El alumbrado del nuevo Congreso de los Diputados
El paso del gas a la electricidad


El Palacio del Congreso de los Diputados fue construido entre los años 1843 y 1850 por el arquitecto Narciso Pascual y Colomer, ganador del concurso convocado por la Real Academia de Bellas Artes a tal efecto. El 10 de octubre de 1843, la reina Isabel II, acompañada por su hermana –la infanta Doña María Luisa Fernanda– y rodeada por el gobierno provisional de la Nación y un grupo de altos funcionarios públicos, se situó en el solar donde antiguamente se levantaba el Convento del Espíritu Santo y colocó la primera piedra del edificio, que se inauguraría el 31 de octubre de 1850.

Aunque los aspectos arquitectónicos de la construcción del Palacio, la distribución de sus estancias, sus remodelaciones o decoraciones son cuestiones que han sido estudiadas con gran detalle, el examen de su iluminación ha quedado relegado a un segundo plano. En este documento se realiza un breve recorrido por la evolución del alumbrado del edificio a través de algunos de los expedientes conservados en el Archivo del Congreso de los Diputados (ACD); estos son reflejo de la convivencia de los sistemas de alumbrado con gas y con electricidad que se vivió en la España de la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX.

La implantación de la industria del gas en nuestras ciudades en los años cuarenta del siglo XIX coincidió con las obras de construcción del Palacio. A pesar de que las primeras lámparas de gas desprendían calor, humo y malos olores, esta fuente de iluminación supuso un cambio sustancial en la de vida de los españoles: el gas no solo alumbraba más que los sistemas tradicionales, sino que mejoraba el problema de la seguridad ciudadana, al mismo tiempo que permitía ampliar la duración de la jornada laboral o de los horarios de ocio, que a partir de entonces dejarían de estar totalmente condicionados por la luz solar.

El Congreso de los Diputados no podía quedarse al margen de estos avances tecnológicos. Habiéndose acordado iluminar el nuevo edificio por medio de gas, en julio de 1849, el propio presidente del Congreso, Luis Mayans Enríquez de Navarra, en su interés por contar con los mejores sistemas de alumbrado, mantuvo comunicaciones con el presidente de la Cámara de los Comunes para conocer el mecanismo empleado en su salón de sesiones; este había llamado la atención de varios parlamentarios españoles de visita en Londres. Aunque fue la Fábrica de Alumbrado de Gas de Madrid con la que se contrató la instalación de las canalizaciones y el suministro del gas –como dejan constancia las actas de las sesiones de la Comisión de Obras de Palacio del verano de 1849–, los contactos con los homólogos ingleses y la “fama” de su alumbrado perduraron en el tiempo. En 1871, Andrés Borrego, que había sido diputado en los años cincuenta, tuvo la oportunidad de examinar en persona el funcionamiento de dicho sistema, proponiendo su adopción en nuestro Congreso. Lo describió con las siguientes palabras: “… el salon aspira una claridad comparable á la del dia y que mas parece reflejo del sol que producto artificial. El gas alumbra sin estar en contacto inmediato con el salón y á no ser porque la hora dice, cuando es de noche, se creería que las sesiones que en ellas se tienen, no son sino la continuación de las de por la mañana ó de la tarde”.

Diseño de un busca-fugas de gas de la reforma del alumbrado del Congreso de 1866-1868 (ACD Gobierno Interior legajo 21, expediente 1)Diseño de un busca-fugas de gas de la reforma del
alumbrado del Congreso de 1866-1868
(ACD Gobierno Interior legajo 21, expediente 1)

En este contexto, la electricidad vivió un desarrollo paralelo al del gas. La tecnología eléctrica aventajaba a la gasista en seguridad, limpieza y comodidad, aunque, en sus inicios, la luz de gas era de mayor calidad y menos costosa. Si bien la electricidad comenzó a desarrollarse industrialmente en España a partir de la década de 1870, la primera Exposición Internacional de Electricidad de París en 1881 marcó un hito clave en la expansión de las instalaciones eléctricas en los servicios públicos de toda Europa. Es precisamente a partir de este momento cuando comenzaron a llegar al Congreso de los Diputados diversas propuestas para la instalación de alumbrado y calefacción eléctricos.

La primera de ellas, de Richard Oakley & Compañía –con sede en la Calle Preciados número 33 de Madrid– y fechada en 1882, adjunta un presupuesto del coste, instalación y mantenimiento por un año de una máquina dinamo Ferranti con 10 lámparas arco y 128 incandescentes. Esta le llegó al presidente del Congreso a través del entonces diputado, y posteriormente también presidente, Segismundo Moret y Prendergast, que tildaba la idea de la adopción del nuevo sistema de “excelente y salvadora de nuestros ojos y gargantas”. En 1883 llegó la propuesta de la conocida Sociedad eléctrica Edison, que iba acompañada de un certificado emitido por la Cámara de Representantes de Bélgica avalando el buen funcionamiento de dicho alumbrado eléctrico, ya instalado en Bruselas. Esta también hacía hincapié en los beneficios del uso de la electricidad frente al gas: “la luz Edison es agradable y siempre fija, no molesta la vista, no produce calor alguno; ademas su consumo es sumamente economico pues podrá solamente ascender à 2 centimos por hora y luz, cuando el gas cuesta hoy en Madrid, de 9 à 10 centimos por hora y por luz”.

Sin embargo, la llegada de luz eléctrica al Palacio tuvo que esperar al año 1892, y vino de la mano de la Casa Levi y Kocherthaler-Madrid, una sucursal de la Compañía General de Electricidad en Berlín. No debe sorprendernos el hecho de que la adjudicataria de la instalación fuera una empresa alemana si tenemos en cuenta que la Alemania del momento, junto con Francia, era uno de los países más avanzados en lo referente a la industria eléctrica. Además, esta ya había realizado numerosas instalaciones en instituciones de gran relevancia afincadas en Madrid, como la Casa de la Moneda, el Ministerio de Hacienda y el Banco de España, incluso en las oficinas y en la fábrica de la Compañía General Madrileña de Electricidad, que se encargaría precisamente del suministro de la corriente eléctrica del Congreso (ACD Gobierno Interior legajo 57, expediente 1).

Dibujo detallado de los aparatos para la colocación de los arcos voltaicos de la reforma de la instalación del alumbrado eléctrico del Congreso de 1903 (ACD Gobierno Interior legajo 68, expediente 13)Dibujo detallado de los aparatos para la colocación de los arcos voltaicos de la reforma de la instalación
del alumbrado eléctrico del Congreso de 1903 (ACD Gobierno Interior legajo 68, expediente 13)
 
 

Podemos afirmar que, a pesar de que el alumbrado del Palacio sufriera cambios, modificaciones y adaptaciones acorde a los avances de la técnica, siempre tuvo como objeto la mejora de la vida parlamentaria y del funcionamiento interno de la Cámara. Pero además, en tanto que emblema de la soberanía nacional, la iluminación especial del edificio de las Cortes para celebrar acontecimientos de gran relevancia pública viene de antiguo. En 1843, en el Teatro de Oriente –actual Teatro Real y sede de las Cortes desde 1841 a 1850– se colocaron “hachas de cera en todos los balcones del recinto que ocupan las Dependencias del Congreso” (ACD Gobierno Interior, acta de la Comisión 29-11-1843) con motivo de la solemne declaración de mayoría edad de la reina Isabel II. Asimismo, el día 17 de mayo de 1902, el actual Palacio fue testigo de la jura del rey Alfonso XIII. En consonancia con el gran esfuerzo que realizó la capital en la decoración e iluminación de sus calles y edificios principales para la celebración de los festejos, se firmó un contrato de instalación de 2500 lámparas de luz eléctrica para la fachada del Congreso.

Fachada principal del Congreso de los Diputados el día de la jura de la Constitución del rey Alfonso XIII (17 de mayo de 1902)Fachada principal del Congreso de los Diputados el día de la jura de la Constitución
del rey Alfonso XIII (17 de mayo de 1902)

Aunque los tiempos han cambiado, los juegos de luz y el alumbrado especial del Congreso siguen formando parte de la vida de la institución en nuestros días. Por ejemplo, al igual que la fachada se ilumina con distintos colores con motivo de numerosas celebraciones, el 1 de diciembre de 2018 se llevó a cabo una proyección de imágenes sobre la fachada del Palacio para conmemorar el arranque de la semana de la Constitución en su 40 aniversario.

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