La fuente de la discordia


Con el regreso a España de Fernando VII en 1814 queda abolida, junto con la Constitución de Cádiz, toda la obra legislativa y reformadora de aquellas Cortes instaurándose un periodo de absolutismo que perdurará hasta 1820, cuando Riego se pronuncia en Cabezas de San Juan (Cádiz) instaurándose otra vez la Constitución y las Cortes.

Pero el llamado Trienio Liberal (1820-1823) fue un corto periodo de nuestra historia al que sucedieron diez años de absolutismo, la llamada década ominosa (1823-1833) declarándose por segunda vez la abolición de la Constitución y las Cortes.

Estos cambios entre regímenes liberales y absolutistas afectaron no solo al acontecer de la vida política y de sus instituciones, sino también a la vida de muchos españoles cuya adhesión a un régimen o a otro podía influir en su seguridad y en su subsistencia.

El Archivo del Congreso de los Diputados conserva numerosos documentos que reflejan la trascendencia de estos cambios políticos en la vida de las gentes, en especial aquellas que estaban al servicio de las administraciones públicas o aspiraban a ello. Expedientes sobre depuraciones, habilitación o inhabilitación para el cargo, instancias de aspirantes…dan testimonio de la relevancia que a nivel individual alcanzaba el pensamiento político en aquellas décadas convulsas de nuestra historia.

El documento que ofrecemos pertenece a la etapa del Trienio Liberal hallándose las Cortes instaladas en Madrid, en el edificio del Convento de Santa María de Aragón (sede actual del Senado) y puede servir de ejemplo de como la transición de un régimen a otro podía tener una repercusión inmediata en los aspectos más cotidianos de la vida y de cómo la filiación o las ideas políticas podían ser esgrimidas en contra del otro.

Riego proclama la Constitución de 1812 en Cabezas de San Juan (Cádiz)Riego proclama la Constitución de 1812 en
Cabezas de San Juan (Cádiz)

Era habitual en aquellos años que algunos dependientes al servicio de la Administración parlamentaria tuvieran su vivienda en el edificio que ocupaban las Cortes o en instalaciones anexas, bien para un mejor desempeño de sus tareas o por sus circunstancias económicas.

Durante el periodo absolutista de 1814-1820 se habían instalado en estas habitaciones algunos servidores de la Casa Real por lo que al reanudarse la vida parlamentaria fueron reclamadas para el uso del personal de las Cortes. Sin embargo en 1822 aún permanecían allí algunos individuos pertenecientes a Palacio.

La exposición que Gregorio Cabañas, oficial de la Biblioteca de Cortes, dirige a la Diputación Permanente, relata las dificultades de convivencia entre las familias de una y otra procedencia: “Esta mezcla e inmediato contacto de personas que por razón de sus destinos tienen sobre asuntos políticos un modo de pensar diametralmente opuesto, produjo desde el primer día ojeriza, riñas, enconos…”

Pero el principal objeto de queja por parte de Cabañas es el abuso en el disfrute de la fuente del patio por parte de unos aguadores del Real Palacio que “incomodan a todos con sus mulas, profesan abiertamente el servilismo, odian abiertamente la Constitución i las Cortes, i se vengan de sus dependientes del modo referido”

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