutos, que aplicados con benevolencia pueden ser doce o trece, pero no mas.
Tiene la palabra el representante del Grupo Parlamentario Socialista.
El señor PUIG I OLIVÉ: Señor Presidente, señor Secretario de Estado, me voy a ceñir al objeto concreto de la comparecencia, es decir, a los temas de relación entre Estados Unidos y la Unión Europea en materia de seguridad fundamentalmente, aunque entiendo que también sería muy interesante hablar de estas relaciones en un ámbito más general, concretamente sobre los contenciosos en ciertas áreas que usted ha señalado y sobre discrepancias en otras, que no son estrictamente las de la defensa.
En primer lugar, quisiera señalar que hemos de partir de la base de que estamos hablando de un país que es amigo y aliado y de una posición, que es la de mi Grupo y es la de España, de lealtad en tanto que aliado en aquellas instituciones internacionales de las que formamos parte, y esto no se pone en duda en absoluto, lo que no quiere decir que haya que aceptar que todo lo que dice Estados Unidos está bien, o que vayamos a estar de acuerdo con todo lo que dice Estados Unidos. Se trata de una relación compleja, como decía el señor Secretario de Estado, que hay que tener en cuenta, y no actuar de una manera demasiado simple. Demasiadas veces el Gobierno se comporta de una manera demasiado simple y no tiene en cuenta esa complejidad de acuerdos, de desacuerdos y de contradicciones de unos y otros, que permiten perfectamente que en ocasiones no se esté de acuerdo con nuestro aliado. Muchas veces se utiliza el apriorismo de que porque los americanos lo dicen, ya nos parece que es bueno, o porque es el Presidente de Estados Unidos el que dice algo, nos parece bien. Y pongo un ejemplo, el más claro y contundente en este momento: la propuesta del Presidente Bush y la salida del Presidente Aznar saludando positivamente esta propuesta, lo que a nosotros nos parece algo demasiado simple, imprudente, precipitado y, como se ha visto, desmentido por mucha gente en Europa y en Estados Unidos, tanto por demócratas como por republicanos. Y uno se pregunta por qué habremos salido ahí nosotros tan deprisa a bendecir una cosa que se ha revelado compleja y probablemente inútil, porque, si el Senado americano no le da salida, se convierte en un proyecto muerto. Ayer mismo, en el Congreso de los Diputados, el Grupo Parlamentario Socialista propuso un explícito no apoyo a este proyecto, que desgraciadamente fue votado en contra por el Partido Popular. El Partido Popular abría la puerta a un posible apoyo a un proyecto que ni siquiera apoyan los demócratas americanos ni buena parte de los republicanos. No se entiende la simplicidad de estas ideas, siguiendo la terminología que ha utilizado el señor Secretario de Estado. Sin embargo, estamos de acuerdo con lo que ha dicho el Secretario de Estado con respecto a ciertas diferencias.
Me parece muy bien que el señor Secretario de Estado haya relatado algunos aspectos importantes que también actúan sobre la geoestrategia y que marcan una diferencia; voy a señalar algunos porque nos afectan en

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decisiones concretas en materia de defensa y seguridad europea. Por ejemplo: el tema de la intervención fuera de área; la oposición de Estados Unidos con relación a las Naciones Unidas y la intervención militar sin resolución de Naciones Unidas. Estos temas nos separan a los europeos de Estados Unidos, si he entendido bien la decisión que tomaron los países europeos en Helsinki, por la cual se decía que, en cualquier caso, la defensa europea no actuaría fuera de las resoluciones de Naciones Unidas. Ahí existe una diferencia. Incluso en la Cumbre de Washington la interpretación que hicieron los europeos en relación con la decisión que se tomó era distinta a la de los americanos. Nosotros tampoco podemos estar de acuerdo con la no aplicación de Kioto y en lo relativo al cambio climático. Esto tiene consecuencias geoestratégicas; hay que ir con cuidado con estos temas. Nosotros podemos escuchar a los americanos cuando nos dicen: que cada palo aguante su vela, que nosotros un día de éstos nos vamos a ir de Europa, y ustedes espabílense. Pero eso, en primer lugar, no se lo cree nadie, y no sólo debemos basarnos en palabras o en discursos, en un momento dado, de presión, sino también en realidades concretas. En segundo lugar, lo que no puede ser es que Estados Unidos nos diga, por una parte, que se va a ir y que cuando los europeos intentamos organizar la defensa europea entonces nos diga: ¿qué hacen ustedes?, ¿a dónde van ustedes? Existe la reticencia de la que nos hablaba el Secretario de Estado, pero no creo que sea reticencia por la incapacidad que pueda tener Europa para organizar su propia defensa -siempre nos acusan de ello, ¿no?-, sino más bien porque les asusta una excesiva autonomía europea. En cualquier caso, yo digo que Europa tiene que organizar una defensa europea -y tiene que ser una prioridad también de nuestro Gobierno, así como de todos los gobiernos europeos-, aunque sólo sea para aquellas ocasiones en las que Estados Unidos, legítimamente, nos dice que no va a intervenir o que no quiere intervenir. Europa no se puede quedar en una situación como en la que se quedó en el caso de Albania o en la primera guerra de Bosnia: Estados Unidos no viene, la OTAN no va a intervenir, y resulta que los europeos no tienen una alternativa para enfrentarse a realidades tan duras como aquélla.
Por lo tanto, yo creo que está plenamente justificado que la política de seguridad y defensa europea se construya sólidamente, haciendo un esfuerzo, como decía el portavoz del Grupo Parlamentario Popular, para asegurar que esa defensa europea sea capaz, resolviendo los problemas de déficit que evidentemente tenemos en materia de defensa, con una coordinación perfecta con Estados Unidos. Los europeos, al menos los europeos occidentales, hasta ahora, nunca han planteado -y lo sabe bien el señor Secretario de Estado- la defensa europea como una alternativa a la OTAN, sino como complementaria a ésta, con un grado de fidelidad -y lo afirmo aquí- a nuestra posición como aliados de la Alianza Atlántica que es superior a la fidelidad que nuestros aliados americanos tienen con Europa. Esto me parece que está muy claro: nosotros hemos sido siempre mucho más leales; los europeos nunca nos hemos permitido una salida unilateral que pudiera empañar la relación transatlántica, mientras que Estados Unidos siempre se ha permitido, y se permite, acciones unilaterales, muchas veces sin ni siquiera consultar a los aliados. Ése es también un tema de relación que cabría resolver.
Finalmente -voy terminando, señor Presidente-, yo creo que hemos de construir una defensa europea autónoma, fuerte, capaz y coordinada con la Alianza Atlántica, y hay que luchar por el acceso asegurado, sin ninguna duda, y seguir con la línea que ya teníamos en la modesta UEO, de las fuerzas separadas pero no separables, es decir, de una combinación de trabajo complementario entre la OTAN y la defensa europea; pero no deberíamos aceptar una capacidad de veto de la OTAN ante las decisiones europeas sobre su defensa, ni una sumisión, ni una dependencia, lo diga Turquía, o lo diga quien lo diga. Ésta es la posición de nuestro Grupo, pidiéndole al Gobierno que no acepte ese tipo de planteamientos.
Hay otros problemas. Tenemos un gap tecnológico entre Estados Unidos y Europa que tenemos que superar, y en ese sentido habrá que hacer un esfuerzo tecnológico europeo si queremos construir algo en esa materia. Señor Secretario de Estado, le voy a recordar una cosa que es complicada y difícil: la necesidad de continuar en la idea de una defensa europea, es decir: artículo 5 del Tratado de Bruselas. Los europeos no nos podemos conformar con el artículo 5 del Tratado de Washington; de acuerdo, existe y es muy importante; estamos todos con él y somos solidarios con él; pero no podemos abandonar la idea de una defensa europea, es decir, de unas garantías de seguridad colectiva de los europeos. Diez países han firmado esto en el Tratado de Bruselas. Que la construcción de la defensa europea para la gestión de crisis -que es lo que se ha hecho en la Unión Europea, pero para nada más que la gestión de crisis- no sea un obstáculo para seguir avanzando también en la seguridad colectiva de los europeos, y que este artículo 5, que ahora se queda residual, del Tratado de Bruselas no sea sólo firmado y ratificado por diez países, sino que también, en el futuro, aquellos países que vayan entrando en la Unión Europea lo ratifiquen y asuman como un hecho positivo, siempre, como digo, perfectamente compatible con el artículo 5 del Tratado de Washington.
Muchas gracias.


El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Diputado.
Tiene la palabra el señor Guardans.


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El señor GUARDANS I CAMBÓ: Gracias, señor Presidente.
Muchas gracias, señor Secretario de Estado. Esta comparecencia es muy interesante y daría para hablar mucho rato. Además, no tenemos muchas ocasiones de hacerlo, porque, efectivamente, hablar de las relaciones transatlánticas, no sólo en el ámbito de la defensa, es algo que se hace poco, o que al menos hacíamos poco aquí -me refiero a las relaciones transatlánticas a nivel europeo, no estrictamente a las bilaterales España-Estados Unidos.
Me da la impresión de que no estamos en un buen momento y no sólo por un tema de mayores o menores antipatías o simpatías que pueda provocar el nuevo liderazgo norteamericano, porque eso sería entrar bastante en el tópico y dejarse llevar por una imagen muy simplificada de que Estados Unidos en este momento está siendo gobernado por un pobre ignorante que sólo sabe montar a caballo, que es la imagen que a veces se refleja en los medios de comunicación y que, evidentemente, tiene poco que ver con la realidad, entre otras cosas porque la inmensa mayoría de las cuestiones que separan a Europa de Estados Unidos, y que van a ir separándolas cada vez más, son las que afectan a Estados Unidos, no al liderazgo republicano, sino a su propio papel en el mundo y que son absolutamente bipartidistas, en terminología de ellos. Lo único que ocurre es que durante la Presidencia anterior, la administración de Clinton, Europa podía tranquilizarse la conciencia, mirar hacia otro lado, hacia temas de comercio electrónico, o a discursos medioambientales del Vicepresidente Gore, y con eso darse por satisfecha, mientras que en la práctica las dificultades comerciales, que usted ha mencionado, eran las que eran, la pena de muerte no se interrumpió en ningún momento, el Tribunal Penal Internacional tuvo los bloqueos que tuvo, etcétera. Es decir, no son temas con respecto a los cuales la anterior administración norteamericana estuviera más cerca de Europa de lo que está ésta, entendiendo por administración incluso algo que usted ha descrito bien, que son los equilibrios con la Cámara de Representantes y con el Senado. (El señor Vicepresidente, Soravilla Fernández, ocupa la Presidencia.) Puede que haya algún cambio ahora, pero realmente creo que estamos arrancando una fase mucho más compleja, en la que, sin llegar a una situación de auténtica separación de Estados Unidos y Europa, que, como bien decía el portavoz socialista, es impensable, cada uno está asumiendo su propio papel. Europa empieza a asumir su papel político, que no había podido o querido tener, entre otras cosas por la Guerra Fría. Olvidemos el tema de que los árboles no nos dejan ver el bosque, es decir, el problema de si había o no mister PESC. Si Europa no ha tenido voz política en el mundo era fundamentalmente porque estaba el telón de acero y porque quien no está conmigo está contra mí. Mientras eso ha sido así, y no se podía tener ningún tipo de actuación en el mundo que no pudiera interpretarse como estar de un lado del telón o del otro lado, evidentemente todos estábamos alineados con Estados Unidos. Desde el momento en que el telón de acero ha caído -y eso está mucho más allá de la creación de un mister PESC y de las habilidades personales del señor Solana-, junto, evidentemente, con la integración política de la Unión Europea, lo que se empieza a ver es que nuestros intereses y los de Estados Unidos no coinciden, y coincidirán cada día menos; por lo tanto, es un dato con el que hay que operar. No digo que sean contradictorios estos intereses, sino que no coinciden y que la perspectiva no coincide. Usted ha dado una lista de temas que hay sobre la mesa, y hay otros muchos de ese tipo, relativos a sensibilidades distintas: desde la protección de datos de carácter personal y, por tanto, el flujo de informaciones informáticas entre los dos lados del Atlántico, que provoca serios problemas en el ámbito de la armonización de Internet, hasta la noción de libertad de expresión, que ha convertido a Estados Unidos en el centro de difusión de sectas y grupos nazis en Internet, que no son tolerados en ningún otro sitio del mundo excepto en Estados Unidos, porque allí se entiende que la libertad de expresión lo puede permitir, o problemas más conocidos como los de seguridad y defensa.
Por tanto, en el ámbito de la política exterior común hay mucho trabajo por hacer. La distinta visión que podemos tener de Irak no ha hecho más que empezar; la distinta visión de las relaciones que tenemos con Irán no ha hecho más que empezar. Las relaciones entre Europa y China serán distintas, y serán cada vez más distintas de las que Estados Unidos pueda tener con China. Las relaciones de Europa con Rusia son y serán cada vez más distintas de las que pueda tener Estados Unidos con ésta. Nuestro papel en el conflicto de Oriente Medio está por ver cuál acaba siendo exactamente, pero, en todo caso, es claramente complementario, no contrapuesto, y con una perspectiva distinta y bastante más matizada que la que pueda tener Estados Unidos, y eso vale para Libia, para Corea, etcétera.
Mi impresión es que a veces estamos simplificando como si tuviéramos dos o tres temas sobre la mesa: más o menos soldados en Bosnia, o más o menos aceptación del protocolo de Kioto, que, al fin y al cabo, Europa tampoco se lo acaba de creer y, por tanto, lo hemos convertido en un fantasma, cuando en realidad la propia Unión Europea tampoco está en condiciones de aplicar el protocolo de Kioto, por lo que, a lo mejor, habría que ser un poco más flexible y reconocer que es revisable. Deberíamos ser capaces de transmitir -y ése es el papel que le corresponde a España, entre otros, en la medida en que tendrá la Presidencia europea a partir del mes de enero; es un papel que asume porque se pone al frente de la manifestación- que hay una identidad política en Europa y que hay unos intereses políticos, geoestratégicos, si se quiere, que son distintos.


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Por supuesto que queremos seguir colaborando con Estados Unidos. Por supuesto que Europa quiere que Estados Unidos siga mirando hacia Europa, mientras está con la tentación, por un lado, de algo de aislacionismo y, por otro, de algo mucho más humano y natural que es mirar hacia el Pacífico como no lo había hecho nunca en el pasado. Y esto también tiene que ver con los propios flujos migratorios en Estados Unidos y con el propio crecimiento económico del Pacífico.
Por tanto, en todo este escenario -y perdonen por esta digresión, más propia de comentarista que de una interpelación parlamentaria-, lo que quiero es relativizar un poco la lista de conflictos, porque de lo que se trata aquí es de saber transmitir que no hay que ser servil con Estados Unidos, que no se trata de ser simplemente seguidista.
Algunos de los ejemplos que ha puesto el portavoz del Grupo Parlamentario Socialista los comparto del todo. Da la impresión de que a veces el Presidente del Gobierno -y me parecería mucho más preocupante que volviera a hacer eso cuando sea Presidente de turno del Consejo de la Unión-, cuando se le pone el micrófono delante por algo que afecta a Estados Unidos -y eso viene siendo así desde el año 1996-, automáticamente se pone de su lado antes de haber pensado, antes de haber meditado, directamente da la razón a Estados Unidos, y luego tiene que empezar a matizar cuando se da cuenta de que los demás socios matizan y son capaces, desde la amistad, desde la sensación de que se participa en muchísimas cosas comunes, de diferenciarse, incluidos los propios británicos, que en esto nos dan bastantes lecciones a veces.
En términos estrictamente políticos, ése sería el único mensaje que querría transmitir. Hay que pedir a España, en la medida en que va a asumir la Presidencia de la Unión Europea, que, sabiendo hacer de puente con Estados Unidos, manteniendo, por razones ideológicas o por las que sean, una mejor relación con Estados Unidos que la que pueda tener, por ejemplo, Francia o Bélgica -ya veremos si de la que pueda tener Italia-, una relación con Washington que puede ser positiva -y me refiero estrictamente a equipos, de administración, de personas, las personas cuentan-, consiga que esa relación sea respetada. Y el papel de España será respetado en la medida en que sepa conjugar y buscar el perfecto equilibrio entre dejar claro que no hay contraposición, que en los temas más profundos estamos en el mismo barco, que son el Estado de Derecho, la democracia, la lucha por las libertades, los derechos humanos, etcétera, y que, en cambio, en relación a otros temas, desde una posición de respeto mutuo, exigimos el respeto a la Unión Europea, que no se nos impongan cosas, a tener derecho a decir las cosas en voz alta, lo que exige a su vez ser capaces, desde la Unión Europea, de unificar.
Como último dato, habrá que ver cómo será la situación dentro de cuatro o cinco años, después de la ampliación, porque todo esto será distorsionar mucho más. Tengo la impresión de que lo que va a suponer la ampliación de la Unión Europea es integrar en ella muchos más atlantistas de los que hay ahora y que durante un tiempo, al menos durante una generación, en la medida en que la actual dirección política de los países del Este asume que ha sido liberada por Estados Unidos, a pesar incluso a veces de la Unión Europea -y cuanto más se retrase la ampliación, más se transmite esa sensación: que tienen más amigos en Washington que en algunas capitales de Europa-, eso puede acabar, a efectos de la política exterior europea, en un mayor proamericanismo, que, sin duda, creará tensiones. Esto es una futurología relativa, que se basa bastante en datos. En todo caso, atengámonos a lo que está sobre la mesa, que es la Presidencia española, y ahí es donde querría transmitir este mensaje.
Nada más. Muchas gracias.


El señor VICEPRESIDENTE (Soravilla Fernández): Muchas gracias, señor Guardans.
Señor Secretario de Estado, tiene la palabra.


El señor SECRETARIO DE ESTADO DE ASUNTOS EUROPEOS (De Miguel y Egea): Gracias, señor Presidente.
No tengo muchos comentarios que hacer, porque en el enunciado de la comparecencia ya expuse claramente cuál es la opinión del Gobierno sobre las relaciones de Europa con Estados Unidos. Naturalmente, como me ha pedido el señor Presidente, pongo a disposición de la Comisión el texto de mi discurso en esta comparecencia. Aprovecho esta ocasión para decir que si yo leo una intervención en sede parlamentaria es precisamente para que luego pueda quedar bien reflejada en actas.
Personalmente me produce aversión leer textos en sede parlamentaria, puesto que yo creo que lo que hay que hacer es hablar sin papeles, y desde luego tengo conocimientos suficientes acerca del tema de la comparecencia como para hablar sin papeles, pero creo que es bueno que quede precisada la posición que queda aquí a su disposición, sobre todo para que quede bien claro que algunas de las críticas que se han vertido no responden totalmente a la realidad.
Me parece que acusar al Gobierno o al Presidente del Gobierno de seguidismo es una acusación ciertamente tergiversada, porque no es precisamente España un país que esté clasificado entre los seguidistas automáticos de Estados Unidos. Los seguidistas automáticos de Estados Unidos en la Unión Europea son Italia, Reino Unido y Países Bajos; estos países están acreditados, tienen la marca de fuego, y no precisamente España, que ha planteado más de un problema a Estados Unidos.
En cuanto a las afirmaciones del señor Diputado Puig, creo recordar que lo que dijo el Presidente del Gobierno fue que el Presidente de Estados Unidos

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tenía un derecho legítimo a proponer lo que quisiera, lo que no quería decir que fuera automáticamente aceptado.
Me parece que dentro de la política que se ha venido desarrollando desde el año 1996, España, dentro de la Unión Europea, ha sido un socio que ha favorecido las relaciones transatlánticas, lo que no podía ser de otra manera, puesto que teníamos ese compromiso durante nuestra Presidencia. Al mismo tiempo, España ha sido particularmente dura al plantear algunos contenciosos, en los cuales, los enfrentamientos, han sido grandes e incluso han provocado enfrentamientos entre la Unión Europea y Estados Unidos, como es el caso de la Ley Helms-Burton, que es más que gráfico; como, por ejemplo, la posición que hemos tomado en el Tribunal Penal Internacional, que hemos sido los primeros en firmarlo o en ratificarlo; como la posición que tomamos acerca del tema de las minas personales, que también fuimos el primer miembro de la Unión Europea que dijo que estaba dispuesto a firmarlo, y lo hemos firmado y ratificado. Hay muchos posicionamientos de España que tampoco quiere el Gobierno asumir como suyos propios, puesto que son de la sociedad española, acerca de temas que van desde los puramente comerciales hasta los puramente personales, como es el de la pena de muerte -hoy hay una delegación del Senado español haciendo una reafirmación política de su rechazo a la pena de muerte en Estados Unidos-, el de las minas o el del Tribunal Penal Internacional.
Podría citar muchos más casos, puesto que realmente hay muchos contenciosos que están pendientes.
Efectivamente, tenemos que superar esa etapa de recelos, pero eso es casi irremediable. Estados Unidos se debate entre el deseo de que la Unión Europea adquiera la fuerza que le corresponde y el recelo ante la posibilidad de que se convierta en una fuerza emergente lo suficientemente importante como para retar su omnipresencia y omnipotencia en la esfera internacional. Eso es completamente normal.
Me parece que la actitud de Estados Unidos hacia Europa es casi una actitud de celos entre hermanos, como si el hermano mayor pensara que de repente el hermano pequeño se fuera a hacer más fuerte; en el fondo está encantado de que así sea, pero no de que se haga demasiado fuerte. En el fondo hay un sustrato de entendimiento en lo fundamental, y yo creo que eso es lo que tenemos que abonar, y no hacer seguidismo ni antiamericanismo barato, ni tampoco rasgamos las vestiduras ante algunos temas. Me ha gustado lo que ha dicho el señor Guardans acerca de Kioto, que ni siquiera nosotros estamos preparados para asumir las obligaciones de Kioto y que estamos ahora rasgándonos las vestiduras porque ellos han dicho que no están dispuestos a asumirlas. Seamos realistas y pensemos que la dimensión transatlántica es muy importante.
A España le interesan particularmente las relaciones transatlánticas.
¿Por qué? Porque en la Unión Europea hay dos países transatlánticos: Reino Unido y España, el resto lo son a medias, pero éstos los son claramente; naturalmente, Reino Unido con una proyección más clara hacia el norte de América y España hacia el centro y el sur de América. Todo lo que vaya en dirección de la intensificación de la relación transatlántica a nosotros nos va bien, porque todo lo que sea potenciar las relaciones con el continente americano sirve a nuestros propósitos; nos va bien porque, en el fondo, somos una de las pocas culturas, quizá la única -quitando la británica en la Unión-, que no tiene ningún recelo por 1a fuerza cultural de Estados Unidos, por la sencilla razón de que la lengua española. por suerte, está fuerte en Estados Unidos: hay 30 millones de ciudadanos norteamericanos -y este número está creciendo- que hablan la lengua española. Por lo tanto, también en Estados Unidos nuestra propia cultura, nuestros medios audiovisuales y nuestra creación artística puede tener un campo de expansión importante, contrariamente a lo que piensan los franceses o los alemanes, que tienen no terror, sino pánico a la influencia norteamericana, porque ven que sus culturas se erosionan; la nuestra, de momento, con el contacto con Estados Unidos no se ha erosionado, sino todo lo contrario.
Por otra parte, también hay que decirlo, Estados Unidos están sirviendo en el terreno más grande, el global, el internacional a nuestros propósitos en la relación comercial con América Latina.
Llevamos años tratando de convencer a nuestros socios de la Unión de que el futuro está en las relaciones con la América hispana y lo logramos con mucha dificultad. Cuando teníamos ya planteado el acuerdo de libre cambio con Méjico, no nos convencíamos hasta que se hizo el NAFTA; pensamos que nos iban a quitar esa posibilidad y que íbamos a perder Méjico. Hicimos el primer acuerdo de libre cambio que ha hecho la Unión con algún país. Ahora, con MERCOSUR, que es nuestro último planteamiento, de nuevo están arrastrando los pies, y yo estoy seguro de que la iniciativa americana, el ALCA, va a despertar de nuevo a los europeos y que de nuevo van a decir que los norteamericanos nos van a rebañar el comercio en una zona que es, como todo el mundo sabe, muchísimo más pro europea que pro americana, que se la zona MERCOSUR: Brasil, Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay, que tienen más del 60 por ciento de su comercio exterior con Europa y mucho menos del 40 por ciento con Estados Unidos. Por lo tanto, de nuevo ahí Estados Unidos van a actuar como reactivo para que nuestros socios europeos hagan lo que tienen que hacer con Latinoamérica.
En fin, lo importante, que es alma mater de la comparecencia, es la relación en política exterior y seguridad, sobre todo en seguridad, que es lo que está sobre la mesa. Yo creo que nunca podemos renunciar sino que incluso debemos ir más allá, dentro de los límites que nos marcan los Tratados y el Derecho derivado, y resolver

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el bloqueo de la OTAN hoy debe ser nuestra total prioridad. El otro día, el señor Robertson, en respuesta a una pregunta que yo le hice en un foro sobre este tema, me decía que tenemos que dar toda las seguridades necesarias a Turquía para que sus dudas geoestratégicas se vean resueltas. Démosle todas las seguridades que quiera a Turquía, pero es muy importante que ésta comprenda que es fundamental que se desbloquee esta situación, porque en el momento que esto suceda podremos avanzar.
En nuestra Presidencia vamos a desarrollar muchos aspectos importantes. Yo no sé si podremos recrear un nuevo ambiente de agenda transatlántica renovada, pero sí que es verdad que vamos a tener algunas cuestiones muy importantes en las relaciones con Estados Unidos, como la OMC, como el euro y como la construcción del Headline Goal, de la fuerza de intervención rápida, en la cual la interacción con Estados Unidos y con la OTAN es absolutamente fundamental.
Por lo tanto, que esta comparecencia no sea más que el prólogo de un debate sobre este tema que podemos tener a lo largo de este año y durante el año que viene, que, como ha dicho el resto de los intervinientes, es fundamental. Muchas veces parece que lo desdeñamos, pero es un tema profundo de la Unión Europea y, por tanto, un tema profundo de la Comisión Mixta para la Unión Europea, más que de la de Asuntos Exteriores, puesto que de verdad condiciona a la Unión Europea. Es tal el volumen de las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea que, francamente, las relaciones bilaterales quedan muy difuminadas en el marco tan amplio de la interrelación Unión Europea-Estados Unidos.
Gracias.


El señor VICEPRESIDENTE (Soravilla Fernández): Muchas gracias, señor Secretario de Estado de Asuntos Europeos.


CONTESTACIÓN DEL GOBIERNO A LAS SIGUIENTES PREGUNTAS:

- DE DOÑA LUDIVINA GARCÍA ARIAS, DEL GRUPO PARLAMENTARIO SOCIALISTA, SOBRE LA POSICIÓN DEL GOBIERNO SOBRE EL GRADO DE COORDINACIÓN DE LOS SERVICIOS COMERCIALES DE LAS EMBAJADAS ESPAÑOLAS EN EL SUDESTE ASIÁTICO Y DE LAS EMPRESAS ESPAÑOLAS CON LOS PROGRAMAS DE LA UNIÓN EUROPEA DE PROMOCIÓN EMPRESARIAL Y COMERCIAL EN ESA ÁREA GEOGRÁFICA.
(Número de expediente del Senado 683/000044 y número de expediente del Congreso 181/000613.)

El señor VICEPRESIDENTE (Soravilla Fernández): Pasamos al segundo punto del orden del día, que es contestación de preguntas. Ruego a sus señorías que colaboren con la Presidencia para ajustarnos lo más posible a los tiempos.
Para formular su pregunta, tiene la palabra la señora García Arias.


La señora GARCÍA ARIAS: Señor Presidente, voy a hacer una formulación un poco extensa porque esta pregunta era inicialmente oral; se convirtió en escrita; la reiteré de forma oral y, mientras tanto, me llegó la respuesta escrita del Gobierno. Justamente la preocupación que yo tenía y el tono de la respuesta del Gobierno me permiten expresar unas opiniones y escuchar la contestación del Secretario de Estado. (El señor Presidente ocupa la Presidencia.) Es cierto que el reparto de responsabilidades entre la Comunidad Europea y Estados miembros en el ámbito del fomento de las exportaciones constituye un difícil problema jurídico y político. La promoción comercial es un área competencial exclusiva de los Estados miembros que, de acuerdo con la respuesta que me dio el Gobierno, implica la aplicación rigurosa del principio de subsidiariedad de la acción comunitaria, sin perjuicio de la colaboración y la coordinación. En la práctica, esto significa que los Estados tienen que confiar en sus propios esfuerzos para encontrar mercados y fomentar relaciones más estrechas. Sin embargo, se han estado estableciendo acuerdos... (El señor Guardans i Cambó: es una pregunta, no una comparecencia.) Yo escuché al señor Guardans con mucho interés. Ya lo he explicado, pido un poco de cortesía parlamentaria.


El señor PRESIDENTE: Señor Guardans, por favor, mantenga silencio.
Ruego a la señora Diputada que formule su pregunta.


La señora GARCÍA ARIAS: Gracias, señor Presidente. Es cierto que la Unión Europea tiene competencia en dar valor añadido y permitir en el caso concreto del comercio, en países como España y otros más pequeños que no tienen una presencia histórica en estas zonas, un valor añadido y facilitarlo. Sin embargo, en viajes en los que he tenido la oportunidad de participar, tanto en una etapa parlamentaria anterior como en ésta, me he encontrado con dos actitudes.


El señor PRESIDENTE: Señoría, por favor...


La señora GARCÍA ARIAS: A continuación, voy a formular la pregunta, señor Presidente.


El señor PRESIDENTE: Es que no puede hacerla a continuación de, no estamos...


La señora GARCÍA ARIAS: Después me voy a quedar contenta con la contestación que me dé el señor Secretario de Estado.


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El señor PRESIDENTE: Yo no quisiera perturbar la forma en la que su señoría desea participar, pero la formulación de la pregunta consiste en la estricta formulación de la pregunta, sin consideraciones previas ni posteriores; es decir, tiene un tiempo tasado y un objetivo muy concreto, que es formular la pregunta.


La señora GARCÍA ARIAS: ¿Cree el señor Secretario de Estado que es suficiente la coordinación de los responsables de comercio en las embajadas en el área del sudeste asiático con los programas de la Unión Europea y que esto está justificado por la escasa participación de las empresas españolas en esos programas y en el área?

El señor PRESIDENTE: Gracias, señoría.
El señor Secretario de Estado tiene la palabra.


El señor SECRETARIO DE ESTADO DE ASUNTOS EUROPEOS (De Miguel y Egea): Gracias, señor Presidente.
Hay oficinas económicas y comerciales en los seispaíses del ASEAN de mayor importancia económica: Filipinas, Vietnam, Indonesia, Malasia, Singapur y Tailandia. La oficina de Malasia cubre Brunei y la de Tailandia cubre Laos, Cambodia y Myanmar. Nuestras relaciones económicas con estos cuatro países son casi nulas. La exportación española a esos países en el año 2000 fue sólo de 3,3 millones de dólares.
Los Consejeros participan de forma muy activa en las reuniones de Consejeros comerciales de la Unión Europea en los diferentes programas empresariales dentro del paraguas del Asia-Invest, es decir: AsiaInterprise, Asia-Invest Business, Asia-Invest Meeting, Asia Partenariat y la participación asiática en el Europartenariat.
Las oficinas informan a las empresas españolas de las oportunidades que ofrece Asia-Invest y, además, han ayudado y colaborado con empresas e instituciones españolas que han participado en alguna de las acciones desarrolladas.
Puedo darles una relación de las participaciones recientes de empresas e instituciones españolas. La verdad es que ya he dicho que la inversión y la exportación a países del ASEAN es muy reducida si se compara con otras regiones en vías de desarrollo. En una época reciente cabe destacar lo siguiente: en Vietnam, en diciembre de 2000, hubo una misión dentro de AsiaInvest sobre materiales de construcción. Estaba prevista la participación de una serie de empresas españolas, lideradas por el Instituto de Fomento, de la región de Murcia, pero fue cancelada a última hora.
En Filipinas, el programa Sinergy sobre energías renovables, con el que colaboró el ICEX y participó la empresa española ATERSA.
En Malasia, el Asia-Interprise, en Penang, España participó, en abril de 1999, junto a Italia, Alemania e Irlanda. El ICEX y la oficina coordinaron la participación de cinco empresas -Fagor, Isolux, Sainco, DNAAd Tech y Guijarro Hermanos, dos asociaciones -AMEC y SERNAUTO- y la CEOE.
En Tailandia, Asia-Invest y el proyecto Market Place Monitoring. El socio organizador español fue el IMPIVA, de Valencia, y participaron otras tres empresas españolas. El programa Sinergy también actuó en Tailandia, participando tres empresas españolas: Unión Fenosa, Atersa e Iberdrola Ingeniería. En el área de cooperación al desarrollo, la consultora española INYSA realizó un proyecto de desarrollo de PYMES en el sur de Tailandia durante el período 1998-2000.
En el futuro próximo se está preparando el AsiaInterprise Singapore 2001 para el próximo septiembre. Por parte española colabora el Puerto de Barcelona. En Malasia, en noviembre de 2001, se va a celebrar el EU-Malaysia Partenariat. En España, el responsable es la Dirección General de Política de PYME que tiene previsto apoyar la participación de unas 25 empresas españolas. En Tailandia, la Dirección General de Política de la PYME tiene previsto llevar 15 empresas a una reunión relativa a los sectores de automoción y eléctrico- electrónico. En Madrid, conviene recordar que dentro del Asia-Interprise se va a celebrar una reunión sobre software los días 9 y 10 de noviembre. Ése es el resultado de todas las acciones e interaccciones de nuestras actividades comerciales y oficinas comerciales con los programas comunitarios de cooperación en el marco del ASEAN.
Gracias.


El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Secretario de Estado.
Tiene la palabra la señora Diputada formulante de la pregunta para replicar o repreguntar, como estime oportuno. Simplemente quisiera recordarle que no puede sino ajustarse al Reglamento en el que se dice claramente que se formulará escuetamente la pregunta por la parlamentaria o el parlamentario que la formule contestará el Gobierno. A continuación, podrá replicar o repreguntar. En ningún caso se podrán rebasar los cinco minutos.


La señora GARCÍA ARIAS: Gracias, señor Presidente.


Es una ocasión perdida para haber podido, a lo mejor, comprender o analizar con el Secretario de Estado una explicación y una contestación que en realidad no ha dado esta vez. Ha hecho una mera relación de participación, pero no ha dado su valoración acerca de si la considera suficiente. En la contestación escrita a la que me había referido antes sí se desprendía que este tipo de programas se aprovechan con América Latina, pero que tienen un escaso aprovechamiento en el caso de Asia. Yo hubiera querido una valoración del Ministerio y una explicación de cómo se puede incentivardesde el Gobierno español esta presencia.


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Como decía antes, a lo largo de una serie de viajes, me he encontrado con dos posiciones: la impotencia de algunos funcionarios de los servicios comerciales, que señalan la escasa dotación económica y desde luego la posibilidad de actuar no con una feria o una acción puntual, así como con la actitud de algunos Embajadores defendiendo el fuero del tema competencial en estos temas de fomento o de promoción comercial. En mi opinión, en esta área geográfica, con una debida coordinación de los programas españoles y de los comunitarios, efectivamente podríamos alcanzar un valor añadido a estas funciones.
Gracias, señor Presidente.


El señor PRESIDENTE: Gracias, señora Diputada.
Señor Secretario de Estado, tiene la palabra.


El señor SECRETARIO DE ESTADO DE ASUNTOS EUROPEOS (De Miguel y Egea): Yo no quiero que, en ningún caso, la señora Diputada tenga la sensación de que se ha perdido una ocasión de recibir una respuesta.
Yo le voy a dar la respuesta. Nuestra valoración es lamentablemente baja. ¿Por qué? No porque no se aprovechen las oportunidades; no porque no haya una necesaria interacción con los programas comunitarios, sino fundamentalmente por dos problemas: primero, porque la promoción comercial en esos países cuesta un volumen de dinero con el que la Administración española no cuenta, puesto que se dedica más volumen de dinero a áreas preferenciales que las propias empresas prefieren, y, segundo, porque las propias empresas no tienen demasiado interés, a pesar de que se las subvencione en la participación de estos programas, porque tienen desarrollos en otras áreas que les interesan más.
Por último, a mí no me sorprende que las empresas españolas, como las europeas en general, tengan una cierta reticencia a emplearse en el área ASEAN, puesto que es bien conocido que esta área no solamente está en una crisis profunda después del colapso del sistema financiero japonés hace ya unos años, de la que no se ha recuperado; la economía en esos países no se entona. Además, en el diálogo institucional Unión EuropeaASEAN no se están dando las necesarias facilidades para establecer un marco claro de cooperación en el terreno de la inversión ni en el comercial con la Unión Europea. Por lo tanto, como la propia área ASEAN está arrastrando los pies en esos temas y tampoco las economías de esos países tienen mucho dinamismo y, si a eso, se añade su lejanía y su dificultad, la falta de medios que tiene la Unión Europea y la Administración española, en particular, y el escaso interés de nuestras empresas por ir allí porque tienen otras zonas de interés, todo ello hace que el tono sea bajo, lo que no quiere decir que no estemos haciendo todo lo posible para empujar, porque estamos convencidos de que esa es una zona importante en la cual la pequeña, mediana y gran empresa española no debe estar ausente.


Yo creo que España tiene pocos reproches que hacerse, puesto que, en este momento, es el sexto inversor del mundo y, por tanto, que en Tailandia o en Vietnam las cosas no vayan brillantemente no tiene por qué hacernos pensar que estamos perdiendo el tiempo. Repito, España es el sexto inversor del mundo; seguramente, en términos reales, con respecto a su PIB, puede ser el segundo o el primero, sobre todo usando su propio dinero, porque hay muchos inversores que utilizan el dinero de otros. El dinamismo de la exportación y de la inversión española es bien conocido. Por tanto, hagamos nuestro examen de conciencia sobre lo que nos pasa en Asia, pero no lleguemos a consecuencias negativas como la falta de dinamismo de las empresas españolas o de los sistemas de apoyo, porque ése es un problema que no existe desde el año 1996.
Con respecto a lo que me ha dicho acerca del problema competencial, yo no tengo noticia, y lo puedo decir con conocimiento de causa, de que haya un solo Embajador que haya entorpecido o haya puesto algún tipo de dificultad en ninguna operación de promoción comercial tanto en Asia como en cualquier país del mundo. Y esto lo prueba que el propio Secretario de Estado de Comercio y yo mismo estamos en cooperación permanente para impulsarlo a través de todos los medios que tenemos.
Gracias.


El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Secretario de Estado.


- DE DON GABRIEL MATO ADROVER, DEL GRUPO PARLAMENTARIO POPULAR, PIDIENDO INFORMACIÓN ACERCA DEL ACUERDO DEL CONSEJO DE MINISTROS DE ASUNTOS GENERALES DE LA UNIÓN EUROPEA POR EL QUE SE APRUEBA UN PLAN DE LIBERALIZACIÓN EN LOS INTERCAMBIOS COMERCIALES CON LOS PAÍSES MENOS AVANZADOS (PMA), CON ESPECIAL INCIDENCIA SOBRE LAS REPERCUSIONES QUE DICHO ACUERDO PUDIERA TENER PARA EL PLÁTANO DE CANARIAS. (Número de expediente del Senado 683/000050 y número de expediente del Congreso 181/000658.)

El señor PRESIDENTE: Señor Mato Adrover, tiene la palabra para formular la pregunta, sucintamente.


El señor MATO ADROVER: Gracias, señor Presidente.


Entendiendo que el procedimiento es el habitual tanto en el resto de las Comisiones como en el Pleno, cabe una justificación breve de la pregunta para luego formularla, todo ello en el tiempo de los cinco minutos para la pregunta y la respuesta. Gracias, señor Presidente.


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Señor Secretario de Estado, hablar de plátano es evidentemente hablar de Canarias, y hoy es especialmente un día importante para hablar de Canarias, por cuanto es el día de Canarias y es el día en el que cumple dieciocho años esta Autonomía. Si es largo este tiempo transcurrido, también es largo el tiempo que llevamos discutiendo y debatiendo sobre el contencioso platanero. A usted le consta esto, señor Secretario de Estado, porque hemos mantenido muchísimas reuniones conjuntas en mi responsabilidad, entonces como Consejero de Agricultura del Gobierno de Canarias, y también posteriormente. La importancia del plátano es evidente para toda Canarias, pero muy especialmente para algunas islas como la de La Palma.
Por parte del sector platanero hay cierto temor, quizá ante la duda de lo que representará el futuro. No se sabe muy bien qué va a suceder tras el acuerdo entre la Unión Europea y Estados Unidos. No se tiene claro qué va a pasar después del 2006 y si la temida tarifa única entrará en vigor directamente o mediante un examen previo.


El señor PRESIDENTE: Señoría, por favor.


El señor MATO ADROVER: Veo que al señor Presidente no le gusta la fórmula que habitualmente se utiliza para formular las preguntas. No importa, señor Presidente, directamente paso a formular la pregunta.
¿Qué información puede facilitar el Gobierno en relación con el acuerdo del Consejo de Ministros de Asuntos Generales de la Unión Europea por el que se aprueba un plan de liberalización en los intercambios comerciales con los países menos avanzados, con especial incidencia sobre las repercusiones que dicho acuerdo pudiera tener para el plátano de Canarias?

El señor PRESIDENTE: Gracias, señoría.
Señor Secretario de Estado, tiene la palabra

El señor SECRETARIO DE ESTADO DE ASUNTOS EUROPEOS (De Miguel y Egea): Gracias, señor Presidente.
El proyecto de liberalización de los productos originarios de los países menos avanzados ha tenido su origen en la Conferencia de la OMC de Singapur del año 1996, de la que surgió la recomendación del establecimiento, a medio plazo, de una franquicia de derechos arancelarios en las importaciones de los países industrializados de los productos procedentes de los países menos avanzados.
Siguiendo esta línea, la Comisión presentó una iniciativa al Consejo de Asuntos Generales, de 9 de octubre de 2000, según la cual, la Comunidad se comprometería de forma autónoma a iniciar de inmediato el proceso de liberalización para todos los productos, excepto las armas, si bien esta liberalización se produciría de forma gradual durante un período de tres años para el arroz, el azúcar y el plátano. España, al igual que los demás Estados miembros, apoyó esta iniciativa, porque ésta se inscribe en el objetivo de favorecer el desarrollo económico de los 48 países menos desarrollados del planeta, mediante la apertura unilateral del mercado de la Unión Europea. Al mismo tiempo, la Comunidad realmente demostraba su voluntad política hacia los países menos avanzados en el contexto de la preparación de la nueva ronda de negociaciones de la OMC, que deberá tener muy en cuenta los intereses de los países menos avanzados. No obstante, durante el proceso de aplicación de esta iniciativa, la posición española ha propugnado el mayor grado de excepcionalidad posible para tres productos muy sensibles para nuestra agricultura: el arroz, el azúcar y el plátano.
La insistencia española, junto a la de otros Estados miembros, ha conducido a que la propuesta inicial de la Comisión haya sido objeto de modificaciones notorias, especialmente para estos tres productos mencionados. Estas modificaciones, incluidas en la decisión del Consejo de Asuntos Generales de 26 de febrero de 2001, se refieren a los períodos transitorios, a la cláusula de salvaguardia, al reforzamiento de la cooperación administrativa para evitar el fraude y a la aplicación de unas reglas de origen más exigentes.
Se establece un período transitorio en el que el desmantelamiento arancelario a las importaciones de plátanos originarios de los países menos avanzados comienza el 1 de enero de 2001 y termina el 1 de enero de 2006, en el que se les aplicará el arancel cero, fecha prevista para la entrada en vigor del nuevo acuerdo aduanero común, aplicable a los demás países. Para el arroz y el azúcar, el proceso de eliminación arancelaria progresiva se iniciará el 2006, cuando expiren las perspectivas financieras actuales, y culminará en el año 2009.
En el mencionado Consejo de 26 de febrero hubo una Declaración de la Comisión, que también obtuvo la conformidad del Consejo, que prevé que para estos tres productos sensibles, siempre que las importaciones aumentaran en más del 25 por ciento con respecto al año anterior, la Comisión automáticamente examinará si se dan las condiciones para la aplicación de la cláusula de salvaguardia. En este mismo sentido, se ha incluido en el Reglamento 416/2001, del Consejo, para la aplicación de esta medida una cláusula relativa al arroz, al azúcar y al plátano, que establece que, dada su particular sensibilidad, si las importaciones de dichos productos producen una grave perturbación en los mercados comunitarios y en sus mecanismos de regulación, la Comisión podrá suspender la aplicación de la franquicia arancelaria.
Por otra parte, para asegurar que los beneficiarios de esta franquicia arancelaria sean los países menos avanzados, se ha previsto una cláusula en el Reglamento antes mencionado que prevé para todos los productos la posibilidad de suspensión de los beneficios, si hubiera fraude y ausencia de cooperación administrativa para el control de los certificados de origen, o un

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aumento masivo de las importaciones en la Comunidad en relación con los niveles de producción y las capacidades de exportación habituales en estos países.
Asimismo, se están modificando las reglas de origen, de forma que las operaciones efectuadas en estos países que no creen un valor añadido real no conferirán origen a estas mercancías y, por tanto, no se beneficiarán de la posibilidad de exportar con arancel cero a la Unión Europea.
Por lo que respecta al impacto sobre Canarias, es señalable que en la actualidad las exportaciones de plátano de los países menos avanzados son muy pequeñas, más o menos 26.000 toneladas, y todas ellas de países que son ya ACP y que se benefician de las preferencias que contempla el acuerdo de Cotonou. Por otra parte, el calendario previsto de ir reduciendo un 20 por ciento el actual arancel de 680 euros/tonelada hasta el 1 de enero de 2006, en que se llegará al arancel cero, amortigua el efecto de la apertura. Aunque también existe la posibilidad de que esta concesión arancelaria pudiera dar lugar a inversiones en los países menos desarrollados para luego exportar desde los mismos con arancel cero a la Unión Europea.
En definitiva, se trata de una medida importante de apertura unilateral de mercado a favor de los países más pobres, que se quiere administrar de forma que se eviten perturbaciones en la Unión Europea, por lo que se han introducido los mecanismos administrativos mencionados y por lo que debemos efectuar un seguimiento estrecho de las importaciones originarias de los países menos avanzados por si se produce cualquier circunstancia que pudiera justificar la suspensión de estas preferencias arancelarias.
Gracias.


El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Secretario de Estado.
Señor Mato, tiene la palabra.


El señor MATO ADROVER: Gracias, señor Secretario de Estado.
Efectivamente, yo creo que es una medida sensata apoyar esta iniciativa de liberalización. También me tranquiliza, en parte, la firme decisión del Gobierno de España de mantener vigilada cualquier tipo de actuación, aunque estemos hablando de pequeñas cantidades.
Sin embargo, me preocupa que las multinacionales puedan tratar de utilizar los países menos avanzados para introducir su fruta, por lo que habría que extremar la vigilancia de las exportaciones del plátano que salgan precisamente de esos países menos avanzados. Creo que es una de las labores fundamentales que hay que abordar en este momento, ya que, si a una situación realmente preocupante, como es la del futuro del sector del plátano, especialmente a partir del año 2006, le añadimos algún tipo de descontrol en la vigilancia de la liberalización en torno a los países menos avanzados, podría traer consecuencias ciertamente negativas para las producciones plataneras de Canarias.


El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señor Mato.
A continuación, en el orden del día quedan dos preguntas, una del señor López Garrido y otra del señor Martínez Casañ. Veo que no están presentes ninguno de los dos interpelantes. ¿Cabe formular a los señores Letrados una petición de interpretación posible del Reglamento para que las preguntas se puedan formular?

El señor LETRADO: Señor Presidente, como sabemos, el Reglamento del Congreso se aplica a los trabajos de esta Comisión, cuyo artículo 40.2 se acaba de aplicar, y dice lo siguiente: «Los Grupos Parlamentarios pueden sustituir a uno o a varios de sus miembros para un asunto...», etc. Esto se acaba de utilizar hace unos minutos.
Ahora bien, entiendo que una pregunta tiene un autor, es decir, no es un Grupo Parlamentario el que la formula, aunque su autor, obviamente, pueda ser miembro de un Grupo Parlamentario. En mi opinión, resultaría forzar un poco las normas reglamentarias la sustitución del autor de una pregunta.


El señor PRESIDENTE: Muy bien. El Presidente se siente en condiciones de forzar las normas reglamentarias para que las preguntas puedan ser formuladas por otro Diputado distinto del que la presentó, y para ello estoy seguro de que cuento con la complicidad de todos los Grupos Parlamentarios y con la comprensión de todos los que participamos de este proceso.


- DE DIEGO LÓPEZ GARRIDO, DEL GRUPO PARLAMENTARIO SOCIALISTA, SOBRE LA POSICIÓN DEL GOBIERNO ANTE UNA POSIBLE REFORMA DEL DERECHO DE ASILO EN LA UNIÓN EUROPEA. (Número de expediente del Senado 683/ 000052 y número de expediente del Congreso 181/000702.)

El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra la señora Blanco Terán, en sustitución del señor López Garrido.


La señora BLANCO TERÁN: Gracias, señor Presidente, por forzar las normas del Reglamento. Sustituyo al señor López Garrido, y mi nombre es Delia Blanco.
Voy a formular escuetamente la pregunta, ya que ha habido algunos problemas a este respecto. ¿Cuál es la posición del Gobierno ante una posible reforma del derecho de asilo en la Unión Europea?

El señor PRESIDENTE: Gracias, señora Diputada.
Señor Secretario de Estado, tiene la palabra.


El señor SECRETARIO DE ESTADO DE ASUNTOS EUROPEOS (De Miguel y Egea): Con la venia,señor Presidente.


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La política comunitaria de asilo se contiene en el actual artículo 63 del Tratado de la Comunidad Europea, después de la modificación que tuvo lugar como consecuencia del Tratado de Amsterdam, y hay que completarla con lo establecido en el Plan de Acción de Viena y en las Conclusiones de la Cumbre de Tampere, ambas referidas al tema del desarrollo del espacio de seguridad, justicia y libertad, y, por lo tanto, el derecho de asilo es una parte irrenunciable de ese paquete de Tampere.
Ni en el Tratado de Amsterdam ni en Viena ni en Tampere, la Unión Europea se ha planteado una reforma del derecho de asilo, pues en todos ellos se parte de la Convención de Ginebra de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados como piedra angular de toda la construcción comunitaria; situación que ha sido reafirmada por los Jefes de Estado y de Gobierno en Tampere al proclamar el respeto absoluto del derecho a solicitar asilo. Por tanto, yo creo que conviene precisar que la Unión Europea no tiene prevista una reforma del derecho de asilo en cuanto tal, es decir, el fundamento, la base, la filosofía profunda del derecho de asilo que todos admitimos y que está contenida en la Convención de Ginebra de 1951. Lo que está tratando la Unión Europea es de desarrollar políticas comunes en esta materia, con el objetivo de, primero, armonizar las diferentes legislaciones con respecto al derecho de asilo que tienen algunas divergencias y, segundo, lograr una Unión Europea abierta y segura, plenamente comprometida con las obligaciones que emanan de la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados y otros instrumentos pertinentes en materia de derechos humanos. Una Unión que esté en posición de responder de forma solidaria a necesidades de tipo humanitario y de garantizar la integración de los refugiados en nuestras sociedades, teniendo en cuenta al mismo tiempo la necesidad de llevar a cabo un control coherente -porque esto no está reñido con lo demás- de las fronteras exteriores para poner fin a la inmigración ilegal, luchar contra los que se aprovechan de ella y la organizan y cometen delitos internacionales, o contra aquellos que utilizan el asilo como cobertura para justificar situaciones ilegales.
Para alcanzar estos objetivos, que en su momento conformarán el Sistema Europeo Común de Asilo, la Comisión ha presentado una especie de marcador donde se contiene una batería de proyectos para su discusión; dos de ellos, los relativos a la protección temporal y a las normas mínimas de procedimiento, se han puesto ya en discusión en el Consejo de Justicia, Asuntos Interiores.
La posición de España en la configuración de estas políticas comunes de asilo es la de reafirmar la validez y vigencia de la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados, base y fundamento del sistema de asilo, que es compartida por el resto de los Estados miembros. Otros problemas que creo que serían materia de un análisis mucho más profundo son las diferentes concepciones respecto a la aplicación del asilo, así como la idea alemana del reparto de cargas, el burden sharing, es decir, del reparto de los asilados en el resto de los países europeos. Como la señora Diputada conoce, uno de los grandes problemas es la simetría de los beneficios de los asilados en los diferentes países. Hay países que dan unos beneficios extraordinarios y, por lo tanto, tienen un número de asilados muchísimo mayor que otros. Esos países que tienen un mayor número de asilados esperan o pretenden repartirlos como si fueran una mercancía por el resto de la Unión, lo cual plantea problemas en cuanto a la propia consideración del asilado y en cuanto a la libre circulación de personas dentro de la Unión. Al asilado, en cualquier caso, le pueden asignar a Irlanda, pero puede directamente ir al país en el que estaba asignado previamente. Nosotros ya fuimos partidarios de asignar la solidaridad financiera en este tema. La señora Diputada recordará que, con ocasión de la discusión de las perspectivas financieras, España tuvo la iniciativa de crear un fondo especial para proteger a los asilados en Europa y para sostener financieramente a aquellos países que por su situación y circunstancias, ya sea de proximidad geográfica a zonas de conflicto como, por ejemplo, los Balcanes, ya sea porque sus sistemas de asilo son más generosos que otros, tienen una carga de asilados superior a los demás. Pero, en fin, éste es un tema que está en debate; naturalmente está en el programa de Tampere; muy seguramente parte de este debate caerá en nuestra Presidencia. Por lo tanto, éste es un tema acerca del cual yo únicamente puedo apuntar cuáles son los problemas que conlleva, pero no cuáles van a ser las soluciones finales.
Gracias.


El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Secretario de Estado.
Señora Blanco Terán, tiene la palabra.


La señora BLANCO TERÁN: Gracias, señor Presidente.


Gracias, señor Secretario de Estado. Efectivamente, este problema cae más dentro de la competencia de los Ministros de Interior, aunque también dentro de esta Comisión Mixta, puesto que España, además, ha anunciado que una de las prioridades en su Presidencia en el primer semestre del año 2002 va a ser impulsar la comunicación, que se llama, como usted ha mencionado, Hacia un procedimiento común en materia de asilo y refugio en la Unión Europea, además del proyecto de Directiva, que usted también ha mencionado, sobre reparto de cargas de los refugiados en el entorno de todos los países de la Unión.
A mí me gustaría señalar cómo el Gobierno español se ha ido posicionando con respecto tanto al proyectode Directiva, llamado Directiva Vivenka de reparto de

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cargas de refugiados, así como en la comunicación de Hacia un procedimiento común de asilo y refugio. España, efectivamente, ha tomado diversas posiciones a lo largo de todo este tiempo desde que la comunicación salió en febrero de 2000 y también desde el proyecto Vivenka, que salió en abril de 2000.
Usted ha dicho que, en el reparto de cargas, los refugiados no son una mercancía que debieran estar sometidos a una cuantificación de cuánto corresponde a cada país, pero, teniendo en cuenta el papel que juega España en el actual reparto de estos refugiados, cuántos son los demandantes de asilo y refugio en España y cuántos consiguen el estatuto de refugiado en torno a los países de la Unión, teniendo en cuenta las variables que se suelen usar en estos casos, como es el PIB, el porcentaje de nuestra población y los procedimientos de acogida y para dar asilo y refugio en España tenemos una situación claramente denunciable como país, y usted lo sabe, porque los compañeros populares del Grupo Popular europeo están en contra de las posiciones del Grupo Popular en el Parlamento Europeo en este tema, así como en materia de indemnización.
Voy a tratar de explicarle cuáles consideraríamos que son las obligaciones de España para construir en común y en consenso lo que debería ser esa Presidencia. Voy a intentar ser absolutamente breve, no se preocupe, señor Secretario de Estado.


El señor PRESIDENTE: Señora Diputada, tiene usted el tiempo tasado.


La señora BLANCO TERÁN: Voy a ser muy breve, señor Presidente, de verdad que lo voy a ser.
España ha bajado en el número de demandantes de asilo y refugio, del año 1999 al año 2000, en un 16 por ciento. En este momento, en el marco de la Unión, somos el país con el número más bajo de refugiados y de asilados: el 1,6 por ciento, frente, por ejemplo, al 17,4 de Alemania o al 21,2 por ciento del Reino Unido. Al final, el número de refugiados se considera y se contabiliza de la siguiente manera: el 31,2 por ciento está en Bélgica, el 51,8 en Dinamarca, el 61,7 en el Reino Unido y el 9,1 en Alemania; en España se encuentra el 1,5 por ciento. Todos los refugiados normalmente tienen las mismas características y proceden, generalmente, de los países de conflicto bélico de los que huyen. Los demandantes de asilo y refugio en Alemania, señor Secretario de Estado, son los mismos, con las mismas características, bajo el mismo tipo de persecución que los que llegan a España. Lo que no es posible es que los demandantes logren ser refugiados en Alemania en un número tan alto y en un número tan pequeño en España.
Nuestro país tiene que reflexionar sobre las cargas, porque en el año 2004, que sí tendremos una legislación común en materia de asilo y refugio y de inmigración, España tendrá que asumir no las cargas que le vengan impuestas por la afluencia masiva de desplazados de guerras, como sucedió ya en Kosovo y en la primera época de la guerra...


El señor PRESIDENTE: Señora Diputada, lamento tener que señalarle que tiene un límite de tiempo; esto no es una interpelación, sino una pregunta.


La señora BLANCO TERÁN: Termino ya, señor Presidente.
España tendrá que reflexionar seriamente con respecto a la posición que va a mantener en Europa en este tema.
Muchas gracias.


El señor PRESIDENTE: Gracias, señora Blanco.
Señor Secretario de Estado, tiene la palabra.


El señor SECRETARIO DE ESTADO DE ASUNTOS EUROPEOS (De Miguel y Egea): Señora Diputada, puede estar usted segura de que España ha reflexionado y reflexiona muy seriamente sobre este tema. Yo estoy dispuesto a venir a esta sede parlamentaria y contestar a todas las preguntas que me hagan, pero, verdaderamente, a veces me confunden los procedimientos; esto me ha parecido más que una pregunta, una comparecencia. Si la señora Diputada quiere que yo comparezca aquí y le dé una exposición cumplida y con el tiempo suficiente de cuál es la posición de España respecto a un tema tan difícil, yo lo haré con mucho gusto, pero yo 1e he contestado a su pregunta y usted ahora me plantea una batería de cosas nuevas y no me da la oportunidad de dejar clara cuál es la posición de España. Por lo tanto, señor Presidente, yo creo que también tengo algo que decir.


El señor PRESIDENTE: Para eso tiene un tiempo marcado, señor Secretario de Estado.


El señor SECRETARIO DE ESTADO DE ASUNTOS EUROPEOS (De Miguel y Egea): Estoy utilizando mi tiempo únicamente para decirle que este procedimiento me parece extraño. Yo he contestado a la pregunta que se me ha formulado y ahora se me plantea prácticamente una comparecencia. Lo único que digo es que estoy dispuesto a comparecer aquí para aclarar lo que se me está planteando, pero en tiempo y forma y no por la vía irregular por la que se está haciendo. Además, precisamente, no por la persona que formuló la pregunta, con lo que yo creo que se ha abusado, incluso, de la propia comprensión que usted ha tenido extendiendo la aplicación del Reglamento, y que yo también he compartido, porque yo también puedo agarrarme al Reglamento como usted, y no he querido hacerlo. Quiero expresar mi queja.


El señor PRESIDENTE: ¿Está usted contestando a la señora Diputada o al Presidente de la Comisión?

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El señor SECRETARIO DE ESTADO DE ASUNTOS EUROPEOS (De Miguel y Egea): Estoy contestando a unas circunstancias. Me parece que el señor Presidente ha hecho una interpretación del Reglamento con la que yo he estado de acuerdo...


El señor PRESIDENTE: Si desea usted formular una cuestión de orden, hágalo.


El señor SECRETARIO DE ESTADO DE ASUNTOS EUROPEOS (De Miguel y Egea): No, señor Presidente.


El señor PRESIDENTE: El tiempo del que dispone es para contestar a la señora Diputada.


El señor SECRETARIO DE ESTADO DE ASUNTOS EUROPEOS (De Miguel y Egea): Si eso es lo que le estoy diciendo, señor Presidente, Le estoy diciendo que estoy respondiendo a una cuestión de orden porque no tengo oportunidad de responder a lo que se me ha planteado. Por lo tanto, he dicho que no voy a contestar a lo que se me ha planteado y que vendré aquí a una comparecencia sobre este tema cuando me lo digan.


El señor PRESIDENTE: Señor Secretario de Estado, no va usted a contestar a nada más porque se le ha acabado el tiempo.
El Presidente se siente en la obligación de intervenir para aclarar al compareciente y a los que han pedido su comparecencia algunos aspectos reglamentarios que nos obligan a todos. En primer lugar, el tiempo en una pregunta está tasado por igual para el que la formula y para el que la contesta. Ambos tienen plena libertad para dedicar el tiempo del que disponen a lo que estimen más oportuno. Se hace una exposición sucinta de la pregunta, que es lo que ha hecho la señora Diputada, y a continuación, en su réplica, puede utilizar el tiempo del que dispone, pero no de más, y hacer las consideraciones que estime oportunas sobre la respuesta que ha formulado el preguntado, quien, a su vez, tiene limitado el tiempo por el Reglamento para intentar contestar o para dedicarse a otras cuestiones, como ha hecho usted, señor Secretario de Estado. Estaremos encantados de recibir una petición de comparecencia por su parte para que pueda intervenir con más tiempo del que le da el Reglamento en esta ocasión. (El señor Secretario de Estado pide la palabra.) No tiene usted la palabra, señor Secretario de Estado.


- DE DON GUILLERMO MARTÍNEZ CASAÑ, DEL GRUPO PARLAMENTARIO POPULAR, SOBRE LA POSICIÓN DEL GOBIERNO SOBRE LA ADHESIÓN DE CHIPRE A LA UNIÓN EUROPEA. (Número de expediente del Senado 683/000054 y número de expediente del Congreso 181/000716.)

Tiene la palabra el señor Herrera Martínez Campos para formular la pregunta, en sustitución del señor Martínez Casañ.


El señor HERRERA MARTÍNEZ CAMPOS: Gracias, señor Presidente por dejarme sustituir al señor Martínez Casañ en la formulación de la pregunta.
Formulo la pregunta sucintamente. Señor Secretario de Estado, ¿cuál es la posición del Gobierno sobre la adhesión de Chipre a la Unión Europea?

El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Herrera.
Señor Secretario de Estado, tiene la palabra.


El señor SECRETARIO DE ESTADO DE ASUNTOS EUROPEOS (De Miguel y Egea): El Gobierno español apoya sin reservas el proceso de ampliación de la Unión Europea y, en este contexto, se muestra plenamente favorable al próximo ingreso de Chipre. Independientemente del entorno político específico en el que se enmarca la adhesión de Chipre, las negociaciones propiamente dichas se desarrollan de forma muy satisfactoria, hasta el punto de que hoy Chipre es el país candidato más avanzado en lo que al cierre provisional de capítulos se refiere, con un total de 21 capítulos cerrados sobre los 31 en los que se ha dividido el acervo comunitario.
La decimonovena sesión del Consejo de la Asociación Unión Europea- Chipre, celebrada el pasado día 15 de mayo, corroboraba esta aventajada situación. Así, conforme a los criterios y condiciones fijados en Copenhague en 1993 para la admisión de nuevos socios, Chipre cuenta con una economía de mercado capaz de hacer frente a las presiones de la competencia del mercado interior; presenta un índice de crecimiento sostenido (4 por ciento en el año 2000), un déficit fiscal en disminución (3,1 por ciento del PIB) y unas tasas de inflación (3,7 por ciento) y de desempleo (3,4 por ciento) comparativamente reducidas. Sus progresos están siendo también importantes en lo relativo a transposición del acervo y puesta en marcha del aparato institucional necesario para una eficaz aplicación del mismo. Tan sólo en los ámbitos de la armonización fiscal, la seguridad marítima de su flota y los monopolios públicos agrícolas se recomiendan mayores esfuerzos.
También es cierto que el caso particular de Chipre cuenta con un factor de incertidumbre adicional derivado de la situación de división de la isla. Esta circunstancia fue formalmente recogida en las conclusiones del Consejo Europeo de Helsinki de 1999, en las que se decía textualmente: «El Consejo Europeo se ha congratulado del comienzo de las conversaciones encaminadas a una solución global del problema de Chipre el 3 de diciembre en Nueva York y ha expresado su total apoyo a los esfuerzos del Secretario General de las Naciones Unidas para conseguir concluir el proceso con éxito. El Consejo Europeo ha subrayado que una

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solución política facilitará la adhesión de Chipre a la Unión Europea. Si al término de las negociaciones de adhesión no se hubiera alcanzado una solución, la decisión del Consejo sobre la adhesión se haría sin que lo anterior constituya una condición previa. Para ello, el Consejo tendrá en cuenta todos los factores pertinentes.».


El Consejo Europeo de Niza se reiteró en la declaración anterior y hacía un llamamiento a las partes para que participen en los esfuerzos orientados a alcanzar una conclusión positiva del proceso iniciado un año atrás y, más concretamente, a favor de la reanudación de las conversaciones de proximidad interrumpidas por la parte turco- chipriota el 8 de noviembre.
En definitiva, la Unión aboga decididamente por una solución global antes de la adhesión de Chipre, aunque ello no suponga una condición sine qua non para su ingreso y confía en que la perspectiva de la adhesión genere una dinámica propicia a la reunificación de la isla.
España, en tanto que Presidencia de la Unión a partir del próximo 1 de enero, deberá contemplar este problema. Partimos del apoyo de nuestro país a los Secretarios de las Naciones Unidas desde que en 1983 intervienen directamente en el problema de la división de la isla con diversos modelos y esquemas de negociación. España se felicitó por el nuevo proceso de conversaciones que, con el impulso de las Naciones Unidas, se inició en diciembre de 1999, a fin de llegar a un entendimiento global sobre Chipre.
Como hemos tenido oportunidad de transmitir a nuestros amigos chipriotas y turcos en todas las ocasiones y, especialmente, durante las visitas a Madrid del Ministro de Exteriores chipriota, señor Kasaulides, en enero de este año, y del Primer Ministro turco, que vino a principios de mayo, señor EÁevit, nuestro criterio se basa en tres principios, que son los siguientes: apoyamos los esfuerzos del Secretario general, lamentamos que se hayan interrumpido las conversaciones interchipriotas desde que el líder turco, señor Denktash, decidió retirarse de las mismas en noviembre de 2000 y alentamos la reanudación del proceso tan pronto como sea posible.
En síntesis, hay en marcha un proceso negociador a cargo de Naciones Unidas, que España apoya plenamente, y entendemos que todavía hay tiempo para que dicho proceso se reanude y pueda dar sus frutos.
Nuestra impresión es que si se llega al punto de plantear la adhesión de Chipre a la Unión Europea sin que se haya llegado todavía a una solución para la división de la isla, la Unión deberá hacer en ese momento una evaluación de la situación en profundidad, contando con la opinión de todos los Estados miembros, sobre la base de las resoluciones oportunas del Consejo de Seguridad y de lo señalado por el Consejo Europeo, en particular en su reunión de Helsinki. Entonces habrá que tomar una decisión, que naturalmente no estará exenta de dificultades, porque es una decisión de gran calado político.
Yo creo que para el futuro de la adhesión de Chipre no conviene darle mucha importancia a este tema, porque supondría que damos más importancia a la futura solución que a la negociación en sí. La táctica de la Unión es ir propiciando la negociación para empujar el arreglo y ver qué es lo que sucede en el momento oportuno.
Gracias.


El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Secretario de Estado.
Tiene la palabra el señor Herrera Martínez Campos.


El señor HERRERA MARTÍNEZ CAMPOS: Solamente quería agradecer al señor Secretario de Estado su exposición y claridad en la respuesta a la pregunta que se le ha formulado, como es costumbre en todas sus comparecencias.
Muchas gracias.


El señor PRESIDENTE: Muchas gracias a todos.
No habiendo más asuntos que tratar, se levanta la sesión.


Eran las catorce horas y diez minutos.

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