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Homenajes y recuerdos

Entre el cubo y el frontón

 

Por lo que se refiere a monumentos conmemorativos de la Constitución de 1978, numerosas muestras de escultura pública se hallan distribuidas por España, permitiendo valorar tanto las huellas de una tradición realista y romántica como las innovaciones del arte contemporáneo.

Quizá el ejemplo más significativo de esto último sea, en Madrid, el cubo en mármol blanco de Macael (Almería) que se levanta sobre la pendiente de los jardines del Museo de Ciencias Naturales, casi en la confluencia del Paseo de la Castellana y la calle Vitrubio.

Este “homenaje del pueblo de Madrid a la Constitución de 1978” fue inaugurado en 1979, siendo alcalde Enrique Tierno Galván, y es obra del arquitecto Miguel Ángel Ruiz-Larrea. Su contundente forma geométrica -un cubo atravesado por cuatro tramos de escaleras que ascienden indefinidamente con una inclinación de 45 grados y que, en su desarrollo, se cruzan en medio de otro cubo vacío, situado en el interior del primero- quiere simbolizar, parafraseando a su creador, algo originario y fundamental (el cubo macizo definido por aristas exteriores), así como la presencia del espíritu humano (el cubo vacío, a escala humana) y la dignificación del camino de hombres y mujeres en el marco de la Constitución (la escalera ascendente). Abierto a los cuatro puntos cardinales y al cielo, ojalá su abstracto mensaje fuera capaz de calar entre los numerosos estudiantes que toman el verde césped circundante como lugar de esparcimiento o conversación, y su blanca superficie no se viera mancillada por inoportunas pintadas.

Hay que anotar, sin embargo, que el “cubo constitucional” ha suscitado numerosas polémicas en cuanto a su acierto, la más sonada de las cuales se dirimió en las páginas de los diarios madrileños. Fue protagonizada, en 1982, por el arquitecto Miguel Fisac, que acusó a Ruiz-Larrea de plagio, considerando que, para su obra, se había inspirado en exceso en el Monumento al prisionero político desconocido del suizo Max Bill. El aludido, al que un jurado compuesto por Eduardo Chillida, Pablo Serrano, Lucio Muñoz y Julián Gállego acababa de conceder un premio por el “cubo”, se defendió bravamente, poniendo además sobre el tapete temas tan fundamentales como el origen y las fuentes de la creación artística.

Qué diferente resulta la severa austeridad de esta geometría constitucional cuando se la compara con otras representaciones conmemorativas del pasado.

No hay más que situarse ante la fachada del edificio del Congreso de los Diputados y fijarse en las esculturas que adornan su frontón, obra de Ponciano Ponzano, realizada en Roma en 1864. Son unas rotundas figuras en mármol de Carrara, de porte clásico y femeninas en su mayoría, que dan vida alegórica a la Nación española, a la que vemos abrazando a la Constitución del Estado, rodeadas ambas por la fortaleza, la justicia, las Bellas Artes, el comercio, los ríos y canales de navegación, el valor español y las ciencias que contribuyen al desarrollo de la industria, la navegación, la abundancia y la paz.

Entre estos dos polos, el de la simplicidad abstracta y la figuración alegórica más o menos realista, basculan la mayoría de monumentos y grupos escultóricos que, en honor de la Constitución, se han inaugurado en numerosas ciudades y pueblos de España durante estos últimos años. Valgan como muestra la cita de un monumento y un concurso. El monumento, el de Nacho Falgueras erigido en Medina Sidonia (Cádiz) el 6 de diciembre de 1986. Y, el concurso de ideas, el convocado por el Ayuntamiento de Málaga cuyo primer premio recayó en el proyecto que consistía en incrustar en el pavimento de una plaza de la ciudad el texto de algunos de sus artículos.

Monumento a la Constitución
Monumento a la Constitución de 1978 (Madrid)
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