Valera y su póstumo homenaje al Quijote


En estos días en que celebramos el IV Centenario de la muerte de Cervantes, traemos el recuerdo de otro insigne escritor y parlamentario, Juan Valera, a quien la Real Academia Española encargó el discurso para la conmemoración del III Centenario del Quijote.

Pero Varela murió antes de culminar la redacción de su discurso y fue Alejandro Pidal y Mon el encargado de leerlo en la sesión celebrada en la Academia el 8 de mayo de 1905. “El discurso estaba ya para terminar. Apenas faltaba nada para darle punto, cuando la muerte le puso el sello de la inmortalidad […]”, dijo Pidal y Mon en su presentación.

Juan Valera y Alcalá Galiano nació en Cabra (Córdoba) en 1824. Cursó sus estudios en Málaga y Granada y ejerció su carrera diplomática en diversos destinos de Europa y América

Autor de numerosas nóvelas, como Pepita Jiménez o Juanita la Larga, fue también un brillante crítico literario, además de dirigir y colaborar en distintos periódicos y revistas.

Juan Valera. La Ilustración Española y Americana, nº XVI, 30 de abril de 1905Juan Valera. La Ilustración Española y
Americana, nº XVI, 30 de abril de 1905

Aquí queremos resaltar su faceta política ya que Valera fue diputado en varias legislaturas, entre las elecciones de 1858 y las de 1876, representando a los distritos de Archidona (Málaga), Priego y Montilla (Córdoba) y Quebradillas en Puerto Rico. En 1876 renuncia al acta de diputado al ser elegido senador, cargo que desempeñaba cuando murió, el día 18 de abril de 1905. El Senado conserva en su expediente la notificación de su fallecimiento por parte de su hijo Luis.

De sus intervenciones en el Congreso destacamos las relacionadas con la discusión del dictamen sobre el Proyecto de contestación al discurso de la Corona en 1871. Así, en la sesión de 15 de junio de ese mismo año, defendiendo la separación de la Iglesia y el Estado y la libertad de cultos llega a exclamar: "[… ] ¡Ah señores, cuantos crímenes, cuantas maldades no se han cometido en nombre del catolicismo…y señala que una Constitución no puede llamarse atea porque no trate de imponer ciertas creencias a los individuos sino que su misión es conservar a cada uno en su derecho sin permitir que ofenda el de los demás [… ]".

En 1912, años después de su fallecimiento, se aprueba una Ley concediendo el bronce necesario para erigir un monumento a su memoria. (ACD Serie de Leyes Originales P-0002-05022)

Como homenaje a Cervantes y a Valera transcribimos unas palabras de este último dedicadas a la conmemoración del Quijote y que serían leídas pocos días después de su muerte en la Real Academia Española: “[… ] Supongamos que Cervantes notó y deploró muchos males que había en su época, los censuró con tanta acritud como disimulo y se propuso ponerles eficaz remedio cifrando la receta para su curación en el más enmarañado logogrifo. Como nadie entendió bien el logogrifo, nadie tampoco pudo valerse de la virtud terapéutica que en logogrifo se escondía, ni curar por medio de ella, ni reformar ni mejorar a los hombres [… ]”.

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