La llegada del voto electrónico al Congreso de los Diputados


Poder contar con un sistema de votación seguro y eficaz ha sido la preocupación de nuestros representantes desde los albores de la andanza constitucional. Como bien explica la pieza de Papeles para la Historia dedicada al sistema de votación por bolas, ya desde el año 1810, los diferentes reglamentos de las Cortes sistematizaron las distintas modalidades de votación, siendo estas esencialmente cuatro: levantándose los que aprueben y quedándose sentados los que reprueben, por votación nominal, por papeletas, y por bolas. En este sentido, habrá que esperar a los primeros momentos de la democracia para la implantación del procedimiento de votación electrónica en el Congreso de los Diputados; sin embargo, las propuestas de instauración se remontan a la segunda mitad del siglo XIX, y los debates acerca de su idoneidad, seguridad, precisión y factibilidad continuaron durante las primeras décadas del siglo XX.

Fotografía de la sesión de apertura de la Legislatura Constituyente (27 de febrero de 1977) donde se aprecia el recién instalado panel electrónico de votación. Archivo del Congreso de los Diputados (ACD).Fotografía de la sesión de apertura de la Legislatura Constituyente
(27 de febrero de 1977) donde se aprecia el recién instalado panel
electrónico de votación. Archivo del Congreso de los Diputados (ACD).

El 25 de enero de 1876, Leopoldo Rovira presentó al ministro de Gobernación un proyecto de telégrafo eléctrico para llevar a cabo las votaciones en las dos cámaras legislativas de la Nación española. En él explicaba que, para abreviar las votaciones, se podrían colocar cuatro cuadros de votación –dos para las votaciones nominales y dos para las secretas– en la pared a la espalda de la Presidencia, cada uno con un contador automático “que vaya sumando los votos correspondientes a medida que se emitan, ofreciendo de este modo a la Cámara una suma perfecta y clara sin molestias ni pérdida alguna de tiempo”. Los pulsadores estarían en los pupitres de cada votante, que “gracias a su sistema especial de construcción y colocación ofrecen la seguridad de resistirse a toda alteración y desperfecto”. Asimismo, frente a los posibles problemas técnicos que suscitaba el uso de la tecnología a la hora de emitir y registrar el voto, garantizaba que el sistema tendría potencia suficiente “aun cuando la Cámara en masa emitiese en un mismo y preciso instante el voto”.

Si bien dicho proyecto fue examinado por la Subcomisión Económica del Congreso, quizás los costes de implantación motivaron su desestimación o su caída en el olvido. Lo que sí sabemos es que no se vuelven a tener noticias de un sistema electrónico de votación hasta 1928. En este año, el Ministerio de Estado remite al presidente de la Asamblea Nacional -"a título de curiosidad e información, y por si pudiese interesar"- un artículo de revista de la casa sueca L. M. Ericsson en el que se describe la máquina para las votaciones secretas instalada, y ya en servicio, en el Parlamento finlandés. Aunque la Comisión de Gobierno Interior de 30 de marzo de 1928 quedó enterada de la recepción de este artículo, se pierde el rastro documental posterior del tema. No obstante, el debate resurgió al iniciar la década siguiente, en el marco de un contexto internacional en el que dicho proceder se estaba implantando en otros parlamentos extranjeros, como por ejemplo el de París.

En esos años se recibieron y examinaron diversas propuestas, incluidas las que Siemens Industria Electrónica y Telegramas Goros enviaron en 1931 a Julián Besteiro, el entonces presidente de la Cámara. Al igual que en el proyecto de 1876, el presentado por Siemens, además de ensalzar la rapidez y comodidad de las votaciones que supondría el uso de este método, consideraba que la seguridad era una preocupación esencial a la hora de elaborar un sistema de votación electrónica eficaz. Para garantizar “la seguridad e infalibilidad de los resultados” y evitar “toda posible suplantación de votos”, los pupitres debían de contar con un “llavín”, que “proporciona la ventaja de que cada señor diputado solo pueda votar desde su puesto”. Además, para mayor garantía, cada escaño contaba con “un contacto de asiento que solo está cerrado cuando el diputado está sentado”. En este caso, precisamente la imposibilidad de garantizar que cada diputado tuviera asignado un escaño será lo que lleve a la Comisión de Gobierno Interior de 6 de noviembre de 1931 a aplazar la resolución sobre dicho asunto.

Habrá que esperar hasta la década de los setenta del siglo XX para que se materialice la implantación del voto electrónico en el Congreso. La Comisión de Gobierno Interior de las Cortes Españolas estudia, esta vez de manera definitiva, la instalación de un mecanismo electrónico para el cómputo de las votaciones realizadas en el Salón de Sesiones, siendo en la sesión de 14 de mayo de 1976 cuando se acordó solicitar al Ministerio de Hacienda una adscripción de crédito de la Sección 31 de los Presupuestos Generales del Estado para costear el equipo propuesto por la Casa Philips.

Llave de voto de Tierno Galván, diputado durante la Legislatura Constituyente (1977-1979) y la I Legislatura (1979-1982). Archivo del Congreso de los Diputados (ACD).Llave de voto de Tierno Galván, diputado durante la
Legislatura Constituyente (1977-1979) y la I Legislatura (1979-1982).
Archivo del Congreso de los Diputados (ACD).

El sistema de votación electrónica quedó reflejado por primera vez en el Reglamento Provisional elaborado tras las elecciones generales de 1977 y aprobado el 13 de octubre de 1977, que, en su Capítulo IV “De las votaciones”, lo incluía tanto para los procedimientos de votación ordinaria como nominal. Pero hasta que este entró en vigor, y con el fin de adaptar la vida parlamentaria al nuevo procedimiento, se adoptó una disposición de Presidencia complementaria al reglamento para regular su correcta utilización. Y esta vez, al contrario que cincuenta años atrás, la exigencia de que cada representante ocupara un escaño fijo sí era factible, al igual que se adoptó el uso de una llave para activar la unidad de votación personal. Finalmente, y tras una larga andanza, España se equiparaba a los parlamentos de su entorno europeo en lo que se refiere a la modernización del procedimiento de voto.

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