Documentos Elecciones 21 de agosto de 1881


1884. De un ruinoso local a una sede decorosa: la nueva y definitiva sede de la Real Academia Española

No es un secreto que a lo largo de sus respectivas historias el Congreso de los Diputados y la Real Academia Española han cruzado muchas veces sus caminos, no solo por el trasiego de diputados académicos, o académicos diputados, a caballo entre sus dos dedicaciones, sino porque su vida institucional ha discurrido a veces muy próxima. También por el privilegiado protagonismo que tiene en ellas la palabra, materia prima de su trabajo.

Es común a las dos la búsqueda de una ubicación, una sede definitiva, en la que sus trabajos pudieran desarrollarse en las mejores condiciones. El Congreso de los Diputados lo consigue, tras peregrinar por diversas sedes, en 1850, fecha en la que se inaugura el nuevo Palacio, y la Real Academia Española lo hará después, en 1894, cuando se acabe la construcción del también palacio (así lo denomina su secretario en el Acta de la sesión de 1 de abril de 1894, fecha de inauguración del nuevo edificio) que se ubica en el número 4 de la calle Felipe IV de Madrid.

Entre la inauguración de uno y otro se sucederán dos reyes, Isabel II y Alfonso XII, y una regencia, la de María Cristina, quien acude con el joven Alfonso XIII al estreno de la nueva casa de la Corporación, y casi medio siglo apasionante en la Historia de España.

Inauguración de la nueva sede de la RAE el 1 de abril de 1894. La Ilustración Española y Americana, grabado de Juan CombaInauguración de la nueva sede de la RAE el 1 de abril de 1894. La Ilustración Española y Americana,
grabado de Juan Comba

Pues bien, cómo llegó la RAE a su nueva y definitiva ubicación es bien conocido: la Gaceta de Madrid publica el 4 de enero de 1891 el Real Decreto del Ministerio de Fomento de 3 de enero por el que se establece que se construya un edificio para la Real Academia Española en un solar que determine el citado ministerio, que la construcción se lleve a cabo según el proyecto del arquitecto Miguel Aguado de la Sierra (1842-1896), que se abonen los gastos de su construcción entre el Ministerio de Fomento y la Academia, y que se finalice antes del 30 de septiembre de 1894.

Medallón Antonio Cánovas del Castillo. Vestíbulo Principal del PalacioMedallón Antonio Cánovas del Castillo. Vestíbulo Principal del Palacio

Sin embargo, antes de 1891 ya existe interés por que la corporación cuente con una sede permanente. El mismo Real Decreto en su parte expositiva recoge que el solar ya se encontraba dispuesto e incluso algunas obras habían sido comenzadas seis años antes. Así lo atestigua también un expediente de 1884 que conserva el Archivo del Congreso de los Diputados y que revela la inquietud que cunde entre algunos diputados por buscar un acomodo adecuado para las reuniones de la docta casa.

Se trata de una proposición de ley firmada por Antonio Cánovas del Castillo, Emilio Castelar, Alejandro Pidal y Mon y Gaspar Núñez de Arce. En el momento en el que suscriben el texto de la proposición todos ellos son ya académicos (Cánovas del Castillo ingresó en 1867, Castelar en 1880, Pidal y Mon tomó posesión en 1883 y Gaspar Núñez de Arce lo hizo en 1876), y por lo tanto conocedores de la precariedad de asiento de la RAE, y del que dejan constancia en la exposición del texto de la siguiente forma: “[…] hacen insuficientes para sus necesidades cada vez mayores el mezquino y ruinoso local que hoy ocupa, donde viviendo con estrechez, no puede dar á sus recepciones públicas la solemnidad debida, ni recibir como corresponde y quisiera á los elevados personages estrangeros que en calidad de miembros de la Corporación, asisten frecuentemente á sus sesiones”.

Recorte de las firmas de la proposición de leyRecorte de las firmas de la proposición de ley
 

Así, pues, el 5 de enero de 1884 firman un texto de dos artículos en el que se autoriza al Gobierno a que ceda a la corporación un solar de su propiedad no solo “para instalar en él de un modo decoroso” el instituto, sino para poder desarrollar del mejor modo su actividad. En resumen, la Academia busca una nueva casa para poder extender también su actividad. Todo ello viene justificado por una prolija exposición donde exponen los meritorios servicios prestados por la Academia a la cultura española, logrando purificar “el armonioso idioma castellano de los vicios que la turbación de los tiempos había introducido en él”, y haciendo mención al incipiente desarrollo del panhispanismo, citando la pronta adhesión de los otros países con los que compartimos idioma a los preceptos de la Real Academia y también a la representación de todos ellos en las actividades de la casa.

A pesar de que la proposición es remitida a las secciones para autorizar la lectura, el decreto de disolución de la legislatura de 19 de enero de ese mismo año hace que el trámite parlamentario no siga su curso y sea retomada después por su impulsor, Antonio Cánovas del Castillo, aunque esta vez desde el Gobierno y a través del ministerio del ramo responsable de las construcciones civiles, el Ministerio de Fomento.

Avanzadas, pues, estas cuestiones y publicado ya el Real Decreto de enero, en mayo de 1891 el Congreso de los Diputados es invitado al acto de colocación de la primera piedra del edificio que dará albergue a la RAE a través del ministro de Fomento, Santos de Isasa, quien escribe al Presidente de la Cámara para que el Congreso participe de este acto, y le otorgue también solemnidad con su presencia.

Lo cierto es que el Congreso contó con una nutrida representación en ese acto encabezada por su presidente, Alejandro Pidal y Mon, miembro también de la Academia y que se encontraba entre los firmantes de esa proposición de ley que en 1884 puso, de forma figurada, la primera piedra de la construcción de una idea, la de dotar de nueva y permanente sede a la Real Academia Española.

Vista del edificio de la RAEVista del edificio de la RAE
 

Proposición de ley autorizando al Gobierno para conceder a la Real Academia Española un edificio o solar de propiedad del Estado. ACD, Serie General, legajo 219, núm. 65.

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