Intervención del presidente del Congreso de los Diputados en el 36 aniversario de la Constitución

date 06/12/2014

El presidente del Congreso de los Diputados, Jesús Posada, ha intervenido este medidía en el acto central con el que el Parlamento conmemora el 36 aniversario de la Constitución Española, al que han asistido representantes de las altas instituciones del Estado.

"Excelentísimo señor presidente del Gobierno, escelentísimo presidente del Senado, señorías, señoras y señores:

Este año, las Cortes Generales han sido testigo de dos acontecimientos históricos irrepetibles, con cuyo recuerdo quisiera comenzar estas palabras, pues ambos se encuentran estrechamente relacionados con el aniversario que hoy conmemoramos.

Hoy es el primer Día de la Constitución que celebramos sin que se encuentre entre nosotros Adolfo Suárez.

Quiero recordar el homenaje de afecto que el pueblo español ofreció al Primer Presidente de la Democracia, y manifestar, una vez más, la deuda de gratitud que tenemos con Adolfo   Suárez, sin cuyo liderazgo político, visión de futuro y empeño personal por la concordia entre todos los españoles no habría sido posible la Constitución que hoy cumple 36 años.

Este año, asistimos, también, aquí, a la proclamación de Su Majestad el Rey Felipe VI.

Se producía así, tras la abdicación del Rey Juan Carlos I, la primera sucesión en la Corona dentro de nuestro sistema constitucional. Hemos sido testigos - y yo he tenido el honor de serlo de modo privilegiado- , de la absoluta normalidad con la que se han cumplido las previsiones constitucionales, y del afecto y adhesión que, desde el primer momento, los españoles han tributado al nuevo Rey.

Pienso que estos dos acontecimientos muestran, este mismo año, que la Constitución de 1978 conserva su vigencia. Y ello es así porque muchos españoles nos identificamos con lo que ésta representa:

Los valores de libertad e igualdad, el procedimiento democrático como sistema de adopción de las decisiones colectivas,  y  una articulación territorial de España que conjuga la unidad y la diversidad.

Del mismo modo que estoy convencido de que los españoles saben que este marco constitucional de convivencia ha sido el motor del mayor de los éxitos colectivos de la Historia de España, y  el que ha hecho posible que nuestro país conozca un periodo de estabilidad, prosperidad y libertad sin precedentes.

En el mensaje ante las Cortes Generales, en este Congreso, con motivo de su proclamación, el Rey Felipe VI nos invitaba a rendir agradecimiento a "una generación de ciudadanos que abrió camino a la democracia, al entendimiento entre los españoles y a la convivencia en libertad".

Esa generación, con el impulso protagonista del pueblo español, construyó los cimientos de un edificio político que logró superar diferencias que parecían insalvables, conseguir la reconciliación de los españoles, reconocer a España en su pluralidad, "y recuperar para nuestra Nación su lugar en el mundo", decía el Rey.

Esa gratitud y ese homenaje es el que renovamos, cada año, el 6 de diciembre, al celebrar el aniversario del refrendo de la Constitución por el pueblo español.

Pero el Rey Felipe VI nos invitó también a mirar hacia el futuro, a mejorar el legado que hemos recibido de quienes nos precedieron y a afrontar los nuevos retos que se nos plantean en el actual momento político.

De nuestra capacidad de superarlos dependerá la pervivencia del modelo de convivencia democrática que logramos construir y que tan fructífero se ha revelado desde 1978.

Hemos de ser conscientes de que se trata de dificultades que nos afectan a todos. Del mismo modo que los logros también se deben a todos. Esta misma semana hemos podido palpar resultados del arduo proceso de reformas.

Las mejores cifras de paro en muchos años, la reacción de los mercados, y las palabras de elogio recibidas por España en la Cumbre del G-20 en Brisbane, permiten augurar que dejamos atrás una situación crítica para situarnos en la senda de la recuperación económica.

Pero la recuperación económica no impide que haya que abordar, por ejemplo,  el tema de la profunda crisis de confianza de los ciudadanos en las instituciones políticas, pues no es sana una democracia en la que los ciudadanos no confían en quienes ellos mismos eligieron.

Y temas como la corrupción preocupan enormemente a una sociedad democrática.Una solución adecuada a estos problemas sólo puede lograrse, en mi opinión, desde el trabajo conjunto de todas las formaciones políticas.

La confianza en las instituciones también hay que recuperarla. Pero en este debate no solo deben ser protagonistas los partidos políticos.También la sociedad civil, los medios de comunicación, el mundo académico y todos los españoles que desean lo mejor para nuestra convivencia democrática, deben participar.

Si todos compartimos que la democracia parlamentaria es el mejor sistema político y el más idóneo para asegurar la participación de todos los ciudadanos en la adopción de decisiones, debemos propiciar un debate abierto, sin plazos fijos ni posturas cerradas, pero siempre orientado por el interés general de España.

Y basado en la fortaleza de las señas de identidad de nuestro texto constitucional: monarquía parlamentaria; unidad, autonomía y solidaridad; pluralismo social y político.

Y quiero hablar del Parlamento.

El Parlamento sigue siendo el reflejo de la voluntad del pueblo y merece, por ello, respeto y consideración. Más de 7 de cada 10 españoles votamos libremente en las últimas elecciones generales. Más de 24 millones de ciudadanos ejercimos entonces el derecho de sufragio activo, la expresión más emblemática de la democracia.

Y por eso estamos aquí, como diputados y senadores, en nombre y representación del pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.Lejos de lo que algunos pretenden, el Parlamento no está en crisis. Pero ello no obsta para que esta Institución deba hacer frente también a nuevos desafíos.

Manteniendo siempre su esencia democrática y representativa, el Parlamento debe  incorporarse a las nuevas demandas de la sociedad, buscar nuevas fórmulas de debate interno y participación social, abriendo cauces para acercar a los ciudadanos con sus representantes.

El Parlamento del siglo XXI tiene que estar preparado para asumir su responsabilidad a la hora de aprobar leyes, a la hora de ejercer su labor de control, y así contribuir a la gobernabilidad del Estado y a servir a los ciudadanos con el orgullo de haber sido elegidos para una tarea noble que se llama Política.

Y permítame que me refiera también a las voces que piden una reforma de la Constitución.

Toda Constitución es susceptible de reforma. Está previsto en la propia Constitución. El ordenamiento jurídico no se puede, no se debe petrificar. La dinámica social exige adaptarse de forma permanente.

Pero la Constitución debe tender a ser un marco de coincidencias; no de discrepancias. Debe ser de todos y para todos, evitando cualquier uso partidista, interesado u oportunista.

Por eso ante cualquier pretensión de reforma es obligado, en mi opinión, formular ciertas  reflexiones. Es preciso respetar los  procedimientos, respetar las vías que la propia Constitución establece. Como es preciso saber  cuál es el objetivo. Hay que ser prudente y saber cuál es la finalidad común.

En 1978, el poder constituyente,  que era el conjunto de los ciudadanos que integramos la nación española, teníamos una finalidad común.

Entonces, los españoles decidimos dotarnos de un sistema pluralista, plenamente equiparable a las grandes naciones de nuestro entorno europeo, con las que compartimos una larga y fecunda historia

Así, para que se pueda percibir ese acuerdo político hoy que permita iniciar un proceso nuevo con garantías suficientes, habrá que seguir trabajando en la búsqueda de consensos, con argumentos  racionales y lejos de prejuicios o dogmatismos.

Y no quiero dejar de referirme, asimismo, a otro gran desafío: La reivindicación de independencia planteada por una parte de la sociedad catalana. Cataluña es parte constitutiva de España. No se puede concebir España sin Cataluña. La Constitución lo deja muy claro en su artículo 2 cuando señala que ésta  "se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española".

Hace tan solo unos meses, el 8 de abril, este Parlamento rechazó, por muy amplia mayoría, la proposición de Ley por la que el Parlamento catalán solicitaba poder delegar en la Generalitat la competencia para convocar un referéndum consultivo en Cataluña, y es mi obligación como Presidente del Congreso recalcarlo, aquél día y aquélla votación.

Pero pienso también que debemos seguir haciendo lo posible para lograr que todos los catalanes se encuentren reconocidos en España. En definitiva, es necesario más diálogo, más debate.

Y es aquí, en las Cortes Generales, donde están representadas todas las formaciones políticas de Cataluña y del resto de España, donde se debe hablar, debatir y escuchar, hasta la extenuación, para llegar a acuerdos y consensos.

Señorías, Cuando Su Majestad el Rey se dirigió a todos los españoles en su proclamación, apostó por la que calificó una "monarquía renovada para un tiempo nuevo".

La mejor fuente de inspiración para poder acompañarle  en  este trayecto de la Historia y poder dar respuesta a los desafíos que hoy se nos plantean, sigue siendo el compromiso con los valores que hicieron posible el gran acuerdo constitucional de 1978: La disposición al diálogo, la búsqueda de la concordia, la tolerancia, y el respeto al pluralismo político.

Muchas gracias.

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