Discurso del Presidente del Congreso durante el día de la Constitución

date 07/12/2012


Excelentísimo Señor Presidente del Gobierno,

Excelentísimo Señor Presidente del Senado,

Autoridades, 

Señorías, 

Señoras y señores:

Deseo, en primer lugar, agradecer al Presidente del Senado su hospitalidad y generosidad, al albergar en la Cámara Alta el acto institucional de celebración del Día de la Constitución, que en esta ocasión, debido a ineludibles obras de rehabilitación, no ha podido celebrarse, como es habitual, en el Congreso de los Diputados. 

Nos reunimos, un año más, para conmemorar una fecha que ha tenido una significación trascendental, en el sentido más noble y elevado de la palabra, en las últimas tres décadas de la Historia de España.

Hace hoy 34 años, el pueblo español convocado a referéndum, decidió otorgarse una nueva Constitución, que, desde ese momento, ha sido el marco jurídico de referencia de nuestra convivencia colectiva, y el punto de encuentro entre todos los españoles de todas las tendencias políticas. 

El homenaje que le rendimos cada año, en este día, se encuentra plenamente justificado.

Porque la Constitución de 1978 ha brindado a España el período de estabilidad democrática más prolongado de nuestra Historia reciente. 

Ha propiciado que España alcance cotas de progreso y bienestar homologables a las de las regiones más prósperas de Europa.

Ha ofrecido un fundamento sólido para progresar juntos, y para dotarnos de un espacio de convivencia que todos los españoles pudiésemos compartir. 

Es esta, pues, una ocasión para renovar nuestra adhesión y lealtad a la Constitución y abogar por su fortaleza y vigencia.

Pero también para comprometernos a divulgar y dar a conocer los valores constitucionales a las generaciones más jóvenes, a los españoles del mañana. 

Porque debemos conseguir que sean más conocidos, compartidos y comprendidos, para que puedan ser valorados y respetados. 

Y sin embargo, y me parece muy oportuno destacarlo en un día como hoy, la Constitución fue una obra colectiva de todo el pueblo español.

La inmensa mayoría de los españoles anhelábamos en aquellos momentos un cambio pacífico de nuestro país. 

Un cambio hacia un sistema político homologable al de los restantes países de nuestro entorno.


Queríamos ejercer nuestras libertades políticas;

Queríamos ser actores de pleno derecho en la integración europea; 

Queríamos la democracia.

Aquellos deseos hubieran resultado estériles si no hubieran contado con líderes políticos capaces de comprender las aspiraciones de los ciudadanos, y de dar los pasos necesarios para articularlas, política y jurídicamente, en un marco de concordia y entendimiento.


Por ello, pienso que podemos personalizar hoy nuestro homenaje en quienes contribuyeron de manera más decidida a la Transición y al proceso constituyente.

Deseo expresar mi reconocimiento a todos los Diputados y Senadores de las Cortes Constituyentes, en especial a los miembros de la Ponencia Constitucional, con un particular recuerdo para los dos que nos han dejado en los últimos meses, Manuel Fraga y Gregorio Peces-Barba.

Y, por supuesto, mi pensamiento y mi gratitud se dirigen, singularmente, en esta fecha, a Su Majestad, el Rey Don Juan Carlos I, que fue quien puso en marcha el camino hacia una Constitución democrática y auspició, en todo momento, el consenso entre las diversas fuerzas políticas. 

Pero, sobre todo, el día de hoy debe ser, una vez más, un reconocimiento al pueblo español.

Estoy convencido, sin embargo, de que las posibilidades que ofrece la Constitución de 1978 no se encuentran, en modo alguno, agotadas.

Antes al contrario, la Constitución sigue ofreciéndonos pautas de inspiración para continuar progresando, y para dar respuesta a los desafíos a los que nos enfrentamos 34 años después de su promulgación.

Y, sin duda, el primer imperativo del momento presente es encontrar la salida a la acuciante crisis económica que sufrimos. 

Permítanme transmitirles mi esperanza porque creo firmemente en España y creo y confío en los españoles. 

A lo largo de nuestra Historia reciente los españoles hemos demostrado que somos capaces de hacer frente a los desafíos que nos ha ido deparando la Historia, y que somos capaces de conquistar las metas que nos trazamos, por difíciles y ambiciosas que puedan parecer o resultar.

Los españoles fuimos los artífices de la Transición; y hemos llevado a España al lugar que ocupa en Europa y en el mundo.

Contamos, además, con un marco jurídico y político de convivencia, materializado en la Constitución, que es el instrumento idóneo para el crecimiento y el progreso.

Y los principios y preceptos constitucionales servirán para inspirar nuevas decisiones, políticas y legislativas, que permitirán dar respuesta a la crisis e iniciar una nueva etapa de prosperidad y bienestar.

Los españoles seremos los protagonistas de la ansiada recuperación económica.

Pero, al igual que hemos hecho en el pasado, hemos de persuadirnos de que sólo lograremos esos objetivos en un clima de concordia y entendimiento.

Ese fue el elemento esencial en todos nuestros grandes logros, y el elemento que debe reinar ante los grandes desafíos.

Una etapa de dificultades no es, desde luego, el momento para plantear aventuras revisionistas de dudosos resultados. 

Como tampoco es el momento de ahondar en las discrepancias, aunque existan.

Es, por el contrario, el momento de profundizar en valores y actitudes que, como la concordia, el entendimiento, la disposición al diálogo y el acuerdo, constituyen el principal legado del proceso constituyente, conforman la esencia del espíritu de la Constitución y, en última instancia, son los que han permitido su existencia y pervivencia. 

E insisto, si pienso que esos valores han de acompañarnos siempre - y deseo firmemente que continúen siendo nuestras pautas de conducta en el futuro- , éstos se hacen, sin duda, indispensables en una coyuntura como la que estamos viviendo. 

Se nos piden, a todos, esfuerzos y sacrificios.

Hemos de estar convencidos de que los sacrificios de hoy son el progreso del mañana, un mañana que a todos nos concierne y por el que todos hemos de trabajar.

Hace 34 años, supimos cuáles eran nuestras metas, sabíamos que no era fácil, unimos nuestras voluntades para alcanzarlas, y lo conseguimos. 

Hoy también sabemos cuáles son nuestras metas; compartimos los mismos valores; sabemos que no será fácil; como   sabemos, también, que necesitamos  esfuerzo y determinación; y lo conseguiremos. 

Con ese mismo espíritu, os animo a actuar de consuno, con determinación, a remar en la misma dirección, y sumar nuestro empeño y esfuerzo.

Porque estoy seguro de que si lo hacemos, seremos capaces de  responder, eficazmente, a los retos que se nos plantean y demostrar, que aquel día en el que nos otorgamos la Constitución que hoy conmemoramos, era porque los españoles creíamos en los principios y valores sobre los que ésta se fundamenta, y nos comprometíamos a ser fieles y hacer honor a los mismos. 

Muchas gracias.

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